sábado, 27 de julio de 2013

Batuta contra efectivismos


Petrenko eclipsa a Castorf

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 27 jul (EFE).- La batuta de Kirill Petrenko y las voces se impusieron hoy sobre el efectismo escénico en "La Valkiria" de Frank Castorf, hasta poner al exigente templo wagneriano que es el Festival de Bayreuth en éxtasis, a base de lealtad extrema a la partitura de Richard Wagner. 

La partitura y los solistas, dirigidas por un Petrenko tan fiel a Wagner como todo el universo de Bayreuth, acapararon las ovaciones, con una Sieglinde -Anja Kampe- absolutamente triunfal, seguida del Siegmundo de Johan Botha y el Wotan de Wolfgang Koch. 


Por momentos parecía que iba a fallar Catherine Foster, una Brünnhilde algo desencajada en el segundo acto, pero capaz en el tercero de una de esas remontadas que en el fútbol se califican de épicas y que convierten en grandeza el pecado inicial. 

De la destartalada gasolinera con que arrancó el "Oro del Rin" de Castorf se pasó en la segunda pieza del "Anillo del Nibelungo" a una lúgubre torre de Baku, situable en cualquier punto de la órbita presoviética, entre la Revolución de Octubre y el stalinismo, sobre el que acaba dominando la estrella roja comunista. 
La idea del director de la berlinesa Volksbühne, abucheado la noche anterior por degradar los mitos germánicos a matones y chicas de motel, fue recibida con más agrado, como si se aceptara esa sobriedad escénica que, al menos, no estorba. 
Castorf, ausente sobre el escenario tanto la primera como la segunda noche, ha basado su concepto escénico en trastocar el oro por el petróleo y trasladar a ese escenario la lucha por el poder y su abuso, mientras degrada la cólera divina a bajeza humana. 
Bayreuth sigue sin acabar de encajar ese concepto, del que mucho se sabe por lo que se ha leído en medios, pero poco se ha transmitido hasta ahora a la escena. 
Pero Petrenko compensó ese déficit, con una capacidad de dilatar cada una de las notas de Wagner que alguno recordó a Daniel Barenboim, mientras sus solistas marcaban cada una de sus sílabas que el compositor dejó escritas para su ópera. 
Un bálsamo para el equipo de la directora del festival y biznieta del genio, Katharina Wagner, cuyo mandato futuro al parecer está condicionado a la suerte de este "Anillo". 
Ni a Katharina ni a su hermana y codirectora, Eva Wagner-Pasquier, se las vio en la apertura del festival, algo contrario a la tradición, máximo en un año en que se conmemora el bicentenario del nacimiento de Wagner (22 de mayo de 1813). 
Desde la dirección se minimizó esta ausencia, así que ni Castorf ni Aleksandar Denic, el artífice de la escenografía, salieron a saludar, tal vez para evitar que arreciara el temporal. 
El dramaturgo declaraba hoy en una recepción estar preparado para nuevos abucheos con una obra que sabe provocadora, mientras desde el festival se insistía en que hasta la última pieza, "El ocaso de los dioses", no es de rigurosamente implícita la necesidad de salir. 
El estreno del "Anillo" en Bayreuth es el punto cumbre de este Año Wagner, por ser su viejo teatro el mismo lugar donde el genio estrenó su tetralogía, en 1876. 
Cuatro años antes, había colocado la primera piedra, tras juntar el dinero suficiente -principalmente, de Luis II de Baviera- para levantar su teatro. 
Del mecenazgo del Rey Loco, consentidor de todas las genialidades de Wagner, se ha pasado a la Sociedad de Amigos de Bayreuth, integrada por 5000 miembros -por amor a Wagner o por sentido comercial- a los que las hermanas Wagner deben rendir cuentas. 
El dúo de biznietas asumió las riendas del festival en 2008 de manos de quien fue su patriarca y director durante medio siglo, su padre, Wolfgang Wagner. 
Hasta ahora, las producciones estrenadas bajo la gestión de las herederas no han entusiasmado, de manera que el "Anillo" se considera una prueba de fuego no para Castorf, director general de la Volksbühne de Berlín desde hace 20 años, sino para las Wagner. EFE 
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La heredera Wagner sigue entre bambalinas su arriesgado estreno

Gemma Casadevall



Bayreuth (Alemania), 27 jul (EFE).- Katharina Wagner, biznieta de Richard Wagner y directora del festival fundado por su bisabuelo en Bayreuth, sigue entre bambalinas el arriesgado "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf, castigado con abucheos en su arranque.
La heredera de los Wagner se convirtió en la comidilla de la apertura, el jueves, por romper la tradición de recibir ante el teatro sobre la Verde Colina de la ciudad bávara a los ilustres wagnerianos de todo el mundo, incluida la canciller Angla Merkel.
Tampoco se la vio, ni a ella ni a su hermana Eva Wagner-Pasquier, codirectora del festival desde 2008, en el estreno del "Oro del Rin", preámbulo de la célebre tetralogía que generó una tormenta de abucheos, a la producción, y ovaciones, a los músicos, ayer viernes.
"Bueno, así son las cosas. Seguí los ensayos generales. Luego hay que repartirse entre los múltiples compromisos", comentó a Efe Katharina Wagner, tras al estreno, al que sí asistió, de "Tristán e Isolda", en sesión matutina y dentro del ciclo "Wagner para Niños".
En un pabellón habitualmente destinado a los ensayos del festival "adulto", unos doscientos niños, más acompañantes y algún crítico, siguieron con tanto entusiasmo como la propia Katharina esa ópera romántica, adaptada a un formato reducido de hora y media y con los solistas cantando a metros del público.
Que la directora acuda a esa "première" se debe a su compromiso personal con el ciclo, nacido en 2010 por iniciativa suya y destinado, en sus palabras, a "generar una nueva generación de wagnerianos entusiastas".
El porqué de su ausencia en la apertura se interpretaba en Bayreuth como un "pánico escénico" ante un "Anillo" que venía etiquetado de provocador y que es la prueba de fuego para las Wagner, en el cargo desde 2008.
Bayreuth reaccionó con ovaciones cerradas para el director musical, Kirill Petrenko, y sus excelentes solistas, frente a abucheos a Castorf y el responsable de su escenografía, Aleksandar Denic.
Desde el festival se minimizó hoy el hecho de que ni Castorf ni Denic salieran a saludar al final, con el argumento de que no tienen por qué hacerlo hasta la última pieza del "Anillo".
El dramaturgo, por su parte, declaraba en una recepción estar preparado para nuevos abucheos con una obra que sabe provocadora.
Al estreno del "Anillo" en Bayreuth se la da una trascendencia suprema en el universo wagneriano, máxime en un año en que se conmemora el bicentenario del nacimiento del genio.
En ese mismo lugar estrenó Wagner su tetralogía, en 1876, cuatro años después de juntar el dinero suficiente -principalmente, de Luis II de Baviera- para levantar su teatro, que siglo y medio después sigue consagrado al culto en exclusiva al compositor.
Del mecenazgo del Rey Loco, consentidor de todas las genialidades de Wagner, se ha pasado a la Sociedad de Amigos de Bayreuth, integrada por 5000 miembros -por amor a Wagner o por sentido comercial- a los que las hermanas Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier deben rendir cuentas.
Ambas biznietas del compositor asumieron las riendas del festival en 2008, de manos de quien fue su patriarca y director durante medio siglo, su padre, Wolfgang Wagner.
Hasta ahora, las producciones estrenadas bajo la gestión de las herederas no han entusiasmado, de manera que el "Anillo" se considera una prueba de fuego no para Castorf, director general de la Volksbühne de Berlín desde hace 20 años, sino para las Wagner. EFE
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