sábado, 6 de agosto de 2022

Precampaña de otoño

 


Los ultras alemanes buscan el "voto del descontento" pro Putin
Joana Serra
"En otoño, cuando suba la factura del gas, veremos si se mantiene el apoyo a las sanciones contra Moscú", afirmaba en una entrevista con la televisión pública alemana ARD el presidente de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), Tino Chrupalla. Hasta ahora, y pese a las múltiples alarmas ante una inflación disparada, un 70 % de los alemanes aprueba el apoyo a Ucrania, de acuerdo con un sondeo de ese medio.
Pero en octubre debe entrar en vigor la tasa introducida por la coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales del canciller Olaf Scholz, en apoyo a las compañías en apuros, como UNIPER. Es decir, las proveedoras del gas ruso, afectadas por la reducción de los suministros de Gazprom a través del gaseoducto Nord Stream. Al consumidor le acarreará un coste adicional de entre 1,5 y 5 céntimos por Kwh, según cuál sea la evolución de los suministros que Rusia redujo ya a un 20 % de su capacidad.
En cálculos del canciller socialdemócrata y de su ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, la tasa significará "unos cientos de euros más" anuales en los hogares que cocinan, se duchan o usan calefacción a gas. Aproximadamente un 49,5 % del total de los hogares alemanes.
El apoyo a las sanciones actuales cederá a más tardar en noviembre, vaticina el líder de la AfD, uno de los partidos dichos "amigos" de Vladímir Putin entre la familia ultraderechista europea. Una cosa es no climatizar la piscina pública en verano, bajo temperaturas casi tórridas como las que se registran este año en Alemania. Otra, hacerlo en otoño o invierno, tras el cierre de la piscina al aire libre para pasar a la cubierta, donde además imperará la ducha fría.
Tampoco se encajará igual de bien el paseo de regreso a casa en bici con los monumentos y edificios públicos apagados en un país donde, en invierno, oscurece a las cuatro de la tarde.
Las imágenes del año anterior, con decenas de miles de manifestantes protestando contra las restricciones por la covid entre la Puerta de Brandeburgo y el barrio gubernamental berlinés pueden repetirse. No solo porque, como vaticina el ministro de Sanidad Karl Lauterbach, volverá a imponerse el uso de la mascarilla -ahora solo vigente en el transporte público- por la previsible siguiente ola de contagios. También por el nuevo descontento que empieza a formarse ya con la suma de tantas crisis.
En los momentos álgidos de la pandemia, las protestas contra las restricciones aunaron a movimientos antivacunas de todo tipo, con defensores de teorías de la conspiración, comerciantes afectados por el cierre de la vida pública o ciudadanos incomodados por éstas. La AfD era la única fuerza parlamentaria omnipresente en esas marchas.
El tripartito de Scholz teme los efectos de un nuevo "movimiento de protesta". Recientemente, en un acto público en Baviera, el verde Habeck tuvo que luchar por hacerse entender en medio de los abucheos de centenares de ciudadanos movilizados contra su presencia. Habeck es el político mejor valorado del país -muy por delante de Scholz, en persistente caída de popularidad-. Su partido avanzó a la segunda posición en las elecciones de Baviera de 2019, por detrás de la conservadora Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), la formación dominante en ese "Land" desde hace décadas. Ello no le evitó consignas hostiles similares al "Merkel muss weg" -"Merkel debe irse"- con que la ultraderecha persiguió a la líder conservadora en su última legislatura.
Habeck, como Scholz, ha reconocido que la vida diaria "será difícil" a partir del otoño para muchos ciudadanos. Alemania es un país próspero, porque su industria lo es. Pero 13 millones de personas -de los 82 millones de ciudadanos del país- viven en el umbral de la pobreza o la marginalidad, según datos recientes de la Oficina Federal de Estadística (Destatis). La crisis energética y la dependencia del gas ruso abocan a la primera economía a la recesión. En el segundo trimestre, se cayó en la fase del estancamiento, con un 0,0 % de crecimiento del producto interior bruto (PIB).
Habeck, como su correligionaria y ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, se han preguntado en voz alta si, en una situación como la que se avecina, se mantendrá la "cohesión social". La ministra del Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser, ha avanzado que se esperan "protestas radicalizadas".
La AfD es una formación debilitada electoralmente por los cismas entre sus corrientes dichas moderadas y las más cercanas al neonazismo. En las generales de 2021 quedó en un  10,3 %, frente al 12,6 % de 2017, el porcentaje que la catapultó como tercera fuerza al Parlamento (Bundestag). De líder de la oposición con la gran coalición de Angela Merkel pasó a la posición de quinta fuerza parlamentaria.
Acumula sanciones por el ingreso de donativos irregulares, de procedencia dudosa, y se la identifica como un partido "pro Putin" en el espectro parlamentario alemán. Sueña con la reactivación, a partir de aquello que mejor se dá al conjunto de las ultraderecha europea: capitalizar a su favor el descontento social.