viernes, 21 de junio de 2013

Para el blog del Querido Leandro



La equidad de género, en el manual del buen observador


Por Gemma Casadevall*


Las misiones de observación electoral dejaron de ser territorio exclusivo de señorones que se invitaban entre sí, iban de cóctel en cóctel y se despedían con un “todo bien” entre palmaditas al hombro. No juraremos que quedó erradicado el concepto, pero sí pondremos el acento en lo de que no es ya su territorio exclusivo. Mucho cambió desde las primeras misiones de la OEA, más de medio siglo atrás. Y mucho aprendieron las grandes organizaciones internacionales que la practican -UE, OSCE, Centro Carter, OEA-. Por ejemplo, en lo que respecta a equidad de género.

La Escuela de Observación Electoral de la Universidad de Salamanca (del 17 al 21 de junio) plasmó algo del aprendizaje mutuo. A Isabel Menchón, alma mater de las misiones de observación por parte del ministerio español de Exteriores, le sorprendió la creciente presencia del término “equidad de género” entre los parámetros a observar cuando se despliega una misión. “La OEA está en ese sentido mucho más avanzada que la UE”, nos confesaba Menchón, probablemente la persona que más sabe de misiones, en lo teórico y sobre el terreno, cuando menos en esa parte del Planeta Tierra.
Por incorporación de la perspectiva de género en las misiones internacionales se entiende aprender a observar si en un proceso electoral está garantizado el pleno ejercicio de los derechos políticos de la mujer. Si hay una participación igualitaria en las estructuras políticas y de poder o si prevalece la desigualdad entre mujeres y hombres.
“No se trata de reivindicar una bandera, sino de poner sobre el mantel de la observación algo que está en toda la sociedad y en todos los procesos políticos”, comentaba Flavia Freidenberg, directora del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de esa ciudad española y coordinadora del curso junto con Betilde Muñoz-Pogossian, del departamento de Observación de la OEA.
Es obvio que las misiones de observación se profesionalizaron, desde los tiempos de los señorones a los despliegues actuales de observadores, determinados a seguir el proceso electoral en su globalidad. Y es obvio también que “ahora miramos cosas que antes nadie pedía que mirásemos”, resumía Freidenberg. “Te piden que mires si hay mujeres en qué estamentos, en qué roles, con qué grado de participación, qué obstáculos sociales o tácitos persisten”, añade la directora e impulsora del curso salmantino.
No es algo específico de las metodologías de la OEA, pero sí algo que en esta organización ha tomado un protagonismo creciente. América Latina es su ámbito específico y es en esa región donde se reflejan muchas de las luces y las sombras persistentes en el camino hacia la equidad de género. “Las misiones de observación han tenido una evolución paralela a la de la democracia en América Latina. Hay un cierto rodaje mutuo”, argumenta Freidenberg.
La presencia en el poder de Angela Merkel Cristina Fernández de Kírchner, Laura Chinchilla o, -próximamente de nuevo en sus pantallas, probablemente-, Michele Bachelet es un avance. Pero no garantiza la plena equidad de género, como saben las mujeres en Alemania, Argentina, Costa Rica o Chile.
La presencia en Salamanca de Menchón, Freidenberg, Muñoz-Pogossian y Jennifer McCoy, por parte del Centro Carter, no significa tampoco que se haya impuesto una especie de liderazgo femenino, más sensible hacia la equidad de género, como cerebros de unas misiones que en el pasado coparon los señorones. “Es casualidad”, afirmaba Freidenberg. 
La metodología de la observación se profesionaliza y enriquece. La amplia presencia de mujeres no significa que sean mejores observadoras o que capitalicen la temática. La ponencia en Salamanca sobre equidad la impartió el estadounidense Tyler Finn, en sustitución, por problemas de agenda, de Sara Mía Noguera.