"Los poetas no mueren": Lübeck se despide de su tercer Nobel
Gemma Casadevall
Lübeck (Alemania), 14 abr (EFE).- Lübeck, la ciudad donde ayer murió Günter Grass, encajaba hoy con sencillez el adiós a uno de sus convecinos más ilustres, el "tercer ciudadano Nobel" que despide esa tranquila localidad del norte de Alemania, tras el escritor Thomas Mann y el excanciller Willy Brandt.
"Tote Dichter sterben nicht" -"Los poetas muertos no mueren", en traducción literal- era una de las dedicatorias plasmadas en el libro de condolencias de la Günter Grass Haus, una suerte de casa museo abierta en vida del escritor en esa ciudad hanseática.
Un par de velas prendidas ante la puerta, más algunas flores, recordaban ante el edificio de la Glockengiesserstrasse al Nobel de Literatura 1999, considerado el escritor actual más universal en lengua alemana e intelectual incómodo, que se tomó como un deber el incidir en todo debate político, social o literario.
Ahí solía recibir el escritor a los medios, para evitar el revuelo en su domicilio privado de Behlendorf, un pueblecito a las afueras de Lübeck. Ahí expuso también algunos de sus dibujos, leyó sus poemas y presentó algunos de sus libros.
De Brandt fue Grass un entusiasta compañero en campañas electorales, actividad que nunca dejó completamente de lado, pese a algunas fases de distanciamiento de las filas socialdemócratas, a las que por encima de los disensos siempre acababa alentando.
El centro de Lübeck recuerda a Grass y Brandt, como conserva asimismo el espíritu de Thomas Mann, Nobel de Literatura en 1929, cuya obra "Die Buddenbrooks" es un monumento literario a la ciudad.
Lübeck perdió el lunes a su "tercer" Nobel, el escritor nacido en Gdanks (Polonia) pero que adoptó como residencia esa ciudad alemana, en una especie de hermandad con Brandt y Mann.
El fallecimiento de Grass coincidió con una las raras ocasiones en que la ciudad no estaba sumida en la tranquilidad que la caracteriza, sino en pleno revuelo político y policial.
La casa Brandt, como la de Grass, quedaban en la zona acordonada por la policía, por celebrarse en la ciudad la reunión de ministros de Exteriores del G7, preámbulo de la cumbre de los líderes de las siete potencias -EEUU, Alemania, Italia, Francia, Japón, Canadá y Reino Unido- que se celebrará en Baviera el próximo junio.
El ministro alemán y anfitrión de la reunión, Frank-Walter Steinmeier, otro socialdemócrata, buscó la forma de acercarse a firmar en el libro de condolencias de Grass, para pasar luego a la casa de Brandt y asistir a un debate con estudiantes de la ciudad.
Ambas casas-museo se comunican por el interior, a modo de reflejo del diálogo en que se mantuvieron Brandt y Grass.
"Una ciudad con tres Nobel no debería perder la calma por la llegada siete ministros. Pero sí, hay cierto aire de estado de excepción", bromeaba Marc Langentepe, portavoz del ayuntamiento, ante el operativo desplegado -3.500 policías- ante la cita entre los titulares de Exteriores.
"Disculpen las molestias: pasado mañana esto volverá a ser como siempre", comentó Steinmeier, acercándose a una mujer, con su hijo en brazos, ambos aguardando detrás del cordón policial a que terminase la visita ministerial.
"Estamos buscando la fecha adecuada con la familia, porque van a ser varios los lugares de Alemania y formatos en que se le despida", indicó el director de la Casa Günter Grass, Jörg-Philipp Thomsa.
El lugar elegido será el teatro de la ciudad, al que se espera acuda el director Volker Schlöndorff, quien llevó al cine "El tambor de hojalata", la novela que catapultó a Grass a escala internacional, en 1959, y le dio un Oscar al cineasta, veinte años después. EFE
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