El lápiz rojo holandés
by Gemma Casadevall on Mar 20th, 2017 ·
Medio mundo avanza hacia la urna electrónica en sus múltiples variantes. Pero entre las democracias consolidadas europeas sigue dominando el papel y el bolígrafo. Más aún, hay quien regresó al conteo a mano en su versión más radical. Este fue el caso de Holanda. En las elecciones generales del pasado 15 de marzo se utilizó el lápiz rojo, vía tradicional para la expresión del voto soberano en ese país, a la que ahora se sumó la vuelta al abandonado conteo a mano.
La de Holanda ha sido una historia de muchos vaivenes. El viejo lápiz rojo, protagonista de nuevo ahora en toda cabina de votación holandesa, venía utilizándose desde 1922. Ello no impidió que Holanda se convirtiera en pionera en la implementación del voto electrónico a mediados de los 60. Entre 1970 y 2007 funcionó la urna electrónica en prácticamente todo el proceso electoral, salvo en distritos donde se seguía prefiriendo el papel. En 2008, un informe de los servicios de inteligencia admitió que no se podía garantizar la inviolabilidad del sistema. Se reimplantó al lápiz rojo, pero del conteo y transmisión de datos se seguía encargando el software. Y ahora, casi diez años después, se regresó a la partida de nacimiento de las elecciones democráticas neerlandesas. Es decir, lápiz rojo y conteo a mano.
El sistema es “vulnerable”, admitió el pasado mes de febrero el ministro del Interior, Ronald Plasterk. Aunque el proceso de escrutinio se demore más, la seguridad es prioritaria, añadió. De pronto, a la vieja polémica de la vulnerabilidad o confidencialidad del voto se había sumado una nueva amenaza: el ciberataque.
No eran unas elecciones cualquiera. La democracia, tal como la conocimos, estaba en peligro, tanto a ojos del Gobierno del liberal Mark Rutte como del conjunto de la Unión Europea (UE). Una formación ultraderechista, el Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders, había despuntado en los sondeos como posible primera fuerza en el nuevo Parlamento. Un partido y un líder xenófobos, que promulgan la prohibición del Corán, el cierre de las mezquitas y también de las fronteras a la inmigración musulmana. La idea de su victoria asustaba al conjunto de fuerzas establecidas. De quedar en primera posición -incluso sin llegar a liderar un Gobierno, puesto que el resto de formaciones la descartaban como aliado-, Wilders iba a apostar por el “nexit”, el equivalente neerlandés al “brexit” que significará el abandono del Reino Unido de la UE, por la vía del referéndum. En esas condiciones, y ante la posibilidad de un codo a codo entre el PVV y el Partido de la Democracia y Libertad (VVD) de Rutte, urgía asegurarse de que un ataque cibernético no podía malversar la votación. Llegar a trastocar desde el interior del sistema la intención del votante parece bastante complejo. Pero si existía la posibilidad de hundir o colapsar la transmisión de datos, con la consiguiente incertidumbre sobre la validez de un proceso de resultado tan relevante.
Media Europa vive bajo el miedo al ciberataque orquestado desde un servicio de espionaje extranjero -es decir, ruso. El derribo en 2014 del vuelo MH17 de Malaysia Airlines sobre Ucrania, con 298 pasajeros dentro -en su mayoría holandeses- sigue siendo un trauma para ese país, que responsabiliza de lo ocurrido a los separatistas pro-rusos. La desconfianza persistente hacia Moscú se amplificó con las sospechas de “interferencias rusas” en la campaña electoral que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca. Holanda no está sola en estos temores, ahora aplicados a un proceso electoral. Los servicios secretos de Alemania llevan meses advirtiendo una “actividad creciente” del ciberespionaje ruso. La campaña electoral de los comicios generales del próximo 24 de septiembre en la primera potencia europea podría ser su gran objetivo.
El Consejo Electoral holandéz -Kiesraad- articuló un protocolo de seguridad ante los comicios neerlandeses que implicó no solo al viejo lápiz rojo, sino también del conteo a mano y la transmisión telefónica de datos. Desde cada uno de los centros de votación a la delegación de distrito y, de ahí, a la sede de La Haya. Con lápiz rojo o urna electrónica, Holanda es una democracia avanzada donde no iba a dejarse al elector -y los medios de comunicación- sin conocer los resultados a la espera de que culminase ese complejo procedimiento de escrutinio, plasmado en un detallado cronograma.
Los locales electorales se abrieron a las 07.30 de la mañana y se cerraron a las 21.00 de la noche. Al minuto, la televisión pública lanzó datos de las primeras bocas de urna. En las horas siguientes se difundieron sucesivos boletines sobre proyecciones de voto, emanados del sistema de conteo rápido -y transmisión telefónica- de datos.
Entre las boca de urna y las proyecciones apenas hubo disonancias. El VVD de Rutte de impuso claramente al PVV de Wilders. El partido del jefe del Gobierno tendrá ahora 33 escaños, del total de 150 asientos de la Cámara de Representantes y frente a los 20 del ultraderechista. Se hundieron los socialdemócratas del PvdA, que perdieron 29 escaños de los 38 que tenían; los grandes ganadores fueron los verdes de Groenlinks, que quedaran con 14 escaños, diez más que hasta ahora. La formación del nuevo gobierno llevará su tiempo. Es una cámara muy diversificada, con una docena de partidos repartiéndose 150 puestos y una primera fuerza, el VVD, alejada de la mayoría.
El Kiesraad, la autoridad electoral, no quiere precipitaciones. En su cronograma marcó ya semanas atrás la fecha y hora para presentar los datos oficiales: el martes 21.03, a las 04.00 pm. No hubo empate entre Rutte y Wilders, nadie tiene mayor prisa en conocer los detalles. Las democracias avanzadas pueden permitirse el lujo de demorar datos sin temor a impaciencias. El sistema informático es vulnerable; el viejo lápiz rojo sigue dominando la cabina de votación.
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