sábado, 11 de febrero de 2017

Recuperando seres célebres


El Giacometti de Rush aportó veteranía a una Berlinale abocada al cine social

Gemma Casadevall


Berlín, 11 feb (EFE).- El filme "Final Portrait", con Geoffrey Rush en el papel de un Alberto Giacometti senil y brillante, aportó hoy veteranía a una Berlinale cuya sección a concurso reflejó la vocación del festival de brindar su pantalla al cine social. 
Rush, homenajeado por el festival berlinés con una Cámara de Oro al conjunto de su carrera, hizo una exhibición de maestría, como puntal de un filme hecho a su medida e incluido en la sección oficial, aunque fuera de concurso. 
"Preparó durante dos años su personaje. El resultado en una combinación entre el trabajo previo y un dejarse llevar, con fuertes dosis de humor, algo que Geoffrey comparte con Giacometti", explicó el estadounidense Stanley Tucci, director de la película, en la presentación a los medios que siguen el festival. 
Giacometti, el creador de sublimes y esqueléticas esculturas, se ciñe en el filme al cien por cien el tópico del ególatra, déspota y viejo verde que se supone fueron casi todos los genios en su vejez, sobre todo los más mimados y cotizados en el mercado del arte. 
Es un nihilista algo colérico, que se eterniza pintando el retrato del crítico estadounidense James Lord (Armie Hammer), quien día a día debe retrasar el regreso a su país para sentarse en una destartalada silla y posar. 
Todo ocurre en el París de 1964, entre el taller del artista, los cafés y restaurantes que Giacometti frecuentó o sus prostíbulos, entre las rabietas de su escuálida esposa, Annette (Sylvie Testud), y su consentida amante, Caroline (Clémence Poésy), su obsesión y elixir de vida. 
El filme de Tucci -"The Impostors"- no compite, pero estaba predeterminado para eclipsar a las concursantes del día, la franco-senegalesa "Félicité" y la austríaca "Wilde Maus". 
La primera, dirigida por Alain Gomis, discurre entre calles, bares y camas de hospital de Kinshasa y muestra una África indolente y desesperanzada, pero en la que emerge como un milagro una precaria orquesta y coro, en medio del caos y la basura omnipresente. 
"En nuestro mundo, no solo en África, necesitamos urgentemente esperanza. Mi película muestra a personas que luchan en defensa de su dignidad", explicó el realizador franco-senegalés, quien ya compitió en ese festival en 2012 con "Aujourd'hui". 
La lucha por la dignidad la encarna una mujer acostumbrada a no doblegarse y a la que la cámara acompaña mientras implora o exige a golpes a vecinos, patronos, parientes o exmarido el dinero que precisa para pagar la operación de su hijo adolescente. 
Es una carrera contra reloj para Félicité, la cantante de un bar poblado por congoleños borrachos que manosean a las camareras, uno de los cuales demostrará que la felicidad puede consistir en lograr que un viejo frigorífico vuelva a funcionar. 
Completó la jornada a concurso "Wilde Maus" ("Wild Mouse"), la película del austríaco Josef Hader que, si algo logró en el pase previo para los medios, fue ganarse la empatía de la Berlinale. 
Su historia gira en torno a una situación que probablemente muchos temen entre la prensa especializada que sigue el festival: un crítico de prestigio -en ese caso, musical- al que despiden de la noche a la mañana porque sus columnas sesudas no son rentables. 
En una Viena donde los informativos hablan a diario del drama colectivo de los refugiados o el terrorismo yihadista, al crítico no se le ocurre explicar su revés doméstico a su mujer, psicóloga, sino tratar de destrozar la vida y enseres del jefe que le despidió. 
Hader va rellenando su historia con episodios y personajes muy de esa Europa bienintencionada que se ha acostumbrado a convivir con grandes tragedias colectivas y se enreda en dilemas bobos, como el vegano que exaspera a su pareja y se plantea dejar de consumir también ingredientes de Israel por los asentamientos palestinos. 
El factor empatía funcionó y probablemente más de uno esperó al desenlace, ante la expectativa de que el filme resuelva la incógnita de qué hacer si el destino del protagonista acaba alcanzándole o si tratar de vengarse sobre el jefe tiene o no alguna perspectiva de éxito. EFE 
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(foto) (vídeo)

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La seductora Chavela y el utópico Marx en una Berlinale muy biográfica

Gemma Casadevall

Berlín, 11 feb (EFE).- La seducción de Chavela Vargas y la utopía del joven Karl Marx son dos de las apuestas biográficas incluidas en la Berlinale, un festival que en su 67 edición abunda en perfiles de seres que marcaron el camino a la revolución, en lo individual o en lo colectivo. 
El documental "Chavela", de las estadounidenses Catherine Gund y Daresha Kyi, tuvo su estreno en la sección Panorama Documento y es un retrato apasionado de esta cantante mexicana, nacida en Costa Rica, que rompió moldes y escandalizó a la sociedad de su época. 
"Le jeune Karl Marx", incluido la sección Berlinale-Special, es pura película de ficción, basada en lo biográfico, dirigida por el haitiano Raoul Peck, un cineasta habitual del festival, en esta ocasión incidiendo en el pensador que luchó por transformar el mundo. 
La personalidad arrebatadora de Chavela es el centro del universo del documental de las cineastas estadounidenses, mientras que el personaje del joven Marx, interpretado por August Diehl, comparte protagonismo con su amigo Friedrich Engels -Stefan Konarkse-, dos jóvenes alemanes deambulantes entre París, Bruselas y Londres. 
El dúo de directoras aprovechó el estreno en Berlín para llamar la atención sobre el "momento difícil" que vive México, en alusión al muro fronterizo que piensa construir el presidente estadounidense Donald Trump, lo que les dio la primera ovación de la sala. 
Las críticas a la política migratoria de la Casa Blanca se han convertido en constantes en esta Berlinale, un festival que presume de político y donde hay una abultada presencia de filmes mexicanos en sus diferentes secciones. 
El siguiente gran aplauso vino al término del filme, que recorre en 90 minutos la biografía de Chavela Vargas a través en una larga entrevista con la artista, en alternancia con testimonios de varias de las mujeres que la amaron, la asesoraron o simplemente la admiraron. 
La entrevista con Vargas fue grabada hace más de 25 años, cuando tenía ya 71 y había dejado definitivamente los escenarios, tras varios amagos de retirada, sea en medio de maremotos sentimentales o por los estragos causados por su adicción al tequila. 
Incluye escenas de algunas de sus actuaciones más míticas, sea en Acapulco, el Carnagie Hall o Madrid, así como testimonios de quienes la veneraron o amaron, como el director español Pedro Almodóvar, que incorporó la voz de Chavela a algunas de sus películas. 
Recopilar todo ese material, desde la entrevista a las sucesivas declaraciones, llevó décadas y finalmente se estrenó ahora en el festival, cinco años después de la muerte de Vargas, con 93 años. 
El estreno sirvió para recuperar aspectos de la cantante que fuera de América Latina o de España tal vez no se conocen tan bien, como su carácter indómito, su homosexualidad y el magnetismo que la hizo irresistible para cualquier mujer a la que quiso conquistar, de la artista Frida Kahlo a la estrella Ava Gardner. 
El retrato de la legendaria Chavela se inscribe en el conjunto de filmes en personajes reales, como el joven Marx, el artista suizo Albeto Giacometti -"Final Portrait", fuera de concurso- o, ya en la lucha por los Osos, "Django", centrada en la figura del jazz Django Reinhardt, y "Beuys", el documental sobre Joseph Beuys. 
El haitiano Peck retrata a los dos padres del comunismo, Marx y Engels, como seres muy de carne y hueso, en lucha consigo mismos y con su época, decididos a cambiar el mundo, como una utopía internacionalista en la que, según destacó el propio director de la Berlinale, Dieter Kosslick, "nadie cree ya". EFE 
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