viernes, 2 de octubre de 2015

Adiós a Gregor

El Parlamento alemán aprueba con nota la reunificación sin obviar sus puntos flacos

Gemma Casadevall


Berlín, 2 oct (EFE).- El Bundestag (cámara baja del Parlamento alemán) dio hoy un aprobado con nota alta a la reunificación del país, en la víspera del 25 aniversario del Tratado de Unidad, aunque sin obviar sus puntos flacos y la persistente desigualdad entre el este y el oeste.
La cámara baja repasó los logros del cuarto de siglo de la nueva Alemania, con coincidencia entre los grupos parlamentarios en que el principal de ellos fue que el antiguo territorio comunista entró ese 3 de octubre de 1990 en la órbita de la libertad y la democracia.
"No soy una ingenua. Sé que no hemos logrado aún la equiparación de sueldos y jubilaciones", indicó la socialdemócrata Iris Gleicke, responsable del Gobierno para la activación del este Alemania.
Será preciso mantener los estímulos económicos a esta mitad del país, indicó Gleicke, al presentar al plenario su informe anual sobre la situación este-oeste y admitir que no todo en la evolución social y económica que arrancó en 1990 fue positivo.
"Y, sin embargo, tenemos mucho que festejar mañana", prosiguió, ante las conmemoraciones de la entrada en vigor del Tratado, cuyo acto político central tendrá lugar en Fráncfort, mientras que en Berlín se celebrará una gran fiesta ciudadana.
Se recordará así un proceso que se cerró once meses después de la caída del Muro de Berlín -el 9 de noviembre de 1989-, que implicó la extinción de la República Democrática Alemana (RDA) y la integración de su territorio y población en la República Federal de Alemania (RFA).
La reunificación fue "una ganancia para todos", apuntó el líder de la Izquierda, el postcomunista Gregor Gysi, quien en los años siguientes a la reunificación tuvo que luchar contra los intentos por arrinconarle políticamente.



La división del país no arrancó de una imposición de la RDA, prosiguió, sino que fue el "castigo" de las potencias aliadas tras la II Guerra Mundial, un conflicto que arrancó de la monstruosidad del nazismo, recordó, y que dejó 50 millones de muertos.
Gysi se despidió con su discurso como líder del grupo parlamentario izquierdista, función con la que se ha ganado -también entre sus enemigos político- el reconocimiento como uno de los oradores más brillantes y temidos del Bundestag.
Su retirada como líder de la primera fuerza de la oposición -aunque seguirá como diputado- reflejó también la extinción progresiva de la clase política etiquetada de "heredera" de la RDA.
Un cuarto de siglo después de la reunificación, Alemania está liderada por una mujer crecida en territorio del este, Angela Merkel, y su primer cargo representativo fue un pastor protestante de esa mitad del país, el presidente Joachim Gauck.
Ni uno ni otro son identificables con la RDA: Merkel entró en la política tras la caída del Muro, como viceportavoz del gobierno de transición de Lothar de Maizière; Gauck fue un destacado disidente, al que el canciller Helmut Kohl puso en 1990 al frente de la tutela de los archivos de la Stasi -la policía política de la RDA-.
Gysi superó con los años el ostracismo político, pero nunca se liberó del todo de la etiqueta de heredero del régimen o confidente de la Stasi con los que, hasta hoy, se trató de deslegitimarlo.
Sin embargo, también él dio su aprobado a una reunificación que "trajo libertad y democracia" y que "supuso un enriquecimiento personal para muchos, como yo mismo", añadió, jugando con el sentido, metafórico y literal, de ese término.
También aludió Gysi -como hicieron, en mayor o menor medida, el resto de oradores de las filas gubernamentales o de la oposición- a los desniveles en sueldos y jubilaciones o a la pérdida a los valores morales colectivos que, en su opinión, existieron en la RDA.
Las cifras del informe anual reflejan los desniveles entre las dos mitades del país: el producto interior bruto (PIB) por habitante del este se duplicó desde 1990, pero sigue un tercio por debajo del oeste alemán; el desempleo bajó a mínimos y se sitúa en un 9,8 %, frente al 5,9 % del oeste.
Son claros avances, desde la situación inicial que arrojó al ciudadano del este a la frustración, ya que en lugar del "paisaje floreciente" prometido por Kohl se pasó a niveles de paro del 30 %.
Los costes de este proceso son tan gigantescos como lo fue el desafío diplomático de negociar a seis bandas -las dos Alemanias y las potencias aliadas (Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Unión Soviética)- hasta cerrarse el Tratado de Unidad.
Un reciente estudio de la Universidad Libre de Berlín estimaba en 2 billones de euros el total de transferencias recibidas por el este, así como programas de estímulo económicos, de los cuales entre un 60 y el 65 % se destinaron a prestaciones sociales y pensiones. EFE
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