Asia y Francia, favoritas al Oso de Oro de la imprevisible Berlinale
Gemma Casadevall
Berlín, 15 feb (EFE).- El cine asiático, sea con la China que retrata Wang
Xiaoshuai o la Mongolia de Wang Quan'an, así como el francés François Ozon y su
denuncia de la pederastia en la Iglesia, son los favoritos al Oso de Oro de la
Berlinale, que entregará el
sábado el jurado que preside la actriz francesa Juliette Binoche.
"Öndog",
el poético filme rodado sobre la estepa mongola, y "Gràce à Dieu", la de Ozon,
se colocaron entre las preferidas de la crítica de la revista del festival,
"Screen", para los filmes a competición.
El ranquin solo se publica en los
primeros días de la Berlinale, un
festival con reputación de imprevisible en cuanto a su palmarés, por lo que las
perspectivas de los filmes proyectados a partir del martes quedan a merced de
las quinielas entre pasillos.
"Di jiu tian chang ("So Long, My Son"), donde
Wang Xiaoshuai recorre 30 años de la historia china a través de un drama
familiar, fue la última película presentada a competición, el jueves, y se situó
de inmediato en el liderazgo de las quinielas oficiosas.
Los dos
representantes del cine asiático son nombres habituales del festival alemán
-Wang Quan'an ganó el Oro en 2007 con "Tulla's Marriage", otra poética lección
de cine rodada en Mongolia-, mientras que Ozon ha sido asimismo presencia
frecuente en Berlín.
Todos ellos dejaron sus nombres inscritos en el
palmarés de anteriores ediciones, lo mismo que Zhang Yimou, el maestro del que
se esperaba ver "One second", excluida en el último momento de la competición
por unos problemas técnicos tras los que algunos han visto la mano de la censura
china.
Junto a los mencionados consagrados se dan firmes opciones a premio a
nuevos talentos, como la macedonia Teona Strugar Mitevska, quien compitió con un
filme de corte feminista muy acorde con el compromiso declarado de la Berlinale con el cine hecho por
mujeres.
La española "Elisa y Marcela", en torno a dos mujeres que logran
casarse en la Galicia de 1901 gracias a una trampa, también encaja en ese
compromiso y su directora, Isabel Coixet, es amiga fiel de la Berlinale, donde ha presentado nueve
películas en toda su carrera.
Italia hizo vibrar al festival con "La paranza
dei bambini", de Claudio Giovannesi y con guión de Roberto Saviano, al servicio
de una historia de clanes juveniles en el criminalizado Nápoles.
El israelí
Nadav Lapid dividió opiniones con "Synonymes, un cinta en torno a un
desarraigado compatriota que deambula por París, lo mismo que ocurrió con
"Répertoire des villes disparues", un filme de pueblos zombies del canadiense
Denis Côte.
El alemán Fatih Akin, Oro en 2004 con "Gegen die Wand" ("Contra
la pared"), fue para algunos la gran decepción con su retrato de una decrépita
Alemania, mientras otros lo encumbraron como una lección de cómo convertir lo
feo en arte.
A su actor, Jonas Dassler, en el papel del asesino en serie de
prostitutas, se le ve en la Berlinale como un firme aspirante a la Plata como mejor
actor -en reñida competencia con los protagonistas de Ozon.
Para el Oso de
la mejor actriz las apuestas apuntan a la joven protagonista de
"Systemsprenger", Helena Zengel, la desgarradora niña capaz de desarrollar la
máxima violencia y también ternura, entre desbordados asistentes sociales y
terapeutas.
Otras destacadas interpretaciones femeninas fueron la de Valerie
Pachner, en el filme austríaco "Der Boden unter den Füssen" ("The ground beneath
my feet"), y la de Maren Eggert, en la alemana "Ich war zu Hause, aber" ("I was
at home, but"), otra representante del cine anfitrión que dividió opiniones.
La Berlinale se ha ganado la
etiqueta de festival imprevisible, sobre todo en los 18 años bajo la dirección
de Dieter Kosslick, quien con esta 69 edición dejará el cargo.
Su lista de
máximos galardones cuestionados es larga; el último exponente fue el Oro de 2018
a la rumana "Touch me not", filme que provocó en su pase muchas deserciones,
aunque el más chocante fue el que ganó, en 2005, "U-Carmen", una versión
sudafricana de la ópera de Bizet. EFE
gc/jac
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La Berlinale vibra con una Aretha inédita y con el punk alemán de "Die Toten Hosen"
Berlín, 15 feb (EFE).- La Berlinale vibró este viernes,
víspera de la entrega del Oso, con una Aretha Franklin inédita gracias a
material recuperado de 1972, seguido de un documental sobre "Die Toten Hosen",
la banda de punk alemán que arrasa en Argentina.
"Amazing Grace" es el
título del legendario álbum de la reina del soul y también del filme presentado,
en la sección oficial del festival, pero fuera de concurso, por el cineasta Alan
Elliot.
Más que una película, se trata de un proyecto cinematográfico,
editado a partir del material grabado en el concierto en Los Ángeles, por
encargo de Warner Brothers.
Franklin tenía por entonces otros planes
cinematográficos y el material quedó sin editar durante 35 años, explicó Elliot,
quien no consiguió convencer a la cantante -"no tenía ganas de hablar conmigo
del proyecto", admitió.
"Tenía sentido editarlo ahora. Es material que
recupera la carga de alegría y esperanza que transmitía Aretha. Algo muy
necesario en estos tiempos", añadió Elliot sobre su protagonista, fallecida en
2018.
El concierto del Nuevo Templo de la Iglesia Baptista de Los Angeles
incluyó algunas joyas, como las imágenes de un Mick Jagger entonces con 30 años,
bailando en la última fila.
A la proyección de los 90 minutos de ese
concierto único siguió el documental "Weil du nur einmal lebst" -"Porque solo
vives una vez"-, también fuera de competición, y dedicado a los fanáticos de
"Die Toten Hosen", fundado en 1982 y más activos que nunca, tanto en lo musical
como en su combate particular contra el neonazismo.
El filme se centra en la
gira de 2018 del grupo, al que la cineasta Cordula Kablitz-Post sigue por media
Alemania hasta recalar en Argentina.
"Es una pasión mutua", explicó Campino,
el carismático líder de la banda, en relación a la pasión que despierta el grupo
en el país latinoamericano.
Cada concierto suyo es Argentina, sea en Mendoza
o en Buenos Aires, despierta una explosión de entusiasmo con miles de gargantas
"que seguramente no saben alemán" -deduce Campino- coreando sus temas con el
mismo fervor que en Düsseldorf, la ciudad donde la banda punk tiene su origen.
La gira de "Die Toten Hosen" quedó marcada por la suspensión de varios
conciertos, debido a un ataque de tínitus o acúfenos que hizo pensar a Campino
que tal vez llegó la hora de retirarse, así como por los conciertos contra el
racismo en respuesta a movilizaciones neonazis en el este del país.
La Berlinale cumplió así con su
habitual cita con los documentales apuntalados en grandes nombres de la música,
sean bandas alemanas -los antecesores de "Die Toten Hosen" fueron BAP- el film
de Martin Scorsesse sobre los Rolling Stones que abrió el festival, "Shine a
Light", en 2008, o en torno a Ed Sheeran, el año pasado. EFE
gc/crfoto)
La berlinale, en la sala de visitantes de la cárcel o en la butaca del barrio
Gemma Casadevall
Berlín, 15 feb (EFE).- La alfombra roja del Festival de Cine va más allá de
los 2.400 metros cuadrados de tela extendidos ante el Berlinale Palast: hay otras variantes estos días, sea
ante la cárcel de Plötzensee o ante algunos cines de barrio de la capital
alemana
Acceder al pase en la prisión de "Systemsprenger" -"System
crasher"-, una de las 16 aspirantes al Oso de Oro, implicaba dejar en consigna
todas las pertenencias, también el teléfono móvil, someterse a un estricto
registro y pasar por tres controles de seguridad.
"Es lo mismo que debe
hacer cualquier visitante de los 345 internos que tenemos aquí", informa la
funcionaria que realiza el registro a las mujeres, cada una con su letrero de
"visitante", que se le entrega tras depositar su documento de identidad.
"Esto no es ficción, es una cárcel real; toda visita implica un riesgo, sea
o no tiempo de Berlinale,",
apuntó a Efe Bernd Michael, jefe de seguridad, tras comprobar la funcionaria que
el bolígrafo detectado en uno de los bolsillos solo sirve para escribir.
La
sala de visitas de Plötzensee, donde se han distribuido unas 150 sillas para la
proyección, es uno de los lugares elegidos en la presente edición del festival
de cine para el ciclo Berlinale
goes Kiez -traducible por "La Berlinale va al Barrio"-.
Además de esa sesión en la
cárcel, el ciclo se desarrolla en salas de toda la capital, incluido el llamado
"B-ware", un local especializado en filmes viejos o raros de Friedrichhain, uno
de los barrios del antiguo sector este, ahora feudo de la modernidad.
Entre
viejas butacas y reliquias de cineastas se proyectó estos días en esa sala "off"
la cinta "God exists, her name is Petrunya", filme macedonio asimismo de la
competición oficial, y también "Los miembros de la familia", del argentino Mateo
Bendesky, exhibida en la sección Panorama.
"Tratamos de hacer una selección
representativa de todos los apartados del festival", explicó a Efe Anna Jurzik,
programadora del ciclo, consciente de que no puede abarcar más que una mínima
parte de los 400 filmes que se ven en los diez días de festival entre todas sus
secciones, a concurso o no.
Para Plötzensee se ha programado un único pase
con la mencionada película de la alemana Nora Fingscheidt, representante de la
nueva generación de cineastas del país y centrada en una niña de nueve años
extremadamente violenta, a la que mandan de centro en centro entre desbordados
terapeutas y asistentes sociales.
Es una niña crecida en una familia
desestructurada, que va de los estallidos de ira a la ternura, que desespera a
todo aquel que trata de buscarle una salida pero también les rompe el corazón,
por lo desgarrador de una situación fuera de control.
"Una película perfecta
para esta lugar", en opinión de Helmut Weiss, juez ya retirado, de 73 años,
quien en el pasado se ocupó de muchos casos de delincuentes juveniles "en los
que claramente fallaron los sistemas de prevención", antes de caer en el delito.
Interpreta a Benni, la protagonista, Helene Zengel, una de las revelaciones
de esta Berlinale, cuyos premios
repartirá mañana el jurado presidido por la actriz francesa Juliette Binoche y
con el realizador chileno Sebastián Lelio entre sus miembros.
La alfombra
roja de Plötzensee era muy distinta no solo a la del Berlinale Palast -hecha con basura marítima reciclada y
moquetas viejas-, sino también de otras versiones reducidas para los cines de
barrio: dos fluorescentes rojos, a un lado y otro de la escalera en la entrada
de visitantes de la cárcel.
"Estamos a pocos metros de otro lugar que
también debería ser disuasorio, representativo de nuestra historia monstruosa",
explica el exjuez, en alusión a la antigua cárcel donde entre 1933 y 1945 se
ejecutó a unos 3.000 enemigos u opositores del Tercer Reich.
A unos 200
metros del acceso a la cárcel actual está el monumento que recuerda a esas
víctimas del nazismo, entre ellos algunos de los conjurados de la "Operación
Walkiria", oficiales agrupados en torno a Claus Schenk von Stauffenberg, autor
del atentado fallido contra Adolf Hitler, el 20 de julio de 1944. EFE
gc/cr
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