domingo, 27 de agosto de 2023

Wagenknecht contra todos

La Izquierda alemana, ante una escisión suicida



Gemma Casadevall, Corresponsal Berlín

"Nunca es una buena idea que la izquierda se fraccione. Y la posibilidad de que eso ocurra es muy, muy alta", afirmó el jefe del grupo parlamentario del partido La Izquierda, Dietmar Bartsch, tras anunciar la semana pasada su retirada de ese puesto. No será el único que lo hace, ya que su hasta ahora compañera en el liderazgo del grupo en el Bundestag (Parlamento federal), Amira Mohamed Ali, anunció asimismo unos días antes que deja el puesto. Ambas retiradas se consumarán este septiembre. Y tras el fraccionamiento al que alude Bartsch está el nombre más cacareado desde hace meses en La Izquierda alemana, Sahra Wagenknecht, de 54 años, mediática, incisiva e inflexible. Para algunos, la salvación y la esencia del partido de raíces comunistas; para otros, la pesadilla que puede precipitar el naufragio de esa formación, defensora de posiciones tan extremistas que la acercan a la ultraderecha en temas como el derecho al asilo o el rechazo a los suministros de armas a Ucrania.

"Por supuesto lucharé hasta el último minuto para que no se produzca la escisión. Siempre estuve dispuesto al diálogo con Wagenknecht", añadió Bartsch. La doble retirada al frente del grupo parlamentario más pequeño del Bundestag tiene poco que ver con la debilidad actual de un partido que si sigue teniendo escaños en el Parlamento federal no es por su representatividad porcentual, sino por un puñado de victorias en sus distritos tradicionales del este alemán. En las generales de 2021 quedó en un 4,9%, por debajo del listón mínimo del 5% necesario para acceder de forma directa al Bundestag. Pero obtuvo los suficientes mandatos directos o victorias en esos distritos -un mínimo de tres- para obtener representantes y grupo parlamentario propio, de acuerdo a la ley electoral alemana.

Bartsch representa a la corriente de los moderados, mientras que Mohamed Ali está entre los simpatizantes de Wagenknecht. Ambos anunciaron con pocos días de diferencia su retirada del puesto, mientras desde el sector moderado se trata, hasta ahora sin éxito, de echar del partido a Wagenknecht.

Fusión de partidos de izquierdas

Es la enésima lucha por la superviviencia de un partido que nació de la fusión entre el post-comunista Partido del Socialismo Democrático (PDS) de Gregor Gysi y la disidencia socialdemócrata que arrastró consigo Oskar Lafontaine en 1999. Es decir, tras su intempestiva doble dimisión como jefe del Partido Socialdemócrata (SPD) y ministro de Finanzas de su correligionario Gerhard Schröder, apenas seis meses después de llegar al poder al frente de su por entonces revolucionaria coalición roji-verde. El SPD alemán nunca se sobrepuso de aquel desgarro y los dos machos alfa que la protagonizaron, Schröder y Lafontaine, siguen sin dirigirse la palabra -que se sepa- desde entonces.

Lafontaine unió a continuación su destino político al de Gysi, el artífice de la resurrección del PDS post-comunista al que el resto de la clase parlamentaria alemana había tratado inútilmente de arrinconar. A su PDS se le tachaba inclementemente de "heredero del régimen del Muro de Berlín" y se le repudiaba como socio tanto desde la oposición conservadora como desde el SPD o los Verdes. Del tandem entre Lafontaine y Gysi surgió La Izquierda y, con ello, el partido dejó de ser un reducto solo políticamente vivo en el antiguo territorio comunista para extenderse al resto de Alemania. Poco a poco se rebajó el cordón sanitario en torno a La Izquierda, que a escala regional ha sido socio en coaliciones con el SPD y los Verdes, además de liderar el gobierno del estado de Turingia.

A la unión política que generó la Izquierda siguió otra extendida a lo personal: Lafontaine se convirtió en pareja y luego esposo de Wagenknecht, líder desde la fundación del PDS de su ala comunista. Esta confluencia hace que en Alemania se hable ahora del segundo desgarro interno en un partido relacionado, directamente o no, con Lafontaine.

Equilibrios ideológicos

El exlíder del SPD apartó ya de la vanguardia de La Izquierda a raíz de la invasión rusa de Ucrania en desacuerdo con la "línea blanda" que, a su parecer, defiende el resto del partido. Es decir, por tratar de hacer equilibrios entre la condena a la guerra de agresión de Moscú y oponerse al mismo tiempo a los suministros de armas. Lafontaine, como Wagenknecht, defiende la fidelidad o "comprensión" hacia el Kremlin solo comparable en el espectro parlamentario alemán a la de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Esta especie de cercanía entre los dos extremos del Bundestag no se limita a sus posicionamientos respecto a Kiev y Ucrania, sino también en su rechazo a la acogida de refugiados o la lucha contra el cambio climático. Las intervenciones de Wagenknecht en el Parlamento -fue líder del grupo parlamentario hasta 2019- o en sus intervenciones en tertulias u otros foros suelen diferir muy poco de lo que dice la líder de la AfD, Alice Weidel.

Wagenknecht lleva meses coqueteando con la idea de fundar un nuevo partido. El resto de la Izquierda tiembla. Una escisión en un partido que no logró ni el mínimo del 5 % es una amenaza de muerte. Se estima que Wagenknecht podría arrastrar consigo a varios de los 39 diputados que tiene La Izquierda. Por debajo de los 37 perdería su estatus de grupo parlamentario, lo que además de recortes en la financiación que percibe por cada escaño implica la pérdida de puestos en comisiones parlamentarias, vicepresidencia de la Cámara baja, influencia y visibilidad política. Al hipotético nuevo partido de Wagenknecht le estimaba estos días un sondeo del popular diario 'Bild' hasta un 15% de intención de voto. No solo por los que arrancaría a La Izquierda, sino porque también la aclamaría un nuevo "voto de protesta" escindido de la AfD. La pregunta es si seguiría siendo identificable como izquierdista, como ultraderechista o en la órbita de otros movimientos europeos difíciles de situar a uno u otro lado, captadores del llamado voto del descontento o la crispación.

Desde la corriente moderada se está tratando de movilizar de nuevo a Gysi, su más carismático e histórico líder, elocuente y clave de las sucesivas resurrecciones del partido. Gysi, con 75 años y varios infartos en su historial médico, se ha retirado y luego regresado varias veces a la palestra política. La próxima cita del partido con su futuro es el 4 de septiembre, en que deberá elegirse a los nuevos jefes del grupo parlamentario y tal vez asistir a la formalización del nuevo desgarro izquierdista en la política alemana.

viernes, 25 de agosto de 2023

Gemma se reestrena

 Butacas vacías y caída de mecenas: Bayreuth, ante los primeros síntomas de agotamiento


Probablemente Bayreuth sea, junto a Wacken, “lo más alemán” que ofrece en cuanto a festival el verano europeo. A Bayreuth, en Baviera, acude todos los años la elite wagneriana desde casi siglo y medio, del 25 de julio a finales de agosto. A Wacken, un idílico pueblecito del norte, se viaja en la primera semana de agosto a por el heavy metal puro. Son dos festivales de rituales diamentralmente opuestos -cierta etiqueta en el operístico; tatuajes, chalecos de cuero y demás estética heavy, en Wacken-. Pero son de algún modo identificables como representantes de la “alemanidad pura”, base del atractivo que les convierte en lugar de peregrinación anual para wagnerianos o heavys de todo el mundo.



Ambos festivales, el de ópera como el metálico, se vieron sacudidos este 2023 por tormentas torrenciales. En Wacken, una cuarta parte de sus 85.000 fieles se quedaron sin poder acceder al recinto, convertido en un barrizal. Los que lo lograron se pusieron de barro hasta las cejas. Pese a las dificultades, las entradas para 2024 se agotaron a las dos horas de abrirse su venta.

Butacas vacías

Al de Bayreuth llegó todo el mundo a su butaca… pero alguno se encontró con la sorpresa de que la de al lado estaba vacía. Que siguieran a la venta las entradas online para las sesiones del “Anillo del Nibelungo” llenó los comentarios de sus entreactos –de una hora de reloj, otra tradición de la casa-. Que esa siguiera siendo la situación hasta el cierre de la temporada, este 28 de agosto, causaba ya algo más que extrañeza. Hasta hace una década, Bayreuth presumía de unas listas de espera de hasta 15 años cada una de las casi 2.000 butacas del viejo teatro construido en 1872. Su temporada es corta y absolutamente codiciada. Con el paso a la venta online se aligeró un poco el suplicio de la espera. Pero seguían agotándose todos los contingentes.



La gerencia aumentó el precio de las entradas cerca de un 6 % --el nivel de la inflación media de 2022, explicó el festival-. Sigue siendo, sin embargo, más asequible que otros equivalentes –como Salzburg--, con localidades que van de los 350 a 210 euros, según categorías y piezas.
Wagner en 'formato Netflix'

Katharina Wagner, biznieta del compositor y directora del festival desde 2008 –primero en dirección colegiada con su hermanastra Eva Wagner-Pasquier y desde 2015 en solitario--, diseñó la temporada que ahora termina bajo el signo de la renovación. La abrió el “Parsifal” dirigido por Pablo Heras-Casado, el primer español que dirigía en el mítico foso de Bayreuth, después de que Plácido Domingo lo hiciera para la “Valquiria” en 2018.

Domingo escuchó algunos abucheos, mientras que Heras-Casado triunfó pese a que el concepto escénico de “Parsifal” fue todo lo contrario a exitoso. La ocurrencia de su artífice, Jay Scheid, de colocar a parte del público gafas de realidad aumentada –AR-- no gustó ni a los que las llevaban –uno de cada cinco-- ni a los que se quedaron sin ellas. Los primeros, porque la realidad virtual se convirtió en un estorbo; los segundos, por la sospecha de que tal vez se perdían algo. Al final no estaba claro si el privilegio consistía en disponer de las gafas AR o lo contrario.

Renovadores versus ortodoxos


Heras-Casado fue uno de los cinco maestros al frente de la orquesta de Bayreuth en esta temporada, todos ellos representantes de una generación de renovadores wagnerianos. Por primera vez en un cuarto de siglo no dirigía en la casa Christian Thielemann. La francesa Nathalie Stutzmann debutaba como el español en Bayreuth y se llevó una ovación de las que hacen historia al frente de “Tannhäuser”; el finlandés Pietari Inkinen brilló con el “Anillo”; la ucraniana Oksana Lyniv lo hizo con el “Holandés errante” y el alemán Markus Porschner con “Tristán e Isolda”.

La elección de los cinco maestros, entre ellos dos mujeres, fue un acierto. Katharina cumplió con el desafío de la renovación sin sacrificar la señal de identidad de festival, que es el culto en exclusiva a Wagner. Como viene siendo desde que el compositor levantó en esa ciudad de provincias bávara el teatro para sus óperas, financiado por el Rey Loco, Luis II de Baviera
.


¿Por qué entonces esas butacas vacías? Los huecos aquejaron sobre todo al “Anillo”, la producción en 'formato Netflix' de Valentin Schwarz que en su estreno en 2022 pasado desató atronadores abucheos. Este año las reacciones, aunque adversas, fueron menos virulentas. Las entradas online se ofrecían incluso por separado para cada una de las piezas de la tetralogía, sin necesidad de adquirir el paquete de cuatro, una blasfemia para la ortodoxia wagneriana.

El presupuesto se tambalea

Sobre Bayreuth planea la pregunta de si se agotó la fórmula de insistir únicamente en el repertorio de siempre. Katharina Wagner tiene pendiente la renovación de su contrato, que expira en 2025. Un año después se conmemorarán los 150 años de existencia del festival. Todo apuntaría a la continuidad. Pero las estructuras financieras cambiaron. Y también las sumisiones. Hasta ahora, el 'Land' de Baviera, junto con el Estado federal y la Sociedad de los Amigos de Bayreuth –que agrupa a mecenas-- tenía cada uno un 29 % de participación en el festival, lo que suponía una aportación de 3 millones de euros cada uno. El resto era competencia de la ciudad de Bayreuth.

A finales del año pasado, los mecenas anunciaron que reducían su parte. Baviera respondió subiendo la suya al 37 %, lo mismo que el Estado federal. Mientras que para el gobierno bávaro no hay dudas debe seguir a cargo “de un Wagner”, para la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, es el momento de cuestionarse esa sumisión. “Hay que mostrar valor e introducir cambios en las estructuras históricas de Bayreuth”, afirmó recientemente.

Que una ministra del gobierno federal trate de dictar las normas al tradicionalista festival sería una afrenta en otros tiempos. Pero Roth es tan bávara como Bayreuth. Los orígenes musicales de la ministra ecologista están más cerca del heavy que de la ópera -fue manager y novia de un miembro de una iconoclasta banda rock llamada Ton Steine Scherben-. Pero es asidua a Bayreuth desde mucho antes de entrar en el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz. Se puede permitir incidir en el debate. No es la más ilustre wagneriana del ámbito político alemán. Esta categoría está reservada a Angela Merkel, quien acudió al festival siendo la jefa de la oposición conservadora, en sus 16 años como canciller y tras retirarse del poder. Pero a Roth se la considera parte de la familia.

Su frase se interpretaba como el pre-anuncio de otra guerra de sucesión. Bayreuth ha estado siempre dirigido por algún descendiente de Wagner o cónyuge de éstos –como Winifred Wagner, esposa de Siegfried Wagner, británica y adoradora de Adolf Hitler--. Katharina protagonizó un duro pulso con sucesivos parientes por la sucesión de Wolfgang Wagner, su padre. Tiene ahora por delante la pugna por renovar, o no, su contrato.

lunes, 21 de agosto de 2023

Photo call


Zelenski recorre la "ruta del F-16", del norte al sur europeo                                                  Joana Serra
De Países Bajos a Dinamarca y de ahí finalmente a Grecia, varios de los socios europeos cuyas fuerzas áreas disponen del preciado F-16: la gira europea sorpresa del presidente Volodímir Zelenski en pleno agosto no dejaba lugar a dudas de cuáles son sus propósitos. Esto es, pasar de las promesas al compromiso de suministros de esos cazas occidentales, aunque en el mejor de los casos serán entregas a medio plazo, a partir de 2024, que no resolverán los problemas actuales de la contraofensiva ucraniana.
Era una gira calificada de sorpresa porque cada una de las estaciones recorridas por el líder ucraniano se reveló sobre la marcha y generalmente a través de los mensajes en redes sociales del propio Zelenski a medida que llega a su destino o escritas desde su avión. Pero no hay dudas sobre su estrategia: el sábado había acudido también en una visita no anunciada a Suecia, a modo de etapa previa, para "abordar" con su gobierno los suministros del "Gripen", el caza de fabricación sueca; el domingo pasó a Países Bajos y Dinamarca, hasta ahora el único país que ha concretado en cifras su disponibilidad -19 aparatos F-16, seis de ellos a finales de este año y el resto entre 2024 y 2025; el lunes siguió hacia Grecia, tras dejarse aclamar por el Parlamento danés y emocionar a los ciudadanos en un discurso al aire libre.
La ruta europea del F-16 tiene su lógica en las unidades que se estima tiene cada uno de estos países del caza de fabricación estadounidense que anhela Kiev. En el caso de Países Bajos son 42 y en el de Dinamarca 44. El primer ministro en funciones neerlandés, el liberal Mark Rutte, se dejó fotografiar con Zelenski sonriente junto a estos aparatos, pero sin revelar cuántos está dispuesto a suministrar su país. Su homóloga danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, sí plasmó su disponibilidad en cifras.
El sueco Ulf Kristersson, al frente de una coalición de centro-derecha, expresó este lunes, dos días después de recibir a Zelenski y no concretar nada, las dificultades de su país para poner a disposición de Kiev los "Gripen". Suecia no ha completado aún su proceso de incorporación a la OTAN y por tanto no puede comprometer su defensa futura, afirmó. Se refería así a la ratificación aún pendiente de Turquía, que si no hay nuevas demoras o disensos de Ankara podría formalizarse en otoño.
Dinamarca, un país de apenas 5,8 millones de habitantes, plasma en cifras una disponibilidad que otros dejan en el terreno de la declaración de intenciones. Copenhague fue este lunes una exhibición de emoción y solidaridad hacia Zelenski comparable con la que ha encontrado el líder ucraniano cuando ha visitado Lituania o Polonia, los máximos exponentes dentro de la Unión Europea (UE) del temor compartido hacia Rusia.
"Ucrania defiende la libertad y la democraica frente a la tiranía del invasor ruso", afirmó Zelenski ante el Parlamento danés. Un mensaje idéntico al que ha dejado en visitas al Báltico o a Polonia. Encontró en Copenhague un eco parecido al que cosecha en estos países, pese a que, a diferencia de éstos, Dinamarca no está expuesto a los peligros de la directa vecindad con Rusia o su aliado, Bielorrusia.
Zelenski visitó a sus aliados del norte acompañado de su esposa, Olena, algo inusual en sus viajes al extranjero. E incluyó en su agenda recepciones con los reyes suecos, Carlos Gustavo y Silvia, y con la reina de Dinamarca, Margarita.
Que la siguiente estación fuera Grecia se justificó, según el mensaje de Zelenski, en su intención de participar en la reunión de líderes de los Balcanes occidentales, a la que asimismo acude la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen.  Pero de alguna manera también estaba en el aire el hecho de ser Grecia un aliado occidental "rico" en cuanto a su dotación de F-16. El país heleno tiene la mayor dotación de estos cazas entre sus socios de la UE, 170, según datos de 2020. Corresponden a diferentes generaciones o variantes del aparato de Lockheed Martin. Es una dotación a la que Grecia se aferra como necesaria y que tiene que ver con las tensiones que mantiene con Turquía por la delimitación de las zonas del Egeo y el Mediterráneo oriental, entre otras razones estratégicas.

domingo, 20 de agosto de 2023

Fin de una era: un tuit y un pantallazo




 

Cierre

Scholz busca conjurar las divisiones internas en el Día de Puertas Abiertas

Gemma Casadevall

Berlín, 20 ago (EFE).- El canciller alemán, Olaf Scholz, trató este domingo de conjurar los disensos públicos que envuelven a su tripartito desde el llamado Día de las Puertas Abiertas de su Gobierno y con la Cancillería convertida en plataforma para todo tipo de inquietudes ciudadanas.

"No me gusta que las discusiones internas del gobierno salten a los medios. Estamos aún en proceso de debate. Y estoy seguro de que llegaremos rápidamente a un acuerdo", afirmó Scholz, en mangas de camisa y ante centenares de ciudadanos esperando turno para dirigirle su pregunta, a 30 grados y bajo el sol.

Respondió así a una cuestión sobre el conflicto entre su ministra de la Familia, la verde Lisa Paus, y el titular de Finanzas, el liberal Christian Lindner, enfrentados por una nueva prestación destinada a las familias con niños en situación de pobreza, un problema creciente en Alemania.

"Mi motivación principal, la que acompaña toda mi carrera y con la que me levanto todos los días es la justicia", aseguró poco después, ante otra pregunta ciudadana.

Alemania tiene "los suficientes instrumentos y la solidez necesaria" para atender a estos problemas, aseguró. Su tripartido entre socialdemócratas, verdes y liberales "trabaja todos los días, a todas horas" para resolver desafíos globales y preocupaciones ciudadanas, añadió.

Era el segundo Día de Puertas Abiertas de Scholz como canciller y estaba marcado por sondeos adversos: un 64 % de los ciudadanos quisieran otro gobierno, según una encuesta publicada por el dominical del popular diario "Bild".

Su tripartito entrará en la segunda mitad de la legislatura en otoño y desde hace meses se suceden los malos augurios para su coalición. La oposición conservadora ocupa la primera posición en intención de voto seguida de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), con un 26 y un 20 % respectivamente.

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A los socialdemócratas de Scholz se les reserva el tercer puesto con un 17 %, mientras que los Verdes están en un 14 % y los liberales en el 7 %.


Scholz se vio confrontado a preguntas de todo tipo -desde personales a referidas a Afganistán, Ucrania o Níger-; se las dirigieron ciudadanos de toda edad, origen y condición -incluido un niño de 10 años- y se escucharon bastantes acentos extranjeros.

En general el tono era más amistoso que lo reflejado por los sondeos. El canciller, por lo demás, tiene un buen rodaje para estos encuentros. En Alemania son habituales tanto las jornadas de puertas abiertas -instituidas en 1999- como los llamados foros ciudadanos que se celebran prácticamente todos los meses.

Pero está claro que el retorno a la actividad tras el receso estival está empantanado por esa confrontación entre Paus y Lindner, ante un problema que según estimaciones coincidentes del Ministerio de la Familia, instituciones de apoyo social e institutos económicos afecta a 5,5 millones de niños. Es decir, uno de cada cinco menores de la primera economía de la zona euro.

Lindner se insiste en que el monto de ese subsidio no puede superar los 2.000 millones de euros anuales a partir de 2025. La ministra de la Familia reclamaba 12.000 millones, pero según medios alemanes rebajó ya esta aspiración a 7.000 millones anuales.

Es un escollo más en un tripartito cuya gestión acumula enfrentamientos entre verdes y liberales. Ahora la situación escaló a otro calibre al llegar la ministra Paus a vetar un plan de alivios fiscales para las empresas elaborado por Lindner, quien el pasado miércoles tuvo que cancelar a última hora la conferencia de prensa en que pretendía presentarlos.

Fue una decisión en solitario de Paus, lo que aparentemente causó malestar en sus propias filas verdes. Especialmente en el vicecanciller y ministro de Economía, Robert Habeck, quien ha tenido ya demasiadas pullas que librar frente a Lindner en defensa de las renovables en plena crisis energética.

La solución de compromiso para la llamada "salvaguarda infantil básica" con que Paus pretende ofrecer unos ingresos mínimos a las familias afectadas podría situarse en unos 3.500 millones de euros, según informaciones del semanario "Die Zeit". EFE  gc/ad

Olaf und das Volk

 Scholz, ante la difícil tarea de limar asperezas al sol

Joana Serra



El llamado Día de Puertas Abiertas del gobierno alemán coincidió este año con uno de esos momentos complejos en toda coalición: con dos de los tres socios enfadados sin disimulos y con los sondeos más cuesta arriba que nunca. Olaf Scholz, cuyo tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales llegará la mitad de la legislatura en otoño, cumplió con el compromiso de acercarse al ciudadano acuerdo a su dinámica habitual. Es decir, sin crispación, respondiendo pacientmente al centenar de preguntas de cualquier tipo que le dirigían sus conciudadanos -y algún residente extranjero- y tratando de detectar lo antes posible a los más hostiles para neutralizarlos sin perder la compostura.

Todo eso, tres días después de que una de sus ministras, la de la Familia, Linda Paus, de los Verdes, frustrara la presentación ante los medios de un proyecto estrella de su colega de Finanzas, Christian Lindner. Paus, hasta entonces una ministra poco mediática, simplemente bloqueo en el Consejo de Ministra el plan de alivios fiscales para las empresas diseñado por el titular de Finanzas. A Lindner, líder de los liberales y uno de los ministros más omnipresentes en los medios, no le quedó otra que desconvocar a los medios, horas antes de la anunciada rueda de prensa.

El detonante del conflicto es el subsidio que Paus quiere implantar para paliar un problema creciente en la primera economía europea: los niños en situación de pobreza o riesgo de caer en ella. Uno de cada cinco menores alemanes está en esa posición, lo que significa 5,5 millones de niños. Paus considera que se necesitan unos 12.000 millones anuales para destinar a ese nuevo subsidio. Más o menos la mitad de lo que Lindner pretendía dedicar al suyo en apoyo a las empresas.

Hubo choque frontal y público de trenes. Paus ha rebajado sus aspiraciones a 7.000 millones, mientras en medios alemanes se hablaba este domingo de una solución de compromiso en torno a los 3.500 millones.

“No hay que hablar públicamente de discusiones internas cuando la cuestión se está debatiendo aún. Habrá acuerdo. Y será rápido”, prometió Scholz, a una de las preguntas que le dirigían los ciudadanos. Fue una hora larga de cuestiones de todo tipo, desde combate climática, a la democracia en Israel, el horror en que se ha convertido Afganistán tras el regreso taliban o las ayudas a la familia. Un niño de 10 años le leyó una carta de agradecimiento, algún ciudadano o visitante extranjero le recordó el auge de la ultraderecha en su país y también se le confrontó con la situación de su tripartito en los sondeos.

La oposición conservadora ocupa desde hace meses la primera posición en intención de voto, con un 27 %, seguida de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), sobre el 20 %. A los socialdemócratas, verdes y liberales se les coloca en tercera, cuarta y quinta posición con tendencia a la caída en picado.

Scholz atajó todas las cuestiones sin pestañear. Los ciudadanos que tenía enfrente, que habían guardado cola para pasar los controles de seguridad, le dirigían sus cuestiones en tono cortés, desde el patio de la Cancillería, a más de 30 grados y bajo un sol implacable. Lo mismo hacía en paralelo cada uno de sus ministros en sus sedes respectivas.

El Día de Puertas Abiertas del gobierno fue instituido en 1999, el año en que se completó el traslado del Parlamento, Gobierno y principales instituciones federales desde Bonn a Berlín. Se cerró así la etapa en que Bonn, una tranquila ciudad renana, había ejercido de capital. Fue desde la fundación de la República Federal de Alemania (RFA), tras la II Guerra Mundial, hasta casi diez años después de la caída del Muro. Berlín no es la aldea federal, como se denominó irónicamente a Bonn, sino una capital con múltiples problemas, incluidas las bolsas de pobreza que quiere paliar la ministra Paus.

El primer canciller en abrir las puertas de su sede al ciudadano fue el asimismo socialdemócrata Gerhard Schröder. Con él la jornada era un poco más divertida. Jugaba a futbolines con los visitantes o se abrazaba a los más solícitos. Le sucedió la conservadora Angela Merkel, con un estilo más parecido al de Scholz: sin aspavientos y, a su manera, cercano.

Como niños

Zelenski acaricia los F-16 desde Países Bajos y Dinamarca

Joana Serra

La gira de Volodímir Zelenski por Suecia, primero, y Países Bajos, a continuación, se llevó al menos una de las recompensas anheladas por el presidente ucraniano: el compromiso expreso de La Haya y de Copenhague de que se le suministrarán los cazas F-16 que Kiev reclama para su Defensa.

Un día después de presentarse en Estocolmo para pedir al gobierno de Ulf Kristersson que acelere la entrega de los aviones de combate Gripen, de fabricación sueca, Zelenski se plantó el domingo en Eindhoven, la planta donde Países Bajos tiene sus F-16. Era su segunda estación en la ronda de “visitas de trabajo sorpresa” realizadas este fin de semana. En la base de Eindhoven se hizo incluso un selfie con el primer ministro neerlandés interino, Mark Rutte, ambos sonrientes con uno de los aparatos al fondo.

Y a continuación surgió el comunicado, primero del gobierno neerlandés y luego el correspondiente del danés, ambos en la misma dirección. Ucrania tendrá los cazas “tan pronto como sea posible”, confirmó más tarde Rutte, aunque sin concretar cuántas unidades. Países Bajos los entregará a Kiev una vez completado el entrenamiento de los pilotos ucranianos, puesto que ello es “crucial” para su manejo. Ello significa que no contribuirán a corto plazo a la defensa de Ucrania.

Países Bajos tiene actualmente 42 cazas de este modelo, precisó Rutte. El propio Zelenski admitió que el monto final de los que se enviarán a su país dependerá de Dinamarca. “Tendremos una conversación adecuada con nuestros aliados daneses próximamente”, aseguró el líder ucraniano.

Zelenski lleva prácticamente desde el inicio de la invasión rusa a su país, en febrero del año pasado, asegurando que precisa cazas occidentales.

Sin embargo, tanto Washington como otros grandes aliados habían respondido hasta ahora con ambigüedades. En el caso de F-16, de fabricación estadounidense, corresponde dar esa licencia a Washington. La administración de Joe Biden compartía con la alemana del canciller Olaf Scholz las prevenciones contra esas entregas. Pero en los últimos meses las entregas de material militare se han hecho más y más contundentes, mientras desaparecían una tras otra sucesivas “líneas rojas”.

Se despejó algo el camino al mostrarse Países Bajos y Dinamarca dispuestos a entrenar en su territorio a pilotos ucranianos, algo imprescindible para el suministro. Pero desde Kiev se admitía hace unos pocos días que por el momento no se cuenta con la entrega efectiva su país vaya a realizarse este año.

“Hoy se concretó algo fundamental. Estarán en el cielo ucraniano. Gracias, Países Bajos. Gracias Mark. Es el principio”, afirmó Zelenski aún desde la base neerlandesa. Hasta lograr ese objetivo, el gobierno de Copenhague buscará aún otros aliados dispuestos a participar en la llamada coalición de los F-16. Entre los países que disponen de estos aparatos y que se han mostrado dispuestos a cederlos se encuentra Bélgica, con 44 aparatos. Otros socios europeos con este caza en sus fuerzas aéreas con Grecia, Portugal, Turquía, Polonia y Rumanía.



sábado, 19 de agosto de 2023

El aliado Ulf

Zelenski busca más apoyo militar, en un viaje a Suecia marcado por las muertes de civiles 

Marina Ferrer

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acudió a Suecia en un viaje sorpresa en busca de más apoyo militar desde este país nórdico, uno de los fieles aliados occidentales a Kiev, una visita que se desarrolló bajo el impacto de un nuevo ataque con víctimas mortales en Ucrania.

Apenas una hora después de que Zelenski informara, vía X -o twitter- de su llegada a Estocolmo junto a su esposa Olena, un nuevo mensaje en la red del líder ucraniano incorporaba un vídeo con las primeras imágenes de la Universidad de Chernígov tras el impacto de un misil ruso que impactó en el corazón de esa ciudad. Poco después llegaron las informaciones de su Ministerio del Interior, en Kiev, con al menos seis muertos y una treintena de heridos.

“Eso es lo que ocurre cuando se vive al lado de un estado terrorista”, escribió Zelenski. El propósito del presidente ucraniano era reunirse en Estocolmo con el primer ministro sueco, el conservador Ulf Kristersson, con el rey Carlos Gustavo y visitar luego el Parlamento, del que depende la aprobación a la ayuda militar.

“Tenemos una amplia agenda (…) incluye los poderosos CV-90s”, escribió de nuevo Zelenski, en alusión a dichos blindados de fabricación sueca.

El país nórdico, que al igual que Finlandia solicitó su ingreso en la OTAN el año pasado bajo el impacto de la invasión rusa de Ucrania, es un sólido contribuyente occidental a la defensa ucraniana. Esta misma semana aprobó su gobierno un nuevo paquete de ayuda militar, el número doce desde el año pasado, lo que eleva a unos 1.500 millones de euros el total de lo aportado, incluidos varios tanques Leopard.

La visita de Zelenski a Estocolmo se produjo en un momento delicado para el país nórdico, aún a las puertas de completar su ingreso en la OTAN y pendiente de la ratificación de Turquía. Kristersson y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, anunciaron en la pasada cumbre de la Alianza Atlántica de Vilna (Lituania), el pasado julio, el fin del bloqueo que Ankara mantenía desde hacía meses al ingreso sueco. Pero luego resurgieron las críticas de Ankara a Estocolmo, ahora a raíz de una serie de quemas públicas del Corán, bajo autorización policial, que han levantado la indignación en el mundo islámico.

El mismo viernes se había producido otra de estas acciones, de nuevo a cargo del refugiado iraquí, Salwan Momika, que lleva meses con estos actos y que esta vez lo convocó ante la embajada de Irán en Estocolmo.

Suecia ha condenado cada una de estas acciones, sea las de este refugiado o las que ha protagonizado el neonazi sueco-danés Rasmus Paludan. Pero considera que no se pueden prohibir, porque están amparadas por la libertad de expresión, de acuerdo a la Constitución sueca.

En medio de la alarma creada por las reacciones del mundo islámico, la más grave de las cuales fue el asalto e incendio de la embajada sueca en Bagdad, Estocolmo busca formas legales para restringirlas cuando se convocan en espacios especialmente sensibles.

De momento, Estocolmo elevó esta semana su nivel de alerta antiterrorista al cuarto punto –de los cinco posibles-, el más alto en siete años. Según sus autoridades no hay amenazas concretas, pero entre los factores señalados para recomendar esta modificación están las quemas públicas, bajo autorización policial, del libro sagrado musulmán.


Gira royal



Zelenski pide a Suecia sus cazas “Gripen”, en una visita sacudida por nuevos ataques en Ucrania

Joana Serra

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acudió este sábado a Estocolmo en busca de más apoyo militar, concretamente los cazas de fabricación sueca “Gripen”, y la perspectiva de poder producir próximamente en Ucrania los blindados CV-90s, 50 unidades de los cuales fueron suministrados ya por Suecia a su país.

Su visita no había sido previamente anunciada por razones de seguridad. Y, algo inusual, le acompañó su esposa Olena. Junto al encuentro con el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, Zelenski tenía en su agenda una reunión con el rey Carlos Gustavo, según anunció el propio mandatario ucraniano a través de su cuenta en X -o twitter- en un primer mensaje difundido a su llegada a Estocolmo.

La ayuda militar era la cuestión prioritaria de su visita. Pero el bombardeo con un misil Iskander en el corazón de la ciudad de Chernígov, a 140 kilómetros de Kiev, trasladó la tragedia diaria que vive su país a Estocolmo. “Quiero expresarle mi profunda condolencia por este nuevo acto de brutalidad”, dijo Kristersson, en su comparencia conjunta con Zelenski, tras la reunión mantenida en Harpsund, la hermosa residencia de verano del jefe del gobierno sueco, a unos 100 kilómetros de la capital. Por entonces, el bombardeo ruso había dejado ya siete víctimas mortales confirmadas y una treintena de heridos. 

La visita de Zelenski se produjo unos días después de que Estocolmo anunciara un nuevo paquete de ayuda militar a Ucrania, lo que eleva el total de su contribución desde el inicio de la invasión rusa a unos 1.500 millones de euros.

Estocolmo es un firme aliado de Kiev, en lo que influye también el propio temor nórdico hacia Moscú. Suecia abandonó su tradicional neutralidad militar el año pasado, precisamente a raíz del inicio de la invasión, cuando pidió juntamente con Finlandia el ingreso en la OTAN.

La visita de Zelenski no había sido anunciada previamente, como suele ocurrir en viajes al extranjero especialmente sensibles del líder ucraniano. Pocos días antes, Suecia había elevado la alerta antiterrorista al nivel cuatro -de los cinco posibles-. La medida se atribuyó, entre otros factores, a las amenazas y las protestas violentas generadas en el mundo islámico por las quemas públicas -bajo autorización policial- del Corán que se han dado desde hace unos meses tanto en Suecia como en Dinamarca. El mismo viernes hubo una de estas acciones por parte de un refugiado iraquí, Salwan Momika, quien ha protagonizado ya varias de estas quemas pública ante embajadas de su país de origen o ante la iraní. Asimismo ha llevado a cabo acciones parecidas un destacado neonazi sueco danés, Rasmus Paludan, tanto en Suecia como en Dinamarca.

El caso de Suecia es complejo, puesto que tiene aún pendiente de Turquía su proceso de incorporación como miembro de pleno derecho en la OTAN. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, mantuvo durante meses bloqueado el ingreso sueco. En la última cumbre de la OTAN, celebrada en la capital lituana, Vilna, el líder turco anunció su desbloqueo, pero no se espera la ratificación formal por parte de Ankara antes del otoño.

Turquía está entre los países de población mayoritariamente musulmana que ha condenado estas quemas. El gobierno de Kristersson ha expresado su repudio absoluto a estas acciones, pero explicado que no se pueden prohibir por estar respaldadas por el precepto de la libertad de expresión de la Constitución del país. Su ejecutivo estudia cómo restringirlas, cuando menos, si se convocan ante embajadas extranjeras o ante mezquitas.

jueves, 17 de agosto de 2023

Plebiscito

Polonia someterá a referéndum la reforma migratoria de la UE

Joana Serra


El Parlamento polaco, el Sejm, dio luz verde este jueves a la celebración de un referéndum el mismo día en que están convocadas las elecciones legislativas del país, el 15 de octubre. Constará de cuatro preguntas, según los planes del gubernamental partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), entre ellas una que entronca con la línea persistentemente díscola de Varsovia respecto a Bruselas: la reforma del asilo planteada a escala de la Unión Europea (UE) que rechazan tanto Polonia como Hungría.

¿Apoya usted la acogida de miles de migrantes irregulares procedentes del Próximo Orienta y África, de acuerdo al mecanismo obligatorio creado por la burocracia europea?”, es el anunciado de la pregunta, tal como está formulada en la moción presentada por el PiS. El objetivo es dar un rango adicional de plebiscito a la convocatoria electoral, después de que tanto el primer ministro Mateusz Morawiecki como el líder del PiS y viceprimer ministro, Jaroslaw Kaczynski, hayan dejado claro su rechazo cerrado a la propuesta consensuada entre los miembros de la UE. La fórmula de Bruselas prevé un reparto en contingentes dichos equilibradosentre sus estados miembros, que quedarán obligados a pagar 20.000 euros por cada refugiado que rechacen.

Las restantes tres preguntas que se plantearán al ciudadano atañen a la privatización de empresas estatales, al reforzamiento de la frontera con Bielorrusia y a la subida de la edad de jubilación a 67 años.

El Sejm aprobó la inclusión de la consulta en la jornada electoral por 234 contra 451 votos.

Tras la votación principal se pasó a un largo debate sobre los contenidos de la resolución a cargo de una comisión legislativa, que finalmente respaldó la moción.

Fue un revés para el líder de la opositora Plataforma Cívica (PO), el liberal Donald Tusk. Dos días antes había anunciado su rechazo al referéndum, no solo por sus contenidos sino sobre todo porque, a su parecer, manipula el sentido de las legislativas y moviliza recursos públicos para la campaña del PiS.

La PO de Tusk, primer ministro del país entre 2007 y 2014 y presidente del Consejo Europeo en los cinco años siguientes, es el principal rival de la formación de Kaczynski. En sus ocho años ininterrumpidos en el poder, el PiS ha mantenido una constante línea de confrontación con Bruselas, lo que le ha valido sucesivos expedientes de la Comisión Europea (CE). Tanto Kaczynski como Morawiecki consideran a Tusk una marioneta de Bruselas o, por extensión, de Alemania, el país que, a juicio del PiS, impone sus dictados a la UE.

La cuestión de asilo domina la pre-campaña, seguida del reforzamiento de las fronteras, algo que además sirve al PiS para “afear” a Tusk y acusarle de haber desmantelado las fuerzas armadas cuando estuvo en el poder. Polonia empezó a redoblar sus inversiones en Defensa bajo el PiS y antes incluso del inicio de la invasión rusa de Ucrania con adquisiciones multimillonarias de armamento a socios como Estados Unidos y Corea del Sur. Para este 2023 se aprobó un gasto en Defensa récord, equivalente al 4 % del producto interior bruto (PIB) de Polonia. Es decir, por encima de la media de sus socios de la OTAN.

Varsovia estima en miles el número de mercenarios del grupo Wagner desplegados actualmente en Bielorrusia, lo que refuerza su determinación a blindar sus 400 kilómetros de frontera con eprincipal aliado de Moscú. Y alude a una guerra híbrida, en forma de inmigración irregular procedente de Oriente Próximo o África, impulsada desde Minsk para desestabilizar Polonia. Varsovia se propone responder al desafío desplegando hasta 10.000 efectivos adicionales en las regiones más vulnerables. De los 172.500 soldados que actualmente integran sus fuerzas armadas, además de voluntarios y unidades paramilitares, quiere pasar a medio plazo a los 300.000 efectivos.

miércoles, 16 de agosto de 2023

Porro made in Germany

 Alemania, a por el consumo y cultivo “legal y ordenado” del cannabis

Marina Ferrer




Hasta tres plantas de cannabis para el autocultivo o la posesión de 25 gramos destinados al “consumo personal”, que deberán adquirirse en asociaciones específicamente creadas para este fin: estas son las líneas maestras del proyecto de ley aprobado este miércoles por el Consejo de Ministros alemán para la denominada “legalización ordenada” del cannabis. Se dirige a los mayores de 18 años y establece ese máximo de 25 gramos como cantidad adquirible en los locales establecidos y con la licencia oportuna más mecanismos de control necesarios para hacerlo.

Fue presentado por el ministro de Sanidad, el socialdemócrata Karl Lauterbach, médico de profesión y, en el pasado, contrario a despenalizar una droga cuyo consumo, reconoce, entraña sus peligros especialmente para los más jóvenes. La legalización controlada forma parte del pacto de coalición suscrito entre los socialdemócratas del canciller Olaf Scholz, los Verdes y los liberales al inicio de la legislatura, en 2021. A Lauterbach le correspondió, por tanto, ponerla en marcha.

El proyecto de ley representa “un punto de inflexión en la política alemana” sobre el consumo de drogas, afirmó ahora el ministro, mientras desde la oposición conservadora, asociaciones de jueces, sector médico e incluso ámbito policial se echaba el grito al cielo ante las dificultades e incertidumbres que, para los detractores de su legalización, entraña dar ese paso.

“Mi propósito no es extender o promover el consumo de una droga denominada blanda, sino limitarlo y hacerlo más seguro”, sostuvo el ministro. Alemania no se dispone a seguir ejemplos “poco positivos” de legalización, como los implantados en Países Bajos o Estados Unidos, que llevaron a un incremento del consumo, sino “dotarse de una regulación que frene su mercado negro”. Algo que ocurrirá en el momento en que en lugar de “ir a un parque de Kreuzberg o de Prenzlauer Berg” a por la substancia, añadió, en alusión a dos barrios de Berlín conocidos como puntos fuertes para los traficantes, existan locales legalizados donde adquirirla “de forma segura”. El cultivo de la planta para autoconsumo tendrá lugar en asociaciones o clubes de hasta 500 miembros, que tendrán así acceso a los 25 gramos diarios o un máximo de 50 gramos al mes.

Lauterbach sostiene que con su regulación se podrán atajar de golpe varios problemas sustanciales. El principal, la criminalidad asociada a su tráfico. Desde el sector policial se rebate esta afirmación, ya que se considera que el mercado negro paralelo, lejos de quedar suprimido, crecerá. A su parecer, la posibilidad de acceder a la droga legalmente generará nuevas adicciones.

Desde la oposición conservadora se ha apremiado al ministro a bloquear el proyecto antes de su entrada en el trámite parlamentario. Las críticas sobre la regulación formulada por el ministro socialdemócrata se han extendido también en el seno del tripartito de Scholz. Los Verdes, como los liberales, la consideran demasiado restrictiva. Especialmente en lo que concierne a la dosis máxima marcada, algo que rechazan “de plano” los liberales, según la portavoz de su grupo parlamentario, Kristine Lütke.


Vuelve María

 Alemania, a por el "porro" legal y controlado

Joana Serra



El gobierno de Olaf Scholz ha activado un plan para la legalización controlada del cannabis que, antes de ver la luz, ha desatado ya una tempestad de críticas desde los más diversos sectores. El ministro encargado de su elaboración es el titular de Sanidad, el socialdemócrata Karl Lauterbach, médico de profesión, quien ha admitido sus propios reparos ante su consumo por los más jóvenes, pero que defiende su plan como una vía para frenar el mercado negro y la criminalidad inherente al tráfico de una droga denominada blanda.
"Que nadie malinterprete la ley. El consumo del cannabis se legalizará, pero no por ello dejará de ser peligroso", reconoció este miércoles al presentar el proyecto de ley, aprobado por el Consejo de Ministros. La posesión de 25 gramos de la droga o de tres plantas para autoconsumo a partir de los 18 años dejará de ser un delito. Los lugares destinados a ese consumo o cultivo legal serán asociaciones o clubes de hasta 500 miembros, con su correspondiente licencia y sometidos a estrictos controles, aseguró el ministro.
Para la oposición conservadora no hay garantías posibles de que estos clubes contribuyan a frenar ni el consumo ni el tráfico ilegal de la droga. Al contrario, harán que se normalice su consumo y se ignoren los peligros derivados de su adicción.
"Es irresponsable desde el punto de vista médico", afirmó el secretario general de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Carsten Linnemann. "Es un atentado contra las leyes de protección de la salud de los jóvenes", apuntó por su parte Alexander Dobrindt, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y ministro de Transportes en tiempos de Angela Merkel en la Cancillería.
Las críticas al proyecto de ley no se limitan al estamento político. Desde la Asociación de Jueces, así como desde el Sindicato de la Policía se ha alertado de los problemas adicionales que generará en la lucha contra el tráfico de drogas. Un control efectivo sobre el acceso legal a la droga es, desde el punto de vista policial, "casi impracticable" e implicará esfuerzos adicionales frente a la delincuencia organizada.
El proyecto de ley fue formalmente aprobado este miércoles y era, de hecho, una asignatura pendiente para Lauterbach desde el inicio de la actual legislatura, en 2021. El pacto de coalición suscrito entonces entre socialdemócratas, verdes y liberales incluía la legalización del cannabis. Era una de las aspiraciones compartidas entre los dos socios menores de Scholz, verdes y liberales, más acostumbrados a disentir entre sí que a coincidir.
No ha entrado aún en el trámite parlamentario, pero desde las filas liberales se piden ya modificaciones. "Contempla tantas regulaciones y por cuestiones tan mínimas que generará un monstruo burocrático inabordable por la Justicia", afirmó la portavoz del grupo liberal en el Parlamento, Kristine Lütke. El articulado del proyecto establece puntos considerados inviables. Entre ellos, cómo controlar que se cumplan las distancias mínimas establecidas entre los denominados "clubes" para el consumo o cultivo del cannabis respecto a escuelas o guarderías. Marcar una dosis máxima diaria de 25 gramos --o hasta 50 gramos al mes- es asimismo "absolutamente rechazable" para los socios liberales, añadió.

martes, 15 de agosto de 2023

En marcha


 

Polonia exhibe poderío militar y patriotismo 

Marina Ferrer

Varsovia convirtió su Día del Ejército en una exhibición de poderío militar, reflejo de la determinación de su gobierno de reforzar el gasto en Defensa y en una jornada en que los ataques rusos castigaron la región ucraniana limítrofe con Polonia.

El presidente polaco, Andrzej Duda, abrió el mayor desfile del ejército en varios años, de pie, sobre un carro blindado descubierto. Era uno de los 200 vehículos militares desplegados en la jornada, incluidos tanques o artillería, mientras marchaban 2.000 soldados en formación y sobrevolaban la capital casi un centenar de aviones de combate y helicópteros, en uno de esos raros días de sol inclemente del presente verano polaco.

Tras varios años sin desfile –desde 2019, entonces por imperativo de la pandemia-- el gobierno del ultranacionalista partido Ley y Justicia (PiS) liderado por Mateusz Morawiecki. estaba determinado a plasmar en una exhibición militar no solo que es el país clave en el flanco este de la OTAN, sino también el que más efectivo apoyo presta a Kiev.

Morawiecki aprobó el año pasado un aumento del presupuesto en Defensa para elevarlo al 4 % del Producto Interior Bruto (PIB). Ya entonces aprovechó ese incremento para reprochar al liberal Donald Tusk, ahora líder opositor, haber desmantelado el ejército mientras fue jefe de gobierno –entre 2007 y 2014-. Ahora cada declaración patriótica, sea del primer ministro, de Duda, o del líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, sirve para tratar de descalificar a Tusk. Kaczynski ha tomado las riendas de la campaña ante las elecciones generales del próximo 15 de octubre, en un momento en que los sondeos presentan al PiS casi empatado con la Plataforma Cívica (PO) en un 30 % frente al 29 % en intención de voto, respectivamente.

El ejército polaco está integrado por unos 172.500 efectivos, a lo que se suman decenas de miles de asociaciones de voluntarios. Varsovia quiere elevar ese contingente hasta 300.000 soldados a medio plazo, de los cuales unos 20.000 deben destinarse a reforzar las fronteras. Las alusiones a la presencia de mercenarios del grupo Wagner en Bielorrusia son en el relato del gobierno de Varsovia casi tan reincidentes u obsesivas como las críticas a Tusk. Polonia construyó ya en 2021 unos 180 kilómetros de valla de hasta 5,5 metros de altura en la franja fronteriza de 400 kilómetros con Bielorrusia, el gran aliado de Moscú. Ahora se propone reforzar con sistemas parecidos la que le separa del enclave ruso de Kaliningrado.

El incremento del gasto militar se destina no solo al aumento del contingente humano, sino sobre todo a la adquisición de armamento de sus principales socios occidentales. La pieza clave en el gobierno de Morawiecki es su ministro de Defensa, Mariusz Blaszczak, quien en un año ha cerrado contratos con Estados Unidos, Turquía y Corea del Sur para la adquisición de 48 cazas del tipo FA-50 y 48 blindados K9, así como 180 carros de combate K2 y hasta 366 de los Abrams estadounidenses –de los cuales 160 son usados y el resto nuevos-. En paralelo ha suministrado a Ucrania desde aviones de combate de fabricación soviética MiG29 a Leopard alemanes.

La defensa de Europa se plasma en Polonia. Nuestros soldados frenaron a los bolcheviques en 1920 como ahora defenderemos nuestras fronteras frente al Kremlin”, afirmó Duda en su discurso ante los soldados. El Día del Ejército se instituyó en 1923 en memoria del llamado “Milagro del Vístula” de 1920. Es decir, la batalla en la que, contra pronóstico, el ejército polaco venció al soviético, una hazaña con ribetes épicos para la memoria colectiva de ese país.

Justo esta jornada en honor a las fuerzas armadas actuales coincidió con sucesivos ataques rusos en la región más occidental de Ucrania. Es decir, lejos del frente y cerca de la frontera con Polonia. En Leópolis el ataque impactó contra un bloque de viviendas, incluido una guardería, y dejó una veintena de heridos. En Lutsk, una ciudad de esa misma región, murieron tres personas al impactar un misil ruso en un recinto industrial, donde está ubicada una fábrica de propiedad sueca.