viernes, 2 de noviembre de 2012

Para las webs de la UOC, sobre el proceso de paz y las FARC



Colombia y Cuba ante un reto visualizado en el Oslo del Nobel




Gemma Casadevall



 
[02/11/2012]



«Nada está acordado si todo no está acordado»: la frase es la clave de todo proceso de paz. En el caso de la mesa de diálogo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Estado colombiano en entrecomillado va más allá de lo obvio. Tras casi cincuenta años de conflicto, se abrió en Oslo un proceso que en cualquier momento puede romperse, entre otras cosas porque mientras se dialoga se sigue matando y muriendo, puesto que se rechazó la oferta de tregua de las FARC.
Se va al todo o nada. ¿Es así? Quienes asistimos a la comparecencia de prensa de las FARC y la delegación gubernamental pensamos por momentos que lo que era el primer acto público de unas negociaciones entabladas en el secretismo casi absoluto, seis meses atrás, en Cuba, podía derrumbarse ese mismo 18 de octubre, en un hotel de un lugar llamado Hurdal, a setenta kilómetros de Oslo.
Noruega, arquetipo de país facilitador y sede del Nobel de la paz, se quedó literalmente helada ante el largo monólogo del número dos de las FARC, «Iván Márquez». Exactamente treinta y tres minutos habló, el doble que el ex vicepresidente colombiano Humberto de la Calle, jefe de la delegación gubernamental. No fue solo un problema de extensión, sino que lo fue también de volumen. De la Calle escenificó una moderación impecable. Márquez denunció el «vampirismo transnacional», en el léxico propio de la propaganda anticapitalista, y enumeró con nombres y apellidos a representantes de la parapolítica de la Colombia de hoy.
Algunos medios colombianos —y no solo los afines al uribismo— insisten en no hablar de reconciliación, sino en reclamar la rendición de las FARC. Álvaro Uribe fracasó como presidente en su intento de derrotar a la guerrilla por la vía militar. Ahora parece empeñado en que naufrague la reconciliación emprendida por su sucesor, y ahora no tan amigo, Juan Manuel Santos.
El proceso es quebradizo, pero tal vez no sea exacto que se va al todo o nada. Un factor clave en ello es Cuba, de pronto paritariamente hermanada con Noruega como «facilitador». Oslo brindó el primer acto público; en el hermetismo cubano, sede permanente del proceso, se resolverá la partida: una oportunidad histórica para Colombia; también para Cuba.

Gemma Casadevall, periodista española afincada en Berlín y posgraduada de la UOC en Conflictología


Colombia and Cuba facing a challenge in the home of the Nobel Prize, Oslo








[12/11/2012]“Nothing is agreed until everything is agreed” – this statement is key in all peace processes and at the negotiating table between the Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Revolutionary Armed Forces of Colombia, FARC) and the Colombian government even more so. Following nearly 50 years of conflict, a process has begun in Oslo that could break down at any moment, among other reasons because as the negotiations go on so too do the killings, with a ceasefire proposed by the FARC turned down.

Is it really all or nothing? Those attending the FARC’s and the government delegation’s press conferences currently believe that this first public act in negotiations agreed to in near absolute secrecy in Cuba six months ago could fall apart on 18 October in a hotel in a place called Hurdal, some 70 km from Oslo.
Norway, the archetypal mediating country and home of the Nobel Peace Prize, literally froze during the long monologue from the FARC’s number two ‘Iván Márquez’. He spoke for exactly 33 minutes, twice as long as the former vice president of Colombia Humberto de la Calle, head of the government delegation. It was not just a problem of length, but also of volume. De la Calle offered an image of impeccable moderation; Márquez denounced “transnational vampirism”, a term used in anti-capitalist propaganda, and called out those implicated in the parapolitics scandal in today’s Colombia by name.
Certain Colombian media outlets, not only those aligned with Uribe, insist on not talking about reconciliation, instead calling for the FARC’s surrender. Álvaro Uribe failed as president in his attempts to defeat the guerrillas with military force. He now seems set on seeing the failure of the reconciliation supported by his successor, though no longer his friend, Juan Manuel Santos.
The process is a fragile one, but it may be that it is not exactly all or nothing. A key factor is Cuba, suddenly on an equal footing with Norway as a ‘mediator’. Oslo hosted the first public act; Cuban secrecy, the process’s natural home, will play host to the endgame: a historic opportunity for Colombia, and for Cuba.


Gemma Casadevall, Spanish journalist living in Berlin and UOC postgraduate in Conflictology