Las siete pruebas de Merkel hasta su cuarta legislatura
Gemma Casadevall
Berlín, 4 mar (EFE).- El "sí" de las bases socialdemócratas a otra gran
coalición de Gobierno despeja el camino para un cuarto mandato a la canciller
alemana, Angela Merkel, quien tras ganar los comicios generales tuvo que superar
en los últimos meses siete obstáculos a su reelección.
Merkel, con 12 años
en el poder en Alemania y las más veterana entre los líderes europeos, vio
marcada su victoria electoral, el 25 de septiembre pasado, por el signo de la
incertidumbre política.
El primer escollo surgió ya esa misma jornada
electoral, a las seis de la tarde, cuando cerraron los colegios y saltaron los
primeros sondeos a pie de urna.
A la Unión Cristianodemócrata (CDU), el
partido que preside, y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) se le
otorgaba la victoria con el 33,5 % de los votos, doce puntos por encima del
Partido Socialdemócrata (SPD) de su principal rival, Martin Schulz.
El
escrutinio final dejó a la CDU/CSU en un 33 %, una clara ventaja frente al 20,5
% del SPD, pero el segundo peor resultado desde 1949 para el bloque de Merkel.
La ultraderecha celebró en cambio su acceso al Parlamento, con Alternativa
para Alemania (AfD) convertida en tercera fuerza con el 12,6 % de los votos.
Los comicios evidenciaron la debilidad de las grandes formaciones
tradicionales y, ante el rechazo de Schulz a reeditar una gran coalición -tras
las lideradas por Merkel en su primera y tercera legislatura-, la canciller
tanteó una alianza inédita a nivel federal con verdes y liberales.
Le
sobrevino un segundo revés con la ruptura de las negociaciones tras cinco
semanas de intensas conversaciones, un golpe para la canciller, pues fueron los
liberales, sus tradicionales socios, quienes dieron por inviable el tripartito.
Empezó la tercera gran prueba para la canciller: convencer a Schulz de la
necesidad de reconsiderar su rechazo a otra gran coalición, única posibilidad de
formar un Gobierno estable.
Contó para ello con un aliado procedente de las
filas socialdemócratas, el presidente Franz-Walter Steinmeier, quien había sido
ministro de Exteriores de Merkel antes de acceder al máximo cargo representativo
del país por consenso entre la gran coalición.
Steinmeier convenció a Schulz
de abrir la puerta a un Ejecutivo bajo esa constelación, lo que logró el visto
bueno del SPD pese a la férrea campaña en contra dirigida por el líder de sus
juventudes -"Jusos"-, Kevin Kühnert, erigido en figura emergente del partido.
El siguiente desafío para Merkel fue sentarse a negociar con quien había
asegurado tanto en campaña como en la noche electoral que nunca apoyaría otra
coalición liderada por la canciller.
Fueron muchas sesiones de negociación
hasta que se alcanzó un preacuerdo que logró la aprobación de un congreso
extraordinario del SPD por un ajustadísimo 56 %, con la cúpula en pleno apoyando
el "sí" y los "Jusos" de Kühnert reforzado y clamando por su bloqueo.
De la
perseverancia negociadora de Merkel surgió por fin un pacto de coalición, su
quinta prueba superada, que fue criticado en sus filas conservadoras porque
adjudicaba al SPD seis ministerios -el mismo número que a la CDU-, entre ellos
las carteras clave de Exteriores, Finanzas y Trabajo.
Schulz, quien un año
atrás había tomado las riendas del SPD como rival a la altura de Merkel, tiró la
toalla en febrero y renunció al liderazgo del partido y a ser el futuro titular
de Exteriores.
Merkel superó su siguiente prueba al acallar las críticas
internas en un congreso de la CDU de apenas seis horas de duración, donde además
marcó el camino de su sucesión al frente del partido que preside desde 2000.
A calmar las aguas entre quienes reclamaban un giro más conservador
contribuyó la designación como ministro de Jens Spahn, representante del ala
derechista de la CDU.
Combinó esa designación con la elección como
secretaria general del partido de Annegret Kramp-Karrenbauer, apodada por sus
compatriotas la "Mini Merkel", por su alto grado de afinidad personal y política
con la canciller.
Cinco meses largos después de las elecciones generales, a
Merkel le quedaba aún por superar un último escollo, la consulta vinculante
entre los 463.722 militantes de un partido rival, el SPD, que se decantó con el
66 % por el "sí". EFE
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