viernes, 13 de febrero de 2015

En el Imax, sin las sombras de Grey


Berlinale: la mejor pantalla para el cine indígena

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- La Berlinale brindó su mejor pantalla al cine de corte indígena de América Latina y consolidó su ciclo "Native" como una sección de protagonismo creciente en el festival, capaz de transmitir a un público amplio películas tachadas, de entrada, de minoritarias.
Cines a rebosar, con espectadores sentados en la escalera y con el desafío de contemplar filmes de bajo presupuesto sobre una pantalla de gran formato, en una sala donde habitualmente se exhiben documentales en 3D: así discurrió el ciclo en este festival, con un total de 18 cintas que recorrieron desde México a la Patagonia.
Filmes recientes o rodados en los últimos treinta años -el abanico abarca desde 1986 a 2014-, que arrancó con el inicio del festival con la proyección de "Eco de la montaña", del mexicano Nicholás Echevarría, centrado en los rituales de Sierra Madre Occidental.
En los días siguientes pasaron por la gran pantalla de "Native" películas como "Lo que lleva el río", de venezolano Mario Crespo, rodada el año pasado, así como "Madeinusa", la primera cinta de la peruana Claudia Llosa, terminada en 2006, sobre una muchacha indígena que toma las riendas de su destino.
De Chile se vio "Las niñas Quispe", una impactante película sobre tres mujeres que cuidan cabras entre pedregales, dirigida por Sebastián Sepúlveda, mientras que Bolivia exhibió "Yvy Maraey", de Juan Carlos Valdivia, en ambos casos completadas en 2013.
Los llenos de las salas de produjeron independientemente de si el director acudía a la Berlinale dentro en una gran delegación -como la de Chile, con dos películas en competición, "El Club", de Pablo Larraín, y "El botón de nácar, de Patricio Guzmán- o prácticamente en solitario, como el de Valvidia.
Cada uno de los realizadores presentes en el ciclo tuvieron su alfombra roja antes de la sesión, en formato reducido respecto a la del Berlinale Palast donde discurre la competición, y posteriormente a la proyección se desarrollaron debates con el público.
"Fue como revivir la ilusión de mi primera película, con los ojos de hoy", comentaba a Efe Llosa, presente en la Berlinale como miembro del jurado de la sección a concurso, Oso de Oro en 2009 con "La teta asustada" y de nuevo a competición en 2014 con "Aloft".
"Me impresionó la recepción, sí. Sobre todo por parte de los indígenas, mexicanos y brasileños, que forman parte del comité seleccionador y estaban también en la sala", apuntó, por su parte Valdivia, quien en su filme interpreta él mismo el papel de un director en busca de localizaciones para un proyecto.
Ambos realizadores, el boliviano como su colega peruana, mostraban cierto escepticismo hacia la denominación "cine de corte indígena" o "indigenista": "Realmente no sé si mi cine se encuadra en ese término", confesó Valdivia.
"Es una denominación un poco confusa, es cierto. Sobre todo para cineastas no indígenas, como yo, que nos sentimos en la necesidad de distanciarnos explícitamente de planteamientos paternalistas", comentó Llosa.
En sentido parecido se expresó el guatemalteco Jayro Bustamante, cuya película "Ixcanul" está incluida entre las 19 aspirantes a los Osos del festival y, por tanto, no se exhibió en ese ciclo sino en la sección a competición.
"Si la etiqueta indigenista ayudó a colocar a Guatemala en el mapa de la competición de la Berlinale, bienvenida sea", comentaba el joven realizador, cuyo filme es el primero de su país que lucha por los Osos de ese festival.
"Ni paternalista, ni colonizador, ni colonizable: éste es el concepto fundamental por el que seleccionamos nuestras películas ", comentaba por su parte la responsable de la sección, la neozelandesa Maryanne Redpath.
Su ciclo "Native" llegó en esta 65 edición de la Berlinale a su segundo año en programa, "con intención de quedarse por mucho tiempo" como parte inherente al festival.
En esta ocasión el tema fue América Latina, después de que en 2014 se consagrara al sudeste asiático. En ambos casos, para Redpath el resultado fue "una aventura", a través de etnias de nombres "que en algunos casos sigo sin poder pronunciar" y con una selección de filmes que fueron del documental a la ficción. EFE
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Bolivia y el roadmovie de Valvidia

Gemma Casadevall

Berlín, 13 feb (EFE).- El cine boliviano ocupó su espacio en la Berlinale con "Yvy Maraey", un filme dirigido por Juan Carlos Valdivia, incluido en la sección de cine indigenista "Native", que volverá a proyectarse en Berlín con la retrospectiva dedicada a ese cineasta al término del festival.
"La Berlinale ha querido visualizar unas cinematografías que no siempre llegan al público, porque no es fácil encontrar vías de distribución a unas temáticas algo minoritarias", comentó el cineasta a Efe en un aparte del festival, que se cerrará mañana con la entrega de los premios, los Osos, de la sección a competición.
"Native" incluye un total de 18 cintas, todas con carácter de exhibición, entre documentales y películas de ficción, procedentes de toda América Latina y con títulos como "Madeinusa", de la peruana Claudia Llosa, y "Las niñas Quispe", del chileno Sebastián Sepúlveda.
"Más allá del rótulo que han puesto a la sección, que tiene un sentido muy amplio, la película se ha defendido por sí misma, ha generado un gran interés", prosiguió el cineasta boliviano, cuyo filme se proyectó con el cine a rebosar y con algunos espectadores sentados en las escaleras de la sala.
Fue una experiencia "muy gratificante", a la que siguió un debate con el público asistente, entre el cual se encontraban también miembros de comunidades indígenas de México y Brasil, asesores de la responsable de la sección "Native", Maryanne Redpath.
En la película, el propio Valdivia interpreta el papel de un cineasta "karai" -blanco- que busca localizaciones para su nuevo proyecto cinematográfico, acompañado de un guanarí.
Que el director se interprete a sí mismo "forma parte del concepto" argumental, ya que se trata de reflejar una cierta "búsqueda de sí mismo", a través del contacto con el indígena y la "transformación recíproca de uno y otro".
"Abordo el conocimiento de uno mismo a través del otro. Es una reflexión sobre la identidad en que se parte de la base de que necesitas al otro para definirte", comentó.
Valdivia huye del concepto de cine indigenista "romántico", que se limita a tratar de denunciar una serie de situaciones o discriminación de estos colectivos.
"Trato a mi personaje y a su compañero de igual a igual, se rompen las barreras, ambos están al mismo nivel intelectual. Es una relación horizontal", concluye el cineasta, para quien esta perspectiva se corresponde  a los cambios operados en Bolivia, tras la llegada al poder del presidente Evo Morales.
El filme se mostrará asimismo la próxima semana, ya fuera del marco de la Berlinale, con una retrospectiva en el popular cine Babylon, en el corazón de la capital alemana.
El ciclo estará integrado por esta cinta, rodada en 2013, más "Zona Sur", de 2009 -que se estrenó en la sección Panorama del mismo festival-, y "American Visa", de 2005.
Al igual que en la proyección durante la Berlinale, el cineasta participará en un debate con el público, el tercero a su paso por la capital alemana, tras el mantenido el pasado jueves en la sede del Instituto Cervantes.
La 65 edición de la Berlinale ha ofrecido una amplia panorámica del cine actual en América Latina, con cerca de 50 títulos repartidos en sus distintas secciones y tres filmes a competición -"El club", del chileno Pablo Larraín, "El botón de nácar", de su compatriota Patricio Guzmán, así como "Ixcanul", del guatemalteco Jayro Bustamante. EFE
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