Gemma Casadevall Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El
Festival de Opera Richard Wagner de Baureuth se abrió con abucheos para Hans
Neuenfels y su "Lohengrin", una escenografía que convierte al Caballero del
Cisne en un cazador de ratas de laboratorio, transmutadas en diferentes formas y
colores.
Neuenfels se revalidó como director irreverente en su debut en el
templo wagneriano, mientras otros dos neófitos en ese festival, Jonas Kaufmann y
Annette Dasch, eran aclamados como dos impecables Lohengrin y Elsa, con sobradas
dosis de juventud y voz.
El coro de ratas de colorines -negras, blancas y
rosa-, en diseño de Reinhard von der Thanen, fue acogido con sonrisas por un
sector del público y visible malhumor por el resto, que se transformó finalmente
en atronador abucheo para el director.
En su afán trasgresor, Neuenfels va
de ocurrencia en ocurrencia con su peculiar coro, en formato de perfecto roedor
con lamparillas rojas a modo de ojos; en smoking los ratones o en coloridos
trajes de fiesta sus novias, las ratas. Acosados por auxiliares de laboratorio
dispuestos a experimentar con ellos o como séquito de boda.

Los disfraces
son geniales, la mímica funciona y ni los más reacios al juego podían esconder,
en algún momento, cierta ternura por los animalitos.
Pero aunque el ratón se
vista de smoking y la rata de seda, roedores se quedan. Y a Bayreuth se va,
preferiblemente, a vibrar por Wagner y las pasiones que crucifican a sus héroes.
En medio de tanta ocurrencia, costaba concentrarse en el tormentos de la
poderosa Elsa, interpretada por Dasch -una lección de dominio, con 34 años y
debutando ante un público exigente- y el Lohengrin de Kaufmann -el segundo
acierto del estreno-.
Neuenfels había advertido que acudía a Bayreuth para
romper esquemas, mostrar individuos y no la quintaesencia del nacionalismo
alemán atribuida a Wagner. Pero de eso a mostrar a cisnes desplumados como
pollos en el mercado o algún que otro engendro final -que no se debe revelar-
hay un trecho, al menos en Bayreuth.
Triunfaron sus solistas y también el
coro, por calidad interpretativa, pero ni Neuenfels ni Andris Nelsons -a la
batuta, otro debutante- lograron convencer.
Bayreuth abrió con aire de
pataleta programada, puesto que lo contrario habría sido decepcionar a quienes
esperan justamente eso de Neuenfels.
Se trataba de la primera temporada con
las hermanas Katharina y Eva Wagner-Pasquier, ya camino a la emancipación de la
sombra del patriarca Wolfgang Wagner, nieto del compositor y director del
festival durante más de medio siglo, fallecido en marzo a los 90 años.
Las
dos hijas del patriarca habían asumido la dirección, de facto, en la temporada
anterior, pero se consideró una especie de transición a la espera del auténtico
cambio generacional.
La expectación por el debut de Neuenfels era grande,
aunque cualquier inauguración de temporada en Bayreuth, el único gran festival
del mundo volcado exclusivamente en el culto a Wagner, tiene de por sí rango de
acontecimiento, incluso sin estrenos.
La apertura congregó sobre la Verde
Colina de la ciudad bávara a la plana mayor de la política alemana, con la
canciller, Angela Merkel, a la cabeza y hasta seis de sus ministros, entre ellos
el de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, aristócrata bávaro, y el de
Exteriores, Guido Westerwelle.
Allí estuvieron asimismo según el ritual, la
cúpula de la política local, como el primer ministro de Baviera, Horst Seehofer.
Como todos los años, centenares de ciudadanos se agolparon junto a las
vallas ante el teatro fundado por Richard Wagner, a la espera de ver pasar a los
famosos, encaramados algunos en escaleras portátiles y con el ambiente festivo
propio de Bayreuth.
La obra de Neuenfels será el único estreno en esta
temporada de Bayreuth, cuyo programa completarán las reposiciones del "Anillo",
de Christian Thieleman y Tankred Dorst; el "Parsifal", de Danielle Gatti y
Stefan Herheim; y "Los maestros cantores de Nuremberg", dirigido por la propia
Katharina Wagner, directora del festival, con Sebastian Weigle a la batuta. EFE
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