viernes, 22 de septiembre de 2017

En la olla a presión bávara

Merkel apura la campaña con aire de Oktoberfest y abucheos      

Gemma Casadevall
Múnich (Alemania), 22 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, apuró hoy su campaña por la reelección en los comicios del próximo domingo entre aires de Oktoberfest y un nuevo concierto de abucheos, esta vez en Baviera, el estado federado más conservador de Alemania
Una Merkel de rostro cansado y hasta crispado, con la voz algo tomada, pidió el voto ante varios miles de seguidores concentrados en la hermosa Marienplatz de Múnich, mientras desde detrás del cordón de seguridad surgían las protestas, principalmente de grupos izquierdistas, mezclados con algunos ultraderechistas.
"Merkel odia Alemania", se leía en una pancarta negra, presuntamente de contrarios a la acogida de refugiados, mientras otros portaban carteles en contra de las expulsiones de los peticionarios de asilo y muchos más simplemente hacían oír su silbato.
La líder conservadora empezó su discurso, como ha hecho en ocasiones parecidas, afirmando que con abucheos y silbatos no se organiza un país, para seguir luego desgranando los ejes de su campaña por la reelección: su bloque conservador es sinónimo de seguridad, estabilidad y progreso.
"Queremos una Alemania donde sigamos viviendo bien y a gusto", dijo, para insistir en que "no podemos regalar ni un solo voto".
Merkel eligió para la recta final de su campaña Munich, que en esta segunda semana de Oktoberfest era un desfile dominado por los trajes regionales bávaros y camisetas del Bayern Múnich, hasta que con el arranque del mitin se pasó a la protesta rabiosa.
Acudió arropada por el primer ministro bávaro, Horst Seehofer, y el resto de la plana mayor de la Unión Socialcristiana (CSU), partido hermanado a su Unión Cristianodemócrata (CDU), pero también la formación que más duramente ha criticado a lo largo de la pasada legislatura su política de refugiados.
Múnich fue la ciudad a la que llegaron, en septiembre de 2015, los primeros trenes con miles de refugiados atrapados en Hungría y a los que Merkel decidió abrir las fronteras.
Su estación de ferrocarril se convirtió entones en una especie de nueva "tierra de la gran promesa" para esos convoyes, que fueron recibidos entre muestras de solidaridad por los muniqueses.
De ahí se pasó al desbordamiento de la capacidad de acogida y a las tensiones entre la CDU y la CSU, que endureció el tono hasta exigir a la canciller la implantación de un límite al asilo.
Con la entrada en la campaña electoral se limaron asperezas y se escenificó una cierta cohesión, aunque siguen muy visibles las cicatrices de dos años largos de tensiones y también los reproches desde Baviera a la línea considerada poco conservadora de Merkel.
"La CSU nunca fue un partido obediente hacia su hermana mayor. Mucho peor fueron las cosas en tiempos de (Franz Josef) Strauss y (Helmut) Kohl", dijo a Efe Richard Brandl, militante de la CSU, en alusión a la casi ruptura entre los respectivos patriarcas de las dos formaciones, unas décadas atrás.
Merkel fue ahora a por el apoyo de los bávaros para lograr la mayoría más holgada posible en las generales del próximo domingo, que según todos los pronósticos llevará a la ultraderecha por primera vez al Bundestag.
Al bloque conservador le pronostica el último sondeo de la televisión pública ZDF un 36 % de los votos, catorce puntos por encima del aspirante socialdemócrata Martin Schulz, con un 21,50 %.
La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) saltará de su condición de formación extraparlamentaria a escala federal al tercer puesto, con un 11 %, de acuerdo con el "Politbarometer" de esa cadena, considerado el barómetro político más fiable del país.
Pese a ser, desde hace meses, clara favorita a la reelección, la campaña de la canciller ha sido dura, salpicada por los conciertos de abucheos que la han perseguido toda la campaña. EFE gc/emm

Bildergebnis für merkel münchen wahlkampf