martes, 8 de febrero de 2022

En busca del heredero

Scholz y Macron suman a Polonia al “diálogo exigente” con Moscú

Joana Serra




Para el canciller alemán, Olaf Scholz, el “objetivo compartido” es “preservar a Europa de la guerra”; para el presidente francés, Emmanuel Macron, mantener un “diálogo exigente” con Moscú; y para su homólogo polaco, Andrzej Duda, demostrar que “evitar la guerra aún es posible”. Los tres líderes, representantes de las presidencias de turno de la UE –Francia--, del G7 –Alemania-- y de la OSCE –Polonia-- lanzaron ayer un mensaje claro de cohesión en dirección al Kremlin, en unos momentos en que Moscú parece determinado a mostrar voluntad de desescalar la situación, mientras Washington mantiene en alto la amenaza de bloquear el controvertido gasoducto germano-ruso Nord-Stream II.


París y Berlín representaban ya la vía diplomática frente a Moscú. Varsovia sigue apremiando a reforzar la presencia de la OTAN en todo el flanco este de la Unión Europea (UE), lo mismo que los países bálticos y restantes socios directamente afectados, por razones de vecindad y por su histórico –y fundamentado-- miedo a Rusia.


Pero al margen de las coincidencias -”evaluamos la situación de forma idéntica”, afirmó Scholz- entre el eje franco-alemán, en este nudo diplomático alrededor del conflicto ucraniano parece haber un pulso más o menos discreto entre Macron y Scholz por el puesto de “heredero” de la exlíder de referencia europea que fue Angela Merkel.


Scholz se ha comportado hasta ahora como un líder silencioso y hasta tímido, lo que le ha costado críticas en su propio país por inoperante. Macron le llevaba ya la delantera y sumó el lunes el tanto de su reunión con el presidente Vladímir Putin, seguida de la mantenida ayer, camino a Berlín, con el ucraniano Volodímir Zelenski.


De Moscú quedó la imagen de una reunión con dos líderes a ambos extremos de una larguísima mesa. De Kiev partió Macron con anuncios de “avances” en dirección a un hipotético Formato Normandía, como se denomina el foro diplomático entre Rusia, Ucrania, Alemania y Francia, estancado desde hace un año, pero que París y Berlín quieren reactivar.


Reparto de papeles


Macron es el factor dinamizador, o al menos así se escenifica a sí mismo. Scholz, el socialdemócrata 

sucesor de la conservadora Merkel que aún debe encontrar su lugar.

El canciller alemán se estrenó el lunes en la Casa Blanca con Joe Biden, quien se encargó de marcarle el territorio de las amenazas en dirección a Moscú: en caso de invasión, el gasoducto Nord-Stream II no entrará en funcionamiento. Scholz calló, como siempre hace cuando se menciona un macroproyecto del que depende el suministro de gas a Alemania y que nació con el sello de la dependencia energética a Moscú.


El actual gasoducto debe completar al Nord-Stream I que sellaron el excanciller Gerhard Schröder y su aliado político Putin, en 2005. Merkel no detuvo su construcción ni siquiera por la invasión de Crimea, en 2014. Ahí pesó el criterio de los intereses de la empresa privada y de la seguridad del suministro energético.


Hasta ahora, por parte de la coalición de gobierno alemana sólo ha cuestionado claramente su puesta en funcionamiento la ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock. Fue en el Parlamento, al advertir que Nord-Stream II no entrará en funcionamiento, en caso de una nueva agresión a la integridad territorial de Ucrania. Baerbock, en el puesto desde diciembre, ha estado ya en Kiev dos veces –a lo que sumó ayer una mediática visita al frente y la frontera--, más otra en Moscú. Scholz tiene previsto hacer esa doble visita la próxima semana.