jueves, 6 de marzo de 2014

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El Salvador] La lucha de dos eternos rivales con audiencia menguante
Los sondeos apuntan a una victoria del oficialismo el 9 de marzo, lo que llevaría a la presidencia del país al exguerrillero Salvador Sánchez Cerén, cinco semanas después de haber rozado la mayoría absoluta, con 48,93 %, en la primera vuelta. De ser así, la derecha liderada ahora por Norman Quijano quedará en la bancada opositora. Y el tercero en discordia, el movimiento UNIDAD del expresidente Elías Antonio Saca andará presentando batalla como alternativa a la derecha de la que se escindió.
Más allá de los pronósticos para la próxima legisltura, la primera ronda de las presidenciales confirmó el desgaste paulatino de la afección entre el electorado por la contienda tradicional entre FMLN-ARENA. Gobierne quien gobierne, el país sigue hundido en la devastación social y económica más de dos décadas después del fin de la desangrante guerra civil entre ambos flancos. La alternancia en el poder no ha favorecido el desarrollo de liderazgos claros, sino un desfile de „rostros“ en la presidencia, abundado por el hecho de quedar excluida por la ley electoral del país la posibilidad de reelección en el cargo.
Los aspirantes a la presidencia se suceden sin consolidarse como líderes, mientras que los partidos políticos establecidos se han convertido, de facto, en soberanos de las urnas con una presencia diríase que invasiva en las etapas determinantes del proceso electoral, donde actúan como juez y parte.
No es una situación exclusiva de El Salvador. Algo parecido se observó también en las recientes presidenciales de Honduras -con la salvedad de que ahí sí se materializó un factor regenerador del espectro político, con la reaparición del depuesto Manuel Zelaya al frente de una formación nueva y con brío, LIBRE, liderado por su esposa Xiomara Castro-.
Ambos países centroamericanos, empobrecidos y con capacidades limitadas para armar una autoridad electoral fuerte e independiente, han optado por la fórmula de permitir que, ante y durante la celebració de los comicios, los partidos políticos ejerzan las funciones de arbitraje y tutela del proceso. Por supuesto existe la figura del Tribunal Supremo Electoral (TSE), como órgano permanente, y sus correspondientes delegaciones regionales y municipales. Pero desde la instalación de las mesas de votación al resto de aspectos relevantes de la jornada de los comicios -es decir, incluido el escrutinio y transmisión de datos al organismo central- todo queda bajo competencia y tutela de los representantes de los partidos.
Teóricamente, éstos ejercen un papel de „vigilancia recíproca“. A la práctica, la presencia del ente imparcial queda en franca minoría, frente a una legión de veedores, supervisores, etc, partidarios. En el caso de El Salvador, el despliegue de los representantes de los partidos se plasma en una „marea roja“ y otra „tricolor“ -FMLN o ARENA- puesto que la ley electoral del país contempla que vayan uniformados con sus llamativas remeras también dentro del centro de votación. El proseletismo electoral se ejerce así, sin disimulo, hasta la propia urna y con protagonismo destacado de las formaciones establecidas, puesto que las minoritarias no tienen suficiente capacidad de despliegue de militancia.

Presencia invasiva de los partidos de siempre dominando la escena electoral; desfile de rostros presidenciales que no alcanzan a consolidar liderazgos; abstención en implacable ascenso:visto lo visto, el reto del FMLN o de ARENA ante la segunda vuelta no debería ser solo vencer al eterno rival, sino mostrar capacidad de movilizar al electorado.

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