domingo, 19 de junio de 2016

18 votos

Berlín, 25 años después de convertirse en nuevo centro del poder

Gemma Casadevall

Berlín, 19 jun (EFE).- El protagonismo de Berlín como centro del poder de la primera economía europea se debe a una votación parlamentaria que, hace 25 años, le dio su estatus de capital, una decisión que decantó un encendido discurso del entonces ministro del Interior, Wolfgang Schäuble. 
"Me sorprendió que fuera tan difícil lograr una mayoría a favor de Berlín", recordaba hoy en el diario "Berliner Morgenpost" el ahora titular de Finanzas de la canciller Angela Merkel, sobre la votación del Bundestag (cámara baja) del 20 de junio de 1991. 
Schäuble era entonces ministro de Helmut Kohl y el arquitecto del Tratado de Unidad con el que se selló la extinción de la República Democrática Alemana (RDA), el 3 de octubre de 1990, once meses después de la caída del Muro. 
Apenas 18 votos de ventaja -entre 660 diputados- dieron la victoria a la propuesta de trasladar el Gobierno y el Parlamento de Bonn a Berlín, la ciudad que tras la derrota del nazismo quedó dividida en cuatro sectores, uno por cada aliado vencedor de la II Guerra Mundial -EEUU, Unión Soviética, Francia y Reino Unido-. 
"No se trata sólo de elegir entre Bonn y Berlín. Se trata de nuestro futuro, del futuro de la Alemania unida", clamó Schäuble, en un debate de más de diez horas desde el Bundestag. 
Bonn, una tranquila ciudad renana, había ejercido de capital tras la fundación de la República Federal de Alemania (RFA). En el sector este del Berlín partido por el Muro tenía su capital la comunista RDA. 
Schäuble logró decantar el voto del Bundestag a favor de Berlín, en una decisión en que ganó el argumento del peso histórico frente al pragmatismo o la comodidad. 
El pulso estaba entre la "aldea federal", como se apodó a Bonn, y un Berlín al que algunos identificaban con la antigua arrogancia prusiana, otros con el Tercer Reich o con el muro y otros con el gasto colosal del gran traslado institucional. 



"Los 16 jefes de Gobierno de los 'Länder' preferían a Bonn. La única excepción fue el alcalde-gobernador de Berlín. No podía creerlo", prosigue Schäuble desde el citado diario. 
Los recelos no se limitaban al Bundestag de Bonn, sino también de los "Länder", incluidos los que pertenecieron a la RDA y que recién se habían incorporado a la RFA como "nuevos estados federados". 
Los defensores de Bonn argumentaban que esa ciudad representaba a la nueva Alemania y que la pérdida de la capitalidad iba a acarrear a su región la destrucción de 100.000 puestos de trabajo. 
A estos argumentos se sumaban otros, que no se solían confesar en voz alta -menos en un debate histórico- y que remitían al sosiego de una ciudad de 300.000 habitantes donde los diputados iban de casa a la oficina paseando, frente a un Berlín con reputación de ciudad pobre, sucia, terrible y, encima, patas arriba. 
Ganó la visión de Schäuble y arrancó la construcción de la nueva capital federal. Ello implicó reorganizar un barrio gubernamental entre nuevos edificios -como la Cancillería- y otros identificados con muchas convulsiones históricas -como el Reichstag-. 
Pasaron aún ocho años hasta que en 1999 se produjo el traslado de oficinas, parlamentarios y demás funcionariado a Berlín. 
En medio quedó el "empaquetado" del Reichstag por el artista búlgaro Christo, que en 1994 envolvió el edificio construido en tiempos prusianos, quemado por los nazis y bombardeado por los aliados para desenvolverlo meses después, liberado de esas cargas. 
El 25 aniversario de la votación parlamentaria sirvió ahora para recordar que la mudanza sigue incompleta: Bonn mantiene su estatus de co-capital federal y sede de seis ministerios -del total de 14-. 
Es un estatus ficticio, puesto que el poder se ejerce en Berlín, donde esos ministerios bonnenses tienen una llamada segunda sede. 
Los costes de la doble capitalidad ascienden a 7.500 millones de euros anuales y las reclamaciones para poner fin a este lujo son insistentes, principalmente desde el gobierno regional de Berlín. 
No es ésta la única asignatura pendiente de Berlín: quien aterriza o despega desde Berlín lo hace en los obsoletos aeropuertos de Tegel (oeste) o Schönefeld (este). 
El nuevo y gran aeropuerto a la medida de la primera economía europea, que debería haber empezado a funcionar en 2011, sigue sin fecha de apertura, inmerso en escándalos por retrasos y sobrecostes. EFE  gc/ah