miércoles, 29 de diciembre de 2021

De Jens a Joachim

 

Adiós a Jens Weidmann, el halcón alemán

Joana Serra

Jens Weidmann, el halcón anti-inflación, como se le identificaba en Alemania, se despide este 31 de diciembre como presidente del Bundesbank, diez años y unos meses después de haberse colocado al frente del banco central alemán. Anunció su retirada prematura en octubre, mientras se orquestaba el relevo del poder político entre la conservadora Angela Merkel y el socialdemócrata Olaf Scholz. El traspaso en Cancillería se producía entre dos representantes del centro político, aunque desde partidos distintos –la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD)--, de perfiles hasta continuistas, pese a representar el cambio político.

Weidmann, de 53 años, argumentó “razones personales” para su decisión, que se produce cinco años antes del fin de su segundo mandato y que se hará efectiva con la entrada en 2022. A su sucesor, Joachim Nagel, miembro del SPD, se le identifica como tan apegado a la estabilidad –obsesión nacional alemana-- como lo ha sido su antecesor. Pero el adiós de Weidmann marca el fin de una era, no solo por la línea del presidente saliente sino por la progresiva pérdida de poder del Bundesbank. Sigue siendo el puntal teórico del Banco Central Europeo (BCE) por representar al país dominante de la zona euro, aunque no logra marcar pautas frente a la línea Christine Lagarde.

Weidmann se despide con la inflación disparada a niveles que no se conocían en Alemania desde hace casi 30 años –un 5,2 % marcó en diciembre--. Lagarde insiste en verlo como una evolución temporal. Weidmann, defensor de la política monetaria restrictiva y crítico desde el minuto cero a los estímulos lanzados por el BCE, mandó su última advertencia este noviembre alertando de que la inflación por encima de los objetivos marcados como recomendables no era algo pasajero.

Tal vez a corto plazo deje su altísimo nivel actual, derivado de la escalada de precios de la energía. Pero claramente seguirá por encima del 3 %, advertía el jefe saliente del Bundesbank, para el que sigue vigente el objetivo marcado, no abolido, de que la inflación “debe rondar” el 2 %.

El Bundesbank mantuvo su condición de modelo para el BCE solo en los primeros diez años. Bajo (Mario) Draghi, como consecuencia de la crisis de la deuda y siguientes calamidades, el Consejo del BCE se apartó cada vez con más fuerza de la tradición del Bundesbank y se orientó hacia una política monetaria generosa que benefició a los países más endeudados de la zona euro. Al Bundesbank solo le quedaba el papel de eterno advertidor en el Consejo del BCE”, escribía el conservador diario “Neue Zürcher Zeitung”, al valorar el adiós de Weidmann.

¿Se cansó Weidmann de ejercer de mero “Pepito Grillo” frente a la generosidad de Lagarde? Y, si ése es el caso, ¿herederá con ello Nagel sus problemas pendientes?

Weidmann llegó a la jefatura del Bundesbank, en mayo de 2011, como el presidente más joven de la historia del instituto. Fue nombrado por Merkel, de quien Weidmann era persona de máxima confianza, pese a no militar en su partido, la CDU.

Merkel le había colocado al frente del departamento de Política Económica y Financiera de la Cancillería en 2006, un año después de su llegada al poder. Desde esta posición preparó para la entonces cancillersucesivas cumbres de la Unión Europea, del G7 y del G20, a algunas de cuyas rondas acudía como representante personal de la líder alemana.

Eran los años de los rescates europeos y también de las intervenciones sobre la banca nacional más afectada por la sacudida. Tenía al apóstol de la austeridad, Wolfgang Schäuble al frente del Ministerio de Finanzas alemanas. Sucedía en el cargo a Axel Weber, contrario a la compra de deuda del BCE para afrontar la crisis de la deuda soberana en la zona euro.

Se habría convertido en el sucesor de Draghi al frente del BCE, en 2019. Pero se impuso Lagarde. Ya entonces amagó con dimitir. Finalmente decidió mantenerse en el cargo, sea por no provocar un desgarro interno en el BCE o por esperar a cerrar su ciclo con Merkel, quien un año antes había anunciado su retirada como líder de la CDU y también que no optaría a otro mandato como canciller en las elecciones generales de 2021.

La pandemia y sus estragos económicos ha favorecido no solo que el BCE mantenga la línea de estímulos y tipos de interés mínimos, sino que además precipitó un abandono por parte de Alemania del dogma de la austeridad. El Ministerio de Finanzas pasó en 2017 del dominio del ahorrador y conservador Schäuble al socialdemócrata y algo más flexible Scholz, con rango de vicecanciller en la última gran coalición de Merkel. En 2020 Alemania aprobó el mayor presupuesto adicional de su historia, con 160.000 millones de euros. La potencia europea se despidió, por tiempo indeterminado, del objetivo del déficit cero dominante bajo Schäuble.

El BCE “no debe atender solo a los riesgo de una deflación”, sino que no puede “perder de vista los peligros de la inflación”, argumentaba Weidmann en su carta de despedida al personal del Bundesbank. Era, a la vez, una forma de expresar su legado y una última andanada en defensa de la independencia de una política monetaria que, a su juicio, debía orientarse hacia la estabilidad y evitar ir a remolque de los mercados.

Su anunció de retirada le apartó de la última fase de la negociación del pacto de gobierno de Scholz con los verdes y los liberales. Nació un tripartito inédito en la historia de los gobiernos federales alemanes, que colocó en Finanzas al liberal Christian Lindner. Al ministro y al canciller les correspondió designar a Nagel, de 55 años.

Su cometido debe ser mantener a Alemania como “ancla de la estabilidad europea”, según Lindner. Al nuevo ministro y líder liberal se le identificó como un defensor del freno de la deuda más cercano a Schäuble que a Scholz, pero ha incorporado ya el término “flexibilizar” a su lenguaje. La cuarta ola de la pandemia azota a Alemania, a lo que se une el compromiso del tripartito de Scholz de impulsar la siguiente gran transformación de una potencia industrial necesitada de ponerse al día.

Es decir, despedirse de la tacañería inversora que marcó una larga fase de la “era Merkel”.

El ascenso de Nagel a la presidencia del Bundesbank es una especie de regreso a sus orígenes. Entre 2017 y 2020 pasó por el Banco de Desarrollo del Estado de la República Federal Alemana (KfW) y desde entonces era vicedirector de servicios bancarios del Banco de Pagos Internacionales (BPI). Pero había estado durante 17 años en distintos puestos directivos del banco central alemán, de los cuales seis en su presidencia. Representa, igual como le ocurre a Scholz respecto a Merkel, la continuidad y también el cambio de rumbo.