sábado, 2 de junio de 2012

Qué tendrán ellos



La Izquierda alemana busca en el modelo francés el remedio a su división

Gemma Casadevall

Berlín, 2 jun (EFE).- La Izquierda alemana centró hoy su congreso federal en la renovación de su cúpula, entre llamadas desesperadas a luchar contra la escisión y alusiones a los correligionarios franceses, en busca de un remedio a la división interna.
El líder más destacado de la formación, Oskar Lafontaine, y el co-fundador del partido, el poscomunista Gregor Gysi, ambos ya en la retaguardia, escenificaron la lucha por la supervivencia política, mientras daban paso al relevo generacional.
Le elección de la presidencia, bien entrada la noche, recayó en Katja Kipping y Bernd Riexinger -una mujer del este y un hombre del oeste, según el reparto de cuotas del partido-, este último seguidor de Lafontaine, que derrotó a su rival interno, Dietmar Barsch.
"No es tiempo de rencillas, sino de resistir unidos y de luchar por un izquierdismo fuerte capaz de defender los intereses de la mayoría", dijo previo a las votaciones Lafontaine, ante el congreso que se cerrará mañana en Gotinga (centro de Alemania).
El camino hasta la formación de la Izquierda -"Die Linke", en alemán- "fue largo y dificultoso", apuntó por su parte Gysi, y no es momento de "echar por tierra tantos esfuerzos" por meros conflictos de "susceptibilidades" o, entafizó, hasta odios.
Son tiempos "muy duros", ante lo que conviene aprender del izquierdismo europeo, y especialmente el francés, para dar una "respuesta unitaria" ante la "destrucción de la democracia" precipitada por la crisis global financiera, añadió Lafontaine.
En su característico estilo al borde de la afonía, Lafontaine llamó a los suyos a "prohibirse" hablar de escisiones y a centrarse en dar respuestas contundentes que lleguen a la ciudadanía, al estilo del Frente de Izquierdas de Jean-Luc Mélenchon.

"Ellos, nuestros correligionarios, son quienes están determinando el nuevo rumbo en París", apuntó Lafontaine, según el cual la influencia de esa formación ha generado el giro europeo del presidente François Hollande.
Ambos veteranos dieron así, con sendos discursos de 15 minutos, la sacudida que se esperaba de su presencia en el congreso de La Izquierda, a modo de antesala de las votaciones.
La elección recayó en un dúo sin la garra de Lafontaine o Gysi, pero también sin su capacidad polarizadora, para bien o para mal.
La formación, surgida en 2007 de la fusión del poscomunismo del este y la disidencia socialdemócrata, entró en una fase de disgregación que en Alemania se interpreta como la evidencia de que nunca logró conciliar sus fracciones del este y oeste del país.
Los patriarcas representaron la fuerza de un partido que ya quedó irremediablemente atrás. Lafontaine pasó a la retaguardia por un cáncer, en 2010, y Gysi lo hizo tras varios infartos.
Fuera de eso, las relaciones entre ambos dejaron de ser armoniosas hace mucho, hasta el punto que apenas se hablaban ya, como se evidenció en el congreso.
Para la nueva cúpula se habían presentado hasta diez candidaturas, la mayoría poco conocidas para el elector corriente.
El único nombre con fuerza entre los líderes en activo es su vicepresidenta Sahra Wagenknecht, la actual compañera sentimental de Lafontaine y representante de la llamada Plataforma Comunista.
De 43 años y muy mediática, Wagenknecht declinó intentar tomar las riendas, por no ser el factor integrador que precisa el partido y representar al ala más poscomunista, a la que medio país identifica como heredera del régimen que levantó el Muro de Berlín.
"Die Linke" nació tras de una laboriosa fusión entre el poscomunismo de Gysi y la disidencia que siguió a Lafontaine tras su doble dimisión, en 1999, como presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas de Gerhard Schröder, en desacuerdo con el rumbo centrista del entonces canciller.
Juntos sacaron al partido del reducto de fuerza regional, que debía sus diputados en el Bundestag (parlamento federal) a sus bastiones del antiguo territorio germanooriental, y empezaron a ganar terreno también en el oeste.
Con su retirada la tendencia se invirtió y del récord del 11,9 % de las generales de 2009 se les pronostica entre un 6 y un 5 % en los próximos comicios de 2013. EFE
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