domingo, 16 de octubre de 2016

El ojo derecho policial


Alemania cruza datos entre un terrorista neonazi y una niña asesinada en 2001

Gemma Casadevall

Berlín, 16 oct (EFE).- A la siniestra historia de Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU), el trío de neonazis que entre 2000 y 2007 asesinó impunemente a nueve inmigrantes, se sumaron ahora indicios que vinculan a uno de sus miembros con la pornografía infantil y la muerte de al menos una niña, ocurrida hace 15 años y nunca aclarada. 
La existencia de la NSU salió a relucir el 4 de noviembre de 2011, a raíz del suicidio en una furgoneta de Uwe Böhnhardt y Uwe Mundlos, acosados por la policía tras cometer un atraco, a lo que siguió la voladura de la casa que compartían con Beate Zschäpe, compañera de los dos. 
En el vehículo de los dos neonazis, la policía incautó el arma con que habían sido asesinados nueve pequeños comerciantes, además de una agente de la policía, pero también un oso de peluche, un muñeco de plástico, un libro infantil, una pistola de juguete y un zapato de niña, relata el diario Bild. 



En las ruinas de la casa que voló por los aires Zschäpe, a la que se juzga desde en Múnich por terrorismo ultraderechista, se halló un ordenador entre cuyos contenidos había pornografía infantil, además de un cómic detallando el recorrido de los nueve asesinatos de inmigrantes cometidos en distintas partes del país. 
El hecho de que hasta entonces no se hubieran cruzado datos en busca de una relación entre las muertes de esos comerciantes -atribuidas a ajustes de cuentas entre extranjeros- derivó en un escándalo político y policial, que la canciller Angela Merkel calificó de "vergüenza" para Alemania. 
A ello sigue ahora el estupor generado por las informaciones surgidas esta semana, según las cuales junto al esqueleto de Peggy, una niña desaparecida en 2001, cuyos restos se hallaron el pasado julio en un bosque del "Land" de Turingia, había rastros del ADN de Böhnhardt. 
Las investigaciones están en un estado muy inicial y el hilo entre los crímenes del neonazi y el caso de Peggy es muy débil, admitió con rostro apesadumbrado el ministro del Interior, Thomas de Maizière. 
La posibilidad de que la presencia de huellas de ADN del neonazi en el lugar donde se encontraron los restos de la pequeña de nueve años se deban a factores accidentales o a un fallo del instituto forense ha quedado sin embargo descartada. 
En medio de la situación creada, las autoridades de Turingia, en el este, como las de la vecina Baviera han anunciado la reapertura de otros casos nunca aclarados de niños asesinados. 
Las negligencias que facilitaron a la NSU actuar impunemente durante años -incluida la destrucción de actas policiales de sus miembros, fichados desde los años 90- revitalizaron en su momento el viejo reproche izquierdista de que la policía es "ciega del ojo derecho". 
Más complejo aún resulta que no se siguiera la pista del otro material incautado en la furgoneta del doble suicidio y su eventual relación con crímenes de niños, cuestión que toca la fibra más sensible del conjunto de la ciudadanía. 
Bild recuperó hoy los indicios que apuntaban ya a una relación de Böhnhardt con asesinatos de niños y la posesión de pornografía infantil: ya en 1993 se le había investigado por la muerte de otro menor y uno de sus cómplices fue condenado en 2014 por pederastia. 
Las revelaciones han dado un vuelco al caso de la NSU y salpican el proceso contra Zschäpe, quien tras casi tres años de comparecer ante la Audiencia muniquesa en desafiante silencio hizo su primera declaración hace unas semanas. 
La única superviviente del grupo, de 40 años, se distanció ahí de las acciones de sus dos compañeros, aunque admitió haber seguido temporalmente la "ideología nacionalsocialista". 
Para los familiares de Peggy se reabre por enésima vez el calvario iniciado con la desaparición de la niña, a lo que siguió dos años después el juicio contra un hombre con problemas psíquicos, quien se confesó autor del crimen y fue condenado a cadena perpetua. 
La justicia bávara reabrió luego el proceso, al constatar contradicciones entre esa confesión y la investigación policial. 
A ello siguió, quince años después de la desaparición de Peggy, el hallazgo de sus restos y, ahora, la pista, frágil o no, de un posible vínculo con el neonazi. EFE gc/cat