Dinamarca: de la crisis de los visones a las urnas
Joana Serra
La familia de las socialdemocracias nórdicas tiene ante sí otro posible abismo: el eventual relevo en el poder, ahora en Dinamarca, en unas elecciones precipitadas por la llamada "crisis de los visones" de octubre de 2020. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, defendió entonces el sacrificio de más de 15 millones de ejemplares, ante una alerta sanitaria derivada de la covid-19, pero sin la debida cobertura legal.
Dos años después, Dinamarca vuelve a las urnas en unos comicios anticipados, convocados tras varias oleadas de críticas a esa decisión de su jefa de Gobierno, una socialdemócrata de línea atípica en esa familia política.
Frederiken no dimitió tras revelarse que dicho sacrificio masivo se hizo sin respaldo legal en un país cuya industria peletera es líder mundial en ese sector. Sí lo hizo su ministro de Agricultura, Mogen Jensen, quien renunció un mes después de dar la orden, en noviembre de 2020.
El reino de Dinamarca, con 5,4 millones de habitantes incluidos los de dos territorios autónomos, la inmensa Groenlandia y las islas Feroe, volverá a las urnas en unos comicios repartidos entre lunes y martes.
Será siete semanas después del vuelco experimentado por Suecia, donde pese a mantenerse la socialdemocracia como fuerza más votada se dio un enrevesado relevo en el poder: la ya ex primera ministra Magdalena Andersson quedó apeada por el conservador Ulf Kristersson, al frente de una coalición del centro moderado, pero con la ultraderechista Demócratas de Suecia (DS) como aliado externo.
El caso sueco fue un ejemplo de parlamentarismo nórdico en estado puro. Andersson pasó a la oposición, tras haber defendido el primer puesto e incluso haber crecido en votos; Kristersson se convirtió en primer ministro, pese a la "humillación" de ver cómo los radicales de DS le arrebataban su tradicional segundo puesto; y Jimmie Äkesson, líder de la derecha radical triunfante, se resignó a no entrar en el gobierno, a cambio de poder marcar desde fuera la agenda del ejecutivo.
En Dinamarca no se pronostica un vuelco tan aparatoso, pero hay por lo menos cuatro candidatos con posibilidades de alcanzar la jefatura del gobierno. La propia Frederiksen, quien llegó al poder en 2019, cuatro años después de suceder al frente de los socialdemócratas a Helle Thorning-Schmidt; ante sí tiene a tres líderes del bloque centrista-derechista: el liberal Jakob Ellemann-Jensen, el conservador Søøren Pape Poulsen y el exprimer ministro Lars Løøkke Rasmussen, cuyas opciones han crecido en los últimos sondeos.
Son catorce los partidos que concurren a las urnas y, como se ha visto en Suecia, no tiene por qué ser el primero, ni siquiera el segundo, quien acabe al frente al siguiente gobierno. Determinante para el futuro de Frederiksen es si el bloque derechista suma o no la mayoría suficiente para volver al poder.
El caso de los visones -o "minkgate"- es la piedra en el zapato de esa socialdemócrata, algo arrogante y autoritaria, que gestionó con éxito y pocas restricciones en la vida pública durante la crisis de la pandemia.
Optó por la vía directa, ante una alerta sanitaria que apuntaba a una posible mutación en el virus que habría cuestionado la efectividad de la vacuna. Pero ignoró que la ley solo permitía el sacrificio de los animales de granjas con casos verificados. A las presiones de la oposición siguió el dictamen de una comisión parlamentaria según el cual la actuación del gobierno fue "criticable". De ahí se pasó a las elecciones anticipadas.
Frederiksen, de 41 años, ha orientado su campaña por la reelección con su imagen de mujer fuerte, en un país pequeño, pero capaz de rechazar o hasta reírse, en 2019, del propósito del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de "comprar" Groenlandia.
A diferencia de lo ocurrido en Suecia, en Dinamarca ha habido escasa presencia de la cuestión migratoria en el debate preelectoral. Al fin y al cabo, la socialdemocracia que representa Frederiksen puede ser tan dura y restrictiva en esa materia como las propuestas de la derecha.
Bajo su gobierno se ha llegado a discutir la posibilidad de crear centros de acogida en Ruanda, de acuerdo al modelo barajado en Reino Unido bajo el liderazgo del ex premier Boris Johnson.
