Gemma Casadevall
Berlín, 12 mar (EFE).- La gigantomaníaca metrópolis en que Adolf Hitler soñó convertir Berlín revive junto al monumento a las víctimas del Holocausto de la capital alemana con la exposición "Mythos Germania", una recreación del macro-proyecto que quedó desplazado en los planes del Führer por la Segunda Guerra Mundial.
"Todo tiene algo de mito, empezando por el nombre de Germania, que nunca utilizaron ni Hitler ni su arquitecto, Albert Speer, sino que inventaron los editores de éste", explicó a Efe Dietmar Arnold, director de Berliner Unterwelten -Subsuelo Berlinés-, organizador de la exposición.
El nombre con que se conoce hoy el gran proyecto urbanístico y arquitectónico apareció en la solapa del libro "Erinnerungen", las memorias escritas por Speer en la cárcel de Spandau, donde cumplió una pena a veinte años de cárcel dictada en los procesos de Nuremberg.
"Debió ser idea de algún redactor de la editorial. Así quedó acuñado por la historia y así acabó adoptándolo el propio Speer", prosigue Arnold. Tanto el Führer como su arquitecto la denominaron simplemente Capital del Reich.Ni una cosa ni la otra se hizo realidad. La metrópolis no llegó a construirse ni hay una tumba que recuerde al Führer. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, "aparcó" los planes de Speer, impagables para un Tercer Reich concentrado en la contienda.
Una gran maqueta, réplica de la utilizada para la película de 2005 "Der Untergang" -"El Hundimiento"-, con Bruno Ganz interpretando a Hitler, ocupa el espacio principal de la exposición.
"El objeto principal era el Gran Pabellón, cuya cúpula iba a tener 290 metros de altura, diez veces lo que la Puerta de Brandeburgo", explica Arnold. "Eso, que hoy nos parece monstruoso, era sólo un punto de su proyecto para el que planeó incluso desviar el río Spree y derribar decenas de miles de edificios de viviendas".
Hasta 100.000 personas se habrían visto obligadas a dejar su casa para las excavadoras. El Gran Pabellón ocupa el centro de una maqueta poblada de decenas de edificios y avenidas descomunales, entre los que la Puerta de Brandeburgo se convierte en una anécdota casi imperceptible.
"Ahí iba a estar también el Arco del Triunfo, 49 veces mayor que el de París", comenta el director de Berliner Unterwelten, organización privada que realiza visitas guiadas por el subsuelo de Berlín, desde viejas estaciones de metro a búnkers o canalizaciones.
Lo que hoy se conoce por Germania, el gran proyecto berlinés, fue sólo una de las grandes planificaciones pensadas por Speer por orden de Hitler.
Nuremberg debía convertirse en la capital del partido nazi, por ser la ciudad donde se celebraron sus grandes congresos, y Múnich en la del nazismo, en tanto que cuna del movimiento.
La exposición se centra en Berlín, con otros apartados destacados como el monumento a Mussolini, que sí empezó a construirse. También documenta lo que, de haberse llevado a cabo, habría supuesto para el berlinés de a pie y, concretamente, los judíos: "En los planes de Speer tenían un gran papel las expropiaciones de viviendas a todos los no arios. O sea, las deportaciones".
Y, a modo de anécdota, recoge algunos chistes y dibujos de colaboradores de Speer, con muestras de un macabro sentido del humor y en los que se representa, entre otras cosas, un tanque "abriendo" a bombazos una nueva avenida y derribando edificios de viviendas.
Speer, quien además de arquitecto fue ministro de Armamento de Hitler -por lo que fue juzgado y condenado en Nuremberg-, contó con un equipo de treinta personas para desarrollarlo.
"Como los arquitectos estrella de hoy, él sólo delegaba en sus colaboradores y firmaba luego", explica Arnold, quien sostiene que, desde el punto de vista de resistencia de materiales y demás cálculos la metrópolis hubiera sido factible.
Paradójicamente, la metrópolis fascista habría sido más viable tras la Segunda Guerra, con la ciudad arrasada por los bombardeos, que antes de esa, cuando habría obligado a re-urbanizar buena parte del centro actual.
La exposición se abre al público el sábado que viene y permanecerá abierta hasta finales de año, en un pabellón vecino al Monumento a las Víctimas del Holocausto, formado por 2.711 bloques de hormigón de hasta cinco metros de altura. EFE gc/rz/msc/dm