Gemma Casadevall
El nuevo dúo al frente del festival, que asumirá su puesto en marzo de 2019 -un mes después de la próxima edición de la Berlinale-,fue presentado hoy por la ministra alemana de Cultura, Monika Grütters, tras meses de polémica sobre la sucesión de Kosslick y un amago de revuelta del cine alemán contra una elección emanada del ámbito político.
"Queremos que la Berlinale mantenga su carácter de festival para el público y de alto compromiso político", afirmó Grütters al anunciar la designación de Chatrian como nuevo director artístico del festival, mientras que Rissenbeeck ocupará la gerencia.
La elección ha sido adoptada por una comisión de expertos creada especialmente para este cometido y ambos asumirán su puesto en marzo de 2019, por lo que la edición del año que viene será la última del certamen bajo la gestión de Kosslick, con un contrato de cinco años.
Chatrian, director del festival de Locarno desde 2013 y miembro del jurado en Sundance (EEUU), Bafici (Argentina) y San Sebastián (España), se presentó ante los medios en inglés, pero comprometiéndose a "aprender alemán" y a "intensificar los contactos" con el sector del país.
Rissenbeek, afincada en Alemania desde mediados de los noventa y "muy buena conocedora del sector y sus profesionales", según destacó Grütters, tendrá bajo sus competencias tanto la gerencia del festival como el trato con sus patrocinadores.
Con ello se pretende descargar de esas responsabilidades a Chatrian, de quien se espera el relanzamiento de un festival cuyas últimas ediciones estuvieron por debajo de las expectativas en cuanto a presencia de grandes estrellas y también de nuevos talentos.
A Kosslick se le achaca haber caído en lo rutinario en la selección de películas a competición y resto de secciones, así como la presencia reiterada de la misma nómina de directores e incluso actores amigos de la casa, edición tras edición.
Ya a escala del cine alemán, al aún director se le ha reprochado escaso olfato en la selección de representantes del cine anfitrión y de no haber sido capaz de incluir en el festival berlinés películas que luego triunfaron en Cannes o Venecia.
Sí ha conseguido, en cambio, defender el sello de identidad de la Berlinale -y lo que le distingue del elitista Cannes-, como es su condición de festival para el público, en que cada año se ponen a la venta -y se agotan- 300.000 entradas entre todas sus secciones.
El año pasado se precipitaron las muestras de impaciencia del sector ante la eventualidad de que Kosslick renovara por otro mandato de cinco años o la perspectiva de que Grütters -de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel- eligiera para el relevo a una persona de su confianza,
Un colectivo de 80 directores -encabezados por algunos de los nombres más internacionales del cine alemán, como Fatih Akin, Maren Ade, Doris Dörrie y Volker Schlöndorff- difundió en los medios una carta abierta exigiendo una elección transparente del sucesor.
Para los firmantes, la mera repetición de esquemas, contenidos y secciones establecidas resta atractivo al festival de cine berlinés respecto a Cannes y Venecia.
Kosslick aclaró casi de inmediato que no renovaría, a lo que siguió el compromiso de la ministra de Cultura de buscar una sucesión transparente, a través de la mencionada comisión de expertos.
La presentación de la cúpula bicéfala fue breve, consistente en una declaración de la ministra y unas palabras de agradecimiento de Chatrian, previsiblemente el encargado de recibir sobre la alfombra roja a las estrellas y, por tanto, su rostro más mediático en esa cúpula bicéfala, partir de 2020. EFE gc
