Los estragos colectivos de la revolución cultural china cierran la lucha por el Oso
Gemma Casadevall
Berlín, 14 feb (EFE).- El director chino Wang Xiaoshuai
cerró este jueves el desfile de aspirantes al Oso de la Berlinale con un drama familiar sobre los estragos de la
revolución cultural sobre una sociedad obligada, además, a asimilar los salvajes
cambios de la China actual.
"La consigna de la revolución cultural era que
debíamos mirar hacia delante en favor del progreso de nuestro país. Pero eso no
es posible sin hacer las paces con el pasado", explicó el realizador de "Di jiu
tian chang ("So Long, My Son"), sobre una película que recorre 30 años de trauma
colectivo.
La política del único hijo, el aborto forzado a que queda
sometida la mujer que queda embarazada por segunda vez -y que fatalmente perderá
al primer hijo en un accidente- es el núcleo de un drama que arranca de un
matrimonio para extenderse al entorno de sus amigos.
La planificación
familiar se aplicaba en términos marciales, como ocurría en cualquier otro
ámbito de la sociedad china -del laboral al baile con música prohibida-.
Los
efectos de todo ello sobre esa familia ampliada serán los remordimientos del
niño que metió al agua al amigo que no sabía nadar o los de la compañera de la
fábrica que delató un segundo embarazo.
Es un mundo en el que a la mujer a
la que se forzó a interrumpir su embarazo quedará, además, obligada encajar la
recompensa pública de ser distinguida como ciudadana ejemplar por ello.
"Perdonarse y hacerse perdonar puede ser un largo camino. Como mi película",
bromeó Wang, ante los 180 minutos del filme, el más extenso entre los 16
aspirantes a los Osos del festival que repartirá el sábado el jurado presidido
por la actriz francesa Juliette Binoche.
La cinta del realizador -ganador en
2008 del Oso de Plata al mejor guión con "In Love We Trust"- habría sido la
penúltima según el programa original de la Berlinale, ya que inicialmente estaba previsto cerrar el
desfile con "One Second", de su compatriota Zhang Yimou.
A la exclusión en
el último momento del filme del aclamado director de "Sorgo Rojo" -Oso de Oro en
1987 en Berlín-, por supuestos "problemas técnicos" en la postproducción, han
seguido las sospechas de censura por parte de las autoridades chinas, difundidas
por algunos medios que siguen el festival.
"Me enteré de que no estaría aquí
Zhang cuando llegué. Es triste, todos esperábamos tenerlo aquí", afirmó Wang,
preguntado sobre esa exclusión y haciendo equilibrios sobre si él mismo temía
problemas con sus autoridades por las críticas contenidas en su filme -"espero
que no haya presiones sobre mi película", dijo.
La retirada del filme de
Zhang, que iba a presentarse este viernes, ha dejado vacía en lo que respecta a
la competición oficial la víspera de la entrega de los premios, que adopta así
la forma de una especie de "jornada de reflexión" para el jurado.
En la
recta final hasta los premios del sábado se incorporó asimismo a la lista de los
cazadores potenciales del Oso el filme "Synonymes", del israelí Nadav Lapid, al
que parte de la crítica esperaba en el festival alemán como la posible penúltima
sorpresa.
La película del cineasta, convertido en realizador de culto tras
haber presentado su "The Kindergarten Teacher" ("La profesora de parvulario"
(2014) en la Semana de la Crítica de Cannes, coloca a un joven israelí desnudo y
perdido en piso parisino que podría ser el del "Último tango en París".
Es
un desarraigado de paso por la capital francesa, al que roban todo mientras
duerme en ese apartamento donde iba a pasar una única noche, y que despierta del
shock en la cama de matrimonio de una joven pareja vecina.
Yoah (Tom
Mercier) no solo ha perdido su maleta y toda su ropa, sino también su identidad.
No quiere ni hablar en hebreo, sino que se compra con el dinero prestado de sus
nuevos amigos un diccionario de sinónimos para perfeccionar su francés.
Deambulará por París -incluida la embajada de su país y algunos provocadores
compatriotas- en medio de un puzzle mental de difícil reconstrucción, tras el
que se esconde otro trauma colectivo, el de su país, y los rastros dejados por
su instrucción militar. EFE
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