Scholz abandona la ambigüedad y suspende Nord Stream 2
Joana Serra
Eran muchas las losas que pesaban ya sobre el Nord Stream 2, el gasoducto de 1.235 kilómetros entre la ciudad rusa de Wyborg y la alemana de Greifswald, finalizado en 2021 y a la espera de licencia. Al reconocimiento ruso de las autoproclamadas repúblicas separatistas respondió Berlín con el bloqueo del proceso de certificación, necesario para obtener esa licencia.
"En el contexto de la escalada del conflicto entre Rusia y Ucrania, el gobierno federal detiene el proceso de aprobación del gasoducto Nord Stream 2", anunció el canciller Olaf Scholz. El líder alemán había esquivado hasta ayer la cuestión, mientras sus socios verdes -especialmente la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock- apremiaban a suspenderlo. En caso de invasión rusa, no habrá Nord Stream 2, había sentenciado el presidente de EEUU, Joe Biden.
Los Verdes rechazaban el gasoducto desde antes de entrar en el gobierno. Para Scholz era un asunto espinoso, ya que el Nord-Stream nació de una alianza de intereses entre el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder y el presidente ruso Vladímir Putin.
Schröder y Putin sellaron su acuerdo en abril de 2005, meses antes de la llegada al poder de la conservadora Angela Merkel. Supuestamente, debía garantizar el suministro energético en la transición hasta el desarrollo de las renovables, tras el adios a la energía nuclear que Alemania completará este 2022.
El Nord-Stream 1 entró en funcionamiento en 2011, suministra un 40 % del gas que consume Alemania y está controlado en un 51 % por el gigante ruso Gazprom; Nord-Stream 2 es de propiedad rusa y topó desde el principio con las críticas tanto de algunos socios europeos como de Estados Unidos, que llegaron a amenazarlo con sanciones.
La presión sobre Scholz arreció al acceder al poder, el pasado diciembre. Schröder crispó aún más los ánimos al salir en defensa de su amigo Putin y atribuir la crisis ucraniana al "ruido de sables" provocado desde Kiev.