sábado, 24 de mayo de 2014

Segundo debate inexistente

Colombia: Dos debates que no fueron


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Titulábamos el anterior reporte sobre el que fue el primer –y esperado- debate con los cinco candidatos a las elecciones presidenciales colombiana, con un “Qué fue eso”. Fue la tarde-noche del jueves y apenas veintisiete horas después se nos dio la ocasión de un segundo debate abierto entre el presidente Juan Manuel Santos, el uribista Oscar Iván Zuluaga, el alternativo Enrique Peñalosa, la conservadora María Lucía Ramírez y la izquierdista Clara López. No aportó mucho, en cuanto a contenidos, puesto que los cinco políticos repitieron sus proclamas más bien imprecisas de las últimas semanas, pero si dejó claro, de nuevo, que no estábamos en lo que comúnmente se denomina debate.
Todos tuvieron su oportunidad de hablar, eso sí. En tiempos compartimentados a golpe de reloj, con sus respuestas a la pregunta del moderador y equipo de invitados, más la posibilidad de réplica por alusión, todo ello distribuido con espíritu hasta marcial. A millas, en definitiva, del formato que permite la confrontación entre ellos. Fueron breves intervenciones, por temas, en que cada uno soltó su mensaje ya aprendido, mirando a cámara y en pocas ocasiones dirigiéndose a teórico oponente o replicante.
Santos se apuntaló en su imagen de hombre de Estado que busca la paz para todos los colombianos, además de destacar el buen balance económico de su gestión, en el contexto de América Latina; Zuluaga insistió en presentarse como “víctima” de una trampa por el video en que aparece con el hacker del proceso de paz con las FARC, por mucho que la fiscalía verificó su autenticidad;  Peñalosa ejerció de hombre bueno, hasta el punto que llegó a decir que no aspira a ser presidente –todo un sincericidio, si su Alianza Verde acaba hundiéndose; Ramírez reprochó al presidente que quiera erigirse en la única opción para la paz, cuando todos la buscan, dijo; y Clara López, finalmente, la más sólida con diferencia, acusó a los dos grandes rivales de haber hundido su pugna en una guerra sucia.
Tan cierto es esto último que el propio Santos había abierto su turno admitiendo que la carrera por las presidenciales no estuvo a la altura de los colombianos. Otro sincericidio? No, probablemente esa evidencia no quiera negarla el presidente, consciente de que se abocan a unos comicios con riesgo de récord abstencionista, en un país situado entre los 14 del mundo con menor participación.
Fue un antidebate, ante el que algunos representantes de los medios nos preguntábamos si el gran derrotado de la noche fue el periodismo. No solo por el formato del falso debate, sino también porque las pausas publicitarias adoptaron una presencia abusiva. Una gran noche, sin duda, para la taquilla del canal de televisión –Noticias Caracol-. Pobre, para los 33 millones de colombianos convocados a las urnas.
Afirmaba luego “El Tiempo”  que las mayores tensiones se produjeron detrás de las cámaras. Vaya. Nosotros creímos que los destinatarios eran los colombianos, tras una contienda sucia que avergüenza –o debería- al grueso de la clase política.


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