miércoles, 25 de junio de 2008

El derby en Kreuzberg


Se acabó la fiesta en el "pequeño Estambul"

Gemma Casadevall



Berlín, 25 jun (EFE).- Se acabó la fiesta en el "pequeño Estambul" de Berlín, el barrio de referencia de la populosa comunidad germano-turca en la capital de Alemania. El gol "a la turca" -en el minuto 90- de Phillip Lahm sumió a la hinchada en la desolación y la dejó sin ganas de abrazarse a la bandera de su teórica segunda identidad, la alemana.
Se acabaron las caravanas de autos a bocinazos festejando por toda la ciudad el nuevo orgullo turco. En lugar de eso, la policía se apostaba en los puntos más conflictivos del Berlín turco, dispuestos a impedir que desmanes de frustración.
El barrio entero se había preparado para el "derbi". Jóvenes turcos caldearon el ambiente previo al partido desfilando en sus descapotables ondeando enormes banderas con la media luna, las mismas con que se envolvían de pies a cabezas muchachos adoradores de Hamit Altintop, el internacional a las órdenes del Bayern Múnich.
Apenas quedaba un bar sin su pantalla, grande o pequeña, y cada local era un miniestadio. En el quiosco de "currywurst" -salchicha picante- convivían mecánicos turcos y desempleados germanos. La escena alternativa germana hacía como que no sentía los colores, lanzando risotadas ante la imagen la canciller Angela Merkel cantando el himno en el estadio -"Angie, Angie", coreaban todos-.
En la sede del Türkiyemsport -todo un clásico entre los clubes de fútbol del barrio- la hinchada turca celebraba a los suyos, con una fiesta precocinada como "de convivencia" entre las dos identidades, la de origen y la germana.
Ahí estaban sufriendo como hermanos el diputado verde germano-turco, Öczan Mutlu, y el ministro del Transporte, Wolfgang Tiefensee. La consigna era mantener el buen talante.
Mutlu se lo tomó a pecho: "Somos afortunados. Si cae Turquía, nos queda ir a la final como alemanes", decía, antes del partido.
Todo Kreuzberg vibró como un solo hombre hasta el minuto 22. "¡No puede ser verdad!", gritó un hincha alemán, al gol de Ugur Boral. "Sí, es verdad", le respondió una mujer turca, en perfecto alemán.
Cuatro minutos después Bastian Schweinsteiger devolvió el orden al mundo germano. "Türkiyem no se rinde", gritó todo el patio turco.
Fiesta de la doble identidad en el Türkiyemsport, orgullo turco en estado puro en el "Merava", para el segundo tiempo del partido. Ahí cayó el segundo gol alemán, luego la revancha inmediata de los turcos y, finalmente, la victoria germana "a la turca". Es decir, en el último minuto regular, como si los chicos de Joachim Löw hubieran aprendido la lección de la armada de Fatih Terim.
El "pequeño Estambul" cae, llora, no se lo cree, mientras se extiende cierto aire de toque de queda desde Kreuzberg al vecino barrio de Neuköln. La pirotecnia alemana cubre el cielo y la policía empieza a desplegar sus efectivos en toda la zona de Kottbusser Tor, el epicentro conflictivo.
Empieza la pesadilla policial. Las llamadas previas a la convivencia de políticos, turcos o no, escondían el miedo de quien no las tiene todas consigo.
En Berlín se concentran unos 200.000 germano-turcos, del total de 2,5 millones de ciudadanos de ese colectivo repartidos por toda Alemania. La Ku-Damm, la gran avenida del centro berlinés, acogió las anteriores explosiones de bocinazos y orgullo futbolero turco de esta Eurocopa, soportadas con resignación por el convecino alemán.
Ahora, la media luna turca del "pequeño Estambul" lloraba y plegaba banderas en Kreuzberg, mientras Neuköln seguía en silencio. EFE
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