Merkel, doce años en el poder y seis meses de férrea negociación
Berlín, 14 mar (EFE).- La canciller
alemana, Angela Merkel, logró hoy la reelección para un cuarto mandato, tras
doce años en el poder y seis meses de férrea negociación en busca de un Gobierno
estable en los que se revalidó como exponente de perseverancia y sangre fría.
La líder alemana ha tenido que salvar más obstáculos que ninguno de sus
antecesores hasta conseguir la investidura, tras decidir en 2016 que iba a
luchar por la reelección, de acuerdo a la norma alemana de que un canciller no
rehuye voluntariamente las urnas.
En ese momento parecía relanzada como
modelo de estabilidad entre líderes de comportamiento imprevisible -como el
presidente de EEUU, Donald Trump-, pero la situación que se encontró tras las
elecciones generales del 24 de septiembre de 2017 fue de debilidad.
Su
bloque conservador obtuvo un 33 % de los votos, el segundo resultado más bajo
desde 1949; los socialdemócratas se hundieron en su mínimo histórico, un 20,5 %,
y la ultraderecha entró en el Bundestag, por primera vez desde los años 50, con
un 12,6 %.
A la "mutti" ("mamá") de la nación, como se había apodado a la
mujer más poderosa del mundo, parecía haberla abandonado su proverbial
popularidad, tras una campaña electoral salpicada por los abucheos furiosos de
la ultraderecha en cada uno de sus mítines.
Su principal rival en los
comicios de septiembre, Martin Schulz, tiró la toalla en febrero, una vez
logrado el pacto de coalición, al renunciar tanto a seguir al frente del Partido
Socialdemócrata (SPD) como a ser el nuevo ministro de Exteriores.
Merkel, en
cambio, superó uno tras otro todos los obstáculos, con su estilo característico
de imponerse sin estridencias, pero convencida de que nada la apartará de su
camino.
Primero encajó sin mayores reproches el fracaso de un primer intento
de coalición con los verdes y los liberales, y finalmente superó la consulta
convocada entre el casi medio millón de militantes del SPD, pese al fuerte
rechazo interno a otra gran coalición.
Los últimos seis meses han demostrado
de nuevo su personalidad, evidenciada ya a lo largo de una atípica carrera
política que la llevó en 2005 a convertirse en la primera mujer y el primer
político crecido en el este alemán al frente de la Cancillería.
Angela
Dorothea Kasner, el nombre con el que vino al mundo en 1954, en Hamburgo, creció
en una parroquia de pueblo de la ahora extinta República Democrática Alemana
(RDA), donde su padre ejercía como pastor protestante.
Su padre era un
izquierdista convencido que eligió ese destino en el este, mientras que ella
-quien fue secretaria de propaganda de las juventudes comunistas en la Academia
de Ciencias de Berlín- no hizo carrera política hasta después de la caída del
muro, en 1989.
Debe el apellido Merkel a un matrimonio fugaz con un
compañero de estudios, Ulrich Merkel, con quien se casó a los 23 años.
Unos
años después conoció a quien sigue siendo su marido, Joachim Sauer -por entonces
casado y con dos hijos-, asesor de su tesis doctoral en Física e inmerso como
ella en el ámbito científico, con quien convivió unos años hasta casarse, ya
entrados los 90.
Poco antes de la caída del muro de Berlín empezó a
contactar con grupos disidentes y en febrero de 1990 ingresó en la Unión
Cristianodemócrata (CDU).
Dos años después, tras las primeras elecciones de
la Alemania reunificada, el entonces canciller Helmut Kohl convirtió a quien
para él era "la muchachita del este" en ministra de la Mujer y la Juventud,
ansioso de incluir en su equipo a talentos del este.
Alcanzó la secretaría
general del partido, pero el impulso definitivo a su carrera le llegó en 1999,
poco después de la derrota electoral de Kohl, cuando éste se vio envuelto en el
escándalo de la financiación irregular del partido.
Llamó a sus filas a
"emanciparse" de Kohl con un artículo publicado en el diario conservador
"Frankfurter Allgemeine" y tomó las riendas de la CDU en el 2000, en un momento
en que sus barones prefirieron esperar a que se calmaran las aguas.
En 2005
alcanzó la Cancillería, tras imponerse en las urnas por la mínima ventaja al
animal político teóricamente superior que era el entonces canciller, el
socialdemócrata Gerhard Schröder.
Derrotó a otros tres rivales
socialdemócratas: Frank-Walter Steinmeier, en 2009; Peer Steinbrück, en 2013, y
Schulz, en 2017.
En dos de esas legislaturas gobernó en gran coalición -la
primera y la tercera-, mientras que en la segunda lo hizo con los liberales.
En el camino hacia la reelección ha encarrilado su sucesión al frente de la
CDU con la elección como secretaria general de Annegret Kramp-Karrenbauer, la
"mini-Merkel", como se la apoda en Alemania.
De culminar la actual
legislatura, habrá igualado el récord de permanencia en el poder en Alemania de
Kohl, quien estuvo 16 años en la Cancillería (1982-1998). EFE
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La nueva coalición de Merkel promete cohesión en medio de las disidencias
Gemma Casadevall
Berlín, 14 mar (EFE).- El nuevo Gobierno de la canciller alemana, Angela
Merkel, empezó a funcionar hoy con promesas de cohesión, tras los casi seis
meses que ha tardado en materializarse y pese a que en la votación de
investidura hubo numerosos votos disidentes.
"El SPD ha tenido que luchar
mucho consigo mismo hasta dar el sí a otra gran coalición. Estoy segura de que
están tan determinados como nosotros a llevar esta gran coalición al éxito",
apuntó a Efe, en un aparte de la sesión, Julia Klöckner, vicepresidenta de la
Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y titular de Agricultura.
Klöckner
se estrenará como ministra en esta gran coalición, en la que solo hay una
titular que repite en la misma posición que en la anterior legislatura -Ursula
von der Leyen en Defensa-, mientras que el resto o bien cambiaron de cartera o
son rostros nuevos.
"Nos han fallado unos cuantos votos. Pero no creo que
eso tenga mayor relevancia. Algo parecido ocurrió en la anterior elección y no
afectó a la legislatura", sostuvo Andreas Scheuert, de la Unión Socialcristiana
(CSU) bávara y también nuevo en el Ejecutivo, en su caso en Transportes.
Entre la CDU, su hermanada CSU de Baviera y el Partido Socialdemócrata (SPD)
suman 399 diputados, pero la canciller obtuvo el apoyo de 364, en votación
secreta.
En la anterior sesión de investidura de Merkel se registraron 39
votos disidentes en las filas de la gran coalición, que sumaba entonces 504
diputados del total de 631 escaños que tuvo el Bundestag (cámara baja) en esa
legislatura.
"Por supuesto habríamos deseado una coalición con un signo
claro hacia el futuro", comentó a Efe Annalena Baerbock, líder de los Verdes, en
relación al propósito inicial de Merkel de formar una alianza inédita, a escala
federal, con esta formación ecopacifista y los liberales.
Ese intento
fracasó tras cinco semanas de negociación, al dar el Partido Liberal (FDP) por
inviable esa constelación, tras lo que se abrieron las negociaciones entre el
bloque conservador y el SPD, "una fórmula desgastada que no resolverá los
problemas reales de Alemania", en opinión de Baerbock.
"La gran coalición
aguantará toda la legislatura. El SPD teme demasiado a las urnas como para
romperla", opinó por su parte el líder del FDP, Christian Lindner, quien no se
considera "culpable" del fracaso de una alianza alternativa, ya que "habría sido
un mal Gobierno".
Tanto Baerbock como Lindner coincidieron en que la tarea
ahora consistirá en una "oposición decidida", no solo contra la gran coalición,
sino frente a la ultraderecha.
"Alemania no puede absorber el peso de la
inmigración ilegal a la que Merkel abrió las puertas. La gran coalición ni se
plantea luchar contra los abusos de quienes acuden aquí para aprovecharse de
nuestro sistema social", sostuvo la líder parlamentaria de la ultraderechista
Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel.
La AfD se convirtió en las
pasadas elecciones en la primera formación de ese espectro que accedió al
Bundestag desde los años 50 y, con la gran coalición, liderará la oposición
parlamentaria.
"En esos seis meses de Gobierno en funciones hemos marcado ya
unas cuantas pautas. Ahora que teóricamente gobernará de verdad, o lo que Merkel
entiende por eso, cumpliremos nuestra promesa de practicar la oposición
frontal", aseguró Weidel.
También a la oposición frontal, pero desde las
antípodas a la AfD, se comprometió asimismo La Izquierda, para cuya líder, Katja
Kipping, es importante "no olvidar quién es el enemigo común de las fuerzas
democráticas": la ultraderecha. EFE gc/nl

