
Berlín/Oslo, 10 oct (EFE).- El Premio
Nobel de la Paz 2008 se fue al ex presidente finlandés Martti Ahtisaari, un
avezado mediador en conflictos internacionales, y cerró así la gran semana de
unos preciados galardones, acostumbrados a sortear polémicas y a rendir honores
al saber científico y el buen hacer humano.
Ahtisaari, un habitual de las
quinielas del Nobel desde hace unos años, vio finalmente reconocida su labor y
la de su organización, 'Crisis Management Initiative', que han mediado en
conflictos de medio planeta, desde Aceh a Kosovo y Namibia.
Su nombre quedó
inscrito en la nómina de galardonados, como sucesor a dos apóstoles del
ecologismo: el ex vicepresidente de EEUU Al Gore y el presidente del Grupo
Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, el indio Rajendra
Pachauri, ganadores de 2007.
La decisión a favor del político finlandés
decepcionó a quienes esperaban una apuesta arriesgada a favor de activistas
chinos como Hu Jia o la abogada chechén Lidia Yusúpova, con el consiguiente
mazazo que habría sido para China o Rusia, respectivamente.
El Nobel
encrespó sin embargo a Moscú, que lo vio como una justificación del
reconocimiento a Kosovo, y más aún a un hermano del ex presidente yugoslavo
Slobodan Milosevic, quien se mostró "indignado".
Con el Nobel a Ahtisaari,
Oslo reconoció que este año no hay un proceso de paz que premiar, puesto que no
se cerró ninguno, razón de más para reconocer a los incansables que siguen y
seguirán apostando por la resolución pacífica de conflictos.
El premio de la
Paz cerró la "semana Nobel" -el último, de Economía, se anuncia el lunes- y
siguió al de Literatura al francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, una decisión
polémica que provocó confusión y hasta rechazo. En parte, porque pese a ser uno
de los más prolíficos escritores vivos en lengua francesa, no todo el mundo está
dispuesto a reconocer que no ha leído un libro suyo.
El premio venía
precedido de la polémica encendida por el secretario permanente de la Academia
Sueca, Horace Engdahl, al afirmar en una entrevista que la literatura de EEUU
ocupa un papel marginal en la literatura mundial, cuyo centro sigue siendo
Europa.
El Nobel de Literatura se quedó en Europa y recompensó a Francia,
después de 23 años de sequía con la lengua francesa -el último premiado fue
Claude Simon en 1985-, lo que en ningún caso puede considerarse una presencia
abusiva.
No hay año sin polémica en los Nobel y la controversia no se limitó
a los galardones de mayor impacto mediático, sino que también hubo revuelo en
los de carácter científico.
La semana se abrió el lunes con el anuncio del
de Medicina, que fue compartido entre el científico alemán Harald zur Hausen,
por haber identificado el virus del papiloma humano, y los franceses Francoise
Barré-Sinoussi y Luc Montagnier, por el del sida.
Se reconoció así a dos
científicos del Instituto Pasteur, uno de ellos, Montagnier, identificado con el
contencioso entre su laboratorio parisino y el National Cancer Institute de
Washington de su colega Robert Gallo por la "patente" del virus del sida.
La
siguiente polémica llegó con los de Física a los japoneses Toshihide Maskawa y
Makoto Kobayashi y el estadounidense-japonés Yoichiro Nambu, por su concepto de
las asimetrías del mundo.
Al anuncio con el trío de apellidos nipones
siguieron protestas de Roma. La comunidad científica italiana denunció el
"olvido" de sus colegas Nicola Cabibbo y Giovanni Jona-Lasinio.
Recordó que
la Real Academia Sueca había premiado unas teorías fundamentales de la física
sobre las partículas, denominadas desde el principio con la combinación de los
nombres de sus descubridores: "Cabibbo-Kobayashi-Maskawa" y
"Nambu-Jona-Lasinio".
Al día siguiente llegó el turno a los de Química para
los estadounidenses Martin Chalfie y Roger Y. Tsien y otro japonés, Osamu
Shimomura, que a través de la luz de una medusa llegaron a la proteína verde
fluorescente, con múltiples aplicaciones en medicina.
La comunidad
científica, la literaria y la resolución pacífica de los conflictos recibieron
sus honores. Queda por conocer el de Economía, en un momento en que nada
aliviaría más al mundo que encontrar una receta para impedir el descalabro de
las Bolsas.
A los anuncios seguirán las ceremonias de entrega de los
Premios, en Oslo, para el de la Paz, y en Estocolmo, para los restantes. Será,
como todos los años, el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de su
fundador, Alfred Nobel. EFE
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