Scholz, última llamada a Putin
Joana Serra
"Esperamos pasos claros hacia una desescalada", fue la frase más destacada del canciller alemán, Olaf Scholz, desde Kiev y camino a Moscú, donde este martes se reunirá con el presidente Vladímir Putin.
Desde el Gobierno alemán se han alternado estos días las llamadas a la calma con los apremios a sus nacionales a abandonar Ucrania, tal como han hecho no solo Polonia o los países bálticos, sino también otros socios europeos alejados del flanco este de la Unión Europea (UE).
Scholz no suspendió el que es su primer viaje como canciller a Moscu, pese a que el fin de semana pasado el semanario "Der Spiegel" afirmara que el próximo miércoles es "Día D" para el inicio de una ofensiva rusa. Es decir, un día después del encuentro entre Scholz y el líder del Kremlin.
El canciller alemán necesita regresar con algún triunfo. Han pasado algo más de dos meses desde que accedió al poder de la primera potencia europea y se le achaca tibieza frente a Rusia. La reaparición pública el domingo pasado de su predecesora Angela Merkel, en la ceremonia de la Asamblea Federal para la reelección del presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, desataron los comentarios acerca de lo que habría sido esta crisis con la exlíder conservadora en ejercicio y la falta de liderazgo del socialdemócrata Scholz.
Merkel compartió sus 16 años en el poder con Putin. Ambos hablan el idioma del otro -la política alemana, crecida en la Alemania comunista, porque aprendió ruso en la escuela; el líder del Kremlin, porque lo hizo en sus tiempos de espía de la KGB en Dresde-. Las relaciones entre Berlín y Moscú, con el Merkel en Cancillería, pasaron momentos de gran tensión, pero nunca se rompieron.
A Scholz se le atribuye tibieza ante Rusia, en parte relacionada con el papel del anterior canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, en el gasoducto Nord-Stream I y II. El primero se fraguó durante su alianza política y de intereses con Putin, aún en el poder. El segundo, que aún no entró en funcionamiento, está condicionado al discurrir de la actual crisis, pero tiene en Schröder el mejor aliado.
Si se viola la integridad territorial de Ucrania no habrá Nord-Stream II, han advertido desde el presidente de EEUU, Joe Biden, a la ministra de Exteriores alemana, la verde Annalena Baerbock. Scholz esquiva activamente pronunciarse hasta extremos penosos, ya que la cuestión surge a cualquier intervención suya ante los medios.
Schröder se ha convertido en una piedra en el zapato para la socialdemocracia alemana. Ha llegado a acusar a Ucrania de provocar "ruido de sables" y defiende a capa y espada Nord-Stream. En favor de Scholz conviene recordar, sin embargo, que Merkel mantuvo en pie el macroproyecto energético durante sus 16 años en el poder y que tampoco se planteó detenerlo a raíz de la invasión de Crimea.