miércoles, 14 de marzo de 2018

Angie IV


Merkel, doce años en el poder y seis meses de férrea negociación

Gemma Casadevall

Berlín, 14 mar (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, logró hoy la reelección para un cuarto mandato, tras doce años en el poder y seis meses de férrea negociación en busca de un Gobierno estable en los que se revalidó como exponente de perseverancia y sangre fría. 
La líder alemana ha tenido que salvar más obstáculos que ninguno de sus antecesores hasta conseguir la investidura, tras decidir en 2016 que iba a luchar por la reelección, de acuerdo a la norma alemana de que un canciller no rehuye voluntariamente las urnas. 
En ese momento parecía relanzada como modelo de estabilidad entre líderes de comportamiento imprevisible -como el presidente de EEUU, Donald Trump-, pero la situación que se encontró tras las elecciones generales del 24 de septiembre de 2017 fue de debilidad. 
Su bloque conservador obtuvo un 33 % de los votos, el segundo resultado más bajo desde 1949; los socialdemócratas se hundieron en su mínimo histórico, un 20,5 %, y la ultraderecha entró en el Bundestag, por primera vez desde los años 50, con un 12,6 %. 
A la "mutti" ("mamá") de la nación, como se había apodado a la mujer más poderosa del mundo, parecía haberla abandonado su proverbial popularidad, tras una campaña electoral salpicada por los abucheos furiosos de la ultraderecha en cada uno de sus mítines. 
Su principal rival en los comicios de septiembre, Martin Schulz, tiró la toalla en febrero, una vez logrado el pacto de coalición, al renunciar tanto a seguir al frente del Partido Socialdemócrata (SPD) como a ser el nuevo ministro de Exteriores. 
Merkel, en cambio, superó uno tras otro todos los obstáculos, con su estilo característico de imponerse sin estridencias, pero convencida de que nada la apartará de su camino. 
Primero encajó sin mayores reproches el fracaso de un primer intento de coalición con los verdes y los liberales, y finalmente superó la consulta convocada entre el casi medio millón de militantes del SPD, pese al fuerte rechazo interno a otra gran coalición. 
Los últimos seis meses han demostrado de nuevo su personalidad, evidenciada ya a lo largo de una atípica carrera política que la llevó en 2005 a convertirse en la primera mujer y el primer político crecido en el este alemán al frente de la Cancillería. 
Angela Dorothea Kasner, el nombre con el que vino al mundo en 1954, en Hamburgo, creció en una parroquia de pueblo de la ahora extinta República Democrática Alemana (RDA), donde su padre ejercía como pastor protestante. 
Su padre era un izquierdista convencido que eligió ese destino en el este, mientras que ella -quien fue secretaria de propaganda de las juventudes comunistas en la Academia de Ciencias de Berlín- no hizo carrera política hasta después de la caída del muro, en 1989. 
Debe el apellido Merkel a un matrimonio fugaz con un compañero de estudios, Ulrich Merkel, con quien se casó a los 23 años. 
Unos años después conoció a quien sigue siendo su marido, Joachim Sauer -por entonces casado y con dos hijos-, asesor de su tesis doctoral en Física e inmerso como ella en el ámbito científico, con quien convivió unos años hasta casarse, ya entrados los 90. 
Poco antes de la caída del muro de Berlín empezó a contactar con grupos disidentes y en febrero de 1990 ingresó en la Unión Cristianodemócrata (CDU). 
Dos años después, tras las primeras elecciones de la Alemania reunificada, el entonces canciller Helmut Kohl convirtió a quien para él era "la muchachita del este" en ministra de la Mujer y la Juventud, ansioso de incluir en su equipo a talentos del este. 
Alcanzó la secretaría general del partido, pero el impulso definitivo a su carrera le llegó en 1999, poco después de la derrota electoral de Kohl, cuando éste se vio envuelto en el escándalo de la financiación irregular del partido. 
Llamó a sus filas a "emanciparse" de Kohl con un artículo publicado en el diario conservador "Frankfurter Allgemeine" y tomó las riendas de la CDU en el 2000, en un momento en que sus barones prefirieron esperar a que se calmaran las aguas. 
En 2005 alcanzó la Cancillería, tras imponerse en las urnas por la mínima ventaja al animal político teóricamente superior que era el entonces canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder. 
Derrotó a otros tres rivales socialdemócratas: Frank-Walter Steinmeier, en 2009; Peer Steinbrück, en 2013, y Schulz, en 2017. 
En dos de esas legislaturas gobernó en gran coalición -la primera y la tercera-, mientras que en la segunda lo hizo con los liberales. 
En el camino hacia la reelección ha encarrilado su sucesión al frente de la CDU con la elección como secretaria general de Annegret Kramp-Karrenbauer, la "mini-Merkel", como se la apoda en Alemania. 
De culminar la actual legislatura, habrá igualado el récord de permanencia en el poder en Alemania de Kohl, quien estuvo 16 años en la Cancillería (1982-1998). EFE 
gc/nl/ah



La nueva coalición de Merkel promete cohesión en medio de las disidencias

Gemma Casadevall

Berlín, 14 mar (EFE).- El nuevo Gobierno de la canciller alemana, Angela Merkel, empezó a funcionar hoy con promesas de cohesión, tras los casi seis meses que ha tardado en materializarse y pese a que en la votación de investidura hubo numerosos votos disidentes.
"El SPD ha tenido que luchar mucho consigo mismo hasta dar el sí a otra gran coalición. Estoy segura de que están tan determinados como nosotros a llevar esta gran coalición al éxito", apuntó a Efe, en un aparte de la sesión, Julia Klöckner, vicepresidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y titular de Agricultura.
Klöckner se estrenará como ministra en esta gran coalición, en la que solo hay una titular que repite en la misma posición que en la anterior legislatura -Ursula von der Leyen en Defensa-, mientras que el resto o bien cambiaron de cartera o son rostros nuevos.
"Nos han fallado unos cuantos votos. Pero no creo que eso tenga mayor relevancia. Algo parecido ocurrió en la anterior elección y no afectó a la legislatura", sostuvo Andreas Scheuert, de la Unión Socialcristiana (CSU) bávara y también nuevo en el Ejecutivo, en su caso en Transportes.
Entre la CDU, su hermanada CSU de Baviera y el Partido Socialdemócrata (SPD) suman 399 diputados, pero la canciller obtuvo el apoyo de 364, en votación secreta.
En la anterior sesión de investidura de Merkel se registraron 39 votos disidentes en las filas de la gran coalición, que sumaba entonces 504 diputados del total de 631 escaños que tuvo el Bundestag (cámara baja) en esa legislatura.
"Por supuesto habríamos deseado una coalición con un signo claro hacia el futuro", comentó a Efe Annalena Baerbock, líder de los Verdes, en relación al propósito inicial de Merkel de formar una alianza inédita, a escala federal, con esta formación ecopacifista y los liberales.
Ese intento fracasó tras cinco semanas de negociación, al dar el Partido Liberal (FDP) por inviable esa constelación, tras lo que se abrieron las negociaciones entre el bloque conservador y el SPD, "una fórmula desgastada que no resolverá los problemas reales de Alemania", en opinión de Baerbock.
"La gran coalición aguantará toda la legislatura. El SPD teme demasiado a las urnas como para romperla", opinó por su parte el líder del FDP, Christian Lindner, quien no se considera "culpable" del fracaso de una alianza alternativa, ya que "habría sido un mal Gobierno".
Tanto Baerbock como Lindner coincidieron en que la tarea ahora consistirá en una "oposición decidida", no solo contra la gran coalición, sino frente a la ultraderecha.
"Alemania no puede absorber el peso de la inmigración ilegal a la que Merkel abrió las puertas. La gran coalición ni se plantea luchar contra los abusos de quienes acuden aquí para aprovecharse de nuestro sistema social", sostuvo la líder parlamentaria de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel.
La AfD se convirtió en las pasadas elecciones en la primera formación de ese espectro que accedió al Bundestag desde los años 50 y, con la gran coalición, liderará la oposición parlamentaria.
"En esos seis meses de Gobierno en funciones hemos marcado ya unas cuantas pautas. Ahora que teóricamente gobernará de verdad, o lo que Merkel entiende por eso, cumpliremos nuestra promesa de practicar la oposición frontal", aseguró Weidel.
También a la oposición frontal, pero desde las antípodas a la AfD, se comprometió asimismo La Izquierda, para cuya líder, Katja Kipping, es importante "no olvidar quién es el enemigo común de las fuerzas democráticas": la ultraderecha. EFE gc/nl