jueves, 27 de febrero de 2025

Un tripartito que no ha muerto


Conservadores, socialdemócratas y liberales pactan gobierno en Austria y apartan a la ultraderecha



El presidente de Austria, Alexander van der Bellen (izquierda), junto a los líderes del partido liberal NEOS, Beate Meinl-Reisinger; el del ÖVP y futuro canciller, Christian Stocker, y el del SPÖ, Andreas Babler. / MAX SLOVENCIK / APA / DPA / EUROPA PRESS


Gemma Casadevall
Berlín 27 FEB 2025 

Austria ha dado un nuevo vuelco a su guión para la formación del próximo gobierno: finalmente el país será gobernado por un tripartito entre conservadores, socialdemócratas y liberales, una alianza que se había dado por fracasada hace unos meses. Se aislará con ello a la ultraderecha de Herbert Kickl, el partido que ganó las elecciones en septiembre pasado y al que el presidente, Alexander van der Bellen, llegó a encargar la formación del ejecutivo, pero acabó siendo descartado como socio por los conservadores. Se derrumbó así el propósito de Kickl de convertirse en el primer canciller austríaco del FPÖ, un partido fundado tras la Segunda Guerra Mundial por antiguos nazis, profundamente antieuropeo, antiasilo y con fuertes vínculos con el Kremlin.

Los líderes del Partido Popular (ÖVP), del socialdemócrata SPÖ y de los liberales NEOS comunicaron este jueves que han alcanzado un acuerdo de coalición. "Hemos trabajado contrarreloj hasta lograr un programa conjunto". Es un pacto de línea dura en cuanto a política migratoria, con restricciones para los refugiados, y también en materia fiscal. El año pasado, Austria registró un déficit del 4% del PIB y deberá ceñirse a la línea de la austeridad marcada por Bruselas.

El nuevo canciller será Christian Stocker, quien asumió el liderazgo del ÖVP tras renunciar a la jefatura del partido y del gobierno Karl Nehammer por "diferencias insalvables" con la negociación de socialdemócratas y liberales.

Ha sido un camino largo, de cinco meses, y más que enrevesado el que ha seguido Austria hasta llegar al pacto de coalición que colocará a un tripartito al frente del gobierno nacional, por primera vez en más de 70 años. Se espera ahora que los tres partidos sometan el pacto a su aprobación interna y que el Gobierno asuma sus funciones el lunes.

Las elecciones parlamentarias del pasado septiembre las ganó con casi un 30% el FPÖ de Kickl, partido integrado del bloque de los llamados Patriotas por Europa del que forma parte el húngaro Fidesz de Viktor Orbán y el español Vox, de Santiago Abascal.

Meses de negociaciones


Pese a esa victoria, y entendiendo que el partido ultraderechista había sido descartado en campaña como aliado por el resto de las formaciones parlamentarias, el presidente Van der Bellen le encargó en primer lugar a Nehammer negociar un tripartito. El aún canciller tiró la toalla tras meses negociando. Asumió las riendas del partido Stocker, un político con décadas de rodaje, aunque principalmente en puestos a escala local. Van der Bellen, originario de los Verdes, le pasó a continuación el encargo a Kickl para que negociara con los conservadores.

El líder ultraderechista creía alcanzado su objetivo de convertirse en el "canciller del pueblo", el término de reminiscencias hitlerianas adoptado en su campaña. Pero se le fue la mano en sus exigencias. Impuso como condición innegociable que se adjudicara a su partido la cartera de Interior. Este ministerio es clave para el control de las fronteras, la política migratoria y los servicios secretos. Finalmente Stocker consideró impracticable una coalición dirigida por el FPÖ.

Kickl había sido titular de ese departamento entre 2017 y 2019, bajo la coalición liderada por los conservadores. Reestructuró el servicio de inteligencia y levantó temores entre otros países aliados, que dejaron de compartir información con Viena.

miércoles, 26 de febrero de 2025

El gran Lars

La socialdemocracia alemana se reorganiza para negociar una gran coalición con muchas aristas



El nuevo líder del grupo del SPD en el Bundestag, Lars Klingbeil. / CLEMENS BILAN / EFE

Gemma Casadevall
Berlín 26 FEB 2025 

Lars Klingbeil, copresidente del Partido Socialdemócrata (SPD) alemán, será la figura clave en la negociación de la gran coalición con la que aspira a gobernar el conservador Friedrich Merz, ganador de las elecciones generales del pasado domingo. De 47 años y al frente de la socialdemocracia desde 2021, Klingbeil fue elegido por un 85% de los votos entre sus 120 diputados, un resultado discreto y reflejo del malestar existente en el partido del canciller Olaf Scholz. La socialdemocracia se desplomó desde el 25,7% obtenido en 2021 al 16,4% actual. Es un récord a la baja histórico y encima han quedado relegados al tercer puesto, por detrás de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). A Klingbeil se le reprocha, además, haber anunciado el mismo domingo su propósito de dirigir el grupo parlamentario, en lugar de plantearlo primero a sus diputados. Representa en la cúpula del SPD a su ala moderada, frente a la izquierdista de la copresidenta Saskia Esken.

Klingbeil mantuvo un primer contacto con Merz la noche electoral. Formalmente, fue una llamada de trámite, en que Merz felicitó a líder socialdemócrata en su cumpleaños. También fue una mera formalidad la visita de Merz a Scholz en la sede de la Cancillería. Son habituales en Alemania estas reuniones para facilitar el armónico traspaso de poder. Scholz seguirá en pleno ejercicio de su cargo hasta la constitución de la nueva Cámara, prevista para el 24 o 25 de marzo. Tras ese día continuará en el puesto, aunque en funciones, hasta que el Parlamento elija a su sucesor.

Merz aspira a tener firmado su pacto de coalición y la formación de su gobierno hacia Semana Santa. Antes tendrá que limar muchas asperezas, sea en política social como en Defensa o en lo personal. No ha formado parte de ningún gobierno, ni a escala regional, lo que en Alemania es algo insólito porque implica cero experiencia para manejar disensos con sus coaligados.

Marcha atrás


Por lo pronto, el martes dio Merz marcha atrás en su supuesta disposición a reformar el freno a la deuda antes de la constitución de la nueva cámara. Este instrumento limita el endeudamiento, pero para que prospere una reforma precisa una mayoría de dos tercios. La idea de avanzar el voto responde al peso que tendrá en la futura cámara la AfD, cuyos 152 diputados unidos a los 64 de La Izquierda la capacitarían para vetar ciertas leyes, como enmiendas o reformas constitucionales.

Con este argumento y con los resultados en la mano, Merz barajó la idea de someterlo al Bundestag aún vigente, con sus 730 diputados, lo que además de premura de tiempo imponía desafíos logísticos. En el Bundestag se está trabajando para desmantelar y remodelar los asientos para los 630 diputados de la nueva cámara. El martes matizó su propósito y propuso una reforma rápida pero solo para aprobar un fondo especial para Defensa. Alemania cumplió en 2024 por primera vez con el objetivo de destinar un 2% de su PIB a defensa y se proponer ir a más a medio plazo. El Gobierno de Scholz aprobó un paquete especial de 100.000 millones de euros inmediatamente después del inicio de la guerra de Ucrania. Su doble objetivo era poner al día al Ejército alemán, debilitado por décadas de recortes, y suministrar armas a Ucrania. Este fondo está casi exhausto o lo estará en 2027 por los compromisos adquiridos. Merz necesita en nuevo marco legal para su objetivo de mantener el apoyo a Kiev y acelerar los planes de una defensa europea vista la imprevisibilidad de EEUU bajo Donald Trump.

Un reforma que implique solo el fondo para defensa topará con el rechazo de La Izquierda, que reclama liberar de la tenaza del freno a la deuda todo el ámbito de la política social o la vivienda, principal preocupación del ciudadano. El SPD de Klingbeil, por su parte, aprobó en su último congreso una moción para la suspensión total del freno a la deuda.

El sí o no a este mecanismo fue objeto de disenso permanente en el tripartito que dirigió Scholz entre socialdemócratas, verdes y liberales. El rechazo liberal a levantarlo precipitó el hundimiento de la coalición.

martes, 25 de febrero de 2025

Friedrich no pierde el tiempo

 Merz prem l’accelerador

“El món no es que­darà atu­rat espe­rant-nos. Evo­lu­ci­ona i es desen­vo­lupa ràpida­ment.” Amb aques­tes parau­les, l’endemà de la seva victòria elec­to­ral, el con­ser­va­dor Fri­e­drich Merz va voler mar­car les diferències res­pecte de l’anqui­lo­sa­ment que ha carac­te­rit­zat el govern de l’encara can­ce­ller Olaf Scholz. No va bur­xar en la ferida de la der­ro­tada soci­al­de­mocràcia ale­ma­nya, que va caure al seu mínim històric –un 16,4 % dels vots– i s’ha con­ver­tit en ter­cera força, dar­rere de la ultra­dreta–. Al cap­da­vall, el propòsit de Merz és fer la farina blana i empren­dre imme­di­a­ta­ment nego­ci­a­ci­ons amb els soci­al­demòcra­tes. L’objec­tiu es tan­car amb el par­tit de Scholz una nova gran coa­lició, l’única cons­tel·lació política que li garan­tirà una majo­ria par­la­mentària sense comp­tar amb Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD). Merz vol acce­le­rar un procés que al seu país pot per­llon­gar-se mesos i tenir el seu nou govern llest per Set­mana Santa. Té al seu favor la dis­po­sició prèvia de Scholz, que con­ti­nuarà com a can­ce­ller fins que li vin­gui el relleu, però no diri­girà les con­ver­ses amb el soci gran.

Les pri­o­ri­tats de Merz són tres: enge­gar una política de segu­re­tat euro­pea “amb veu pròpia” i “inde­pen­dent” res­pecte dels Estats Units, reac­ti­var l’eco­no­mia ale­ma­nya i acon­se­guir tallar la migració irre­gu­lar des­con­tro­lada. Compta per fer-ho amb “el com­por­ta­ment res­pon­sa­ble” dels soci­al­demòcra­tes. I admet la seva pre­o­cu­pació per la mala maror pro­ce­dent de la Casa Blanca, tant pel que fa als amenaçadors aran­zels anun­ci­ats o ja apli­cats per Donald Trump com per la dinàmica empresa per Was­hing­ton i Mos­cou res­pecte d’Ucraïna. Que els Estats Units vul­guin pren­dre deci­si­ons pel seu compte amb Rússia “no és accep­ta­ble ni per a Ucraïna ni per a Europa”.

“Els Estats Units són una part fona­men­tal de l’OTAN, i volem man­te­nir el nos­tre bon nivell en les rela­ci­ons transatlànti­ques”, va insis­tir, en la seva pri­mera roda de premsa l’endemà de les elec­ci­ons. El 28,5% obtin­gut pel seu bloc a les urnes, en uns comi­cis en què la par­ti­ci­pació va ser del 83 %, la més alta des de la reu­ni­fi­cació ale­ma­nya, li dona un man­dat clar per lide­rar el pròxim govern. Sap que la seva majo­ria depèn d’un acord amb els soci­al­demòcra­tes. El par­tit de Scholz està enfon­sat en les seves hores més bai­xes, però no pot sig­nar a cegues un pacte de coa­lició que inclo­gui reta­lla­des soci­als dràsti­ques com les plan­te­ja­des per Merz en cam­pa­nya. La recerca d’un equi­li­bri entre les pro­pos­tes con­ser­va­do­res i la justícia social que diu repre­sen­tar la soci­al­de­mocràcia és un dels rep­tes que ha de superar Merz per arri­bar al seu objec­tiu: la can­ce­lle­ria.

Els socis euro­peus pres­si­o­nen perquè Ale­ma­nya assu­meixi un paper de lide­ratge. Merz té en aquesta missió el suport de la pre­si­denta de la Comissió Euro­pea, la també ale­ma­nya Ursula von der Leyen, mem­bre del seu par­tit, la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU). Però, fora de les qüesti­ons de defensa, segu­re­tat o política exte­rior, el pre­vi­si­ble suc­ces­sor de Scholz té una situ­ació crítica interna, amb una ultra­dreta que con­ti­nua política­ment aïllada, però que cada cop és més forta, sobre­tot a l’est del país.

L’èxit de l’AfD amb la seva can­di­data, Alice Wei­del, és indis­cu­ti­ble. També ho és la por fona­men­tada que es tren­qui en algun moment el talla­foc a l’entorn d’aquest par­tit, aïllat a escala ale­ma­nya per la seva toxi­ci­tat i, fins i tot, temut per molts dels altres euro­peus ultres per la seva radi­ca­lit­zació.

Cordó sani­tari

Però a la seu del par­tit, la mateixa nit elec­to­ral, no es per­ce­bia l’eufòria que esce­ni­fica Wei­del en les seves inter­ven­ci­ons a la tele­visió. No perquè Merz insistís, un cop més, que mai no coo­pe­rarà política­ment amb el seu par­tit ni el bus­carà per for­mar una coa­lició. És la seva posició decla­rada de fa mesos i no té cap motiu per des­dir-se’n, vist que té en l’horitzó una gran coa­lició que no trenca esque­mes. Però a l’AfD es con­fi­ava en uns efec­tes més vis­to­sos del suport rebut per Wei­del d’Elon Musk i la resta de l’entorn de Donald Trump. Tam­poc no sem­blen haver influït en favor del màxim repre­sen­tant polític de la línia anti­a­sil i el vot xenòfob la sèrie d’atacs a gani­ve­ta­des o atro­pe­lla­ments múlti­ples come­sos en els últims mesos o set­ma­nes per refu­gi­ats. Feia temps que els son­de­jos pro­nos­ti­ca­ven per a l’AfD un 20% o un 21%. I aquest ha estat final­ment el resul­tat obtin­gut. Pot­ser sigui massa opti­mista o pre­ma­tur pen­sar que l’AfD ha tocat sos­tre. Però seria una lec­tura no tan nega­tiva, enmig del con­text pre­o­cu­pant que envolta l’evo­lució política que hi ha a Ale­ma­nya

El mapa polític que queda després d’aques­tes elec­ci­ons gene­rals és esfereïdor per al cen­tre polític. Pràcti­ca­ment no hi que­den ni espur­nes ver­me­lles, el color que iden­ti­fica el Par­tit Soci­al­demòcrata (SPD), a tot el país. La mei­tat oest i sud ha pas­sat a ser negra, el color del bloc con­ser­va­dor. I la mei­tat est, antic ter­ri­tori de l’Ale­ma­nya comu­nista, té el blau de l’AfD. Els ultres de Wei­del són la pri­mera força en aques­tes regi­ons, un fac­tor que en rea­li­tat tam­poc no sorprèn tant, perquè les elec­ci­ons regi­o­nals de l’any pas­sat a Turíngia, Bran­den­burg i Saxònia ja van mar­car aquesta evo­lució. Turíngia molt espe­ci­al­ment, pel fet de ser el land del líder més radi­cal entre els ultres, Björn Höcke. Mal­grat el seu domini clar, però, no va acon­se­guir el lloc de pri­mer minis­tre regi­o­nal a causa de l’aïilla­ment de la resta dels par­tits.

Divisió ter­ri­to­rial

És una divisió cromàtica que recorda quasi mil·limètri­ca­ment la fron­tera que va par­tir durant dècades les dues Ale­ma­nyes, l’occi­den­tal i la de l’est. A la pri­mera hi domina la dreta mode­rada de Merz i a la segona, els ultres de Wei­del.

Hi ha, però, una taca que trenca els esque­mes i marca una tendència insos­pi­tada: Berlín. La capi­tal no es ni negra i blava, sinó morada, el color de l’Esquerra històrica. El par­tit que ha aixe­cat el cap quan molts el dona­ven per mort o agònic arran de l’escissió encapçalada per Sahra Wagenk­necht. De cop, i com a repre­sen­tant més con­vin­cent del talla­focs con­tra els ultres, el par­tit del post­co­mu­nista Gre­gor Gysi, la seva figura més carismàtica, i de la nova pre­si­denta, Heidi Reic­hin­nek, va sal­tar al 8,8% a escala naci­o­nal. Un mes enrere estava al 4%. Més relle­vant encara és que hagi esde­vin­gut la pri­mera força a Berlín, una ciu­tat estat i capi­tal gover­nada per una gran coa­lició entre con­ser­va­dors i soci­al­demòcra­tes.

De cop, la capi­tal ha que­dat encer­clada pel pano­rama ultra domi­nant de tot l’est. L’èxit de l’Esquerra clàssica o històrica és encara més des­ta­ca­ble perquè ha gua­nyat la par­tida sobre Wagenk­necht. La seva escissió, pro­russa i anti­a­sil, s’ha enfon­sat per sota del mínim del 5% neces­sari per garan­tir l’accés a escons. I, final­ment, hi ha una inversió en la dinàmica del vot jove. L’Esquerra de Gysi i Reic­hin­nek és la pri­mera força entre els joves de 18 a 25 anys a tot el país. Un 27% dels joves s’han decan­tat pel vot esquerrà. En les elec­ci­ons del 2021, el pri­mer lloc entre aquesta franja d’elec­tors va ser per a l’AfD.

Sahra Wagenk­necht ha estat el ros­tre de la der­rota en un par­tit de dos anys d’existència, però que es va inflar perquè sem­blava clau per a la gover­na­bi­li­tat a l’est ale­many. Però, final­ment, s’ha posat en evidència como un popu­lisme prorús poc con­vin­cent o sos­pitós d’anar tele­di­ri­git des del Krem­lin.

La gar­ro­tada més forta, però, ha anat per als libe­rals de l’exmi­nis­tre de Finan­ces Chris­tian Lind­ner. També han que­dat fora del Par­la­ment, que perdrà de vista un par­tit arre­lat en el tau­ler polític ale­many. L’FDP, el par­tit libe­ral, va ser soci de suc­ces­sius governs, tant con­ser­va­dors com soci­al­demòcra­tes, fins a l’arri­bada al poder del soci­al­demòcrata Ger­hard Schröder (1998-2005), que va gover­nar amb els Verds. Amb Angela Merkel va recu­pe­rar, durant una de les seves qua­tre legis­la­tu­res, la posició de soci natu­ral dels con­ser­va­dors. Ara s’ha estim­bat en el descrèdit, com a mem­bre del tri­par­tit amb el soci­al­demòcrata Scholz i el verd Habeck, la gestió dels quals va sot­me­tre a un sabo­tatge intern per­ma­nent.

A Lind­ner se’l res­pon­sa­bi­litza de l’enfon­sa­ment de la coa­lició que ha pre­ci­pi­tat les elec­ci­ons. Ara s’ha que­dat sense escons, cosa que, d’altra banda, deixa sense braç par­la­men­tari un seguit de lob­bies. A l’FDP de Lind­ner se l’ha iden­ti­fi­cat a Ale­ma­nya com el par­tit “dels ingres­sos alts”, pels seus vin­cles amb la indústria. Ha estat també el par­tit de figu­res polítiques com Hans Die­trich Gensc­her, l’emblemàtic minis­tre d’Afers Estran­gers de Hel­mul Kohl des de la dar­rera fase de la guerra freda fins a la reu­ni­fi­cació. Lind­ner repre­sen­tava la nova gene­ració. Ara el par­tit haurà de bus­car la reno­vació en un con­text política­ment enra­rit i enmig d’una crisi econòmica pre­ci­pi­tada sota un govern del qual van for­mar part els repre­sen­tants de l’àmbit finan­cer.

lunes, 24 de febrero de 2025

Cambio de paradigma

La nueva 'era Merz' arranca bajo el signo de la desconfianza alemana hacia EEUU



El líder de la CDU, Friedrich Merz, este lunes durante la rueda de prensa que ha ofrecido en la sede del partido, en Berlín. / MARTIN MEISSNER / AP

Gemma Casadevall
Berlín 24 FEB 2025 

Ni el derechista Friedrich Merz, el previsible futuro canciller alemán y un convencido atlantista, parece confiar en una mejora rápida de las relaciones con Washington. "Estamos bastante preocupados por lo que escuchamos", afirmó este lunes el líder de la CDU en su primera conferencia de prensa tras su victoria electoral del domingo. Se refería así a cómo están manejando Rusia y Estados Unidos un posible fin de la guerra de Ucrania, sin contar con Kiev ni con Europa. "Es inaceptable tanto para Ucrania como para Europa", añadió, respecto a las decisiones que puedan adoptarse entre Moscú y Washington "a espaldas" de los interesados, en lo que se incluye al conjunto de Europa, puesto que en su territorio discurre la guerra de agresión que lanzó hace tres años Vladímir Putin.

Merz expresó ya la misma noche electoral, en la llamada 'ronda de los elefantes' o tertulia entre los líderes de los partidos en liza, la necesidad de que Europa se "independice" de Estados Unidos. Europa precisa una voz propia en defensa, sostiene Merz, para quien la política de seguridad, el freno a la migración irregular y la reactivación económica son las tres prioridades de su futuro gobierno. Puso énfasis en su interés en mantener "unas buenas relaciones transatlánticas", puntal de la política exterior alemana. Pero incidió en las "tensiones" existentes con Washington, algo insólito en las relaciones entre Berlín y Washington.

Coalición por la vía rápida

Merz se propone acelerar la formación de la próxima coalición, previsiblemente con los socialdemócratas del derrotado Olaf Scholz. Es la única constelación que le garantizará la mayoría parlamentaria que busca y, a la vez, mantener aislada a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Su bloque conservador obtuvo un 28,5%, frente al 20,8% de la derecha radical y el 16,4% de los socialdemócratas. Para Merz, los resultados obtenidos implican un mandato claro para liderar la siguiente coalición. Para los ultras, que doblaron los resultados obtenidos en 2021, es éxito en las urnas histórico que no les liberará de cordón sanitario y por tanto les mantiene fuera de cualquier alianza. Para los socialdemócratas de Scholz, es un "resultado amargo", según Scholz, quien seguirá en su puesto hasta la elección de su sucesor y no intervendrá en las negociaciones de coalición.

Merz quiere tener listo su nuevo gobierno antes de Semana Santa . "El mundo no puede esperarnos", dijo. Europa necesita a una Alemania con capacidad de liderazgo. Incluso antes de la prevista sesión constituyente del Bundestag, el Parlamento, el 24 o el 25 de marzo, se plantea el líder conservador llevar adelante proyectos como la reforma del freno a la deuda. Es un instrumento constitucional que limita la capacidad de endeudamiento y lastra con ello las inversiones. La idea de plantearlo en el Bundestag actual, que formalmente sigue en activo, ha partido de los Verdes. En el próximo Bundestag, la reforzada AfD estaría habilitada para aplicar la 'minoría de bloqueo' junto con La Izquierda. Nada indica que la formación izquierdista, que obtuvo un 8,8%, vaya a bloquear una reforma que precisa para prosperar de una mayoría de dos tercios. Su cúpula ha afirmado que, de plantearse, votarán a favor del fin de un instrumento. Los máximos defensores del freno a la deuda son los liberales, que no estarán en la próxima cámara porque quedaron por debajo del listón mínimo del 5%.

Retiradas y despedidas


El día después de las elecciones generales suele ser una jornada destinada a valorar los resultados, a tantear alianzas o a retirarse, en caso de derrota. El exministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, ratificó que deja la política activa, tras el golpe sufrido por su formación. Y el de Economía, el verde Robert Habeck comunicó que no piensa asumir ningún nuevo cargo en su partido y dejó en el aire si ocupará el escaño ganado por la lista de su partido. Scholz, en cambio, sí se convertirá en diputado de a pié, de acuerdo al mandato obtenido como candidato más votado en su distrito de Potsdam. Estos mandatos directos son personales e intransferibles.

En la ronda de preguntas tras los comicios se le planteó a Merz si había sido felicitado por la excancillera Angela Merkel, su rival histórica entre los conservadores. Merz dijo primero que no, luego que no le constaba porque tiene "centenares" de mensajes por leer.

Socorridos interrogantes de madrugada

Las 5 claves del vuelco electoral en Alemania: ¿Quién gobernará con Merz? ¿Aguantará el cordón contra los ultras? ¿Por qué ha fracasado la izquierda en el poder?



Las elecciones alemanas: claves de un giro anunciado a la derecha



Gemma Casadevall
Berlin 24 FEB 2025

Los pronósticos no han fallado y el bloque conservador de Friedrich Merz, integrado por la Unión Cristianodemócrata y su hermanada Unión Socialcristiana bávara (CDU/CSU) se alzaron en estas elecciones legislativas como primera fuerza con un 28,5% de los votos. La primera economía europea giró a la derecha, con la ultraderecha convertida en segunda fuerza por primera vez en la historia de la República Federal de Alemania (RFA) y un resultado espectacular para un partido proscrito: un 20,8%.

A los partidos que formaron el tripartito con que el canciller Olaf Scholz llegó en 2021 al poder se les pasó factura por una legislatura fallida y marcada por la recesión: el Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz se desplomó a su mínimo histórico, con un 16,4% ; los Verdes del ministro de Economía, Robert Habeck, quedaron en el 11,6% y el Partido Liberal (SPD) del exministro de Finanzas, Christian Lindner, causante del hundimiento de la coalición, quedará degradado a extraparlamentario, con un 4,3%. La Izquierda histórica, que parecía desahuciada, vuelve a sonreír, tras alzarse con un 8,5%. Y la escisión prorrusa de Sahra Wagenknecht se queda sin escaños.

¿En quién se apoyará Merz para ser canciller?

Friedrich Merz, de 69 años y rival histórico de Angela Merkel entre la familia conservadora, ha jurado en toda su campaña que no se aliará ni buscará ningún tipo de apoyo en la AfD. Todo apunta a que pactará una gran coalición con los socialdemócratas como las que dirigió Merkel en tres de sus cuatro legislaturas. Merz y Scholz llegaron a la recta final de la campaña comportándose en sus debates televisados con cierta complicidad. Tras difundirse los primeros resultados, ambos expresaron su respeto hacia el otro.

Los dos grandes partidos comparten las líneas maestras en política exterior, el compromiso con la ayuda a Ucrania y con Israel, son europeístas y asisten con espanto a las andanadas antieuropeas de Donald Trump. La amenaza de aranceles y el apoyo a la ultraderecha mostrada por el trumpismo han resquebrajado el eje Berlín-Washington. La reedición de la ‘groko’, como se denomina en Alemania a una gran coalición, es la única aritméticamente posible para tener una mayoría parlamentaria. El líder conservador ha desestimado la opción de un gobierno de minoría, una fórmula compleja en un país como Alemania, obsesionado por la estabilidad.


Alice Weidel / SOEREN STACHE - DPA

¿Resistirá el cortafuegos alemán contra los ultras?

La pregunta de hasta cuándo aguantará en Alemania el cordón sanitario contra la ultraderecha ha planeado sobre toda la campaña. El propio Friedrich Merz agrietó el ‘Brandmauer’, cortafuegos en alemán, al dejarse apoyar por la extremista Alternativa para Alemania (AfD) en dos votaciones parlamentarias sobre política migratoria. Pero incluso si no hubiera dado este paso, hay corrientes entre los conservadores, especialmente en el este del país, que reclaman abrirse al diálogo.

Alemania, hasta ahora, no ha caído en esa tentación, tal vez por el monstruoso peso histórico del nazismo. Pero también porque, a diferencia de otros extremismos derechistas europeos, la AfD en lugar de moderarse se ha radicalizado hasta niveles que han ahuyentado fuera de sus filas a figuras fundacionales del partido. La rotura del cortafuegos, de producirse, procederá a escala regional y del este, donde el AfD se ha alzado como primera fuerza. Aislarla ahí sitúa a las fuerzas democráticas al filo de la ingobernabilidad.

¿Cómo reactivar la economía y frenar la migración irregular sin recortes?

La reactivación de la economía en recesión y el cerrojo a la migración irregular son las dos prioridades declaradas de Merz. Alemania está en recesión desde 2023, sus puntales industriales están en crisis y sus infraestructuras básicas están anquilosadas tras décadas bajo el dogma de la austeridad. Así fue bajo la canciller Angela Merkel y así ha sido también con Olaf Scholz. A los problemas heredados de su antecesora, ha sumado Scholz el sabotaje interno de sus ya exsocios liberales, aferrados al freno a la deuda, mecanismo Constitucional que limita el endeudamiento.

Merz se ha abierto a reformarlo para activar las inversiones, pero apunta a recortes en subsidios básicos que ponen en peligro la cohesión social. Será difícil encontrar una vía de encuentro con sus potenciales socios socialdemócratas asimismo en materia migratoria. Todo el centro político está de acuerdo en la necesidad de controlar la inmigración irregular y acelerar las expulsiones de migrantes radicalizados o con delitos graves. Pero el propósito de Merz de proceder a expulsiones en caliente vulnera las leyes europeas y las alemanas, según los socialdemócratas.

¿Qué será de Scholz y de los restos de su tripartito?

Olaf Scholz llegó al final de la campaña asegurando que luchaba por la reelección, pese a que los sondeos descartaban esa opción. También dijo que nunca entraría en un gobierno con Merz como canciller. Seguirá en funciones hasta la formación del siguiente gobierno, pero dará un paso al lado y dejará que sea otro quien represente a los socialdemócratas en una futura coalición, tal vez su ministro de Defensa, Boris Pistorius. Los Verdes han salvado los muebles gracias a su electorado más fiel y pese a haber perdido la conexión con el voto joven.

Los liberales del exministro Christian Lindner, responsables del hundimiento del tripartito de Scholz, quedan relegados a extraparlamentarios. Es un golpe al tablero político, ya que el FDP fue durante décadas el partido bisagra por excelencia. En Berlín se recuerda, sin embargo, que ello no significa sí o sí su entierro. Durante la ‘era Merkel’ quedaron durante una legislatura sin escaños, para regresar a la siguiente al Parlamento). Por lo pronto, Lindner se retirará de la política activa.

¿Por qué la izquierda histórica venció a la escisión prorrusa?

A la Izquierda histórica, una fusión entre el postcomunismo y la disidencia socialdemócrata, se la dio por desahuciada durante meses, a raíz del desgarro provocado en sus filas por una corriente prorrusa capitaneada por Sahra Wagenknecht. El pulso entre ambos partidos se saldó a favor de Die Linke, o izquierda clásica, impulsada por el veterano Gregor Gysi, su líder más carismático. Pero también gracias brío de su nueva líder en el Parlamento, Heidi Reichinnek.

Su defensa apasionada ante el Bundestag del cordón sanitario dejó en evidencia a los Wagenknecht, que había respaldado con su voto la dura línea migratoria propugnada por Merz y secundada por la ultraderecha. La Izquierda ha remontado en cuestión de semanas los sondeos y es, además, primera fuerza en Berlín. El partido de Wagenknecht, un hibrido entre el populismo prorruso y antiasilo, se desinfló y queda fuera, al obtener un 4,9 % de los votos.

domingo, 23 de febrero de 2025

Recta final

Test de resistència contra els ultres

Atacs a gani­ve­ta­des o atro­pe­lla­ments múlti­ples come­sos per refu­gi­ats, una ultra­dreta “ani­mada” des dels Estats Units pels homes més pode­ro­sos del món i una Ale­ma­nya en recessió, on creix la pre­ca­ri­e­tat: aquest és el còctel explo­siu amb què se cele­bren aquest diu­menge les elec­ci­ons gene­rals al país més poblat de la Unió Euro­pea (UE). Una Ale­ma­nya on encara es defensa el cordó sani­tari a la ultra­dreta i on la dreta mode­rada de Fri­e­drich Merz sem­bla tenir asse­gu­rada la recon­questa de la can­ce­lle­ria per­duda amb la fi de l’era Angela Merkel.

Els son­de­jos s’han man­tin­gut gai­rebé cla­vats des de fa mesos. A la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata i la Unió Soci­al­cris­ti­ana de Bavi­era (CDU-CSU), el bloc de Merz, se’ls pro­nos­tica un 30% dels vots; a la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD) d’Alice Wei­del, un 20%; i als soci­al­demòcra­tes del can­ce­ller Olaf Scholz, un 15%. Els verds, els socis que s’han man­tin­gut fidels en la coa­lició de Scholz, tenen garan­tida la con­tinuïtat al Par­la­ment, amb un 14% de les pape­re­tes. Fins i tot poden esde­ve­nir un fac­tor clau en la nego­ci­ació de la pro­pera coa­lició de govern. És a dir, si l’aritmètica no fa pos­si­ble una aliança entre con­ser­va­dors i soci­al­demòcra­tes, sinó que es neces­sita un ter­cer soci. O, si sur­ten els números, però Fri­e­drich Merz pre­fe­reix l’opció de gover­nar amb els eco­lo­gis­tes, mal­grat haver res­pon­sa­bi­lit­zat durant tota la cam­pa­nya el seu can­di­dat i minis­tre d’Eco­no­mia, Robert Habeck, de la recessió que viu Ale­ma­nya des del 2023.

La resta dels par­tits estan a la corda fluixa. Els libe­rals de l’exmi­nis­tre de Finan­ces Chris­tian Lind­ner estan per sota del 5%, el mínim que garan­teix la repre­sen­tació par­la­mentària. I el pols entre l’Esquerra clàssica de Gre­gor Gysi i l’escissió pro­russa de Sahra Wagenk­necht sem­bla haver-se deci­dit a favor del par­tit de tota la vida. Els son­de­jos, que fa uns mesos veien l’Esquerra for­mada pels post­co­mu­nis­tes de Gysi i la dis­sidència soci­al­demòcrata per sota del 5%, els col·loquen ara fins al 8%. En canvi el de Wagenk­necht s’ha enfon­sat per sota d’aquest llistó mínim. És un par­tit híbrid, que es diu d’esquer­res, però que no dubta a votar amb els ultres si es tracta d’endu­rir la llei migratòria.

Són uns 59 mili­ons d’elec­tors els con­vo­cats avui a les urnes i, mal­grat que les tres posi­ci­ons pri­me­res sem­blen defi­ni­des, tot pot depen­dre de si entren o no els petits. El nou Par­la­ment (Bun­des­tag) tindrà només 630 dipu­tats, uns cent menys que l’ante­rior. La reducció d’escons es deu a una reforma des­ti­nada a apri­mar la cam­bra. Un escó de més o de menys pot fer pos­si­ble o no una coa­lició deter­mi­nada. El sis­tema elec­to­ral ale­many es basa en una fórmula mixta. La mei­tat de la cam­bra surt del repar­ti­ment pro­por­ci­o­nal d’escons segons els vots a la llista dels par­tits i l’altra mei­tat s’atorga al gua­nya­dor de cada dis­tricte.

La victòria que es dona per segura a Merz pot ser sòlida o pot deri­var en un pro­blema de gover­na­bi­li­tat. Ale­ma­nya, fins ara, ha estat un país mes­tre quant a coa­li­ci­ons que sem­bla­ven impos­si­bles. El fracàs del tri­par­tit entre Scholz, verds i libe­rals és un cas extrem de riva­li­tats inter­nes i manca de lide­ratge. A escala regi­o­nal, fins i tot allà on ha gua­nyat l’AfD, com el land Turíngia, s’han tro­bat solu­ci­ons cre­a­ti­ves per dei­xar fora de les tas­ques de govern els ultres.

Merz ha man­tin­gut durant tota la cam­pa­nya que no gover­narà amb el suport dels ultres, ni direc­ta­ment ni indi­rec­ta­ment. El vots d’Ale­ma­nya, el país més poblat d’Europa, és una mena de test de resistència entre les for­ces democràtiques i uns ultres recol­zats des de l’altra banda de l’Atlàntic per Donald Trump i els dos homes forts del seu equip, el mag­nat del sec­tor tec­nològic Elon Musk i el vice­pre­si­dent J.D. Vance, tots dos entu­si­as­tes sim­pa­tit­zants de Wei­del, la can­di­data a la can­ce­lle­ria d’AfD.

Un atac antisemita a una campanya tòxica

L’atac contra un bilbaí de 30 anys, comès per un refugiat sirià que volia “matar jueus”, va acabar d’enrarir el clima polític en una campanya marcada per un seguit d’atemptats comesos per refugiats, uns pendents d’expulsió i els altres legalment al país. Les primeres alarmes van sonar el juny passat, quan uns dies abans de les europees un afganès va matar a ganivetades un policia. A l’agost, un refugiat sirià que havia esquivat la deportació, va matar tres persones a Solingen en un atac reivindicat per Estat Islàmic. Va passar a l’oest del país, però el cas va afectar la campanya de les regionals de l’est alemany, on la ultradreta va obtenir uns resultats rècord. 

El govern d’Olaf Scholz va engegar immediatament les primeres deportacions d’afganesos amb delictes greus. Al desembre, ja amb la campanya engegada per a les generals, un cotxe va irrompre en un mercat nadalenc i va matar sis persones. En les darreres setmanes hi ha hagut un seguit d’actes semblants. 

És molt difícil, o impossible, que tot plegat no escalfi una campanya en què la ultradreta guanya punts sigui com sigui. Siguin atacs reals o estadístiques manipulades sobre criminalitat entre estrangers que no estan confirmades per dades reals de la policia. L’atac de divendres tenia tots els elements possibles per accentuar la mala maror contra els refugiats: un atac a ganivetades contra un visitant al monument on es recorda els jueus assassinats pels nazis. Un espai obert dia i nit, on reflexionar i recordar aquelles víctimes, per decisió de l’arquitecte que el va dissenyar, Peter Eisenman. Potser en els temps que corren aquesta idea és cada cop més complicada d’aplicar. Ahir, els 19.000 metres quadrats amb 2.710 blocs de formigó estaven acordonats per la policia.

Su gran noche


Alemania gira a la derecha y se encamina a una gran coalición frente al crecimiento de los ultras




Friedrich Merz, líder de la conservadora CDU, se dirige a sus seguidores después de las primeras encuestas a pie de urna en las elecciones generales alemanas. / AFP/ODD ANDERSEN



Gemma Casadevall
Berlin 23 FEB 2025 


Vuelco político en Alemania. El bloque conservador del candidato conservador, Friedrich Merz, ha ganado las elecciones legislativas, al obtener un 28,6 % de los votos. Son unos ocho puntos por encima de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que por primera vez en la historia será la segunda fuerza del Parlamento federal (Bundestag) con un 20 %, según los resultados oficiales provisionales, escrutados los 299 distritos electorales. Los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz se desploman a la tercera posición y marcan un nuevo récord a la baja, al caer al 16,4 %. Su socio de gobierno, los Verdes, quedaron en un 11,6%.

"Es un día histórico. Tenemos ante nosotros una tarea difícil. Pero mañana mismo empezaron a trabajar en ello", exclamó Merz, desde la Konrad Adenauer Haus, la sede de su Unión Cristianodemócrata (CDU), arropado por el líder de su hermanada Unión Socialcristiana Bávara (CSU), Markus Söder, y el resto de la cúpula conservadora. Expresó su respeto "a los adversarios", en dirección a Scholz. Y ratificó que sus prioridades son la reactivación de la economía alemana, ahora en recesión, la reconducción de la política migratoria hacia una vía restrictiva y la seguridad del país. Descartó de nuevo a la AfD como socio, por su condición de partido prorruso y euroescéptico, lo que le sitúa en las antípodas de la política exterior alemana.


Casi en paralelo, en la Willy Brandt Haus del Partido Socialdemócrata (SPD, un Scholz compungido pero sereno, felicitaba al vencedor y reafirmaba su convicción de que "ningún demócrata puede conformarse con un resultado como el obtenido por la AfD". Para la socialdemocracia, es un desplome histórico. No solo por haber caído en la tercera posición, con diez puntos menos que los obtenidos en 2021, sino porque además es su récord a la baja tras el 20,5 % que marcó en 2017.

Se confirma así el giro a la derecha que apuntaban los pronósticos y también que Merz necesitará al menos un socio para gobernar. La AfD de Alice Weidel está descartada en cualquier constelación política, incluso para respaldar en el Parlamento un Gobierno en minoría, por lo que el escenario con más opciones es una 'gran coalición' entre conservadores y socialdemócratas. Durante horas estaba en el aire si podía precisar del apoyo de los Verdes, pero a falta del recuento definitivo todo apunta a que le bastará con el SPD. Scholz, por lo pronto, seguirá como canciller en funciones hasta la formación del nuevo gobierno, aunque se mantendrá al margen de las negociaciones de coalición.


Entre los grandes derrotados está el Partido Liberal (FDP), responsable del hundimiento de la coalición de Scholz, al que las proyecciones sitúan en el 4,3 %, por debajo del listón mínimo de 5 % que garantiza entrar en el reparto de escaños. Su líder y exministro de Finanzas, Christian Lindner, anunciaba la misma noche electoral "decisiones" para el día siguiente y una retirada de la vida política.

La Izquierda, un partido al que hace unos meses se consideraba agónica a consecuencia de la escisión de su corriente prorrusa, capitaneada por Sahra Wagenkecht, no solo ha logrado saltar por encima del listón mínimo del 5 %, sino que lo ha hecho con holgura, ya que se sitúa en un 8,8%.

El partido prorruso de Wagenknecht, que defiende una línea dura contra la migración semejante a la de la AfD, quedó en el 4,9 % y por tanto fuera de la cámara por unos pocos miles de votos. De confirmarse el dato, podría significar el fin de la carrera política de esta ambiciosa y mediática líder. A la espera del recuento, Wagenknecht no compareció a la tradicional "ronda de los elefantes", la tertulia televisiva que reúne a los líderes y candidatos de todos los partidos mientras aún discurre el conteo de votos.

Duras palabras entre los socialdemócratas y euforia contenida conservadora

En la Konrad Adenauer Haus conservadora estaba todo preparado para celebar y, efectivamente, se empezó a brindar en cuanto saltaron los primeros sondeos a pie de urna. Merz no se hizo esperar para saludar a los suyos. Pero en medio de las ovaciones al vencedor y la euforia se respiraba cierta contención ante las difíciles negociaciones en el camino a la cancillería. En la Willy Brandt Haus socialdemócrata, además de tristeza, se escucharon duras palabras por parte de quien sonó como aspirante a la cancillería como relevo a Scholz, pero no llegó a cuajar. "Es un desastre para el SPD", dijo el ministro de Defensa, Boris Pistorius, quien probablemente manejará las negociaciones con los conservadores en lugar de Scholz.


Las legislativas alemanas se celebran por anticipado y se registró una participación del 83 %, la más alta desde la reunificación alemana. La polarización ha llegado a la política de Alemania, un país acostumbrado a la alternancia en el poder armónica. Hubo una gran movilización de última hora, atribuida a quienes ven peligrar el cordón sanitario.

Los comicios se convocaron tras el hundimiento el pasado noviembre del tripartito que lideró Scholz con los Verdes y los liberales. Fue una coalición lastrada desde sus inicios por los abismos ideológicos entre los socios. Finalmente estalló por los disensos en materia fiscal con los liberales y la incapacidad para dar una respuesta a la crisis económica de Alemania, en recesión desde 2023.

La necesidad de reactivar la economía y el debate en torno a la migración irregular han marcado la campaña. Más de 59 millones de ciudadanos estaban convocados a las urnas, para elegir un Parlamento que tendrá 630 escaños. Es una reducción de un centenar de puestos respecto a la legislatura pasada, fruto de una reforma que afecta especialmente a los partidos minoritarios.

La espina de Merkel


Friedrich Merz: un millonario con jet privado para la maltrecha economía alemana



El líder de la CDU, Friedrich Merz. / FILIP SINGER / EFE

Gemma Casadevall
Berlín 23 FEB 2025 

Friedrich Merz, de 69 años y 1,98 centímetros de altura, nunca ha tratado de parecer un líder cercano. Al final de su campaña hacia el poder, el candidato de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) sí se acercaba en sus mítines a estrechar alguna que otra mano a sus seguidores. Pero sin buscar el abrazo o mucho menos el beso. Se le identifica con la élite y no le importa confesar cuál es su mayor afición: pilotar su avión privado.

No tenía de su lado el voto femenino: sólo una de cada seis mujeres le ven capaz de ser un buen canciller, según un sondeo. Pero ha logrado que no le salpicaran demasiado las críticas de la excancillera Angela Merkel, quien líderó la CDU durante 18 años, a su decisión de aceptar el apoyo parlamentario a la ultraderecha para endurecer las leyes migratorias y agrietar con ello el cordón sanitario alemán. Como todo el mundo sabe en Alemania, Merkel y Merz fueron algo más que rivales históricos por representar, respectivamente, el centrismo y la derecha. No había lugar para los dos en la CDU y, de hecho, Merz no regresó a sus estructuras hasta la retirada de Merkel.

No representa el consenso y, algo complejo para un líder en Alemania, no tiene experiencia alguna de gobierno, tampoco a escala regional. Su principal baza dentro de la CDU/CSU ha sido el compromiso de retornarlo a sus esencias democristianas, tras esa larga fase centrista de Merkel que algunos ven como una distorsión. A escala alemana, la promesa de retornar al país a la prosperidad económica perdida es su principal objetivo, junto a cerrar las puertas a la inmigración irregular.

Nació en Brilon, en el populoso 'land' de Renania del Norte-Westfalia en 1955. Su entorno familiar era conservador e ingresó en las juventudes de la CDU en 1976. Estudió Derecho y tuvo un ascenso meteórico dentro del partido. Fue primero eurodiputado, luego diputado del Parlamento (Bundestag) y todo parecía encaminarlo a posiciones de liderazgo. Hasta que en 2000 tomó las riendas del partido Merkel. Fue a raíz de un escándalo de financiación irregular en la era Helmut Kohl que apartó de la cima al sucesor natural del patriarca, Wolfgang Schäuble, aliado de Merz.
Amago de reconciliación

Se desató una pugna interna que se saldó a favor de Merkel por representar la voluntad de "emanciparse" del legado de Kohl. Con la primera victoria electoral de Merkel, en 2005, el abismo era ya insalvable. Merz se apartó del partido, se consagró a su tarea de abogado, ingresó en sucesivos consejos de administración, hasta colocarse en la presidencia de la sede alemana del fondo de inversión estadounidense BlackRock. A partir de ahí, lo de millonario y propietario de un jet privado forma parte de su perfil.

Se convirtió en presidente de la CDU en 2021, tras la derrota electoral del centrista y 'merkeliano' Armin Laschet frente al socialdemócrata Olaf Scholz. Hubo un amago de reconciliación con la excancillera en un acto organizado en su 70 cumpleaños. Fue un efecto óptico. La que fue la mujer más poderosa de Europa no ha participado en ningún acto del partido desde su retirada del poder. Merz suele citar en sus actos a Konrad Adenauer y a Kohl, pero no a Merkel.

En lo privado, se dice feliz junto Charlotte, la mujer con la que lleva casado 43 años y con la que de vez en cuando se lanza en público a la pista de baile. Tienen un hijo y dos hijas.

Alice Weidel, la ultra contranatura


Alice Weidel: así es la líder del partido de extrema derecha AfD



La ultraderecha alemana logra un histórico segundo lugar, según las estimaciones

PI STUDIO

Gemma Casadevall
Berlin 23 FEB 2025 

Nada en Alice Weidel la predestinaba a ser la líder que la ultraderecha de Alemania necesitaba para lograr su máximo triunfo. De apariencia fría, salvo cuando se enciende en sus mítines para relacionar a los refugiados con perpetradores de violaciones múltiples, esta mujer de 46 años lleva una existencia poco acorde con los dictados ultras. Vive en pareja con una productora de cine de origen asiático y juntas tienen dos hijos en común. Suele aludir a este aspecto privado en sus mítines, pero para referirse a los peligros a los que se expone una familia como la suya en un contexto de "asesinos yihadistas apuñaladores" que, a su parecer, se filtró con la "invasión descontrolada de migrantes" atraídos por política de acogida de Angela Merkel.

Sin embargo, ha disparado a Alternativa para Alemania (AfD), su partido, a su mejor resultado, rondando el 20 %. Un hito para un partido proscrito para el resto del espectro parlamentario alemán o incluso temido, por su extremismo, por parte del derecha populista europea.

En sus anuncios de campaña, se la ve andando entre cumbres nevadas que recuerdan el refugio invernal bávaro de Adolf Hitler, en Obersalzberg. Esa escena sí cuadra con el imaginario de Alternativa para Alemania (AfD), el partido que, como preveían los sondeos, se convertió en segunda fuerza en las elecciones generales de este domingo.

La AfD, que hasta poco denegaba el acceso a sus actos a corresponsales extranjeros, se ha abierto en esta campaña a la presencia de medios potencialmente adversos, pero atraídos por el impacto mediático de una líder en cuya biografía confluyen datos antipódicos. Weidel se comporta ahí como una mujer bien preparada, como recordando que fue analista financiera de Goldman Sachs o ejerció profesionalmente en China. Si las preguntas son demasiado incisivas, surge en ella un Mr. Hyde similar al de sus mítines incendiarios.

Es capaz de asegurar en un chat con Elon Musk que Hitler fue izquierdista, pese a que el Tercer Reich confinó en campos de concentración o forzó al exilio a comunistas y socialistas. Pero enrojece cuando se le recuerda esa tergiversación histórica en medios alemanes.

Tampoco cuadra con su ideario que se haga llamar patriota alguien que mantiene una segunda residencia en Suiza, lo que atribuye a que ahí vive su mujer. Desde 2021 comparte la presidencia de la AfD con Tino Chrupalla, de profesión chapista de automóviles. Y saca partido incluso de la comparación entre este hombre sencillo crecido en el este frente a su perfil de profesional crecida en junglas financieras internacionales.

Ideal ario

En lo físico sí responde plenamente al ideal ario. Rubia, ojos azules, esbelta y con una piel impoluta, con su inseparable collar de perlas o con su jersey blanco de cuello largo que resalta aún más su aspecto ario.

Empezó en 2017 a escalar posiciones. Por entonces su partido llevaba cuatro años en activo como formación euroescéptica. En 2015 viró este mensaje hacia la xenofobia con la crisis migratoria. La recompensa vino dos años después, cuando la AfD ingresó en el Bundestag, por primera vez en partido de su espectro. Compartió la jefatura del grupo parlamentario con el fundador de la AfD, Alexander Gauland, de quien resuena aún la frase de que el nazismo fue apenas "una cagadita de pájaro" en la gloriosa historia alemana.

Mientras otras ultraderechas buscaban el camino de la moderación para facilitar su aceptación en tareas de gobierno, la AfD ha avanzado hacia un extremismo que la aísla incluso entre el radicalismo europeo.

Hoy por hoy, la única figura capaz de hacerle sombra entre los suyos es el líder de la AfD en el 'land' de Turingia, Björn Höcke, tanto o más radical que Weidel. Ni siquiera las sospechas de financiación irregular han perjudicado su ascenso. Como lamenta la presidenta del Bundestag saliente, la socialdemócrata Bärbel Bas, toda amonestación a Weidel es, para su electorado, un motivo más para respaldarla.

Los rostros de la previa

Alemania acude a las urnas bajo el empuje ultra y un previsible giro a la derecha



Candidatos a las elecciones alemanas; Friedrich Merz, Olaf Scholz, Alice Weidel, Robert Habeck, Christian Lindner, Sahra Wagenknecht / EPC
Gemma Casadevall, Berlín 23 FEB 2025 

Unos 59,2 millones de alemanes están convocados a las urnas este domingo para unas elecciones generales predestinadas a marcar un cambio de paradigma a escala nacional y a sacudir el tablero europeo. El vencedor será, previsiblemente, Friedrich Merz, el derechista al que Angela Merkel quiso apartar de la familia conservadora alemana hace más de 20 años. Y, por primera vez en la historia de la República Federal de Alemania (RFA), un partido vinculado al neonazismo, Alternativa para Alemania (AfD), se alzará como segunda fuerza en un Parlamento (Bundestag) integrado por 630 diputados. Un cóctel explosivo para la primera economía europea, que cayó en recesión y que se sabe traicionada por su puntal transatlántico, Estados Unidos, que con Donald Trump ha lanzado una andanada antialemana y antieuropea que ni los más pesimistas consideraban posible.

Ha sido una campaña corta, precipitada por el hundimiento de la coalición de Olaf Scholz. Se ha visto salpicada por una serie de ataques cometidos por refugiados, algunos de trasfondo político, otros por trastornos mentales. El último de ellos fue el viernes, en el monumento del Holocausto de Berlín que recuerda a los seis millones de judíos asesinados por el nazismo. Un sirio de 19 años se lanzó con un cuchillo contra un turista bilbaíno de 30 años, que quedó herido de gravedad. Su intención era 'matar judíos'. Sacudió así la recta final de la campaña, en un país donde no hay jornada de reflexión y donde este sábado seguían los líderes pidiendo el voto al ciudadano.

A la socialdemocracia de Scholz le reservan los sondeos el tercer puesto. Todo parece orquestado para regresar al esquema de la 'groko', como se apoda en Alemania a una gran coalición entre las dos grandes formaciones. En rigor, el término acuñado por tres de las cuatro legislaturas de Merkel en ese formato ya no es vigente. La Unión Cristianodemócrata (CDU) y su hermanada Unión Socialcristiana (CSU), el bloque de Merz, tendrá según los sondeos un 30% de los votos y aproximadamente 220 escaños. Está descartada, hasta donde permiten creer las promesas preelectorales del líder conservador, una coalición o cualquier mayoría apuntalada en el 20% que se atribuye a la AfD. Pero no se puede dar por seguro que el 15% que se adjudica al SPD de Scholz le garantice a Merz la gobernabilidad. Un punto por debajo de lo previsto abocaría a Merz a buscarse un tercer socio. O a gobernar en minoría 'bajo tolerancia' de un tercero, algo inédito en el Bundestag e implanteable, según Merz, en unos momentos de presión casi insostenible por el avance ultra alemán y la llamada internacional trumpista.

Alice Weidel, la candidata de la AfD, está descartada como aliada política, pero ha alcanzado una dimensión que tal vez ni ella imaginó. En la recta final de la campaña, ha contado con el apoyo explícito del equipo de Trump. Es la líder respaldada por Elon Musk y por el propio presidente, como representante de dos corrientes peligrosas para Alemania: su partido es, además de euroescéptico, tan trumpista como afín a los intereses del Kremlin. La diferencia respecto al conjunto del espectro ultra europeo es que es mucho más tóxica y extremista que el resto. En el país del que partió el Holocausto, ello debería ser disuasorio para el elector medio. En lugar de eso, ha disparado sus expectativas de voto con tergiversaciones históricas y promesas irrealizables. Entre ellas, la de impulsar deportaciones masivas en un país donde uno de cada cuatro ciudadanos tiene raíces no alemanas y donde la industria estima que precisaría 400.000 trabajadores extranjeros al año para paliar la falta de personal.

Habeck, la esperanza o la gran decepción verde

Merz y, sobre todo, sus socios bávaros han invertido parte de su campaña en ridiculizar al candidato de los Verdes, Robert Habeck. Le califican del peor ministro de Economía que ha tenido la RFA en tanto que rostro visible de la recesión que atraviesa Alemania desde 2023. La crisis energética precipitada por la guerra de Ucrania complicó sus planes de impulsar las renovables e hizo que se cuestionara el apagón nuclear que, pese a todo, logró zanjar. A los ataques derechistas se suma el descrédito de los Verdes entre el voto joven, derivado del apostolado de Habeck a favor de Israel, acorde con línea alemana por responsabilidad histórica, pero que le convierte en 'no votable' para quienes asisten al horror de Gaza. Pese a todo, el 12,7% que le atribuyen los sondeos podría convertirle en la clave de la gobernabilidad para Merz, sea porque precisa un tercer socio o para tener una opción de alianza que no sea la 'groko'.

Los sondeos están más o menos estabilizados en lo que respecta a los partidos grandes, pero en las últimas semanas se movieron piezas entre los que no tienen asegurados los escaños. El Parlamento dejará atrás la larga etapa hipertrofiada, con 730 escaños en esta pasada legislatura, para reducirse a 630 en virtud de una reforma que complica las cosas a los partidos pequeños.

La Izquierda de Gregor Gysi, fusión del poscomunistmo y la disidencia socialdemócrata de Oskar Lafontaine, parecía destinada a morir por el empuje de la escisión prorrusa capitaneada por Sahra Wagenknecht, BSW. De pronto el partido de Wagenknecht, esposa de Lafontaine, se comporta como un 'souflé', mientras que el de Gysi, Die Linke, ha remontado al 7%. Las propuestas antiasilo de BSW la acercaban a Weidel, a lo que siguió el voto cómplice de la BSW al proyecto migratorio que Merz trató de elevar a ley con el apoyo ultra. El proyecto de ley se estrelló por distintos flancos, mientras que La Izquierda se reivindicó como brazo parlamentario del 'Brandmauer', el cortafuegos o cordón sanitario contra los ultras.

Posible entierro liberal


Asimismo en la cuerda floja, por debajo del 5%, está el Partido Liberal (FDP) del exministro de Finanzas, Christian Lindner. A los liberales se les responsabiliza del hundimiento del tripartito de Scholz. Se comportaron como un mal socio desde el minuto uno de la coalición con socialdemócratas y verdes con su obsesivo respaldo del freno a la deuda, instrumento constitucional que limita el endeudamiento. De haber sido durante décadas el partido bisagra por excelencia y el aliado natural de los conservadores han pasado a verse repudiados por Merz, que también quiere liberar a la economía alemana del freno a la deuda. A no ser, claro está, que finalmente entren y se les necesite para una constelación no contemplada en los pronósticos actuales.

sábado, 22 de febrero de 2025

Imparable

 Merz, el quasi canceller

Pro­ba­ble­ment en un altre país sor­pren­dria que qui aspira al poder en unes elec­ci­ons no vul­gui tan­car la seva cam­pa­nya a la capi­tal, sinó en una ciu­tat de províncies sense cap encant o al cor de Bavi­era, on el seu par­tit no té cap pes propi. Fri­e­drich Merz, el líder del bloc con­ser­va­dor, va esco­llir per al penúltim míting d’aquest diven­dres Ober­hau­sen, una de les mol­tes ciu­tats que té Renània del Nord-Westfàlia, el land més poblat del país. Com que a Ale­ma­nya no hi ha dia de reflexió, aquest dis­sabte dema­narà de nou el vot als seus com­pa­tri­o­tes a Múnic, la capi­tal de Bavi­era. For­mal­ment el seu par­tit, la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU) no pre­senta un can­di­dat per compte propi en aquest land. Res­pecta la regla de no com­pe­tir a les urnes amb la seva for­mació ger­mana, la Unió Soci­al­cris­ti­ana de Bavi­era (CSU). Tots dos par­tits, el naci­o­nal i el bavarès, pac­ten el can­di­dat comú en les elec­ci­ons gene­rals. A canvi, la CDU es manté al marge de les elec­ci­ons bava­re­ses i dona suport al can­di­dat del par­tit regi­o­nal. Aquest cop, el líder de la CSU, Markus Söder, ni tan sols no va inten­tar llui­tar per la seva desig­nació com a can­di­dat comú, com sí que ho va fer el 2021. Ales­ho­res va haver de girar cua perquè final­ment la desig­nació va recaure en Armin Lasc­het, repre­sen­tant de la línia més cen­trista que va carac­te­rit­zar l’era d’Angela Merkel. Lasc­het, però, va caure der­ro­tat per un avan­tatge mínim per l’actual can­ce­ller, el soci­al­demòcrata Olaf Scholz.

Tres anys i uns mesos després, la coa­lició CDU-CSU no ha per­dut el temps en dis­cus­si­ons inter­nes. Van pac­tar dis­cre­ta­ment el nom de l’home con­si­de­rat amb més pos­si­bi­li­tats de recu­pe­rar el poder per al bloc con­ser­va­dor. L’elecció va recaure en Merz, defen­sor d’un retorn a les essències més dre­ta­nes al bloc. Era, a més, una manera de donar per defi­ni­ti­va­ment enter­rada l’era Merkel, entre una família política que sem­bla no voler saber res de qui va ser la dona més pode­rosa d’Europa.

Una victòria diu­menge de Merz, acom­pa­nyada de l’elecció poste­rior com a can­ce­ller al Par­la­ment, can­viarà també la cor­re­lació de for­ces dins la Unió Euro­pea (UE). Serà un gir molt clar cap a la dreta, fins i tot si, com sem­bla, els con­ser­va­dors han de pac­tar una coa­lició amb els soci­al­demòcra­tes de Scholz per obte­nir la majo­ria par­la­mentària.

Söder acom­pa­nyarà Merz en aquest últim acte de dis­sabte, pre­vi­si­ble­ment amb més con­vicció que la que mos­trava quan li tocava fer aquest paper amb Merkel. La CSU bava­resa va cas­ti­gar i cri­ti­car sovint en públic l’ales­ho­res can­ce­llera gai­rebé com un fet natu­ral que ni tan sols no havia d’espan­tar l’elec­to­rat comú.

Merz i Söder han optat per l’estratègia de fer pinya. El can­di­dat con­ser­va­dor en les elec­ci­ons de diu­menge té un 30% d’esti­mació de vot com a mit­jana entre els dife­rents son­de­jos publi­cats aquests dies. S’ha man­tin­gut en aquests nivells sense pro­ble­mes, fins i tot en moments com­pli­cats, com quan va posar en perill el cordó sani­tari en accep­tar el suport al Par­la­ment de la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD) en dues vota­ci­ons sobre política migratòria. Merkel va sor­tir ales­ho­res del seu dis­cret silenci per cri­ti­car Merz, cosa que no fa mai en públic. La votació no va pros­pe­rar, però no per culpa d’un gra­pat de vots dis­con­for­mes amb la línia de Merz a la CDU-CSU, sinó per les dis­crepàncies entre els libe­rals.

El retorn d’un mili­o­nari

Fri­e­drich Merz és ori­gi­nari del land de Renània del Nord-Westfàlia. Que arribi al seu objec­tiu, la victòria, serà una mena de tri­omf local. A tot Ale­ma­nya és molt pre­sent la riva­li­tat que van man­te­nir amb Angela Merkel. Fa prop de vint anys, Merz va aca­bar tirant la tova­llola i va man­te­nir-se apar­tat del par­tit fins a la reti­rada de la can­ce­llera, el 2021. En aquests anys fora de les estruc­tu­res del par­tit es va dedi­car a exer­cir com a advo­cat i va dedi­car-se als nego­cis. No era el pre­fe­rit de Merkel, però sí dels sec­tors econòmics rela­ci­o­nats amb la Unió Cris­ti­a­no­demòcrata (CDU). Va tro­bar el seu lloc en con­sells d’admi­nis­tració de grans empre­ses, inclosa la pre­sidència a Ale­ma­nya dels fons d’inver­si­ons dels Estats Units Black­Rock.

El seu retorn a l’avant­guarda política coin­ci­deix amb un moment més que difícil per a l’eco­no­mia ale­ma­nya, en recessió des del 2023. Res que no pugui resol­dre, segons el parer de Merz i segu­ra­ment dels seus votants, un home que en comp­tes de reti­rar-se de mal humor i arra­co­nat per Merkel, es va dedi­car a mimar la seva for­tuna pri­vada, fins a esde­ve­nir el mili­o­nari que actu­al­ment és.


Un ferit en un apunyalament al Monument de l’Holocaust de Berlín

Un turista amb nacionalitat de l’Estat espanyol va resultar ferit ahir en un apunyalament al Monument de l’Holocaust de Berlín, a tocar de la porta de Brandenburg, segons va informar la policia de la capital alemanya. 

L’atac es va produir cap a les sis de la tarda, quan un desconegut va agredir la víctima amb una arma blanca al camp d’esteles del memorial que recorda els jueus assassinats pel nazisme. L’agressor va fugir del lloc dels fets, i hores després va ser detingut un sospitós. 

Es desconeixia la motivació de l’incident. La zona és molt pròxima a l’ambaixada dels Estats Units a la capital alemanya.