Claudia Llosa: del "Madeinusa" indígena al grandioso jurado
Gemma Casadevall
"Es grandioso, es enorme, es emocionante y al mismo tiempo arriesgado. Una labor que todos asumimos con gran responsabilidad", indicó Llosa, en conversación con Efe, tras haber visto ya todas las películas, menos una, que luchan por los premios del festival.
Obviamente, ni revela ni insinúa hacia dónde se orientan las preferencias, sean las propias o del conjunto del jurado que preside el director estadounidense Darren Aronofsky y con el actor alemán Daniel Brühl y la francesa Audrey Tautou entre sus miembros.
Hay tres directores latinoamericanos en liza -los chilenos Patricio Guzmán y Pablo Larraín, con "El botón de nácar" y "El Club", respectivamente, más el guatemalteco Jayro Bustamante, con "Ixcanul"-.
Todos ellos, así como el veterano Peter Greenaway, con la coproducción británico-mexicana "Einsenstein in Guanajuato", están muy arriba en las quinielas de la crítica internacional que circulan por el festival para hacerse con el Oro, que Llosa ya se llevó a casa, en 2009, con "La teta asustada".
"Ese premio fue el origen de todo para mi. La rampa a la internacionalidad que yo, representante de una cinematografía modesta, como es la peruana, no podía imaginar", recuerda Llosa, en una pausa de las deliberaciones con sus compañeros.
A su participación en 2009 en la Berlinale siguió "Aloft" -"No llores, vuela", en su título en español-, incluida de nuevo en competición en 2014, con Jennifer Connelly al frente y ahora en cartelera.
"Fue algo así como mi consolidación como directora. Una película que probablemente yo no habría podido hacer, o al menos no con los recursos que logré movilizar, de no haber sido por Berlín", indica.
"La teta asustada" estaba apuntalada en la interpretación de Magaly Solier, protagonista asimismo de "Madeinusa", el film primerizo de Llosa, rodado en 2006, y que se exhibe en este festival en el ciclo "Native", dedicado al cine indígena de toda América Latina.
"La Berlinale es emocionante hagas lo que hagas. Si estás en el jurado, porque estás en el jurado. Si vienes con una película de esas características, aparentemente para público minoritario, porque te encuentras con una sala llena a rebosar de público", explicó.
"Madeinusa", la historia de la muchacha indígena que decide tomar las riendas de su vida, fue proyectada el martes, seguida de un breve coloquio con el público, "donde se me preguntó de todo", apunta, incluidas las preferencias que como jurado no debe delatar.
El festival berlinés siempre ha sido "muy abierto a América Latina", explica, especialmente esta 65 edición, con cerca de 50 películas en sus distintas secciones, pero eso no implica que vaya a tener un trato preferencial.
"La Berlinale ofrece un abanico muy amplio de formas de ver el cine. Hay un gran interés por Latinoamérica desde hace años porque la evolución de nuestro cine, en la última década, es increíble", concluye, para volver a su trabajo como jurado, el último "regalo" que por ahora ha recibido de la capital alemana. EFE
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La Berlinale escarba en el alma del sencillo obrero que quiso matar a Hitler
Gemma Casadevall
Berlín, 12 feb (EFE).- La Berlinale entró hoy en la recta final con la historia de Georg Elser, el sencillo obrero de pueblo que trató de asesinar a Adolf Hitler, meses después del arranque de la II Guerra Mundial y exponente del resistente en solitario contra la monstruosidad del régimen nazi.
"Elser. 13 Minuten", dirigida por Oliver Hirschbiegel, era el plato fuerte de la jornada, que se exhibía fuera de competición pero en la sección oficial, mientras que la única concursante del día fue la italiana "Vergine Giurata", de la neófita Laura Bisputi.
"Fue un visionario o un héroe. Un joven que podría haberse dedicado a disfrutar de su éxito con las mujeres, pero que tuvo los huevos de jugársela", explicó el director, quien vuelve así sobre el nazismo, diez años después de recrear los últimos días de Hitler en su búnker, en "Der Untergang" -"El Hundimiento"-,
Christian Friedel interpreta el papel de ese joven de pueblo, músico, amante de una mujer casada, aprendiz de relojero y obrero de una planta metalúrgica donde acaban como esclavos del nazismo algunos de sus buenos amigos, militantes comunistas.
Los 13 minutos del título son les que le faltaron para lograr su objetivo: que la bomba de relojería colocada bajo la tribuna donde iba a hablar Hitler, el 8 de noviembre de 1939, en una cervecería de Múnich, estallase justo cuando el Führer pronunciaba su discurso.
El destino quiso que el dictador avanzase su retirada y que en su lugar murieron varias personas -algunos, empleados de la cervecería-, mientras que Elser fue detenido y torturado, en busca de una confesión completa sobre quienes estaban detrás del atentado.
"Es un personaje algo desconocido, en comparación de los iconos de la resistencia contra Hitler", indicó el director.
Su película alude, a través del investigador del Tercer Reich encargado del caso, Arthur Nebe, a la conspiración del oficiales nazis en torno a Claus Schenk zu Stauffenberg, que años después, en julio de 1944, fallaron también en el intento de matar a Hitler.
Nebe creyó en la versión del joven, quien sostenía no tener cómplices ni militar en el Partido Comunista, por mucho que la Gestapo estaba empeñada en que "confesara" lo contrario.
Hirschbiegel traza un vínculo entre el fallido magnicidio en solitario del joven del sur de Alemania y la conjura de aristócratas y oficiales, a través la figura de Nebe, ejecutado tras el fracaso del atentado liderado por Stauffenberg.
Elser pasó años en el campo de concentración Sachsenhausen y murió ejecutado en el de Dachau en abril de 1945, pocas semanas antes de la capitulación del Tercer Reich.
Su figura quedó a la sombra de la conjura de la elite militar de Stauffenberg o la resistencia pacífica de los hermanos Sophie y Hans Scholl -inspiradores de la película "Sophie Scholl. Die letzten Tage", de Marc Rothemund, estrenada en la Berlinale de 2005.
Hace apenas tres años se inauguró un monumento a Elser, en forma de silueta de acero del rostro del joven, de 17 metros de altura, precisamente instalada a pocas manzanas de la sede de la Berlinale.
Fue reconocimiento "algo tardío", para alguien que pudo haber cambiado el rumbo de la historia y que es un "ejemplo de coraje cívico", en palabras de Hirschbiegel, frente a la gran mayoría que aparentó no ver cómo la Gestapo se llevaba a rastras de sus casas a judíos o enemigos del régimen nazi.
La película aportó la dosis de incursión en la historia, grande o pequeña, del nazismo, obligada en toda Berlinale.
La sección a competición se limitó a "Vergine Giurata", dirigido por la debutante Bispuri entre Italia y Albania y alrededor de una tradicional ancestral del ámbito rural albano, según la cual ciertas jóvenes renuncian a su feminidad y juran mantenerse vírgenes, tras lo cual pasan a comportarse y vestirse como hombres.
Ese será el caso de Hana -o Mark, tras su juramento- que de las montañas albanas desciende a Italia, para empezar ahí un proceso de liberación del juramento que en realidad la condenó a comportarse como un ser asexual.
"Vergie Giurata" llegó al festival entre recomendaciones entusiastas del director de la Berlinale, Dieter Kosslick. Su formato de cine de bajo presupuesto, de una directora debutante y sobre unos personajes femeninos fuertes le da cierta áurea de "premiable", a lo que se une la muy buena interpretación de su protagonista, Alba Rohrvacher. EFE
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