Merkel, ante el trago de aplaudir una condena a Erdogan
Gemma Casadevall
Berlín, 9 jun (EFE).- La canciller Angela Merkel se vio hoy en la delicada situación de aplaudir la condena del Parlamento federal al presidente turco, Recep Tayyid Erdogan, su aliado frente a la crisis migratoria, quien pisó la línea roja al atacar a los diputados germano-turcos.
La imagen de la canciller sumándose a la ovación del plenario, en solidaridad con sus parlamentarios de origen turco, marcó distancias respecto a su ausencia hace una semana, cuando la cámara baja reconoció casi por unanimidad el genocidio armenio.
Su aplauso no tenía el énfasis del de otros diputados, pero las cámaras se clavaron en ella, como lo hicieron en el líder de los Verdes, Cem Özdemir, impulsor de la resolución y en el ojo del huracán de los ataques de Ankara.
"Que en el siglo XXI, un presidente elegido democráticamente critique a diputados del Bundestag, elegidos democráticamente, y cuestione su origen turco afirmando que su sangre está podrida es algo que nunca hubiera imaginado", afirmó el presidente del Bundestag, Norbert Lammert, encargado de formular la condena..
"Los ataques a esos diputados lo son a todo el Bundestag", afirmó el presidente del Bundestag, quien abrió su intervención indicando que contaba con el acuerdo de todos los grupos parlamentarios.
Lammert no dudó en situar a Erdogan como "instigador" indirecto de las amenazas difundidas estos días por las redes sociales y advirtió de que la cámara "actuará en consecuencia" y "de acuerdo a la ley" ante lo ocurrido.
Berlín verbalizó la condena a través de Lammert -quien días atrás había atribuido "ambiciones autocráticas" a Erdogan-, mientras que el presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, recriminó por carta a Ankara los ataques a los diputados.
La reacción del Bundestag y de la Eurocámara sigue al cúmulo de amenazas de Erdogan, quien de antemano había advertido de serias consecuencias en la relación bilateral por la resolución sobre el genocidio armenio.
Ankara rechaza ese término para referirse a las matanzas sobre esa y otras minorías cristianas, con hasta 1,5 millones de muertos, ocurridas hace más de un siglo bajo el Imperio Otomano.
Que el Bundestag admitiera la corresponsabilidad alemana, como país entonces aliado de los otomanos, no calmó a Turquía.
A la aprobación del texto por el Bundestag, hace una semana, siguieron varias andanadas de Erdogan, como su frase "invitando" a los diputados alemanes de origen turco a hacerse análisis de sangre, además de etiquetarlos de "prolongación" del brazo político del clandestino Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).
Özdemir, un hijo de inmigrantes que en 1994 se convirtió en el primer diputado de origen turco del Bundestag, está desde entonces bajo protección policial.
"No importa lo que haga Erdogan. No voy a ceder en la cuestión del genocidio armenio. Sus amenazas me hacen más fuerte", apuntó el líder verde, en declaraciones al diario "Westfalen Blatt".
Las ansias de Merkel de frenar la llegada de refugiados -1,1 millones recibió Alemania en 2015- con ayuda de Erdogan se han girado su contra.
Lejos de atenuarse las tensiones, ha pasado a verse confrontada con la acusación persistente de dejarse extorsionar, como cuando dio luz verde a la demanda por injurias de Ankara por un poema satírico de un humorista alemán.
Las reacciones airadas de Turquía se dispararon con la resolución del genocidio armenio y ayer su portavoz, Ibrahim Kalin, habló de la preparación de un "plan de acción" contra Alemania orquestado por el ministerio de Exteriores.
Merkel optó hasta ahora por tratar de calmar los ánimos con condenas tibias, quizás confiando en que el chaparrón bilateral amainaría.
Hoy no pudo quedarse al margen del aplauso solidario a los diputados emanados el voto soberano de Alemania, país donde viven 3,5 millones de conciudadanos de origen turco. EFE
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