domingo, 19 de febrero de 2012

Berlinale, día del espectador


De "Tabú" a Plá y los abuelos Taviani


Gemma Casadevall

Berlín, 19 feb (EFE).- La agenda del berlinés corriente no da tregua este domingo, el Día del Espectador de la Berlinale, en que el festival se consagra a aquello que le distingue de cualquier otro competidor de primera categoría en el mundo: el público.
A las 10.00, "Tabú" -Miguel Gomes, premio Alfred Bauer- en el Berlinale Palast; a las 12.00, "Formentera", en el cine Arsenal; a las 14.00, "La Demora" -Rodrigo Plá, premio del público- en Delphi; a las 18.00, "Cesare deve morire" -Oso de Oro- en Haus der Berliner Festspiele; y a las 21.30, "Captive", en el Friedrichstadt-Palast.
"Es factible con una buena bicicleta. Incluso da para una pausa al mediodía", explica Oliver, médico, con sus cinco entradas en la mano, en otras tantas salas, elegidas entre lo mucho que no pudo ver durante el festival.
Quiere recuperar "Tabú", un filme portugués en blanco y negro sobre una historia de amor en el África colonial, que en principio le pareció disuasorio, pero luego leyó buenas críticas. "Formentera" -de la alemana Anne Kristin Reyels, en Forum- le llamó la atención, por ser la isla balear donde suele pasar sus vacaciones.
"La Demora", filme uruguayo-mexicano y premio de los lectores del diario berlinés "Der Tagesspiegel", le interesa porque aborda el caso de un abuelo con demencia senil en situación de precariedad.
Por el "Cesare" de los "abuelos Taviani" -Paolo y Vittorio, de 80 y 82 años- se decidió justo el sábado, sin saber aún que se llevaban el Oso Oro, por empatía hacia los maestros italianos que regresaron a la palestra tras quince años de silencio.
"No sé si me dará la cabeza para 'Captive'. Si no, devuelvo la entrada", dice, respecto a la película de Brillante Mendoza, con Isabelle Huppert en el papel de secuestrada de un grupo islamista.
El médico no es un "freak de la Berlinale", dice, sino un berlinés común, que ha tratado de ver una película al día, durante el festival. Quiere despedir la edición 62 con un circuito que le llevará de este a oeste de la ciudad, partiendo del Berlinal Palast.
"La Berlinale es algo así como la sacudida del invierno. La empiezas enfundada en gorros de lana y la terminas con alguna bufanda menos", explica Ursula, estudiante de 27 años, "perdedora habitual" de guantes y otros artículos en salas de cine.
Las diez jornadas oficiales de festival, más el Día del Espectador de colofón, empezaron bajo el frío siberiano y acaban con amagos de sol este domingo. "Otros años estuvimos cada día pisando nieve, aún tenemos semanas de frío por delante, pero vamos en la dirección correcta: la primavera", dice la estudiante.
"La Berlinale es la más popular entre los festivales de su categoría, qué duda cabe", comentaba a Efe con orgullo Frauke Greiner, jefa de prensa del certamen, según la cual el balance final de venta de entradas superará las 300.000 localidades.
Los cerca de 400 filmes que se proyectan en sus distintas secciones -Competición, Panorama, Forum, Generation, Cine Culinario, Nuevo Cine Alemán, más retrospectivas- son accesibles al espectador, con la única excepción de los pases avanzados para la prensa.
La Berlinale abarca toda la capital alemana, puesto que los pases se reparten en una veintena de salas, incluidos cines de barrio, por cuya "alfombrita roja" -"die Matte", el felpudo, como la apodan- desfilan un día del festival las estrellas del Berlinale Palast.
Los precios oscilan de los 12 euros (15,7 dólares), para los estrenos del Berlinale Palast, a 6 euros (7,8 dólares), en otras secciones.
Existe, además, la posibilidad de comprar la localidad a mitad de precio, vía "último minuto", es decir, guardando cola ante la taquilla, donde se venden las últimas entradas tras el conteo "a dedo" por el personal de la sala de las butacas vacías, ya sea porque no se vendieron o porque finalmente no se fue al cine.
Es un festival heterodoxo y sin complejos, para bien y para mal. El público reclama que le devuelvan la entrada si el pase empieza tarde porque la estrella se demora -como pasó con Salma Hayek, en "La chispa de la vida".
Y la fiesta, tras la entrega del Oso, discurre en un club lúgubre del sótano del Berlinale Palast, en el mejor estilo de "From Dusk Till Dawn " (1996), pero sin George Clooney ni Hayek en su interior. EFE
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