[Colombia] Sí o no al uribismo (más allá del Mundial)
por Gemma Casadevall
¿Vota más -o mejor- un pueblo futbolísticamente feliz? Esta es una de las preguntas intercaladas en la recta final de la segunda vuelta electoral colombiana, este domingo, y ante la cual los analistas no se deciden a aventurar una respuesta concluyente. El portal @lasillavacía enarbolaba este sábado un estudio identificado como “gringo”, según el cual una victoria de la selección de José Néstor Pékerman le daría a a Juan Manuel Santos 300.000 votos adicionales. Por debajo del medio millón de ventaja que le sacó el uribista Óscar Iván Zuluaga en la primero vuelta, pero que unido a un no evaluado factor movilización podía ayudarle a dar la vuelta al marcador.
La selección de Pékerman cumplió con creces su misión -futbolística- y dejó a Grecia, su primer rival, estupefacta bajo el 3-0, con tantos de Pablo Armero, en el minuto cinco, seguidos de los de Teófilo Gutiérrez y James Rodríguez. Hasta aquí la pincelada futbolística de la crónica electoral, en una Colombia que se enfundó la camiseta amarilla, de Bogotá a las zonas rurales, en la teórica jornada de reflexión. Queda por ver en qué se traduce todo eso cuando se cierre la votación, a las 16.00 de este domingo: si hubo la movilización que precisa Santos o si se cayó en la resaca de la felicidad, en una Colombia cuya ley seca entró en vigor al final del partido.
Al margen del factor futbolístico, durante semanas se consideró que la pregunta fundamental ante los comicios se concentraba en el sí o el no al proceso de paz con las FARC -y, tras el anuncio de apertura de negociaciones, también con el ELN- auspiciado por el presidente Santos. Entre la primera vuelta electoral, el 25 de mayo, que dejó al uribista Zuluaga como candidato más votado -con un 29,25 %, frente al 25,69 % de Santos-, y la segunda de este domingo se ha observado un giro dulcificador por parte del aspirante en lo que respecta al diálogo con las FARC. Ya no habla de suspenderlo o cortarlo, sino de reconducirlo fuera del “formato actual, comandado desde La Habana”, especialmente en lo que concierne al controvertido capítulo de la impunidad y la futura vía política de la guerrilla.
Santos ha mantenido su consigna de que en esta elección está en juego la paz; Zuluaga llegó al fin de la campaña literalmente enfermo -laringitis- y tratando de demostrar que uribismo no es sinónimo de guerra sin fin. Y la conclusión más extendida es que Colombia no decide únicamente entre sí o no al proceso, sino entre el sí o el no al retorno del uribismo en su estado puro. Es decir -para sus detractores- al regreso del caudillo fuerte que trazó un entramado político y económico basado en el oscurantismo, la mano dura, la corrupción y el caciquismo. Para el lado uribista, la victoria de Zuluaga sería el adiós a la etapa de “castrochavismo” traidor que representa Santos, que de ministro y sucesor designado de Uribe pasó, una vez en la presidencia, a romper con la consigna de tolerancia cero hacia la guerrilla para sentarla en la mesa de negociación. Nada menos que en La Habana y, encima, reconciliado con Venezuela, uno de los países facilitadores del proceso -junto con Noruega-, tanto con las FARC como con el ELN.
Santos ha mantenido su consigna de que en esta elección está en juego la paz; Zuluaga llegó al fin de la campaña literalmente enfermo -laringitis- y tratando de demostrar que uribismo no es sinónimo de guerra sin fin. Y la conclusión más extendida es que Colombia no decide únicamente entre sí o no al proceso, sino entre el sí o el no al retorno del uribismo en su estado puro. Es decir -para sus detractores- al regreso del caudillo fuerte que trazó un entramado político y económico basado en el oscurantismo, la mano dura, la corrupción y el caciquismo. Para el lado uribista, la victoria de Zuluaga sería el adiós a la etapa de “castrochavismo” traidor que representa Santos, que de ministro y sucesor designado de Uribe pasó, una vez en la presidencia, a romper con la consigna de tolerancia cero hacia la guerrilla para sentarla en la mesa de negociación. Nada menos que en La Habana y, encima, reconciliado con Venezuela, uno de los países facilitadores del proceso -junto con Noruega-, tanto con las FARC como con el ELN.
Es, en definitiva, el sí o el no al uribismo que hasta ahora se impuso en todas las elecciones presidenciales desde 2002. Sea cuando se presentaba el propio Uribe; sea cuando envió en su lugar a un sucesor designado, al no poder optar a la reelección por imperativo constitucional. En 2010 ese sucesor designado se llamaba Santos; ahora es Zuluaga.
La abstención alcanzó el 25 de mayo un récord histórico -un 59,9 %- y fue la gran protagonista de la primera vuelta, recordaba días atrás el politólogo Yann Basset, de la Universidad de Rosario (Colombia) en diálogo con Noticias Electorales. Esta fue también la conclusión coincidente de las tres organizaciones de observación internacional presentes en los comicios -OEA, Unasur y Uniore-, asimismo consultadas por N.E. El 25 de mayo fue una especie de ensayo general en que estaba claro, para los sondeos, que dejaría como rivales a la segunda ronda a dos representantes de la derecha. Ahora ya no es un ensayo, sino que se decide el rumbo político de los próximos cuatro años.
Basset, director del Observatorio de Procesos Electorales, establecía desde su portal un paralelismo respecto al comportamiento electoral entre la primera y la segunda ronda no con las últimas presidenciales -de 2010, que ganó Santos por amplia mayoría frente al verde Antanas Mockus-, sino con las de 1998, entre Andrés Pastrana y Horacio Serpa, en que se impuso el primero.
En 2010 aumentó la abstención, así como el voto blanco, el nulo o el no marcaso, entre la primera y la segunda vuelta. Pero ahí se puede atribuir este desarrollo a que ya en la primera ronda se vio que Santos iba a arrasar a su rival, lo que desmotivó al elector, argumenta el analista. La ronda del domingo sí se presenta competitiva, puesto que Santos mantiene sus opciones a dar la vuelta al marcador electoral. Por tanto, la situación sería comparable a la de 1998 -en 2006 y 2002 no hubo segunda vuelta, cabe recordar-, en que se logró una afluencia de 2,5 millones más de votantes respecto a la primera ronda.
La gran opción de Santos para lograr la reelección es movilizar al abstencionista o el llamado voto útil contra el retorno del uribismo. El presidente no ha logrado tejerse unas alianzas sólidas, en tanto que ni Polo Democrático ni Alternativa Verde le respaldan como partidos. Pero sí obtuvo el apoyo personal de algunos de sus líderes -la izquierdista Clara López, principalmente-, que se sumaron a los que ya tenía de antemano en la primera vuelta -como el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.
Con o sin esos 300.000 presuntos votos adicionales atribuidos a la felicidad futbolera, no está claro si le alcanzará al presidente. Santos no ha logrado rectificar ante la segunda vuelta lo que, a juicio de la mayoría de los analistas, fue su gran error en la primera: centrar todo su discurso, únicamente, en el sí o el no a su proceso e ignorando las restantes grandes preocupaciones del ciudadano medio, sobre todo el urbano, para el que el conflicto con las FARC queda lejos de su realidad diario. Todo depende, de nuevo, del voto útil a este presidente derechista “light”, al que el izquierdismo y progresismo percibe como“menos malo”.
Para la elección de mañana están convocados 32.975.158 electores, esta vez con dos únicas opciones en su papeleta: Santos, de la coalición Unidad Nacional, y Zuluaga, del Centro Democrático. En suman, dos exministros de Uribe -Zuluaga lo fue de Hacienda y Santos de Defensa-. En la primera ronda acudieron a votar apenas 13,2 millones de electores. El Registrador Nacional, Carlos Ariel Sánchez, en nombre de la autoridad electoral nacional, expresaba estos días su confianza en que la participación aumente incluso un 10 % respecto al 25 de mayo.
Hay instaladas 89.389 mesas, repartidas en 10.642 puestos de votación en todo el país. Desde las 16.00 de la tarde del sábado impera la ley seca; las fronteras terrestres y fluviales estarán cerradas hasta la tarde del domingo y hay desplegados 437.000 uniformados por todo el país. Todo está preparado para un desarrollo sin altercados de los comicios, cuyas urnas se cerrarán a las 16.00 de la tarde del domingo.
A partir de ese momento, se espera la llegada de datos en Corferias, el recinto ferial y centro neurálgico del Registrador en la jornada electoral. Si se repite el ritmo vertiginoso de la transmisión de datos de la primera vuelta, una hora después el Registrador puede anunciar, con resultados irreversibles, el nombre del vencedor de las Presidenciales.
Hay instaladas 89.389 mesas, repartidas en 10.642 puestos de votación en todo el país. Desde las 16.00 de la tarde del sábado impera la ley seca; las fronteras terrestres y fluviales estarán cerradas hasta la tarde del domingo y hay desplegados 437.000 uniformados por todo el país. Todo está preparado para un desarrollo sin altercados de los comicios, cuyas urnas se cerrarán a las 16.00 de la tarde del domingo.
A partir de ese momento, se espera la llegada de datos en Corferias, el recinto ferial y centro neurálgico del Registrador en la jornada electoral. Si se repite el ritmo vertiginoso de la transmisión de datos de la primera vuelta, una hora después el Registrador puede anunciar, con resultados irreversibles, el nombre del vencedor de las Presidenciales.
