sábado, 19 de febrero de 2022

Nada por aquí



Occidente exhibe desde Múnich cohesión y lenguaje disuasorio

Joana Serra
A la nueva provocación de Vladímir Putin -el lanzamiento de misiles acompañado del dictador bielorruso, Alexandr Luckanshenko--, respondieron desde Múnich la OTAN y la Unión Europea (UE) con una exhibición de unidad casi inédita, mientras el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, reclamaba una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU ante la desesperada situación de su país.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, el canciller alemán, Olaf Scholz, y, en representación de EEUU, su vicepresidenta, Kamala Harris, lanzaron sus mensajes de advertencia al líder del Kremlin, concentrados en la Conferencia de Seguridad de la capital bávara.

"Rusia está buscando una excusa para invadir Ucrania", apuntó Stoltenberg, sentado junto a von der Leyen, quien sostuvo que Moscú "trata de imponer un nuevo orden mundial". Alemania "se sujetará sin restricciones al artículo 5 del Tratado de la OTAN" -que obliga a defender a todo aliado en caso de agresión a su territorio-, aseguró Scholz. "Si Rusia invade Ucrania responderemos con sanciones sin precedentes", reafirmó Harris.

El mensaje común es que la OTAN, como la UE, defenderán "palmo a  palmo" su territorio, en palabras de Stoltenberg, lo que se está demostrando ya con el reforzamiento de su flanco este, recordó Harris. Ucrania no forma parte de la Alianza, lo que -para Scholz- justifica el rechazo a suministrarle armas, de acuerdo a la línea de Alemania de no hacerlo a regiones en conflicto. Pero, a la vez, Alemania es el principal contribuyente a la ayuda financiera que recibe Ucrania, al que sí suministran armas otros países, argumentó el canciller.

La Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), un foro informal creado en 1963 y que año a año congrega a líderes de todo el mundo, se celebró sin asistencia de Rusia por primera vez en décadas. Putin sacudió en 2007 el elitista encuentro con un discurso plagado de críticas a EEUU, en un tono propio de la guerra fría. Pero, al margen de este hito, su ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, había sido asiduo a cada edición del foro, incluso tras la anexión de Crimea.

La ausencia de Rusia es expresión del momento álgido en las relaciones entre Occidente y Moscú. El contrapunto al lenguaje diplomático de los representantes de la OTAN, la UE, Alemania o EEUU lo dio el presidente ucraniano. Hasta el último momento se temió que Zelenski cancelara su viaje ante una escalada que podría no quedarse en el Donbás, sino llegar a Kiev.

Ucrania queda fuera del ámbito de respuesta de la OTAN al que aludió Scholz con su mención al artículo 5. "Occidente debe dejar de conformarse con tratar de apaciguar a Rusia", reclamó Zelenski. Ucrania "no está en pánico", sino dispuesta "a defenderse, aunque no lo hagan los aliados", añadió, para pedir a continuación una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU y decirse dispuesto a encontrarse con Putin.

La suya fue una intervención mucho más emocional que los mensajes de los líderes occidentales. El objetivo de su visita a Múnich no era solo reclamar ayuda en los cerca de 30 minutos de su discurso ante su auditorio del Bayerischer Hof, el lujoso hotel donde se celebra la MSC. Su interés principal está en los encuentros mantenidos en paralelo, a puerta cerrada, con Harris o el primer ministro británico, Boris Johnson, asimismo asistente a Múnich, cuyo país no niega los suministros de armas a Kiev.  
Múnich se abrió el viernes con un debate entre la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock, y el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken. La verde Baerbock, defensora de una línea mucho más crítica hacia Moscú que el socialdemócrata Scholz, se vio confrontada con una interpelación del alcalde de Kiev, Vitali Klitscho, desde el público.

Klitscho, quien en sus tiempos de campeón de boxeo vivió en Alemania y es una figura muy carismática en ese país, reprochó a Baerbock falta de compromiso con su país y recordó que Ucrania necesita algo más que 5.000 cascos militares -única aportación logística de Alemania- para defenderse.
Fue casi un golpe bajo a la diplomacia alemana que, como el conjunto de Occidente, parece moverse en un bucle. Los líderes de las potencias hablan entre sí a diario, en vídeoconferencias o en persona. Los viajes, las llamadas y los comunicados se suceden, pero no se produce la desescalada que el alemán Scholz o el francés Emmanuel Macron han buscado en sus respectivas reuniones con Putin.