viernes, 16 de abril de 2021

Pelea de gallos

Conservadores alemanes, entre la fe en los sondeos y la defensa al centro


Gemma Casadevall


Berlín, 16 abr (EFE).- El duelo por la candidatura a la Cancillería ha colocado a los conservadores alemanes ante el dilema de elegir entre el favorito de los sondeos, el derechista Markus Söder, o el defensor del centro, Armin Laschet, continuador del espacio político que dejará vacante la canciller Angela Merkel.
El lenguaje de los sondeos no deja lugar a dudas: favorecen claramente al carismático Söder, al que ahora se ve como un líder dinámico, renovador y hasta jefe de gobierno con los Verdes como aliados, pese a que no hace unos pocos años fue azote de la política migratoria de Merkel y hostil a rescates europeos.
Un 63 % de los ciudadanos ven al jefe de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) capacitado para ser canciller; solo un 29 % apuestan por Laschet, el de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde el pasado enero, según el último Politbarometer (barómetro político), difundido hoy de la televisión pública ZDF,
En Alemania la elección del canciller no surge por voto directo, como ocurriría en un sistema presidencial como el modelo francés; ese cometido corresponde al Parlamento emanado de las elecciones. Pero la polarización entre esos dos políticos, de formato, personalidad y rumbo distintos, hace que proliferen ahora este tipo de encuestas, a seis meses de las generales del próximo 26 de septiembre
El pulso entre Laschet -primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, el "Land" más poblado del país- y Söder -el de la próspera Baviera- venía fraguándose desde hace meses y escaló esta semana, tras formalizar ambos la aspiración a liderar el bloque en los comicios tras los que Merkel se despedirá del poder.
Ambos obtuvieron el respaldo de sus respectivos partidos. Pero una reunión del grupo parlamentario conservador del Bundestag (cámara baja) arrojó más apoyos a Söder de lo que cabría esperar teniendo en cuenta la correlación de fuerzas -la CDU tiene 200 escaños, mientras que la CSU apenas 46-.

En la cúpula de la CDU aparecieron ya notables escisiones en su "respaldo" a Laschet, apunta "Der Spiegel". La jerarquía daría a Laschet la primera posición -la CSU es un partido regional-. Pero las cosas no están tan claras cuando se entra en las cuentas de cuántos escaños se pueden llegar a perder si no se confía el puesto al más carismático.
Desde las elecciones regionales del pasado marzo en dos "Länder", en que la CDU cayó a mínimos históricos, se contempla como posible un relevo en el poder -los Verdes, segundos en intención de voto, avanzaron hasta colocarse seis puntos por debajo de la CDU/CSU-. La pérdida de votos sería aún mayor con Laschet en el liderazgo, según los sondeos.
Tanto Söder como Lachet se han comprometido a presentar una solución consensuada rápida, lo que podría ocurrir este fin de semana. En caso de no ser así, en el grupo parlamentario se pretende resolver la cuestión con un voto de los diputados el martes, informan tanto "Der Spiegel" como la televisión pública ARD.
La sombra de Strauss
La posibilidad de que la designación del candidato surja de ese voto, y no del consenso a escala de las presidencias, tiene un precedente: Franz Josef Strauss. El patriarca de la CSU se convirtió por esa vía en candidato a la Cancillería en 1979, al imponerse frente al aspirante de la CDU, Ernst Albrecht.
Presidía entonces la CDU Helmut Kohl, quien no se postuló como candidato puesto que se consideró debilitado por la derrota sufrida cuatro años antes frente al socialdemócrata Helmut Schmidt. Strauss no alcanzó la cancillería, sino que fue reelegido Schmidt.
Tampoco logró su propósito el segundo líder bávaro que lo intentó, Edmund Stoiber, en 2002. Entonces no hubo una votación, sino que fue Merkel, presidenta de la CDU, quien renunció a intentarlo, presionada por varios hombres fuertes del bloque que no la veían capaz de ganar una elección nacional. Stoiber tampoco pudo imponerse al entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder.
Gestión de la pandemi
La CDU/CSU está debilitada en medio de las incertidumbres ante el fin de la era Merkel. Su última etapa como canciller, en el poder desde 2005, ha coincidido con una pandemia que no da tregua.
La popularidad de Söder se debe principalmente a su gestión de la lucha contra la covid-19 en su "Land", donde impuso las restricciones más severas. Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, ha tenido un línea errática, pero a cambio representa la conciliación y la búsqueda de consensos de Merkel.
La pandemia devora cualquier otra cuestión, pero la situación podría ser distinta en unos meses si la campaña de vacunación logra mantener el ritmo acelerado actual. El objetivo de Merkel es que todo ciudadano que lo desee haya podido vacunarse hacia mediados de septiembre. EFE       gc/jam/jgb