El Parlamento alemán aprueba con nota la reunificación sin obviar sus puntos flacos
Gemma Casadevall
Berlín, 2 oct (EFE).- El Bundestag (cámara baja del Parlamento alemán) dio
hoy un aprobado con nota alta a la reunificación del país, en la víspera del 25
aniversario del Tratado de Unidad, aunque sin obviar sus puntos flacos y la
persistente desigualdad entre el este y el oeste.
La cámara baja repasó los
logros del cuarto de siglo de la nueva Alemania, con coincidencia entre los
grupos parlamentarios en que el principal de ellos fue que el antiguo territorio
comunista entró ese 3 de octubre de 1990 en la órbita de la libertad y la
democracia.
"No soy una ingenua. Sé que no hemos logrado aún la equiparación
de sueldos y jubilaciones", indicó la socialdemócrata Iris Gleicke, responsable
del Gobierno para la activación del este Alemania.
Será preciso mantener los
estímulos económicos a esta mitad del país, indicó Gleicke, al presentar al
plenario su informe anual sobre la situación este-oeste y admitir que no todo en
la evolución social y económica que arrancó en 1990 fue positivo.
"Y, sin
embargo, tenemos mucho que festejar mañana", prosiguió, ante las conmemoraciones
de la entrada en vigor del Tratado, cuyo acto político central tendrá lugar en
Fráncfort, mientras que en Berlín se celebrará una gran fiesta ciudadana.
Se
recordará así un proceso que se cerró once meses después de la caída del Muro de
Berlín -el 9 de noviembre de 1989-, que implicó la extinción de la República
Democrática Alemana (RDA) y la integración de su territorio y población en la
República Federal de Alemania (RFA).
La reunificación fue "una ganancia para
todos", apuntó el líder de la Izquierda, el postcomunista Gregor Gysi, quien en
los años siguientes a la reunificación tuvo que luchar contra los intentos por
arrinconarle políticamente.
La división del país no arrancó de una
imposición de la RDA, prosiguió, sino que fue el "castigo" de las potencias
aliadas tras la II Guerra Mundial, un conflicto que arrancó de la monstruosidad
del nazismo, recordó, y que dejó 50 millones de muertos.
Gysi se despidió
con su discurso como líder del grupo parlamentario izquierdista, función con la
que se ha ganado -también entre sus enemigos político- el reconocimiento como
uno de los oradores más brillantes y temidos del Bundestag.
Su retirada como
líder de la primera fuerza de la oposición -aunque seguirá como diputado-
reflejó también la extinción progresiva de la clase política etiquetada de
"heredera" de la RDA.
Un cuarto de siglo después de la reunificación,
Alemania está liderada por una mujer crecida en territorio del este, Angela
Merkel, y su primer cargo representativo fue un pastor protestante de esa mitad
del país, el presidente Joachim Gauck.
Ni uno ni otro son identificables con
la RDA: Merkel entró en la política tras la caída del Muro, como viceportavoz
del gobierno de transición de Lothar de Maizière; Gauck fue un destacado
disidente, al que el canciller Helmut Kohl puso en 1990 al frente de la tutela
de los archivos de la Stasi -la policía política de la RDA-.
Gysi superó con
los años el ostracismo político, pero nunca se liberó del todo de la etiqueta de
heredero del régimen o confidente de la Stasi con los que, hasta hoy, se trató
de deslegitimarlo.
Sin embargo, también él dio su aprobado a una
reunificación que "trajo libertad y democracia" y que "supuso un enriquecimiento
personal para muchos, como yo mismo", añadió, jugando con el sentido, metafórico
y literal, de ese término.
También aludió Gysi -como hicieron, en mayor o
menor medida, el resto de oradores de las filas gubernamentales o de la
oposición- a los desniveles en sueldos y jubilaciones o a la pérdida a los
valores morales colectivos que, en su opinión, existieron en la RDA.
Las
cifras del informe anual reflejan los desniveles entre las dos mitades del país:
el producto interior bruto (PIB) por habitante del este se duplicó desde 1990,
pero sigue un tercio por debajo del oeste alemán; el desempleo bajó a mínimos y
se sitúa en un 9,8 %, frente al 5,9 % del oeste.
Son claros avances, desde
la situación inicial que arrojó al ciudadano del este a la frustración, ya que
en lugar del "paisaje floreciente" prometido por Kohl se pasó a niveles de paro
del 30 %.
Los costes de este proceso son tan gigantescos como lo fue el
desafío diplomático de negociar a seis bandas -las dos Alemanias y las potencias
aliadas (Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Unión Soviética)- hasta cerrarse
el Tratado de Unidad.
Un reciente estudio de la Universidad Libre de Berlín
estimaba en 2 billones de euros el total de transferencias recibidas por el
este, así como programas de estímulo económicos, de los cuales entre un 60 y el
65 % se destinaron a prestaciones sociales y pensiones. EFE
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