lunes, 7 de abril de 2014

Valoración transatlántica


[Costa Rica] A por su revolución moral

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Costa Rica, ese lindo país que se dio en apodar “la Suiza de Centroamérica”, se encarriló el domingo 6 de abril hacia lo que se denomina ya su propia revolución moral. A la impopular, convulsa y enrarecida gestión presidencial de Laura Chinchilla (2010-2014) seguirá Luis Guillermo Solís, el historiador que lidera el centro-izquierdista Partido Acción Ciudadana (PAC). La segunda ronda electoral se saldó con un espectacular 77,88 % para Solís frente al 22,12 % del oficialista Partido Liberación Nacional (PLN), con un Johnny Araya que se había rendido de antemano ante lo que los sondeos vaticinaron como abismal desventaja respecto al favorito.Atípica, inédita, anómala o insólita, fueron algunos de los adjetivos esdrújulos que se dedicaron a esta segunda ronda presidencial, en un país que hace tiempo debería haber dejado atrás el socorrido paralelismo con el país centroeuropeo, ya que si algo le caracteriza ahora no es la aparente prosperidad, sino el término brecha social.
La campaña fue, efectivamente atípica, desde el momento en que Araya, semanas antes de la cita con las urna, desistió de luchar por la victoria por falta de opciones de éxito -y de recursos en sus arcas-. La convocatoria se mantuvo, por el imperativo constitucional que impide retirarse en la segunda vuelta. Pero adoptó rango de trámite formal.
Fuera de esas peculiaridades, lo realmente inédito empieza ahora y es el camino que debe recorrer el presidente electo para lograr que su revolución discurra por el camino de la ética y la transparencia prometidas.
A Solis le corresponde dar carpetazo al periodo Chillida, que llegó al cargo como la primera mujer en la presidencia de su país y lo dejará como la más impopular gestión presidencial de la historia costarricense. Un flaco favor le hizo a la lucha por la equidad de género.
Solís tiene en su mano hacer ahora historia, a su manera, casi diez años después de abandonar el PLN para buscar su propio camino al frente de una formación de perfil socialdemócrata.
Politólogo e historiador de formación, de 56 años, Solís se alzó con la victoria en la primera vuelta -entonces con algo más del 30 %, frente al 29 % de Araya- y eso fue ya, de por sí, la primera sensación de la temporada.
Su propuesta de “revolución moral” cuajó entre el elector costarricense, que llegaba a la contienda claramente cansado y ya el 2 de febrero castigó al conjunto de la esfera política con una abstención del 31 %. Se temía que el abstencionismo arreciara don la falta de un competidor real. Y así fue, ese 6 de abril, en que se marcó la triste marca del 43 %. Al tico le correspondía demostrar “fibra democrática”, como dijo el presidente del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), Luis Antonio Sobrado. No se logró ese objetivo, a efectos de participación. Pero visto lo visto tampoco puede reclamársele milagros a una ciudadanía exhausta de desgobierno.
La corrupción es un cáncer para la democracia, solemos decir los que nos dedicamos a la Observación Electoral. Así lo demuestran, año a año, los índices internacionales corrupción de distintas ONGs. La metodología de trabajo de algunos autoproclamados “veladores por la transparencia” puede ser discutible. La conclusión aludida, respecto a los estragos de la corrupción en la salud de las democracias, parece fundamentada.
Solís basó su campaña electoral, y triunfo en las urnas, en el combate contra la corrupción. No hay razones para suponer que lo auparon en esa dirección el mero objetivos populista de atraerse al elector harto de mala gestión. Sí hay que reconocerle, en cambio, que conoce el sistema por dentro.
Padre de seis hijos, durante casi tres décadas se consagró al ámbito académico, en Universidades de Costa Rica y de Estados Unidos.
En los 80 entró en el ámbito político, desde el departamento de Exteriores. Fue jefe de gabinete de la Cancillería en el primer Gobierno de Óscar Arias (1986 y 1990) y embajador para Asuntos Centroamericanos y director de política exterior del Gobierno de Jose María Figueres Olsen (1994-1998), ambos del PLN.
El 8 de mayo asumirá la presidencia, tras romper el tradicional bipartidismo costarricense con un arrolladora victoria con la que nadie habría contado en la apertura de este año electoral latinoamericano.
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