Bayreuth se ríe con los 'Cantores' de Wagner, la ópera idolatrada de Hitler

El Festival de Bayreuth con el estreno de Los Maestros Cantores de Núremberg, con dirección musical de Daniele Gatti. EFE/ Bayreuther Festspiele / Enrico / EFE
Gemma Casadevall, Bayreuth (Alemania) 25 JUL 2025Unos ‘Maestros Cantores de Nuremberg’ que convierten en fiesta cómica, con aires de 'botellón' y festival de Eurovisión, la ópera de Richard Wagner en la que Adolf Hitler vio la victoria del ‘pueblo noble’ -el suyo- frente a usurpación ajena -la que atribuía a los judíos-: este es el concepto del alemán Matthias Davids, para una puesta en escena que se ríe de lo consabido. Fue el estreno que abrió la temporada del templo wagneriano de Bayreuth, con la sólida batuta del italiano Daniele Gatti y las voces de Georg Zeppenfeld, como el buen zapatero Hans Sachs, Michael Spyres, como Walther von Stolzing, y Michael Nagy, el del villano Beckmesser.
Su puesta en escena presenta a un héroe humilde, al que todo le viene cuesta arriba, confrontado un rival que, en realidad, es un patético cantante que ahuyenta con sus berridos al vecindario. Bayreuth agradeció con ovaciones la irreverencia de Davids, empeñado en convertir en ligera la ópera que instrumentalizó el Tercer Reich. El festín final fue un despliegue que incluía desde una inmensa vaca inflable de feria y clichés bávaros a concursos de belleza, personajes del bosque y hasta una réplica de la excanciller Angela Merkel, la más fiel visitante de Baureuth. Recibió una de esas ovaciones frenéticas que Bayreuth destina a sus héroes musicales, con algún abucheo a los responsables de la puesta en escena que trata de ser un musical pop, pero no acaba de lograrlo.
En el palco principal del teatro se sentó por primera vez el canciller Friedrich Merz. En segundo rango quedó Merkel, asidua a Bayreuth incluso desde antes de convertirse en canciller, y que sigue fiel al festival como su esposo, Joachim Sauer. Ambos políticos pertenecen a la familia conservadora, pero sus relaciones son distantes desde hace décadas. Raramente se da la ocasión de verlos compartiendo espacio. La presencia de la leal Merkel y el neófito Merz era la comidilla de los entreactos.

El canciller Friedrich Merz y su esposa Charlotte en la inauguración del Festival de Bayreuth. / Associated Press/LaPresse / LAP
Desactivando mitos hitlerianos
Los ‘Cantores’ fue la ópera preferida de Hitler, a cuyos pies puso Bayreuth la nuera del compositor, Winifred, una británica que adoraba al ‘Führer’. El antecesor de Davids en lo de ironizar sobre 'Los Cantores' fue, en 2017, justamente un judío, el australiano Barrie Kosky. A su cargo quedó entonces la pieza con la que Hitler recompensaba, vía invitaciones a la ópera, a sus oficiales y heridos de guerra.
Kosky puso el listón muy alto con una sátira inteligente y brillante, en que colocaba sus ‘Cantores’ en la biblioteca de Wagner, una reproducción fiel a la original de su casa-museo de Bayreuth. Ponía en escena a una lunática Cosina Wagner, al mecenas Luis II de Baviera, el Rey Loco, y también a los aliados que derrotaron al Tercer Reich. También él recibió algún abucheo aislado, algo habitual en Bayreuth, el festival fundado en 1876 por Wagner y donde se siguen representado la limitada selección de obras marcada en vida por el compositor.
Los ‘Cantores’ fue la ópera preferida de Hitler, a cuyos pies puso Bayreuth la nuera del compositor, Winifred, una británica que adoraba al ‘Führer’. El antecesor de Davids en lo de ironizar sobre 'Los Cantores' fue, en 2017, justamente un judío, el australiano Barrie Kosky. A su cargo quedó entonces la pieza con la que Hitler recompensaba, vía invitaciones a la ópera, a sus oficiales y heridos de guerra.
Kosky puso el listón muy alto con una sátira inteligente y brillante, en que colocaba sus ‘Cantores’ en la biblioteca de Wagner, una reproducción fiel a la original de su casa-museo de Bayreuth. Ponía en escena a una lunática Cosina Wagner, al mecenas Luis II de Baviera, el Rey Loco, y también a los aliados que derrotaron al Tercer Reich. También él recibió algún abucheo aislado, algo habitual en Bayreuth, el festival fundado en 1876 por Wagner y donde se siguen representado la limitada selección de obras marcada en vida por el compositor.
La IA al servicio del 150 aniversario
No es fácil mantener durante 150 años el culto exclusivo a Wagner y a las pocas piezas definidas como ‘idóneas’ para un teatro que solo abre para una reducida temporada de cuatro semanas. La biznieta del compositor, Katharina Wagner, al frente del festival desde 2008, es la guardiana de un culto heredado de su padre, Wolfgang, aunque va incorporando innovaciones escénicas.

Angela Merkel y su marido Joachim Sauer en Bayreuth. / Karl-Josef Hildenbrand / AP
El próximo año se quería celebrar el siglo y medio del festival representando todas las piezas designadas por Wagner, más un ‘Rienzi’ hasta ahora fuera de ese estricto repertorio y con Nathalie Stutzmann a la batuta. El presupuesto no alcanza para todo, reconoció Katharina. Pero sí para ese 'Rienzi' insólito en Bayreuth. También para estrenar un ‘Anillo del Nibelungo’ que dirigirá el ‘Dios’ entre los maestros wagnerianos, Christian Thielemann, y que incorporará la Inteligencia Artificial (IA) en la escenografíade Marcus Lobbes.
El ‘Anillo’ con IA es la gran apuesta innovadora de un festival que ya incorporó hace tres años las gafas de realidad virtual para el ‘Parsifal’ dirigido por Pablo Heras-Casado. En Bayreuth se ha experimentado en lo escénico con casi todo, desde videoinstalaciones a representaciones que salen del teatro para prolongarse entre sus jardines.
La IA iba a llegar más pronto que tarde, a una plaza necesitada de reclutar público nuevo. Las legendarias listas de espera de diez años para adquirir una entrada se disiparon. También empezaron a aparecer butacas vacías, algo impensable hasta hace unos pocos años. Para el 2026 se han puesto a la venta paquetes de entradas rebajadas como oferta de lanzamiento.
El gran picnic de Heras-Casado
La apertura del festival tuvo su etapa prólogo con un concierto al aire libre y gratuito en los jardines junto al teatro. Es el regalo de la casa implantado hace unos años por Katharina a esa ciudad de provincias bávara, que cada 25 de julio recibe a wagnerianos de todo el mundo. Correspondió a Heras-Casado dirigirlo y lo hizo, de acuerdo a lo habitual, con un repertorio ‘tutti frutti’ que iba de George Gershwin a Verdi, Beethoven, Mahler, Strauss y, por supuesto, Wagner.
También el auditorio es multifacético: acuden ciudadanos de Bayreuth de toda condición, preferentemente en bicicleta o a pie, cargando sus sillas plegables en mil formatos o sentándose sobre el césped. Unos se traen la bolsa de cacahuetes y una cerveza; otros bocadillos o ensalada de patatas; los más exquisitos acuden con una selección de canapés, vino o champán. Se mezclan con ellos algunos visitantes internacionales. Y se convierte la pradera en un picnic que va más allá del amor a lo wagneriano.