viernes, 23 de mayo de 2014

Las palomas y otros seres del corazón de Bogotá

Realismo nada mágico en la Plaza de Bolívar


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“Estamos aquí secuestrados. Sin comida, sin agua, sin un lugar donde hacer las necesidades, sin poder entrar ni salir, bloqueados por la policía que en cuanto caiga la noche caerá sobre nosotros“, explica Enrique Kennedy Terribas, originario de Buenaventura y uno entre los centenares de desplazados que llevan 23 días acampados en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Una nube de otros participantes en la acampada se acerca a hablar con la periodista. „Bueno, salir sí podemos. Pero ahí no nos dejan es volver a entrar. Ni siquiera permiten pasar pañales para nuestros bebés. Y aquí hay embarazadas, mujeres que recién dieron a luz“, apunta Simón, del Cauca. El grupo de hombres dispuestos a hablar con los medios es minoría. El grueso de los acampados permanece en silencio, algunos apartemente dormitan sobre el suelo, como si no creyeran en la inminencia de esa acción policial, a tres días de la primera ronda de las presidenciales colombianas. La céntrica Plaza de Bolívar, el corazón turístico e institucional de la capital colombiana, está casi herméticamente acordonada ese viernes preelectoral. Los únicos intrusos a los que permite el acceso el dispositivo antidusturbios son los representantes de medios, autoridades, equipo de protección civil y, por supuesto, las palomas. Sobre todos ellos está la mirada de Gabo, Gabriel García Márquez, desde la gran pancarta que recuerda al fallecido Nobel de Literatura sobre la fachada de la alcaldía que ocupa el destituido-restituido Gustavo Petro. „Algo de realismo poco mágico tiene todo esto“, apunta Werner Maurer, un alemán que, sin ser representante institucional, ni autoridad, tampoco auxiliar sanitario ni, por supuesto, paloma, logró acceder a la plaza, tras explicar con gran poder de convicción y buen nivel idiomático que debía ir cuanto antes al hotel, del otro lado del barrio de la Candelaria, porque su esposa se había perdido. Realismo nada mágico. De los 33 millones de colombianos con derecho a voto se espera que vote un 45 %, para unas elecciones en que teóricamente está en juego la paz con las FARC -lo que representa el presidente Juan Manuel Santos- o la interrupción de las negociaciones -como ocurriría, si gana el aspirante uribista Oscar Iván Zuluaga. Ambos representantes de la derecha serán, según los pronósticos, quienes disputen la segunda vuelta „Todas las organizaciones de derechos humanos del mundo nos respaldan. Somos desplazados de toda Colombia, del Cauca a Buenaventura, de Antioquia. Quién más da quién nos desplazó. Los que vinieron a quitarnos de casa no llevaban credencial, ni de la guerrilla ni de los paras“, insiste el líder, que se presenta simplemente como Kennedy. Unos seis millones de desplazados se calcula ha provocado a lo largo de medio siglo el conflicto armado entre el Estado colombiano y las guerrillas. Los de la Plaza de Bolívar son los resistentes a varios desalojos por parte de la policía en esta semana. Con la cercanía de las presidenciales, Kennedy y los suyos temen una batalla final o operación barrido. La Plaza de Bolívar es escenario tradicional de la apertura institucional de la jornada electoral. Ahí están instaladas ya las carpas para la ceremonia, así como algunas mesas de votación. La presencia de los desplazados tiene tanto de realismo nada mágico, como los mendigos que se reparten por todo el centro de la capital. Santos aspira a la reelección no solo para sellar el proceso de paz con las FARC, con sus seis millones de desplazados y un cuarto de millón de muertos, sino también para seguir activando la economía. Unos 2,5 millones de colombianos abandonaron la pobreza y otros 1,3 la miseria extrema, repite casi a diario el presidente en su carrera a la reelección. Queda mucho por hacer, piensa el extranjero que atravesó sin mayores problemas la plaza, tras convencer al policía, presuntamente inconmovible ante los desplazados que piden entrar pañales para sus bebé, de que su esposa andaba perdida.
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