Europa, entre el diálogo y el arma de las sanciones
Joana Serra
La diplomacia europea seguirá enarbolando la bandera del diálogo con Moscú, pese a considerar que la Rusia del presidente Vladímir Putin -como la China- tratan de implantar un nuevo orden mundial. En paralelo a ese diálogo que no se quiere romper, el bloque comunitario prepara ya la batería de sanciones "sin precedentes", en caso de producirse la invasión de Ucrania que la Casa Blanca cree podría ser inminente.
La Unión Europea (UE) de este 2021 no es la del 2014 -es decir, la que asistió impotente a la invasión de Crimea-. Esta cohesionada, afirmó el alto representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, en la jornada de cierre de la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC).
"Europa está en peligro", advirtió a continuación el jefe de la diplomacia europea. Y el peligro procede de una "guerra híbrida" desde Rusia en que se mezclan desinformación y una acumulación de tropas rusas en la frontera con Ucrania como no ha visto Europa en tiempos de paz.
Putin busca una excusa para entrar en Ucrania, consideró Borrell, tal como lo habían expresado el día anterior, también en Múnich, tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.
Rusia, como China, quieren imponer "un nuevo orden mundial", según Borrell, aniquilador de los principios democráticos actuales. Pese a todo, la puerta del diálogo sigue abierta, fue el mensaje común lanzado en los tres días de sesiones de la MSC por la vicepresidenta de EE.UU., Kamala Harris, el canciller alemán, Olaf Scholz, el mismo Borrell o, representando a España, su ministro de Exteriores, José Manuel Albares.
Occidente entona a diario la palabra diálogo, pero al mismo tiempo advierte de que la temida invasión puede producirse "en cualquier momento" -en palabras ayer del presidente Joe Biden, quien por otro lado también se dice dispuesto a sentarse a hablar con Putin.
El menú diplomático del domingo incluyó otra llamada telefónica entre el presidente francés, Emmanuel Macron, y el líder del Kremlin. Al mismo tiempo, la presidencia polaca de la OSCE convocaba una reunión urgente para este lunes. Varsovia ejerce la presidencia de turno de esta organización, entre cuyos 57 miembros se incluye Rusia, además de EE.UU. Polonia, junto con los países bálticos, el socio europeo que, por razones fronterizas y por experiencia histórica, más teme al "orden mundial" que, según Borrell, busca Rusia.
La diplomacia europea tiene ya preparadas las sanciones que tanto la alemana von der Leyen como la estadounidense Harris coinciden en calificar de "sin precedentes". Este lunes se reúnen en Bruselas los ministros de Exteriores de los 27, con asistencia del titular ucraniano, Dmitro Kuleba.
El objetivo es tener preparada esta batería para activarla de forma casi inmediata, en caso de invasión. Los detalles no se conocen. Von der Leyen como Harris insistieron desde la capital bávara en que serían "dolorosas" para Rusia, cuya economía quedaría muy debilitada.
Se parte de la base de que afectarían a Nord-Stream II, el controvertido gasoducto del gigante ruso Gazprom ya terminado, pero sin licencia aún para entrar en funcionamiento.
También está claro que, de aplicarse, sus consecuencias no solo caerían sobre Rusia, sino también sobre el conjunto de la UE. Un 40 % del gas que importa el bloque comunitario procede de Rusia; este porcentaje sube al 55 % en el caso de Alemania, que desde 2011 recibe ya directamente gas ruso a través del Báltico por el Nord-Stream I.