Ansbach, una ciudad bávara sacudida por un suicidio yihadista que pudo ser matanza
Gemma Casadevall
Ansbach (Alemania), 25 jul (EFE).- La ciudad bávara de Ansbach (sur) quedó sacudida por la explosión provocada por un suicida sirio de 27 años, que podría haber derivado en una matanza si éste hubiera logrado su objetivo: acceder a un concierto al aire libre con miles de asistentes.
El corazón del casco antiguo de esa localidad de apenas 40.000 habitantes, a 40 kilómetros de Nuremberg, aparecía hoy cruzado por cordones policiales en las inmediaciones de la plaza donde ayer la banda pop alemana "Joris" actuaba ante 2.500 aficionados, último día de su Festival Open 2016.
Una detonación a las 22.10 hora local (20.10 GMT) puso fin a la fiesta, entre escenas de pánico que afortunadamente no contribuyeron a agravar la situación, por lo que hasta ahora se sabe.
"Hemos estado muy, muy cerca del baño de sangre que todos temen en Alemania", comentó a Efe Julius Dreichmeier, un panadero de 35 años, indicando el cruce de calles donde ayer pretendió acceder al recinto el presunto atacante, que además de provocar su propia muerte dejó 12 heridos.
No logró acceder a la fiesta porque no tenía entrada -"entre 35 y 55 euros costaba el tícket", apuntó el panadero, que sí había estado ahí el día anterior. Según este vecino esa era la cantidad que marcó la diferencia entre una sacudida por un atentado suicida en la ciudad y una tragedia, a saber con cuántas víctimas.
Ansbach, una bonita población bávara, pero sin mayor resonancia fuera de la región, se convirtió así ayer en el tercer escenario del horror en menos de una semana, los tres en Baviera, tras Würzburg, otra ciudad de provincias y la capital, Múnich.
En Würzburg se produjo el lunes anterior el ataque del refugiado afgano de 17 años, quien se lanzó sobre los pasajeros de un tren regional con un hacha y un cuchillo, y dejó cinco heridos graves, antes de ser abatido por la policía.
Probablemente actuó inspirado por la propaganda de Estado Islámico (EI), ya que antes de su ataque había dejado un vídeo en que se declaraba "soldado del califato".
En Múnich la sacudida fue mucho mayor, con balance de diez muertos -incluido el agresor, un alemán-iraní de 18 años, con transtorno depresivos y obsesionado por baños de sangre como el del noruego Anders Breivik y diversas matanzas en escuelas alemanas.
En este caso no se han percibido, hasta ahora, indicios de un trasfondo islamista en el joven, crecido en Alemania, del que se supone que llevaba un año preparando lo que al parecer era una venganza por situaciones de acoso escolar.
Por lo que se conoce hasta ahora del sirio de 27 años, un solicitante de asilo al que habían rechazado su petición el año pasado y que debería haber sido expulsado del país, se apunta a que estaba determinado a quitarse la vida llevándose a varios por delante.
"Que todo este esté pasando en Baviera es terrible. La presión aquí contra la llegada de refugiados era ya enorme. Ahora nos mirarán de reojo en cuanto nos vean a un par de nosotros juntos, en el metro o en un bar", decía con tristeza un amigo del panadero de madre turca y padre alemán, apodado Dino.
Baviera, donde gobierna desde hace décadas la conservadora Unión Socialcristiana (CSU), fue el "Land" por el que ingresaron el año pasado la mayor parte de los 1,1 millones de solicitantes de asilo que recibió Alemania.
El líder del partido y del Gobierno regional, Horst Seehofer, fue también quien más presión ha ejercido desde hace meses sobre la canciller Angela Merkel para que impusiera un tope a la llegada de asilados.
Su ministro de Interior, Joachim Herrmann, encargado ayer de ofrecer las primeras informaciones policiales, pasadas las 03.00 de la madrugada (01.00 GMT), consideró que el hecho de intentar matar a más personas en la explosión, en las cercanías de un festival de música al aire libre, apunta a un atentado islamista. EFE gc/ig