sábado, 29 de octubre de 2022

Animalitos

 


Dinamarca: de la crisis de los visones a las urnas
Joana Serra
La familia de las socialdemocracias nórdicas tiene ante sí otro posible abismo: el eventual relevo en el poder, ahora en Dinamarca, en unas elecciones precipitadas por la llamada "crisis de los visones" de octubre de 2020. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, defendió entonces el sacrificio de más de 15 millones de ejemplares, ante una alerta sanitaria derivada de la covid-19, pero sin la debida cobertura legal.
Dos años después, Dinamarca vuelve a las urnas en unos comicios anticipados, convocados tras varias oleadas de críticas a esa decisión de su jefa de Gobierno, una socialdemócrata de línea atípica en esa familia política.
Frederiken no dimitió tras revelarse que dicho sacrificio masivo se hizo sin respaldo legal en un país cuya industria peletera es líder mundial en ese sector. Sí lo hizo su ministro de Agricultura, Mogen Jensen, quien renunció un mes después de dar la orden, en noviembre de 2020.
El reino de Dinamarca, con 5,4 millones de habitantes incluidos los de dos territorios autónomos, la inmensa Groenlandia y las islas Feroe, volverá a las urnas en unos comicios repartidos entre lunes y martes.
Será siete semanas después del vuelco experimentado por Suecia, donde pese a mantenerse la socialdemocracia como fuerza más votada se dio un enrevesado relevo en el poder: la ya ex primera ministra Magdalena Andersson quedó apeada por el conservador Ulf Kristersson, al frente de una coalición del centro moderado, pero con la ultraderechista Demócratas de Suecia (DS) como aliado externo.
El caso sueco fue un ejemplo de parlamentarismo nórdico en estado puro. Andersson pasó a la oposición, tras haber defendido el primer puesto e incluso haber crecido en votos; Kristersson se convirtió en primer ministro, pese a la "humillación" de ver cómo los radicales de DS le arrebataban su tradicional segundo puesto; y Jimmie Äkesson, líder de la derecha radical triunfante, se resignó a no entrar en el gobierno, a cambio de poder marcar desde fuera la agenda del ejecutivo.
En Dinamarca no se pronostica un vuelco tan aparatoso, pero hay por lo menos cuatro candidatos con posibilidades de alcanzar la jefatura del gobierno. La propia Frederiksen, quien llegó al poder en 2019, cuatro años después de suceder al frente de los socialdemócratas a Helle Thorning-Schmidt; ante sí tiene a tres líderes del bloque centrista-derechista: el liberal Jakob Ellemann-Jensen, el conservador Søøren Pape Poulsen y el exprimer ministro Lars Løøkke Rasmussen, cuyas opciones han crecido en los últimos sondeos.
Son catorce los partidos que concurren a las urnas y, como se ha visto en Suecia, no tiene por qué ser el primero, ni siquiera el segundo, quien acabe al frente al siguiente gobierno. Determinante para el futuro de Frederiksen es si el bloque derechista suma o no la mayoría suficiente para volver al poder.
El caso de los visones -o "minkgate"- es la piedra en el zapato de esa socialdemócrata, algo arrogante y autoritaria, que gestionó con éxito y pocas restricciones en la vida pública durante la crisis de la pandemia.
Optó por la vía directa, ante una alerta sanitaria que apuntaba a una posible mutación en el virus que habría cuestionado la efectividad de la vacuna. Pero ignoró que la ley solo permitía el sacrificio de los animales de granjas con casos verificados. A las presiones de la oposición siguió el dictamen de una comisión parlamentaria según el cual la actuación del gobierno fue "criticable". De ahí se pasó a las elecciones anticipadas.
Frederiksen, de 41 años, ha orientado su campaña por la reelección con su imagen de mujer fuerte, en un país pequeño, pero capaz de rechazar o hasta reírse, en 2019, del propósito del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de "comprar" Groenlandia.
A diferencia de lo ocurrido en Suecia, en Dinamarca ha habido escasa presencia de la cuestión migratoria en el debate preelectoral. Al fin y al cabo, la socialdemocracia que representa Frederiksen puede ser tan dura y restrictiva en esa materia como las propuestas de la derecha.
Bajo su gobierno se ha llegado a discutir la posibilidad de crear centros de acogida en Ruanda, de acuerdo al modelo barajado en Reino Unido bajo el liderazgo del ex premier Boris Johnson.

viernes, 28 de octubre de 2022

Éramos tan jóvenes

 


El cannabis, un debate para aliviar penas en Alemania
Joana Serra
Hace ahora aproximadamente un año, tras la victoria electoral de Olaf Scholz sobre el bloque conservador, Alemania asistía a la formación de un tripartito inédito a escala federal entre los socialdemócratas del futuro canciller, los verdes y los liberales.
Se respiraba aire de liberación, tras los 16 años en el poder de la conservadora Angela Merkel. Los verdes Robert Habeck y Annalena Baerbock -ahora ministros de Economía y de Exteriores, respectivamente- representaban ese aire nuevo; el liberal Christian Lindner parecía feliz de colocarse al frente de Finanzas, y Scholz representaba, de alguna manera, un continuismo tranquilizador, tras haber sido vicecanciller en la última gran coalición liderada por Merkel.
El pacto de coalición que acabaron suscribiendo los tres socios, el 7 de diciembre de 2021, incluía la legalización del cannabis. Al frente de Sanidad colocó Scholz a un doctor en Medicina, Karl Lauterbach, una de las opiniones más escuchadas en los momentos álgidos de la covid y defensor de la línea de la máxima cautela. En el pasado había sido contrario a legalizar el cannabis y alertado de los males que puede ocasionar su consumo en adolescentes, incluso niños. Con el tiempo había cambiado de opinión.
Poco se respira ahora de ese aire liberador, dinamismo o alivio. La guerra de Ucrania cayó sobre Europa hace ya ocho meses. La crisis energética se hizo realidad en un país que ha tenido que reducir aceleradamente su altísima dependencia de Rusia, al ciudadano le preocupa si tendrá gas suficiente para el invierno, los pedidos industriales caen, la recesión asoma y el canciller Scholz parece emprender la vía del aislamiento respecto a Francia. En lugar de cohesión, rechina el eje franco-alemán, puntal europeo.
En ese contexto de pesimismo, inimaginable hacer un año, el médico y ministro de Sanidad Lauterbach recuperó el capítulo del pacto de coalición relativo al cannabis.
"La dosis es lo que le convierte en veneno", aseveró al presentar las líneas maestras de lo que, si logra el consentimiento previo de Bruselas, será el proyecto de ley más "liberalizador" de Europa. Más que el de Países Bajos, basado más en la tolerancia o despenalización. Más que en España, que se apresta a legalizar el cannabis con fines medicinales (lo que en Alemania ya es una realidad).
Quedará autorizado el consumo y posesión de hasta 30 gramos, el cultivo asimismo privado de unas tres plantas y la venta en establecimientos autorizados a ello. El término empleado por el ministro no es "despenalizar", sino "regularizar" su consumo, venta y cultivo para ahogar el mercado negro, la fuente suministradora actual para esos niños o adolescentes a los que Lauterbach dice querer preservar de la adicción.
El conservador y católico estado de Baviera se ha echado las manos a la cabeza y recordado los argumentos que Lauterbach, como médico, defendió en contra de esa legalización. El gremio de farmacéuticos protesta con argumentos parecidos y argumenta que el alcohol y el tabaco ya entrañan suficientes problemas en la salud de los menores.
"Una legalización completa vulnerará las normativas europeas", advertía desde el semanario "Der Spiegel" Milena Hassenkamp, experta jurista. Lauterbach advirtió precisamente al presentar sus líneas maestras -ya aprobadas por el Consejo de Ministros- de que no llevará al trámite parlamentario un proyecto de ley que no tenga una "recepción positiva" previa en la Comisión Europea (CE).
En enero entablará negociaciones "intensas" con Bruselas; si recibe el visto bueno, habrá proyecto de ley a lo largo del primer trimestre de 2023 habrá proyecto de ley. No hay un Plan B a ese proceso, insistió el ministro.
Que nadie se precipite: la legalización, de producirse, será en 2024. Deberá haber superado primero un proceso regulador largo y complejo.
Hasta entonces, la Alemania que apunta a la recesión y que ya no ve ni Scholz ni a su ilusionado tripartito como hace un año tendrá abierto un debate no relacionado con el gas, con la guerra ni con la inflación.

miércoles, 26 de octubre de 2022

La minicumbre de Scholz

 

Pla Marshall per a Ucraïna abans del final de la guerra





Entre Brus­sel·les, Berlín, l’FMI i Kíiv, hi ha com a mínim coin­cidència en un punt: la guerra pro­voca a Ucraïna un forat finan­cer men­sual de 3.000 mili­ons d’euros, ampli­a­bles a 5.000 mili­ons en cas que Rússia inten­si­fi­qui els seus atacs con­tra infra­es­truc­tu­res civils i objec­tius energètics. Són els diners que el país neces­sita per pagar els sous als seus mes­tres, sol­dats, poli­cies i jubi­lats, a més d’arre­glar car­re­te­res i cen­trals elèctri­ques, recor­dava ahir des de la capi­tal ale­ma­nya la pre­si­denta de la Comissió Euro­pea (CE), Ursula von der Leyen. “Aju­dar Ucraïna ara és aju­dar un futur mem­bre de la Unió Euro­pea”, afe­gia el can­ce­ller ale­many, Olaf Scholz, amfi­trió de la Con­ferència Inter­na­ci­o­nal d’Experts per a la Recons­trucció i la Moder­nit­zació d’Ucraïna, con­vo­cada per la UE i pel G7, el grup de les set potències que Ale­ma­nya pre­si­deix aquest 2022.

Von der Leyen i Scholz volen impul­sar un pla Mars­hall que, a diferència del que va viure Ale­ma­nya després de la der­rota del nazisme pels ali­ats, no espe­rarà fins al final de la guerra. “L’ajut ha d’arri­bar ara i s’ha de man­te­nir a curt, mitjà i llarg ter­mini”, segons Von der Leyen. A par­tir del gener, s’ha de tenir a punt un meca­nisme regu­la­dor que faci que, mes a mes, es com­pensi amb ajut inter­na­ci­o­nal aquest forat finan­cer. La Unió Euro­pea n’apor­tarà una ter­cera part, va dir la pre­si­denta de la CE, sense pre­ci­sar-ne els detalls.

Des de l’FMI hi ha el com­promís de donar suport a Ucraïna també a curt, mitjà i llarg ter­mini, segons va asse­gu­rar des de Berlín la seva direc­tora gene­ral, Kris­ta­lina Geor­gi­eva. Però men­tre que Von der Leyen par­lava sobre­tot de suport sos­te­ni­ble i soli­da­ri­tat, tant Scholz com Geor­gi­eva afe­gien als seus mis­sat­ges el terme “segu­re­tat jurídica” per als inver­sors, espe­ci­al­ment l’empresa pri­vada, i “super­visió”, pel que fa a la repre­sen­tant de l’FMI.

Ucraïna ha demos­trat la capa­ci­tat de resistència a l’inva­sor i de man­te­nir-se com un país “que fun­ci­ona” –a escala del Par­la­ment i de l’admi­nis­tració pública, en tots els seus nivells--, va recor­dar el minis­tre de Desen­vo­lu­pa­ment Ter­ri­to­rial, Olek­sii Txer­ni­xov. Kíiv està com­pro­mesa amb la reforma interna que li reclama la UE, com a aspi­rant a ingres­sar al bloc comu­ni­tari, va asse­gu­rar per la seva banda Denís Xmi­hal, el pri­mer minis­tre.

Els dos repre­sen­tants del govern ucraïnès van ser aco­llits amb aplau­di­ments a Berlín. També ho va ser la inter­venció vir­tual del pre­si­dent Volodímir Zelenski. Però en l’ànim gene­ral es res­pi­rava un cert escep­ti­cisme sobre com es podrà arti­cu­lar aquest meca­nisme que garan­teixi, mes a mes, l’ajut finan­cer que neces­sita Kíiv perquè el país con­tinuï fun­ci­o­nant en temps de guerra i alhora convèncer els ali­ats de la comu­ni­tat inter­na­ci­o­nal que, ara sí, aquests fons no s’esco­la­ran pels forats de la cor­rupció.

sábado, 15 de octubre de 2022

La puerta trasera ultra

Suècia gira a la dreta amb un govern moderat i el suport extern dels ultres

lunes, 10 de octubre de 2022

Bálsamo

 

El triomf socialdemòcrata a la Baixa Saxònia alleuja Scholz

Àustria repeteix president

Àustria no necessitarà anar a una segona volta per escollir el seu president: Alexander van der Bellen, el moderat ecologista de 78 anys, va guanyar la reelecció a la primera, per un 55% dels vots, més de 35 punts que el segon classificat, l’ultradretà Walter Rosenkranz. Van der Bellen, líder fundacional dels verds austríacs, tot i que formalment es presentava com a independent, representa per als seus compatriotes l’estabilitat que no han donat al país ni els conservadors del Partit Popular, ni els socialdemòcrates, ni l’ultradretà FPÖ. Va arribar a la presidència fa sis anys, en imposar-se per la mínima al seu rival de l’FPÖ d’aleshores, Norbert Hofer, que va arribar a impugnar aquells comicis. En aquest període ha vist passar quatre caps del govern –entre ells, l’exnen prodigi dels conservadors austríacs, Sebastian Kurt. A les convulsions polítiques, s’hi van afegir els estralls de la pandèmia i l’empenta dels moviments radicals, en què Van der Bellen va actuar de nou de mur de contenció