jueves, 22 de mayo de 2014

Santos, para los europeos

[Colombia] El siempre desconcertante Santos

Puede perder la carrera a la reelección un presidente que ha impulsado un proceso de paz sólido, destinado a poner fin a medio siglo de devastador conflicto con las FARC, con un balance económico a millas de los problemas de la superinflación de algunos de sus vecinos y con una buena reputación internacional? Es posible que en unos comicios donde está en juego la paz gane quien apuesta por seguir en guerra? El europeo que estos días se asoma a las informaciones que circulan en sus medios ante la recta final de las presidenciales colombianas está desconcertado.
De repente, Jnan Manuel Santos, el presidente al que unos meses atrás se pronosticaba una victoria fácil, tal vez incluso en la primera vuelta de este 25 de mayo, tendrá que ir a la segunda, en junio, y con final abierto. Encima, quien puede disputarle el poder no un representante de la izquierda dominante en buena parte de América Latina, sino otro derechista sin aparente carisma, Oscar Iván Zuluaga, cuyo rasgo más definido es el que le presenta como delfín de Alvaro Uribe, el expresidente que no quiso ni quiere la paz.
Al europeo común, que este 25 de mayo tiene su propia cita con las urnas -elecciones al Parlamento Europeo- y que mira con temor el conflicto armado que se cuece en el este del continente -Ucrania, donde también se vota el domingo- no le cuadran las cifras.
Santos es, por lo que lee, el arquitecto de una negociación cuya apertura se escenificó magistralmente en Oslo, la capital noruega que entrega los Nobel de la Paz. Más magistralmente aún se trasladó luego a Cuba la mesa negociadora, con Venezuela entre los países “facilitadores“. La paz está al alcance de la mano, tras ese medio siglo largo de un conflicto con 220.000 muertos, casi seis millones de desplazados, cerca de 1.980 masacres computadas, miles de reclutamientos forzados y otras tantas víctimas de la violencia sexual. Es cierto que la negociación entre las FARC y del Estado colombiano se demora más de lo previsto. Pero se cerraron con acuerdo tres de los seis grandes apartados en agenda, sigue leyendo el europeo en sus medios.
“El proceso de paz solo está cerrado cuando se han cerrado todos sus capítulos“ y “toda negociación puede romperse, especialmente cuando en paralelo se sigue matando y muriendo, puesto que no hubo alto el fuego“, advierten los manuales de conflictología y advirtieron, asimismo, ambas partes, en esa apertura perfecta de Oslo, en octubre de 2012. Los capítulos pendientes son, por lo demás, árduos -víctimas, fin de conflicto y desmovilización de la guerrilla-.
Aún así: puede, en serio, quedar fuera de la reelección quien además presenta un balance económico plasmado en el 4,3 % de crecimiento de 2013, con perspectivas parecidas este 2014 e incluso un adicional 2 %, de cerrarse con éxito ese proceso? A qué ciudadano pueden no convencer éstos y otros indicadores según los cuales Colombia tiene la menor inflación de América Latina (1,93 %), una tasa de desempleo baja y estadísticas que apuntan a que durante la gestión de Santos salieron de la pobreza 2,5 millones de personas y 1,3 millones abandonaron la zona de la miseria extrema.
El europeo no entiende. Claro que, tras esos balances, se le informa también de algunos puntos oscuros -la mala gestión de Santos en las protestas del campo, por no hablar de su volatilidad política, que le convirtió de férreo ministro de Defensa y sucesor de Uribe a enemigo de éste, incluido un peligroso acercamiento a Venezuela que le ha valido la etiqueta de “castrochavista“, un pecado mortal para un representante de la derecha.
Y en medio de todo lo que no entiende el europeo surge el culebrón de un venezolano -J.J. Rendón- que fue asesor de la oposición en su país y ahora sospechoso de canalizar la financiación ilícita a través del narcotráfico, a favor de Santos. O, segundo culebrón, ahora en el cómputo de las filas de Uribe, el del hacker torpedero del proceso de paz y al que un video muestra despachando con Zuluaga.
En la lógica del europeo, esto último debería ser suficiente para decantar la balanza a favor de Santos. Ese europeo, para el que la paz está por encima de todo o casi todo -más en este 2014, en que se conmemora el centenario del arranque de la Primera Guerra Mundial y los 75 aöos del de la Segunda, dos conflictos que ensangrentaron el continente y el mundo. Ese europeo, ahora en crisis, para el que la bonanza económica es más que una medalla en el expediente de un político.
“Hacer la guerra es más popular que negociar, porque negociar implica hacer concesiones“, explicaba Santos esta semana a “Der Spiegel“. “Sabía que mis expectativas podían reducirse con las conversaciones de paz. Si le pregunta a la gente si les parece bien que en el futuro los de las FARC se sienten en el Parlamento le dirán que no. También rechazarán la impunidad“, proseguía el presidente ante ese medio, el semanario político de referencia del país con más peso de Europa.
Santos dice confiar en su victoria y en que los colombianos digan sí “al paquete completo“ -la paz y sus compromisos. Para el europeo común no habría dudas. Tal vez acabe absteniéndose en sus elecciones al Parlamento Europeo -en 2009, apenas votó en Alemania el 43%-. Pero le desconcierta que los colombianos puedan quedarse en casa en unas presidenciales donde está en juego el proceso de paz.
info2casadevall