
Berlín, 30 ene (EFE).- Berlín se ha destapado
como ciudad "fashion" con su Semana de la Moda, un certamen joven en el circuito
del diseño cuyas pasarelas discurren por el viejo aeropuerto de Tempelhof, el
estadio olímpico y otros edificios emblemáticos.
La capital alemana no
estaba inscrita en el calendario internacional de grandes circuitos de la moda,
no precisamente por un déficit de grandes nombres, sino de certámenes de alto
rango.
La "Fashion Week", que se clausura mañana, ha irrumpido en escena, en
su segundo año de historia, con un contingente de nombres y escenarios capaz de
subsanar ese vacío.
Hugo Boss abrió la semana presentando su colección en
Tempelhof, el aeropuerto más antiguo de Europa aún en activo, construido en 1909
y utilizado como aeródromo central de la capital en el Tercer Reich.
El
mítico aeropuerto, en pleno casco urbano de la ciudad, está ligado para los
berlineses al puente aéreo que, entre junio de 1948 y mayo del año siguiente,
durante el bloqueo soviético, garantizó el abastecimiento del sector occidental
de la ciudad.
Tempelhof está ahora casi en desuso, reservado a algunos
vuelos regionales y privados, más unas pocas compañías internacionales, y, según
los planes de la alcaldía, tiene los días contados puesto que se ha decretado su
cierre para finales de este 2008.
La zona de facturación quedó convertida en
pasarela para la colección del diseñador belga Bruno Pieters, mientras la prensa
berlinesa se hacía eco de la campaña ciudadana para organizar un referéndum
contra el cierre, que ha recogido 160.000 firmas.
El martes, la "Fashion
Week" se trasladó al estadio berlinés, un edificio identificado durante décadas
con las Olimpiadas del nazismo, en 1936, y que con la remodelación en
profundidad para el Mundial 2006 se "rehabilitó" ante la elite futbolística
mundial.
Ambos espacios ciudadanos se convirtieron así, por obra y gracia de
la moda, en escenario de excepción para modelos y sellos como Joop! y Strenesse,
y que cerrará mañana Zac Posen.
Naomi Campbell, convertida en abanderada de
su raza, aprovechó la conferencia de prensa de presentación para llamar al
gremio de la moda a dar una "señal contra la discriminación laboral" y emplear a
más modelos negras.
Mercedes Benz, patrocinador principal del evento, trajo
asimismo la presencia de su ex-campeón del de Fórmula Uno, el finlandés Mika
Häkkinen, envuelto entre una marea rostros populares del cine y la televisión
alemanes.
Más allá de presencias conocidas para el público local o
internacional, la Fashion Week es la plataforma que necesitaba la nueva
generación de diseñadores alemanes, no tanto los ya consagrados como Michael
Michalsky, sino también para los nuevos nombres.
Junto a las pasarelas de
lujo de Tempelhof, el Olympiastadion o el Kulturforum, un total de otros 18
desfiles de menor rango presentan a diseñadores de menor relevancia mundial, los
denominados "alternativos".
El alcalde-gobernador de Berlín, el
socialdemócrata Klaus Wowereit, fue una especie de rey de la fiesta
omnipresente, de acuerdo a la acostumbrada jovialidad con que suele animar los
eventos mundanos de la capital.
Posó junto a la modelo Eva Padberg,
"embajadora" de la semana alemana de la moda, y aparentemente no se inmutó con
los comentarios al aire de los nostálgicos contrarios al cierre de Tempelhof,
que él dice va a ejecutar, con o sin referéndum en contra.
Mientras el
alcalde asistía a los desfiles, la campaña cívica por el mantenimiento del
aeropuerto redoblaba su presencia en los aledaños de Tempelhof. Su objetivo es
lograr hasta el 14 de febrero las 10.000 firmas que faltan para llegar a las
170.000 necesarias para convocar el referéndum. EFE gc/agf (con fotografía)