jueves, 30 de noviembre de 2023

Panorámica

Salario mínimo: Europa, entre la contención y subidas del 10%



Gemma Casadevall     Enric Bonet      Lucas Font / Berlín, París, Londres

El Gobierno inicia este jueves las negociaciones con patronal y sindicatos para definir cual será el salario mínimo interprofesional (SMI). El Ejecutivo español se debate entre unos empresarios que le reclaman incrementar este suelo salarial al mismo nivel que están subiendo el conjunto de los salarios, aunque ello suponga un aumento por debajo de la inflación. Mientras los sindicatos reclaman una sensibidad especial -y un mayor aumento- con este indicador que rige la nómina de unos tres millones de españoles. El pulso tanto dentro del diálogo social como en el seno del Gobierno parece servidor, a tenor de las tensiones que han relucido durante los últimos años entre el ala más conservadora del Ejecutivo y la más garantista para con los trabajadores. Y si bien en ocasiones Europa ha servido de faro a España para tomar una decisión, para este 2024 las locomotoras europeas aplican criterios dispares. 

Alemania: Choque dentro del Gobierno

Durante décadas no hubo en Alemania un salario mínimo interprofesional regulado. Correspondía a cada sector profesional implantar o no el suyo, con los previsibles desajustes o agravios comparativos para los trabajadores de la construcción y la hostelería. En 2015, bajo la gran coalición liderada por la conservadora Angela Merkel se introdujo por primera vez, por un monto de 8,5 euros la hora.

Fue un logro de sello claramente socialdemócrata, sus socios de coalición, que además incluía una regulación más o menos automática de acuerdo a los niveles de inflación, aunque a la práctica no se aplica de forma rigurosa. Se mantuvo estable sobre los 10 euros la hora en los años de la pandemia y pospandemia, para seguir su rumbo ascendente ya bajo el gobierno entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz.

En octubre de 2022 escaló hasta los 12,85 euros y este 2023 terminará con 13,60 euros. Es decir, no ha habido tampoco la equiparación automática de acuerdo a la inflación, que en Alemania se situó en este periodo en una media del 6,2%. Hay que decir, sin embargo, que ésa es también la realidad de la inmensa mayoría de los asalariados alemanes, que ha visto reducirse su capacidad adquisitiva en prácticamente todos los sectores.

El próximo aumento debe producirse en octubre de 2024, en que alcanzará los 13,85 euros, según cálculos del Ministerio de Trabajo del socialdemócrata Hubertus Heil. La línea de contención del gasto de su colega de Finanzas, el liberal Christian Lindner, hace prever un duro forcejeo.

Francia: subida automática según el IPC

El salario mínimo en Francia aumenta de manera automática en función de la inflación. Desde su creación en 1950, este sueldo más bajo se ha regido por esta ley, que conlleva unas subidas equivalentes al aumento del Índice de Precios de Consumo (IPC). Este incremento se aplica a partir del 1 de enero cada año, pero también pueden haber subidas automáticas en la mitad del año en el caso de que la inflación supere el 2% en menos de 12 meses.

Por ejemplo, entre octubre de 2021 y agosto de 2022 hubo varios aumentos y el salario mínimo se incrementó un 5,6% durante ese periodo. La última subida tuvo lugar en mayo de este año (de un 2,22%).

Actualmente, el salario mínimo en el país vecino es de 1.747 euros brutos mensuales (1.383 euros netos). El Gobierno francés también dispone de la posibilidad de llevar a cabo incrementos superiores al porcentaje del IPC. Pero desde el 2012, ni el presidente François Hollande ni su sucesor Emmanuel Macron no quisieron impulsar estos coups de pouce (empujoncitos). Y se limitaron a aplicar los aumentos automáticos.

Subida superior al resto de salarios


Hasta 1983, el resto de los salarios en Francia también evolucionaban en función de la inflación. Pero el entonces presidente François Mitterrand suprimió esa correlación —actualmente vigente en países como Bélgica— en una de las decisiones icónicas del llamado “giro del rigor”, en que pasó de unas políticas económicas de corte keynesiano a otras con una orientación más neoliberal para hacer frente a la crisis de la inflación de ese momento. Los sindicatos franceses han pedido en los últimos años, sin éxito, el restablecimiento de esa medida.

Debido a su evolución paralela a la inflación, aquellos trabajadores que cobran el sueldo mínimo han sido de los que han sufrido una menor pérdida de poder adquisitivo en estos dos últimos años en Francia. En muchas otras profesiones con sueldos netos entre 1.500 y 2.500 —el salario mediano en el país vecino es de 2.100 euros—, las subidas resultaron inferiores al IPC. Una evolución salarial que no solo consolidó la falta de poder adquisitivo como la principal preocupación de los franceses, sino que también ha contribuido al crecimiento de un sentimiento de declive de las clases medias.

Reino Unido: Aumento por encima de los precios

La subida del salario mínimo en el Reino Unido, anunciada la semana pasada por el ministro de Finanzas, Jeremy Hunt, pretende dar un impulso sin precedentes a los trabajadores británicos. En su discurso de otoño ante el Parlamento, Hunt confirmó una subida del 10% para el próximo año, la más alta desde su implementación en 1999, que beneficiará a cerca de tres millones de trabajadores y que supondrá un incremento de las 10,42 libras actuales por hora trabajada a 11,44 libras a partir de abril de 2024. Este aumento se traduce en que un trabajador con un contrato de 170 horas mensuales no podrá cobrar menos de 1.944 libras al mes (2.245 euros).

El Ejecutivo británico ha reducido además la edad mínima para recibir el salario mínimo estándar, que pasará de los 23 años actuales a los 21 años a partir de abril. Hasta ahora, los jóvenes entre los 21 y los 23 años podían percibir una cantidad menor, de 10,18 libras por hora. El cambio supondrá un aumento del 12% en los salarios de los jóvenes en esta franja de edad, que verán sus salarios anuales incrementados en 2.300 libras anuales (2.657 euros). Hunt también ha anunciado aumentos salariales para los menores de 21 años, aunque en este caso la remuneración por hora trabajada se mantendrá por debajo del salario mínimo.

Con esta decisión, el Gobierno ha accedido a las recomendaciones de la Low Pay Commission (Comisión de Salarios Bajos), un organismo independiente creado para asesorar al Ejecutivo sobre el salario mínimo. Este organismo ya apuntó a la necesidad de aplicar fuertes aumentos para dar estabilidad a los trabajadores en un momento de “elevada incertidumbre económica y política”, según su presidente, Bryan Sanderson. La alta inflación de este año, superior al 7% según las previsiones, ha provocado un empobrecimiento de las familias británicas y un aumento de las dificultades para hacer frente a los precios de la energía y de los alimentos.

El Gobierno pretende reducir al máximo el número de trabajadores que perciben menos de dos tercios del salario medio en 2024, el umbral fijado para definir a las personas con “salarios bajos”. Un objetivo que cada vez está más cerca, según apuntó Hunt la semana pasada en su discurso en el Parlamento. “El salario mínimo nacional ha contribuido a reducir a la mitad el número de personas con salarios bajos desde 2010, garantizando que el trabajo siempre sea rentable”, afirmó entonces. El porcentaje de trabajadores con salarios bajos se ha reducido del 21,3% al 8,9% en los últimos 13 años.

El Ejecutivo ha advertido de que cualquier empresa que no cumpla con estos aumentos será sancionada por la agencia tributaria británica (HMRC). En junio de este año, más de 200 compañías fueron multadas con cerca de siete millones de libras y tuvieron que indemnizar a más de 63.000 trabajadores por incumplir la regulación en la última década.

Entre amigos



martes, 28 de noviembre de 2023

Agárrate, Olaf

Scholz advierte de "tiempos duros" en su peor crisis de coalición



El canciller alemán, Olaf Scholz, este martes. /LIESA JOHANNSSEN / REUTERS

Gemma Casadevall


Vienen tiempos duros en Alemania y habrá que vigilar los gastos, advirtió este martes Olaf Scholz desde el Parlamento federal (Bundestag), unos días después de aprobar su Consejo de Ministros un presupuestario suplementario para este 2023 -con créditos por 45.000 millones de euros- y de dejar en suspenso el llamado freno a la deuda, algo que la Constitución alemana solo contempla ante situaciones de emergencia. La intervención del canciller se produjo en medio de la hasta ahora peor crisis vivida por su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales, una alianza de gobierno que aún no ha cumplido sus primeros dos años.

El detonante de la crisis es la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de mediados de noviembre, que bloqueó el traspaso de unos 60.000 millones de euros al llamado Fondo para la Transformación y el Clima (KTF), del que dependen grandes proyectos infraestructurales y energéticos. La idea del tripartito de nutrir esa partida con créditos aprobados durante la pandemia pero que no se utilizaron es anticonstitucional, dictó el TC, en respuesta a una demanda de la oposición conservadora. Simplemente porque no se debe transferir fondos sobrantes creados para un fin concreto a otro fin -o emergencia- y en un año posterior.

Scholz está ante el dilema de salvar el clima o salvar las finanzas, resumía hace unos días el diario 'Süddeutsche Zeitung'. Lo primero afecta directamente a su ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, y lo segundo al de Finanzas, el liberal Christian Lindner. Ambos ministros se ha convertido desde el inicio de la legislatura, en diciembre de 2021, en exponente de la confrontación constante en el tripartito. Habeck alerta ahora contra el peligro de entrar en una "policrisis" --económica, política y social-- si se bloquea un KTF creado para llevar adelante la transformación energética del país y para paliar la sacudida derivada de la sustitución de los suministros baratos rusos por alternativas más caras, precipitada por la invasión de Ucrania.

La regla fiscal, en suspenso

Lindner ha visto sepultado de facto su propósito de regresar este 2023 a la disciplina del freno a la deuda, según la cual el déficit no puede superar el 0,35% del producto interior bruto (PIB) salvo en situaciones de emergencia, como la generada por la pandemia. Apelar a una emergencia no es algo meramente abstracto o que pueda justificarse por la recesión que sufre Alemania, que cerrará este 2023 con una contracción del 0,4%. Debe ser apuntalado en datos concretos y ser refrendado por la correspondiente mayoría parlamentaria.

La aprobación del presupuesto suplementario para lo que queda de año implica de facto prolongar la suspensión del freno a la deuda; el propio Ejecutivo ha aplazado las discusiones ya en curso para los presupuestos de 2024, mientras "estudia escrupulosamente" --en palabras de Scholz-- qué soluciones da a la situación creada por la sentencia del TC. Los efectos de esa decisión no solo atañen a los 60.000 millones del KTF, sino que pueden alcanzar al conjunto de 200.000 millones del llamado Fondo de Estabilización Financiera. Para los Verdes, el freno a la deuda es algo obsoleto y debe reformarse; para los liberales de Lindner, eso sería veneno para el objetivo de la disciplina fiscal.
Revés a la credibilidad del canciller

Más allá del pulso entre Habeck y Lindner, está en juego la credibilidad de Scholz. Al fin y al cabo, la sentencia del TC es una afrenta no solo para el titular actual de Finanzas, sino también para el canciller, que ocupó este ministerio en la última gran coalición de Angela Merkel. Teóricamente, debía estar alertado de que su "ocurrencia", "chapuza" o "manipulación fiscal" --en palabras del jefe de la oposición conservadora, Friedrich Merz-- era anticonstitucional. "No está a la altura de su cargo", dictaminó Merz, en una intervención vibrante donde enumeró los logros de sucesivos cancilleres del país --desde el conservador Helmut Kohl a los socialdemócratas Willy Brandt, Helmut Schmidt o incluso Gerhard Schröder-- para llegar a esa conclusión.

La sesión del Bundestag había discurrido entre sarcásticas carcajadas opositoras a los razonamientos de Scholz y entró en un capítulo de ovaciones a las reprimendas lanzadas por Merz. El canciller se había esforzado en asegurar que ningún ciudadano debía temer por su jubilación o por su subsidio. Tampoco deberá temer consecuencias del fin del llamado tope al precio de la energía, creado cuando se disparó la inflación en este sector, ya que actualmente están por debajo de esos límites. "No dejaremos a nadie solo", insistió, y repitió así la frase con la que trató anteriormente de calmar al ciudadano ante situaciones de emergencia, como la crisis climática.

La ultraderecha apunta a elecciones


Merz pulverizó la gestión de Scholz, desde su posición de jefe del primer grupo opositor del Bundestag y asimismo líder en intención de voto, de celebrarse ahora elecciones generales. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza a escala nacional según los sondeos, reclamó la dimisión de Scholz. "Alemania debe liberarse de la incapacidad manifiesta de su coalición", afirmó la jefa de su grupo parlamentario, Alice Weidel.

No es la primera vez que la AfD reclama el fin de esa alianza, aunque ahora lo hace reforzada por perspectivas de éxito que hasta poco parecían impensables. Sigue estando descartada como aliada. Pero está envalentonada por el triunfo del radicalismo derechista de Países Bajos, donde el ultra Geert Wilders se catapultó a la posición de fuerza más votada. De hundirse el tripartito de Scholz, la opción más plausible para evitar elecciones anticipadas sería una gran coalición entre socialdemócratas y conservadores. De ir a nuevos comicios, la gran beneficiada sería la AfD.

jueves, 23 de noviembre de 2023

Sorpresa


Alemania amplía el presupuesto por un agujero de 60.000 millones





El canciller alemán Olaf Scholz, este sábado a su llegada al Congreso del Partido Socialista Europeo en el Palacio de Congresos de Málaga. /EFE/ JORGE ZAPATA

Gemma Casadevall

El tripartito del canciller Olaf Scholz ha optado por articular un presupuesto suplementario para 2023, como instrumento para paliar el agujero de 60.000 millones de euros generado por la sentencia del Tribunal Constitucional que declaraba nulo un traspaso al llamado Fondo para la Energía y la Transformación, clave para llevar adelante los grandes proyectos del actual ejecutivo. El ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, anunció la presentación de ese presupuesto complementario que implicará la suspensión, de nuevo, del freno a la deuda.

El anuncio se produjo en medio de las fuertes tensiones generadas en el tripartito entre socialdemócratas y verdes, por un lado, y los liberales de Lindner, por el otro, defensores del freno a la deuda. Este mecanismo, anclado en el texto constitucional, limita el déficit anual al 0,35% del producto interior bruto -PIB-, aunque contempla situaciones de fuerza mayor para dejarlo en suspenso. Este fue el caso de la pandemia, en que el entonces gobierno de la conservadora Angela Merkel, con Scholz como ministro de Hacienda, aprobó el mayor presupuesto suplementario de la historia moderna de Alemania, con 150.000 millones de euros. El objetivo entonces era paliar los efectos en la economía alemana del cierre de la vida pública precipitados por la covid-19.

Ahora el detonante del agujero presupuestario está asimismo relacionado con la pandemia, aunque indirectamente. Al inicio de la presente legislatura, Scholz y sus aliados anunciaron la creación del fondo destinado a impulsar la renovación tecnológica y la transición a la energía verde. Su volumen total superaba los 200.000 millones, de los cuales 60.000 millones procedían de otro fondo anterior creado para hacer frente a la pandemia y que finalmente no fueron utilizados.

Demanda de la oposición conservadora

La sentencia del Constitucional respondía a una demanda presentada por la oposición conservadora y supuso un mazazo para el tripartito de Scholz. Mientras los socialdemócratas del canciller y los verdes del ministro de Economía y Protección del Clima, Robert Habeck, abogaban por suspender de nuevo el freno a la deuda, Lindner rechazaba esta posibilidad. Para el líder liberal y ministro de Finanzas, el freno a la deuda es esencial para contener el gasto público, caballo de batalla de su partido.

Desde el Ministerio de Hacienda se decretó a principios de esta semana el bloqueo a los presupuestos para lo que queda de 2023. Asimismo se aplazó el debate parlamentario en torno a los correspondientes a 2024, en un intento de ganar tiempo mientras se buscaban soluciones y, a la vez, se trataba de salvar la cohesión de un tripartito que acumula disensos.

Una victoria contra pronóstico: las claves

¿Podrá gobernar la extrema derecha en Países Bajos? 



Geert Wilders, este jueves. /JOHN THYS / APF



Gemma Casadevall

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El ultraderechista Geert Wilders se propone llevar a su Partido de la Libertad (PVV) a la jefatura del Gobierno neerlandés desde la posición de primera fuerza lograda en las elecciones parlamentarias del miércoles. Tendrá apenas 35 escaños del total de 150 del Parlamento de La Haya, pero luchará por encontrar los aliados que precisa para asegurarse la mayoría parlamentaria. Fue un triunfo contra pronóstico, puesto que los sondeos apuntaban a un ajustado empate por el primer puesto entre los liberales del primer ministro saliente Mark Rutte, el bloque socialdemócrata-verde de Frans Timmermanns o el nuevo centro de Pieter Omtzigt. Su principal desafío ahora es dar la vuelta a la situación con la que llegó a este triunfo: los partidos del centro-derecha estaban dispuestos a aceptarlo como socio, pero le descartaban como jefe del próximo gobierno.


Cómo convertirse en primer ministro con menos del 25% de los votos

Wilders parecía el primer sorprendido por ese primer puesto y sus 35 escaños, que traducido en porcentaje supone un 23,4 % de los votos. Está a distancia considerable del segundo puesto, que corresponde al exvicepresidente de la Comisión Europea Timmermans, con 25 escaños -o un 15,6 %-. Los liberales de Rutte, ahora liderados por la ministra de Justicia Dilan Yesilgöz, sufrieron un fuerte descalabro y quedaron terceros, con 24 escaños, seguidos del centro de Omtzigt, con 20. El fragmentado parlamento neerlandés tiene otra decena de partidos entre los que puede maniobrar Wilders en busca de aliados. Solo otros dos, el llamado partido de los granjeros, BBB, y el liberal izquierdista D66 -socio del saliente Rutte- tienen un número más o menos respetable de escaños -7 y 10, respectivamente-.


El cerrojo a la migración como común denominador

Wilders tiene a su favor que su principal bandera, el frenazo a lo que denomina “tsunami migratorio”, es en buena parte compartida por las principales fuerzas del centro y la derecha. Dilan Yesilgöz, la candidata de los liberales que aspiraba a tomar el relevo a Rutte, no resultó aparentemente lo bastante convincente para ese espectro electoral pese a que también defendía la línea dura en política migratoria, desde su condición de mujer nacida en Ankara y llegada al país de niña, junto a sus padres, dos refugiados. Tras más de veinte años en la escena política neerlandesa, Wilders tenía a su favor la visibilidad adoptada por su partido, de los más consolidados entre la familia radical europea, y también el hecho de haber moderado algo su furibundo discurso anti-Islam.


Timmermans como alternativa

De no conseguir Wilders el respaldo que busca, la segunda opción correspondería teóricamente al bloque socialdemócrata-verde de Timmermans, en ese caso con el apoyo de otras tres formaciones centristas o incluso alguna más. Debería esperar su turno, es decir, el fracaso del pujante Wilders, y tendría ante sí una negociación previsiblemente árdua. Pero en el panorama neerlandés esto tampoco es exactamente una novedad. El liberal Mark Rutte precisó 271 días hasta formar su última coalición -con cuatro partidos-. El resultado fue una constelación frágil, que acabó prematuramente disuelta, precipitó la convocatoria de elecciones anticipadas y el anunciado adiós de Rutte al puesto. Queda por ver cuándo se consumará su retirada.


El improbable “Nexit”

El ideario de Wilders no solo se marca como objetivo el cierre de mezquitas y otras formas de atenazar a la comunidad musulmana, además de restringir el asilo. También es profundamente euroescéptico y entre sus señales de identidad está la salida de Países Bajos de la Unión Europea (UE) o “Nexit” -o salida neerlandesa del bloque-. Esto es más que improbable que ocurra, incluso si llega a dirigir el próximo gobierno. El resto de formaciones de centro o derecha susceptibles de convertirse en sus aliadas rechazan esa opción. Mark Rutte ha sido en sus 13 años en el poder un quebradero de cabeza para muchos de sus socios, especialmente los del sur. Ha practicado sin remilgos la llamada frugalidad fiscal o austeridad extrema. Pero entre la clase política neerlandesa domina la percepción de que el país y sus 17 millones de ciudadanos están entre los socios mimados de la UE.

Y quién es él





¿Quién es Geert Wilders, el trumpista que ha ganado las
 elecciones en los Países Bajos?





Geert wilders, en un acto electoral en la localidad de Heerlan (Países Bajos). /REUTERS / DYLAN MARTINEZ

Gemma Casadevall

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A Geert Wilders, el líder del ultraderechista, islamófobo y euroescéptico Partido de la Libertad (PVV), se le ha apodado "el trumpista neerlandés", aunque en realidad su carrera política arranca de mucho antes que la del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. El apodo se le asigna tanto por similitudes ideológicas con el político republicano y con su carácter provocador, anti-establishment y explosivo, como por esa peculiar melena rubia platino que recuerda lejanamente al tupé anaranjado de Trump.

A sus 60 años logró este miércoles el éxito que llevaba buscando desde hace casi dos décadas: convertir al PVV, un partido unipersonal, en la fuerza más votada de las elecciones parlamentarias neerlandesas. Tendrá 35 escaños del total de 150 de la Cámara de La Haya y la primera opción para de formar el próximo gobierno, si es que logra apuntalar la mayoría suficiente con aliados del variado espectro derechista y liberal de su país.

De conseguirlo sucederá en el puesto al liberal Mark Rutte, su gran rival político, de quien entre 2010 y 2012 fue aliado táctico. Ésa fue hasta ahora su única experiencia de Gobierno. Ambos salieron escarmentados de élla -el primer ministro y su socio- e incluso enemistados a escala personal.

Cerrar mezquitas


Rutte le vetó desde entonces como aliado en los sucesivos gobiernos que ha liderado. Con la próxima retirada del primer ministro saliente, anunciada tras la disolución de su última coalición el pasado verano, le llega a Wilders la oportunidad de tomarse la revancha.

La bandera política de este ultraderechista furibundo, nacido en 1963 en Venlo e hijo de un neerlandés y una mujer de origen indonesio, es la batalla contra el Islam, la inmigración, el asilo, la Unión Europea (UE) o la lucha contra el cambio climático. Mantiene en el programa de su partido el objetivo de cerrar las mezquitas y prohibir el Corán, aunque en esta campaña suavizó algo el tono al admitir que no es algo prioritario para sus compatriotas.

Con esta relativa moderación logró doblar en estas elecciones los resultados obtenidos dos años atrás. Se propone ahora dirigir un gobierno centrado en evitar "el tsunami de asilados" que, a su juicio, amenaza la paz social de Países Bajos.

Su carrera política arrancó como militante del partido liberal de Rutte, el VVD, pero abandonó sus filas para fundar en 2006 su PVV. Entonces su figura histriónica se consideraban más bien una caricatura política sin capacidad de prosperar. Pero a lo largo de los años ha consolidado su partido como primera fuerza de la oposición y actor ineludible de la política neerlandesa.

Ha superado procesos judiciales por incitación al odio y se ha ganado la hostilidad de la inmigración con agresivas campañas y propuestas, como la que pretendía implantar un impuesto para las mujeres musulmanas que lleven el velo islámico. Es el político más amenazado de Países Bajos, cuyo modelo de sociedad abierta se vio sacudido por los asesinatos de dos reconocidos enemigos del Islam: el líder ultraderechista Pim Fortuyn, en 2002, y el cineasta Theodoor van Gogh, dos años después. Ello le obliga a llevar permanentemente custodia y a restringir sus actos públicos. Las redes sociales se han convertido en su apéndice político y presume incluso de tener cuentas para sus dos gatos.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

La noche de Geert

La ultraderecha se prepara para intentar formar Gobierno en los Países Bajos tras su victoria electoral




Gemma Casadevall

El ultraderechista Partido de la Libertad (PVV) del islamófobo y euroescéptico Geert Wilders se convirtió en la primera fuerza en las elecciones generales de Países Bajos, los comicios que marcarán la retirada del poder del liberal Mark Rutte. Con el 98% de los votos escrutados, el Partido de la Libertad (PVV) obtuvo 37 de los 150 escaños, muy por delante de los 25 de una candidatura conjunta de laboristas y verdes y los 24 del conservador Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) del primer ministro saliente, Mark Rutte.

De acuerdo con estos resultados, los liberales de Rutte, ahora dirigidos por la ministra de Justicia Dilan Yesilgöz, se hunden en la tercera posición con 24 puestos, con lo que pierde diez respecto a los que tenía. La nueva líder del partido hasta ahora dominante, de raíces turcas y defensora de la mano dura contra la migración, luchaba por convertirse en la primera mujer al frente de un Gobierno neerlandés.

"El elector ha hablado. Hay un claro mandato y creo que debemos superar diferencias", afirmó Wilders, en declaraciones a la televisión, tras dejar claro que su propósito ahora es liderar el próximo gobierno.

El vuelco a favor de la ultraderecha se produce meses después del hundimiento de la que fue la última coalición liderada por Rutte, precisamente por disonancias en torno a la política migratoria. El primer ministro saliente anunció en julio su retirada, tras 13 años al frente de sucesivos gobiernos y de haber representado, a escala europea y neerlandesa, una línea de extrema austeridad fiscal.

Wilders, de aliado a rival de Rutte

El ascenso ahora de la ultraderecha de Wilders, político amenazado dentro y fuera de su país por su furibunda islamofobia, tiene algo de revancha personal para este líder ultraderechista, de 60 años y fundador de un partido casi unipersonal. Rutte tuvo al PVV como aliado durante sus dos primeros años en la jefatura del gobierno, pero esa colaboración se hundió. Ambos políticos se enzarzaron a partir de entonces en una especie de pulso personal por el primer puesto, a lo que se sumó el veto hasta ahora mantenido por Rutte a su antiguo aliado para futuras coaliciones.

Los sondeos habían apuntado durante semanas a una lucha por el primer puesto entre tres fuerzas: los liberales de Yesilgöz, el nuevo partido centrista denominado NSC y liderado por el diputado Pieter Omtzigt, así como el bloque de Timmermans.

En el último tramo subieron poderosamente las opciones de Wilders a convertirse en primera fuerza, al que ya únicamente descartaba explícitamente como aliado Timmermans, mientras que Yesilgöz había retirado su veto.
Fragmentación y consolidación radical

La gran fragmentación del voto neerlandés abre la posibilidad a múltiples coaliciones, ya que presumiblemente quien lidere el nuevo gobierno precisará de hasta cuatro socios. Eran 26 los partidos en liza, de los cuales 14 tenían ya escaños en el Parlamento de La Haya. Hasta lograr formar su último gobierno, una alianza entre cuatro formaciones centristas, el avezado negociador que es Rutte precisó de 271 días.

El PVV de Wilders, fundado en 2006, es un partido plenamente consolidado en el panorama político neerlandés, con una clara línea islamófoba, aunque en esta campaña había moderado un poco el tono. Admitió así que entre las prioridades actuales no está la prohibición de las mezquitas, pese a que sigue manteniendo ese objetivo programático. Lo inmediato, dijo, es frenar lo que denomina "el tsunami de asilados".Reorientó algo su discurso hacia postulados más pragmáticos, determinado a dejar la oposición y demostrar su capacidad para asumir responsabilidades de gobierno.

La política migratoria fue el tema dominante en la campaña electoral de Países Bajos, un socio de la UE con altos índices de bienestar, pero donde el encarecimiento de la vivienda es una preocupación creciente entre sus 17 millones de habitantes.Noticias relacionadas

Entre el conjunto de sus formaciones políticas dominan los partidarios de restringir la llegada de inmigrantes irregulares y peticionarios de asilo. Este fue el común denominador durante la campaña electoral entre las formaciones del centro y la derecha, con recetas muy parecidas. La disolución de la última coalición de centro-derecha de Rutte se originó precisamente por disensos en torno a las fuertes limitaciones al reagrupamiento familiar para los solicitantes de asilo.

El liberalismo extremo practicado por Rutte, a escala de la Unión Europea (UE) y también interna, parece haber entrado en vía muerta. En paralelo surgió el nuevo centro de Omtzigt, quien de la nada logró consolidarse como fuerza a tener en cuenta, aupado por el descontento social y los sucesivos desaguisados ocurridos en los últimos años de liderazgo de Rutte -entre ellos, los recortes a las ayudas a la familia que afectaron a unos 25.000 hogares por errores administrativos-.

martes, 21 de noviembre de 2023

Países Bajos, alias Holanda

Timmermans puja por el relevo tras la 'era Rutte'



El socialdemócrata Frans Timmermans (izquierda) y el ultra Geert Wilders, /KOEN VAN WEEL / EFE

Gemma Casadevall

El veterano Frans Timmermans, de 62 años y exvicepresidente de la Comisión Europea, aspira a liderar el relevo en el poder en las elecciones generales de Países Bajos de este miércoles. Su bloque entre socialdemócratas y verdes se presenta como único antídoto posible frente a un gobierno de signo derechista apoyado por la ultraderecha o incluso dominado por los radicales. Los comicios marcarán el fin de la era de Mark Rutte, el apóstol de la frugalidad fiscal que casi bloqueó el fondo de recuperación europeo pospandemia. El primer ministro neerlandés dejará el puesto que ha ocupado durante 13 años, en medio de un panorama de gran fragmentación política. Consumará así la retirada anunciada el pasado verano, tras una gestión marcada por las trifulcas en sucesivas coaliciones, las últimas de las cuales han favorecido la aparición de un nuevo centro, comandado por el diputado Pieter Omtzigt.

Los sondeos apuntaban a un empate entre el VVD de Rutte, ahora liderado por Dilan Yesilgöz, defensora de la línea dura contra la inmigración, el bloque de Timmermans y el NSC de Omtzigt, todos por debajo del 20% de los votos. A la recta final se llega con una ligera ventaja para la alternativa izquierdista. Es la única opción que descarta gobernar con el apoyo del ultraderechista Geert Wilders, el líder del PVV, cuarta fuerza en los sondeos pero con una fuerte tendencia al alza en el tramo final de campaña.

Son elecciones anticipadas, convocadas tras romperse la coalición de Rutter en julio. Supuestamente, el primer ministro saliente aspira a suceder al noruego Jens Stoltenberg como secretario general de la OTAN, aunque no hay una confirmación oficial. Sería una huida hacia delante de un político con grandes dotes para la supervivencia, que ha llevado el liberalismo a sus límites, también en lo que respecta a la política interna.

El nuevo centro de Omtzigt


Precisamente los estragos causados por el liberalismo de Rutte son la baza que aupó a Omtzigt hasta situarse como opción real a la victoria en los comicios. Este político de 49 años, con dos décadas como diputado, lidera su propio partido, que no se define ni de derechas ni de izquierdas. Él mismo ha asegurado que no aspira a ocupar la jefatura del próximo gobierno.

Su opción política empezó a despuntar a raíz del escándalo por el "error administrativo" que en 2019 casi llevó a la ruina a 25.000 hogares perceptores de ayudas a la familia. Casi un millar de ellos perdieron incluso la tutela de un hijo, al verse desprovistos de los ingresos mínimos para garantizar la subsistencia de su núcleo familiar. Omtzigt se convirtió en abanderado de ciudadanos en estas situaciones. No es un líder histriónico ni busca el populismo fácil, sino que ha hecho campaña apostando por algo aparentemente anodino como la renovación administrativa, el mantenimiento de los subsidios, pero también las restricciones a la inmigración, el denominador común en esta campaña para todas las fuerzas del centro y radicalismo ultra neerlandesas.

Líder de origen inmigrante para suceder a Rutte

Yesilgöz, o Dilan, como se hace llamar en esta campaña, representaría la continuidad del VVD en el poder. Tiene 46 años, llegó a Países Bajos siendo una niña junto a sus padres, refugiados turcos, y militó un tiempo en la izquierda. Pero ahora propugna el cerrojo a la inmigración en un país que hace ya unas décadas dejó de ser un lugar abierto a la llegada de solicitantes de asilo y que ha visto consolidarse a la ultraderecha como partido normalizado.

Rutte salió escarmentado de su breve experiencia con Wilders como apoyo en el Gobierno en su primera legislatura. En sucesivas elecciones evitó al país caer bajo el dominio ultraderechista, al imponerse frente al pujante Wilders y vetarlo incluso como socio. Ahora le corresponde a la que ha sido su ministra de Justicia afirmarse en la primera posición, unos meses después de disolverse su coalición por disensos insalvables en torno al derecho a la reagrupación familiar para los refugiados.

La ultraderecha consolidada de Wilders

Yesilgöz no excluye una coalición con los radicales de Wilders, quien a sus 60 años vive bajo amenazas por su furibunda islamofobia, aunque en esta campaña ha moderado algo su discurso. Fundó su partido en 2006, cuatro años después de la sacudida por el asesinato del líder ultraderechista Pim Fortuyn. Sigue abogando por la prohibición de las mezquitas, pero reconoce que el país tiene otras "prioridades" que atender. Los últimos sondeos apuntan a un despegue para un partido que en las últimas legislaturas ha tenido la voz cantante en la oposición, favorecido por la fragmentación y el debilitamiento de los grandes partidos.

En Alemania, país con 82 millones de habitantes y siete partidos representados en su Parlamento federal (Bundestag), se contempla con asombro la fragmentación política de su vecino, que con 17,6 millones de ciudadanos tiene actualmente 14 partidos en su Cámara baja. Se destaca la aparición de nuevas formaciones como la de Omtzigt. Pero también el hecho de que esa nueva formación con capacidad teórica de liderazgo no representa posiciones extremistas, de izquierda o de derecha, sino del centro, en un país identificado con el bienestar social.

De pronto, el abismo

Alemania bloquea sus presupuestos por un agujero de 60.000 millones de euros



Gemma Casadevall


A la Alemania en recesión le sobrevino otro acuciante problema: los 60.000 millones de euros bloqueados por el Tribunal Constitucional (TC) y que debían nutrir el Fondo para el Clima y la Transformación (KTF), clave para impulsar grandes proyectos energéticos del tripartito de Olaf Scholz. En medio del disenso en la coalición de gobierno entre partidarios y contrarios a levantar o suspender el freno a la deuda, el ministerio de Finanzas optó por bloquear los presupuestos para lo que queda de este año para no comprometer los correspondientes a 2024.

La noticia del bloqueo saltó a los medios a través el semanario “Der Spiegel”, que filtró una circular del ministerio que dirige el liberal Christian Lindner, firme defensor del freno a la deuda. El texto explicita que solo se podrán atender a gastos “absolutamente necesarios” y que no impliquen compromisos para el ejercicio siguiente. Desde el ministerio de Economía, cuyo titular es el verde Robert Habeck, se había advertido ya antes de conocerse ese texto de las “dimensiones incluso dramáticas” que podía tener la sentencia del Constitucional para grandes proyectos e inversiones, así como sus consecuencias en todo el ámbito económico, industria y ciudadanos.

El propósito de Lindner al emitir la orden de evitar toda carga presupuestaria no imprescindible afecta no solo al futuro del KTF. También repercutirá a las finanzas de los “Länder”, los estados federales, asimismo sujetos a la regla fiscal o freno a la deuda que, tal como establece la Constitución alemana, no puede superar el 0,35 % del producto interior bruto (PIB). Contempla, sin embargo, su suspensión ante casos excepcionales, sea por depresión económica, en caso de guerra o de catástrofe natural.

Victoria opositora ante el Constitucional

El detonante de la situación actual es la demanda interpuesta por el bloque conservador, la primera fuerza de la oposición alemana, contra la decisión Scholz al iniciarse la actual legislatura de transferir al KTF créditos y recursos del fondo creado para paliar los estragos generados por la pandemia, pero que finalmente no habían sido utilizados. En ese periodo de pandemia, y en atención a las circunstancias especiales derivadas de ésta, había quedado suspendido el freno a la deuda. Karlsruhe determinó ahora que esos fondos no pueden usarse en años posteriores y tampoco destinarse a fines distintos a los aprobados en su momento.

La sentencia de Karlsruhe, la ciudad donde tiene su sede del TC, cayó como una bomba en un tripartito de por sí dividido en todo lo que afecta al gasto público. El Partido Socialdemócrata (SPD) de Scholz y los Verdes del vicecanciller Habeck abogan por flexibilizar la regla fiscal. Lindner, por contra, se aferra a esta señal de identidad en su línea de la contención presupuestaria.

“Todos los ciudadanos y todos los ámbitos económicos se verán afectados. No se trata solo de proyectos inconcretos medioambientales de Protección del Clima. Se trata también de fondos destinados a incentivar proyectos e inversiones”, advirtió Habeck, en un tono hasta dramático, en declaraciones a la primera cadena de la televisión pública, Ard.

Pulso en torno al freno a la deuda


Dichas declaraciones fueron hechas incluso antes de conocerse el bloqueo presupuestario, pero en ellas aludía el ministro y vicecanciller a una contracción para la economía alemana. Los últimos pronósticos del ministerio de Economía, en consonancia con los de los principales institutos económicos y asesores del Gobierno, consideran que este 2023 habrá una contracción del 0,4 %. Su ministerio estimaba que se volverá en 2024 a la senda del crecimiento, con un 1,3 %. Ahora apuntó a otra contracción o a un “crecimiento menor de lo esperado”.

Habeck consideró además que el freno a la deuda, tal como está establecido, ha quedado desfasado cuando hay que hacer frente a necesidades “especiales”, lo que a su parecer entra no solo la pandemia. También lo es la crisis energética precipitada por la invasión de Ucrania y sus consecuencias sobre un país como Alemania que, hasta entonces, recordó el ministro, dependió fuertemente de los suministros rusos.

Al margen del pulso interno en el tripartito o la victoria de la oposición conservadora ante el Constitucional, el caso es que hoy por hoy una cambio en esa regla fiscal no prosperaría ante el Parlamento (Bundestag), ya que en la correlación de fuerzas actual no obtendría el respaldo mayoritario para la correspondiente modificación constitucional.

sábado, 18 de noviembre de 2023

Carola o Wagenknecht

La izquierda busca el rescate con la "capitana" Carola Rackete



Gemma Casadevall

El diezmado partido de la izquierda alemana, Die Linke, busca su rescate europeo con Carola Rackete, la capitana del barco “Sea Watch 3” que en 2019 desobedeció la prohibición del ultraderechista Matteo Salvini de atracar en Lampedusa con 40 refugiados. Unas semanas después de consumarse la escisión del partido de su figura más mediática, Sarah Wagenknecht, los delegados de la izquierda se concentraron en Augsburgo (sur de Alemania) para un congreso de tres días, cuyo objetivo es cerrar filas ante las elecciones europeas de 2024 . “La izquierda necesita renovarse”, afirmó Rackete, de 35 años y políticamente independiente, designada por la cúpula para encabezar la lista del partido junto con su presidente, Martin Schiderwan. El jefe de la izquierda es un rostro apenas conocido por muchos alemanes -está en el cargo desde 2019 y representa el enésimo intento de reflotarlo-. El de Rackete se relaciona con el desafío protagonizado ese mismo año frente a Salvini, entonces ministro italiano del Interior. Las imágenes de “Sea Watch 3” dieron la vuelta al mundo, como exponente de los dramáticos rescates que llevan a cabo las oenegé que operan en el Mediterráneo.

La Europa actual es aún más cerrada a estos rescates que la de cinco años atrás. La ultraderecha lidera gobiernos como el de Giorgia Meloni en Italia, mientras crece la presión entre el centrismo por reducir la llegada de inmigración irregular. La izquierda alemana quiere representar exactamente lo contrario a las corrientes anti-asilo y desmarcarse así, de paso, de la línea de Wagenknecht. La escisión protagonizada por esta diputada mantiene posiciones en materia migratoria cercanas a las de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). La apuesta de Wagenknecht, más presente en tertulias televisivas que en plenos parlamentarios, es cercana al populismo extremista de derechas. Según algunos analistas, podría reclutar electorado entre el llamado “voto de protesta” anti-migración, en detrimento de la AfD, segunda fuerza en intención de voto según los sondeos.

Rackete no tiene el peso político de Wagenknecht, miembro fundacional del Partido del Socialismo Democrático (PDS), la formación postcomunista de la que nació La Izquierda. La presentación de la capitana y activista en el congreso de Augsburgo incluyó de hecho un primer tropiezo: tuvo que matizar unas declaraciones en las que abogaba por cambiar el nombre del partido y por desvincularlo de su pasado como formación heredera del régimen de la Alemania comunista. Algo que levantó las críticas de su sector más tradicionalista, que de por sí no ven con buenos ojos la apuesta por una candidata que no milita en el partido.

Del éxito de Die Linke en las europeas depende su supervivencia. En las generales de 2021 quedó por debajo del listón del 5%, mínimo para obtener escaños -aunque finalmente obtuvo representación parlamentaria gracias a sus victorias en varios distritos del este del país-. A la escisión de Wagenknecht y otros nueve diputados seguirá la pérdida de su estatus de grupo parlamentario, con las consecuencias financieras y de representatividad que ello conlleva.

De la cautela ante Israel a la proscrita Greta

La postura de la Izquierda alemana en materia migratoria encaja con la de sus partidos hermanos europeos. Pero difiere en lo que respecta al posicionamiento de la familia izquierdista europea frente a Gaza, claramente decantada a favor de Palestina. El grueso del espectro parlamentario alemán se ciñe al firme compromiso con el derecho de Israel a defenderse. La izquierda comparte este principio, aunque sí se permite alguna crítica a los bombardeos masivos sobre la población civil gazatí.Noticias relacionadas

Cualquier pronunciamiento de la cúpula izquierdista respecto a Gaza va precedido por una condena rotunda al terrorismo de Hamás. Se enmarca así en la cautela de la clase política alemana ante declaraciones o actitudes que puedan ser interpretadas como antisemitas.

Exponente de esa prevención alemana son las reacciones a casos como Greta Thunberg, al que el semanario “Der Spiegel” deslegitima en su última portada por haber hecho campaña por el “Free Palestine”. El brazo alemán de “Fridays for Future” se ha distanciado de la activista sueca, que de ídolo del ecologismo y de parte de la izquierda ha pasado a ser tratada como persona non grata.  

viernes, 17 de noviembre de 2023

Con Turquía nunca es fácil

Erdogan clama contra la "guerra desigual" que sufre Palestina



El presidente Erdogan y el canciller Scholz, este viernes en Berlín. /ODD ANDERSEN / AFP

Gemma Casadevall

El presidente Recep Tayyip Erdogan clamó desde Berlín, el más incondicional aliado de Israel a escala europea, contra la “guerra desigual” que, dice, sufre el pueblo palestino, aunque rebajó algo sus hostilidades hacia el Estado judío al no cuestionar su derecho a defenderse. Mientras el canciller Olaf Scholz recordaba que el detonante de la actual escalada fue "la barbarie terrorista de Hamás” desencadenada 7 de octubre, el líder turco apuntó a que Israel bombardea hospitales y "ha matado a 13.000 niños, mujeres y ancianos", para ofrecerse a continuación como mediador en el conflicto. Si Turquía medió en el conflicto del grano entre Rusia y Ucrania, ahora puede hacerlo para cortar los bombardeos que sufre, dijo, la población civil palestina. Abogó por un "alto el fuego inmediato", al tiempo que insistía en que Israel tiene secuestrados a "muchos más palestinos" que los rehenes que Hamás mantiene en su poder.

“¿A usted, como cristiano no le duele ver cómo Israel bombardea iglesias?”, desafió, a la pregunta de un periodista alemán, quien le recordó algunos de los términos recientemente empleados por Erdogan contra Israel -desde “fascismo" a “genocidio”,-. Negó defender posturas antisemitas -”lidero la lucha contra el antisemitismo”, afirmó-. Y defendió como solución al conflicto de Oriente Medio el principio de los dos Estados -israelí y palestino- sobre las bases de las fronteras de 1967.

Fue un Erdogan algo más conciliador que en otras ocasiones respecto a Israel. Lo que en Berlín se relacionó con su interés en lograr de Scholz el visto bueno a la compra de 40 Eurofighter, los aviones de combate europeos en cuya construcción está implicada, además de Alemania, Reino Unido y España.

Una visita incómoda

Erdogan llevaba tres años sin pisar Berlín. Han sido en este tiempo continuas las trifulcas bilaterales entre Turquía y Alemania, donde viven unos cuatro millones de personas de raíces turcas, el mayor colectivo de ciudadanos de origen extranjero de la potencia europea. Su reelección como presidente cayó como un jarro de agua fría al gobierno del socialdemócrata Scholz, que confiaba en un triunfo de la oposición para reencauzar las relaciones bilaterales.

El encuentro más o menos cordial con Scholz estuvo precedido por una reunión de Erdogan con el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien le estrechó la mano con el gesto crispado y hasta incómodo. Scholz, en cambio, insistió en la comparecencia conjunta en la condición de Turquía de aliado estratégico de la OTAN, irrenunciable como interlocutor en los más diversos conflictos o para canalizar crisis migratorias. “Tenemos pareceres distintos, muy distintos”, admitió Scholz.




La guerra en Gaza no ha hecho más que acentuar la toxicidad de las relaciones entre Ankara y Berlín. Mientras Erdogan ha hablado de genocidio -hacia los palestinos- y acusado al gobierno israelí de fascismo y crímenes de guerra, la plana mayor de la política alemana insiste en la solidaridad incondicional hacia Israel. Ha sido la línea tradicional de todos los gobiernos desde la fundación de la República Federal de Alemania (RFA), por responsabilidad histórica tras el Holocausto, y acrecentada ante la alarma por el creciente antisemitismo o el impulso ultraderechista.

Empeño bilateral en minimizar riesgos

El viaje de Erdogan adoptó el formato de visita relámpago para minimizar riesgos. Se suprimió su asistencia al partido de fútbol amistoso del sábado entre Alemania y Turquía, lo que incluso en momentos de menor crispación habría sido un asunto espinoso. Y se limitaron las declaraciones bilaterales a la ronda ante los medios previa a la cena de trabajo con Scholz. Se estableció un cordón de seguridad en torno a la Cancillería mayor que los habituales ante visitas de alto riesgo -sea el presidente de EEUU, Joe Biden, o el de Ucrania, Volodímir Zelenski-. 2.800 policías -el doble de los inicialmente previstos- velaban por el orden ante una visita que había desatado las protestas de múltiples lados, desde el Consejo Central de los Judíos de Alemania a organizaciones kurdas, convocantes de varias manifestaciones para este sábado.

martes, 14 de noviembre de 2023

Pirómanos nórdicos


Dinamarca estudia penar con dos años de cárcel las quemas del Corán





Kristian Boegsted y Betina Kastbjerg, del partido Demócratas de Dinamarca, durante el debate en el Parlamento sobre la ley para prohibir las quemas del Corán. /RITZAU SCANPIX / REUTERS

Gemma Casadevall

Dinamarca se plantea penas de hasta dos años de prisión para las quemas públicas del Corán, hasta ahora autorizadas como en otros países nórdicos por estar amparadas por el derecho a la libertad de expresión. Las protestas del mundo islámico a las reiteradas acciones de este tipo han llevado al Gobierno danés, liderado por la socialdemócrata Mette Frederiksen, a considerarlas atentatorias contra la seguridad nacional. A finales del pasado julio, centenares de manifestantes asaltaron e incendiaron la embajada sueca en Bagdad y trataron asimismo de alcanzar la zona de seguridad de la danesa, en reacción a la quema de un Corán en Estocolmo por el refugiado iraquí Salwan Momika. A estas reacciones se han sumado las quejas a escala diplomática de países de población mayoritariamente musulmana ante Dinamarca y Suecia, país que sigue pendiente de que Turquía complete el proceso de ratificación de su ingreso en la OTAN.

El Parlamento danés abordó este martes el proyecto de ley elaborado por el equipo de Frederiksen para penalizar lo que se califica de "trato inadecuado" de los textos sagrados de un colectivo religioso. El texto ha sido modificado respecto al primer redactado del mismo proyecto de ley, que levantó críticas por entenderse que rompía el principio de la libertad de expresión. En el nuevo texto se hace hincapié en la vulneración del respeto a las creencias religiosas que implica la quema de textos sagrados.

Provocaciones

El detonante de las recientes protestas del mundo musulmán han sido las quemas públicas del Corán llevadas a cabo principalmente en Suecia por Momika, un refugiado iraquí de 37 años y cristiano, que recientemente se declaró ateo y al que además se reconocen simpatías o militancia con la ultraderecha sueca. Llegó a Suecia en 2019 y tenía un permiso de residencia temporal. Su nueva petición de prórroga ha sido rechazada y está en espera de expulsión, pero por el momento la orden no se ha hecho efectiva porque se considera que su vida corre peligro en caso de ser entregado a las autoridades iraquíes.


Las acciones de Momika cobraron una gran resonancia mediática, aunque en realidad no es el único que lleva a cabo este tipo de actos, generalmente individuales, en el mundo nórdico. Anteriormente, cobró cierta relevancia un neonazi sueco-danés llamado Rasmus Paludan que asimismo llevó a cabo sucesivas acciones de este tipo, algunas de ellas en barrios con un alto porcentaje de población inmigrante o ante mezquitas. Según datos de la policía danesa, entre julio y octubre de este año se han registrado en el país unas 483 quemas de libros sagrados o banderas de países con mayoría musulmana.

De la alarma social al asesinato

El Gobierno sueco, una coalición centrista liderada por el conservador Ulf Kristersson con la ultraderecha como aliado externo, estudia asimismo desde hace meses cómo prohibir o restringir estas provocadoras acciones. El propio Kristersson expresó su alarma tras el asesinato en Bélgica el pasado octubre de dos ciudadanos suecos, que acudían a un partido de su selección y que fueron abatidos por un simpatizante de Estado Islámico (EI). El jefe del Ejecutivo de Estocolmo reconoció ahí que los ciudadanos de su país están en el objetivo del terrorismo integrista.

Dinamarca recuerda aún las sangrientas protestas que generó en 2005 la publicación de 12 caricaturas de Mahoma, la más famosa de las cuales era del dibujante danés Kurt Westergaard. La sociedad danesa lo defendió entonces como derecho a la libertad de expresión; de esa situación se ha pasado a un rechazo creciente de unos actos que ponen en peligro la seguridad nacional.

lunes, 13 de noviembre de 2023

Coletazos

 Scholz tanca l’aixeta a la migració

Mig govern del can­ce­ller Olaf Scholz busca atreure els tre­ba­lla­dors estran­gers que reclama el món econòmic, men­tre que l’altra mei­tat s’afa­nya a reduir l’entrada d’immi­gració irre­gu­lar o expul­sar-ne els qui ja són al país. Al pri­mer bloc per­ta­nyen el minis­tre del Tre­ball, Huber­tus Heil, soci­al­demòcrata com Scholz, i el titu­lar d’Eco­no­mia, el verd Robert Habeck. L’altre bloc el domina la minis­tra de l’Inte­rior, la també soci­al­demòcrata Nancy Fae­ser, que, set­mana a set­mana, pre­senta plans per acce­le­rar les depor­ta­ci­ons de migrants sense pos­si­bi­li­tats de ser reco­ne­guts com a refu­gi­ats. També viatja a ter­cers països, com ara el Mar­roc, a la recerca d’acords per faci­li­tar-ne l’expulsió i reclama dels socis euro­peus un repar­ti­ment equi­ta­tiu dels qui han entrat pel seu ter­ri­tori però aca­ben a Ale­ma­nya.

Hi ha un munt de xifres con­fron­ta­des en aquest canvi de para­digma a Ale­ma­nya, el país que el 1992, amb el con­flicte als Bal­cans, amb la gran crisi migratòria de 2015 i des de la invasió d’Ucraïna més refu­gi­ats ha aco­llit del total de socis de la UE. Als anys sei­xanta i setanta del segle pas­sat, el mer­cat labo­ral ale­many absor­bia migrants amb con­trac­tes de tre­ball de Tur­quia, l’Estat espa­nyol, Por­tu­gal, Grècia i Itàlia. Ara, s’estima que Ale­ma­nya neces­sita uns 400.000 d’extra­co­mu­ni­ta­ris cada any per resol­dre la manca de per­so­nal tant de la gran indústria com de la petita empresa, del sec­tor sani­tari, els ser­veis, l’hos­ta­le­ria, les esco­les i les llars d’infants.

En aquesta situ­ació, podria sor­pren­dre les pres­ses per tan­car l’aixeta a la migració. El pro­blema és, d’una banda, econòmic i, de l’altra, polític.

La ultra­dreta és la segona força en intenció de vot, amb tendència a l’alça. Ale­ma­nya tan­carà el 2023 en recessió, o una con­tracció del 0,4 % del PIB. La inte­gració dels refu­gi­ats és una aposta a llarg ter­mini. Del milió i mig de deman­dants d’asil aco­llits per Ale­ma­nya entre el 2015 i el 2016, només un terç s’ha inte­grat en el mer­cat labo­ral. El per­cen­tatge és encara més baix entre el milió d’ucraïnesos arri­bats arran de la invasió russa, mal­grat que poden acce­dir automàtica­ment al permís de residència i tre­ball.

La inte­gració és cara, els obs­ta­cles burocràtics són molt alts i les càrre­gues sobre els muni­ci­pis que els acu­llen, enor­mes. Scholz va qua­li­fi­car d’històric l’acord acon­se­guit amb els poders regi­o­nals el 6 de novem­bre pas­sat, després d’una nit mara­to­ni­ana. Con­sis­tia, bàsica­ment, en un repar­ti­ment de càrre­gues millo­rat per als muni­ci­pis: 7.500 euros anu­als per cada refu­giat aco­llit al seu ter­ri­tori. Subs­ti­tuirà la par­tida glo­bal de 3.700 mili­ons d’euros que fins ara es dis­tribuïa entre els lands (estats fede­rats) i els muni­ci­pis.

El cap de l’opo­sició con­ser­va­dora, Fri­e­drich Merz, reclama més reta­lla­des, fins i tot una reducció als sub­si­dis per als refu­gi­ats, una recla­mació com­par­tida pels socis libe­rals del can­ce­ller. I també que s’acce­le­rin les depor­ta­ci­ons d’uns 50.000 migrants, inclo­sos sol·lici­tants d’asil rebut­jats, radi­cals islàmics i mem­bres de clans cri­mi­nals. Alguns tenen ordre d’expulsió des de fa més d’un any, però no es pot fer efec­tiva per raons huma­nitàries o perquè el país d’ori­gen els rebutja.

Men­tres­tant, la ultra­dre­tana Alter­na­tiva per Ale­ma­nya (AfD) pre­su­meix de mar­car l’agenda tant del govern com de l’opo­sició con­ser­va­dora, que fins ara man­te­nen el cordó sani­tari entorn dels radi­cals.

domingo, 12 de noviembre de 2023

Claves polacas

Donald Tusk y los desafíos de un relevo en el poder aún virtual




El líder opositor de Polonia, Donald Tusk, durante la firma del acuerdo de coalición, este viernes en Varsovia. /ATTILA HUSENJOW / SOPA IMAGES / DPA

Gemma Casadevall

La nueva Cámara de diputados polaca, el Sejm, quedará constituida este lunes, con el ultraconservador Mateusz Morawiecki como aspirante designado a liderar el próximo gobierno. El presidente, Andrzej Duda, optó por encargar la formación del nuevo gobierno a su correligionario y primer ministro saliente, a pesar de que el gubernamental partido Ley y Justicia (PiS) no tiene el respaldo de una mayoría parlamentaria. El bloque de la oposición europeísta liderada por Donald Tusk firmó ya un pacto de coalición virtual el pasado viernes, pero le corresponderá esperar previsiblemente unas semanas antes de poder hacer efectivo un relevo en el poder que lleva implícitos muchos desafíos, incluido a escala europea.

1. El partido más votado frente a la esperanza europeísta

El PiS es el partido del presidente Duda, aunque formalmente dejó su militancia en suspenso al asumir el puesto. Fue el más votado en las elecciones del pasado 15 de octubre, pero no tiene la mayoría necesaria ni aliados perceptibles. Tendrá 194 del total de 430 escaños del Sejm y tampoco cuenta a priori con el apoyo de la ultraderechista y libertaria Confederación, con 18 puestos, que se decanta por seguir su propio camino en la oposición. El bloque opositor europeísta controla 248 puestos. Pero tras ese teórico bloque hay tres alianzas: la Plataforma Cívica de Tusk, con 157 diputados, mientras que el resto corresponden a la Tercera Vía centrista y la Nueva Izquierda o Lewica. Son más de 12 partidos los que se 'esconden' en ese bloque o suma de alianzas, con abismos ideológicos importantes y un anhelo común, el de impedir otra legislatura dominada por el PiS, tras ocho años en el poder. Morawiecki dispone de 14 días desde la sesión constituyente para tratar de encontrar aliados o voto tránsfuga. Tusk deberá esperar a que se consume su fracaso antes de tener su propia opción ante el Sejm, lo que puede llevar semanas.

2. El reencuentro con Bruselas

Tusk aglutina el deseo de cambio y sobre todo de reconciliación con las instituciones europeas tras confrontación continuada representada por el PiS. Se ha comprometido a liderar el reencuentro con Bruselas, que ha bloqueado los fondos pospandemia destinados a Varsovia. Son muchos los obstáculos que tendrá que sortear, de alcanzar el poder, para lograrlo. Deberá revertir los aspectos más ásperos de una reforma del poder judicial que vulnera la independencia de la justicia, a ojos de la Comisión Europea (CE), lo que no será fácil con una mayoría precaria y sin controlar tampoco el Senado. Tampoco le será cumplir la promesa de echar atrás la reforma del aborto, que bajo el PiS ha quedado prácticamente prohibido en Polonia. Dentro de la Tercera Vía, su principal aliado, hay corrientes conservadoras que no lo respaldarán, mientras que para la izquierdista Lewica es condición indispensable, lo mismo que debe serlo poner fin al acoso a los colectivos LGTBI practicado con el PiS en el poder.

3. Cómo divorciarse de la Iglesia y de los medios afines

Tusk tiene ante sí asimismo el desafío de lograr una separación entre Estado e Iglesia, firme aliada de la ultraconservadora PiS. Polonia está entre los países más declaradamente católicos de la Unión Europea (UE). Un 92% de su población lo es y, dentro de ese gran bloque, un 85% se reconoce como practicante de sus preceptos. Las movilizaciones masivas contra la práctica prohibición del aborto sorprendieron, sin embargo, a quienes daban por monolítica a la católica sociedad polaca. Romper esos vínculos no le será fácil, como tampoco lo será desmantelar la sumisión de los medios de comunicación afines al partido en el poder. Desde 2015, el PiS ha llevado a cabo una remodelación de los medios, especialmente la radiotelevisión pública TVP y Radio Polskie, además de la agencia de noticias PAP, mientras que los críticos se han visto sometidos a fuertes presiones desde el partido gubernamental.

4. La cohabitación con Duda

Tusk se propone retomar el poder, tras haber sido primer ministro polaco entre 2007 y 2014, año en que pasó a presidir el Consejo Europeo. Le corresponderá cohabitar con un presidente originario del PiS. Ya conoció esa experiencia en su primera etapa al frente del Gobierno. Entonces el presidente era Lech Kaczynski, hermano gemelo del actual líder del PiS, Jaroslaw, y halcón ultraconservador. A esa etapa de cohabitación correspondió la catástrofe aérea del aeropuerto ruso Smolensk, en que murió el entonces jefe del Estado y los restantes 194 ocupantes del avión presidencial. Fue un trauma nacional del que Jaroslaw Kazcynski sigue responsabilizando a Tusk --al que imputa negligencias en los preparativos del viaje-- y a Rusia. De llegar al poder deberá cohabitar con Andrjez Duda, más moderado que los Kazcyznki dentro de la familia ultraconservadora, pero a quien corresponde sancionar las leyes, incluidas las derogaciones o modificaciones de reformas impulsadas por el PiS.

sábado, 11 de noviembre de 2023

Doblete vasco



Polonia, en compás de espera para el relevo de Tusk          Joana Serra
Las imágenes que llegan estos días de Polonia son un tanto confusas, vistas desde fuera. Por un lado, el líder opositor y europeísta Donald Tusk firmando ya un pacto de coalición como si tuviera en sus mandos la llave del poder. Por el otro, el primer ministro saliente, el ultraconservador Mateusz Morawiecki, recibiendo el encargo del presidente del país, Andrzej Duda, para encabezar el siguiente gobierno.
Este lunes se asistirá a otro escenario asimismo confuso. De acuerdo a los plazos establecidos, se celebrará la sesión constituyente del Parlamento, el Sejm, lo que debe ocurrir como máximo 30 días después de las elecciones generales. Morawiecki seguirá como primer ministro en funciones y tendrá a partir de ahí 14 días para presentar su programa de gobierno para pedir el voto del Parlamento, aunque no tiene mayoría parlamentaria.
En resumen: Tusk firma un pacto de coalición sin haber recibido el encargo presidencial para ello, mientras que quien sí lo tiene puede destinar un par de semanas a buscar los aliados que no tiene. Según sostiene Tusk, su única intención es "robarnos un par de días más".
Los resultados de las elecciones del pasado 15 de octubre dejaron al ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) de Morawiecki como fuerza más votada, pero sin mayoría ni aliados perceptibles. Obtuvo 194 escaños del total de 430 del Sejm. Ni siquiera la ultraderechista Confederación, con 18 puestos, se mostró dispuesta a respaldarle. El pacto de coalición que ha firmado el liberal Tusk con la conservadora Tercera Vía y la Nueva Izquierda suma una mayoría parlamentaria de 248 escaños. Aunque es todo lo contrario a un bloque consolidado: en su interior conviven una docena de partidos con importantes diferencias ideológicas y programáticas.
Ni siquiera hay cohesión interna en lo que respecta a una de las promesas electorales de Tusk, la de derogar la práctica prohibición total del aborto implantada por el PiS. Esa fue una de las bazas de las movilizaciones multitudinarias que acompañaron la campaña electoral de Tusk, jefe del gobierno polaco entre 2007 y 2014 y aspirante a devolver a Polonia hacia la senda del europeísmo.
Este compromiso de quien fue presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019 sí es compartido por las formaciones de un amplísimo espectro político que forman el llamado bloque opositor. Hay consenso en torno a la necesidad de que Polonia deje de ser un socio incómodo en la Unión Europea (UE) tras la suma de sanciones y expedientes contra Varsovia acumuladas por los ocho años en el poder del PiS.
Sus detonantes van de la controvertida reforma del poder judicial atentatoria contra la separación de poderes, al acoso a los medios de comunicación críticos, a los colectivos LGTBI o al bloqueo a la reforma de la política migratoria y propuestas de reubicación de los peticionarios de asilo planteadas por Bruselas.
Tusk levantó los brazos en señal de victoria inmediatamente después de cerrarse las urnas, el domingo día 15 de octubre. No esperó a que se presentaran resultados consolidados, como tampoco ha aguardado ahora a que se le encargue la formación del gobierno. Cuenta con que Morawiecki no logrará la mayoría parlamentaria ni tampoco el puñado de votos tránsfugas que, según medios polacos, podría conseguir entre la heterogénea alianza que respalda a Tusk.
Da por hecho que recuperará el poder y también parecen convencidos de su éxito sus principales aliados europeos -la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el líder de los populares europeos, Manfred Weber, ambos alemanes-. Tusk viajó ya a Bruselas tras la jornada electoral mientras en Varsovia seguían esperándose resultados del escrutinio oficial, que finalmente corroboró al PiS como fuerza más votada y al bloque opositor como alternativa con mayoría parlamentaria.
Se da por hecho que Tusk logrará su objetivo, aunque para ello precise aún unas semanas. Que el encargo presidencial recayera en Morawiecki se atribuye principalmente a que el jefe del Estado, Andrzej Duda, es originario del PiS, aunque dejó su militancia en suspenso al asumir su puesto. Se ciñó Duda en su elección al principio de que la primera opción correspondía a la fuerza más votada. Su decisión dio pie a numerosos comentarios en torno a la voluntad del PiS de "ganar tiempo" antes de despedirse del poder.
Además del retorno a la senda europea, Tusk se ha comprometido a mantener las ayudas y subsidios a las familias implantadas en los ocho años del PiS en el poder. No le será fácil, ya que se prevé que el déficit público de Polonia se dispare hasta el 6 % el próximo año. El principal responsable de esta situación son las inversiones en la partida de Defensa aprobadas bajo el PiS en los últimos años y acrecentadas desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Morawiecki justificó estos gastos en la necesidad de rearmar a Polonia, cuyo ejército dejó maltrecho, según el PiS, por los recortes de Tusk en su anterior etapa como primer ministro.
El pulso por el poder entre el europeísmo polaco y el ultraconservador PiS entrará en un nuevo capítulo este lunes, con la sesión constituyente del Sejm. No se prevé que amaine ni siquiera si Tusk logra el relevo en el poder, ya que deberá compartirlo con Duda, el presidente originario del PiS al que corresponderá refrendar las leyes emanadas del siguiente gobierno.    

viernes, 10 de noviembre de 2023

Conflictos vecinales

Polonia bloquea el paso a miles de camiones ucranianos



Cola de camiones ucranianos bloqueados en la frontera de Polonia. /DAMIEN SIMONART / AFP

Gemma Casadevall

Hasta 20.000 vehículos ucranianos, principalmente camiones, aguardan turno a ambos lados de la frontera con Polonia, bloqueada parcialmente por transportistas polacos que consideran competencia desleal el hecho de que los colegas del país vecino tengan libre circulación en el territorio comunitario.
A principios de semana empezaron los bloqueos de piquetes polacos en los principales pasos fronterizos de Ucrania con este país miembro de la Unión Europea (UE). Se permite la circulación de transportes militares, material sanitario o humanitario, así como animales vivos, mientras que el resto transita a un ritmo de un camión cada hora aproximadamente, según la agencia polaca de noticias Pap.  El tiempo de espera en el paso fronterizo de Hrebenne-Rawa Ruska, uno de los tres existentes para estos transportes entre Polonia y Ucrania, se estima en entre seis y ocho días. Ahí esperaban a mediados de semana unos 500 camiones, en una cola de más de 40 kilómetros de largo.

La situación ha tensado de nuevo las relaciones entre Varsovia y Kiev, tras el conflicto mantenido durante meses por el tránsito de grano ucraniano a través de Polonia. El Gobierno del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) reaccionó a las quejas de los campesinos polacos prohibiendo las importaciones de cereal ucraniano, a lo que se sumaron medidas parecidas de otros socios del este europeo, como Hungría. También entonces, las protestas de campo se dirigían contra las ayudas consensuadas a escala de la UE para favorecer estos transportes, pero que a la práctica perjudican los intereses de los agricultores polacos.

Protesta de Kiev


El ministro de la Reconstrucción ucraniano, Oleksandr Kubrakow, protestó ahora por los bloqueos a los transportistas de su país. Considera que atentan no solo a los intereses de ese sector ucraniano, sino también a los del conjunto de la UE a los que se dirigen estas mercancías. Polonia argumenta, por contra, que las medidas de apoyo a Ucrania acaban generando una competencia desleal para su país.
En pleno conflicto por el tránsito del grano ucraniano, Varsovia llegó a anunciar el fin de los suministros de armas al país vecino. Fue un giro radical en las relaciones entre ambos países. Hasta entonces, Polonia había mantenido la línea de la máxima solidaridad hacia Ucrania, lo que se reflejaba tanto en el apoyo militar, como humanitario, así como a la acogida de refugiados ucranianos.

Polonia ha sido desde el inicio de la invasión rusa, en febrero de 2022, la primera vía de acceso a territorio comunitario para los cerca de 4,2 millones de ucranianos llegados a la UE. Un 51% de estos refugiados siguen en Alemania o en Polonia, 1,2 millones están en territorio alemán y unos 950.000 en el polaco, según cifras recientes de Eurostat.

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Friedländer y otros invitados de Steinmeier

Alemania, ante el desafío antisemita y la islamofobia



Acto por las víctimas del ataque de Hamás /FABRIZIO BENSCH / REUTERS

Gemma Casadevall

"No entiendo que la gente no haya aprendido la lección. Nunca pensé, tras el Holocausto, que pudiera ocurrir algo parecido", afirmó este miércoles Margot Friedländer, con 102 años y supervivente del nazismo. Era la invitada de honor del presidente alemán, Franz Walter Steinmeier, al acto en recuerdo del 85 aniversario de la Noche de los Cristales Rotos o inicio de los pogromos nazis. "Sufrimos situaciones que me recuerdan la islamofobia tras los atentados del 11 de septiembre (de 2001)", apuntó por su parte Ender Cetin, imán berlinés que dirige junto al rabino Elias Drays el proyecto Meet2Recpect, promotor del diálogo entre musulmanes y judíos. "El niño al que se prohíbe ahora llevar el pañuelo palestino puede ser el adolescente que dará la mañana espalda a Alemania, porque se siente excluido de su sociedad", alertó Jouanna Hassoun, una palestina crecida en Berlín quien con su colega israelí Shai Hoffmann trata de promover la tolerancia en la escuela.

Steinmeier les había convocado a una mesa redonda en el Palacio de Bellevue para reflexionar sobre el 9 de noviembre de 1938. Cinco años después de la llegada de Adolf Hitler al poder, miles de sinagogas ardieron esa noche en todo el país y 7.500 comercios judíos fueron devastados. Al día siguiente fueron deportados los primeros 30.000 judíos a campos de exterminio nazis. Hasta la capitulación del Tercer Reich se estima que murieron asesinados seis millones de judíos.

Ejemplos de convivencia


Freidländer era la invitada de honor. Simboliza la reconciliación con la Alemania actual y desde que regresó a su Berlín natal, ya con 88 años, recorre escuelas y foros juveniles para hacer llegar su mensaje. Pero la ronda de este año no era un aniversario ritualizado sin más. Llevaba el subtítulo de "Guerra en Oriente Próximo. Por una convivencia pacífica en Alemania". El presidente alemán había invitado a representantes de ese espíritu conciliador, como el duo formado por el rabino y el imán o los dueños del restaurante berlinés Kanaan, el palestino Jalil Dabit y el israelí Oz Ben David, cuya existencia es de todo, menos fácil. "El aire está caldeado. Las emociones arden en cualquier momento", relató Ben David.

Steinmeier alertó en su discurso inicial sobre la convivencia "amenazada" a raíz del "ataque bárbaro de Hamás" del 7 de octubre pasado. Relató su estupor ante el hecho de que los judíos vuelvan a sentirse inseguros en Alemania mientras crece un antisemitismo que, hasta ahora, se ha plasmado en quemas de banderas, pintadas con la Estrella de David en algún comercio judío o expresiones de antisemitismo furibundo en manifestaciones propalestinas. Si en el primer trimestre del año, las cifras de Interior registraban 379 actos o ataques antisemitas, en el tercer trimestre subieron ya a 540. Las fuerzas de seguridad han reforzado los dispositivos de seguridad ante cualquier edificio representativo de esa comunidad, que tras años de esfuerzos suma actualmente 100.000 miembros en el país.
El derecho a expresar el dolor o la instrumentalización

El presidente alemán reconoció asimismo el derecho de los palestinos a "expresar su dolor" por los miles de civiles muertos en la Franja de Gaza, a los que calificó de "víctimas y rehenes de Hamás". Pero llamó a no dejarse "instrumentalizar" o "arrastrar" a convocatorias de manifestaciones no autorizadas y manejadas por el fundamentalismo islámico.

Fue un discurso muy parecido a otros que ha venido pronunciando estos días, reflejo del compromiso incondicional de Alemania con el derecho a la defensa de Israel, fruto de su responsabilidad histórica hacia ese país.

En la mesa redonda siguiente, ya sin transmisión televisada pero con acceso presencial a los medios, se reveló el alcance del doble desafío, contra el antisemitismo y contra la islamofobia. Todo ello, en una Alemania donde la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) es la segunda fuerza en intención de voto a escala nacional. Los invitados a la mesa redonda habían sido seleccionados como ejemplos de convivencia en las antípodas del radicalismo presente en mezquitas dirigidas a distancia por el fundamentalismo islámico. Varios de los presenten dejaron sobre la mesa los reproches de esas iniciativas privadas hacia la institucionalidad alemana o los déficits acumulados en décadas de no invertir en políticas de integración.

Un juicio incómodo

En medio de las alertas contra el antisemitismo se celebra estos días el juicio por difamación contra el cantante judío e influencer Gil Ofarim, quien hace dos años convirtió en viral un mensaje en que aseguraba que se le impidió ingresar en un reconocido hotel de Leipzig (este de Alemania) por llevar la Estrella de David al cuello. La acusación levantó un gran revuelo mediático; el empleado fue apartado del puesto y tuvo que permanecer semanas escondido por sentirse amenazado. Las grabaciones de las cámaras de seguridad no refrendaron la versión de Ofarin, ni siquiera si llevaba la Estrella de David y no hay testigos presenciales que le respalden.

El proceso se abrió con las dos versiones confrontadas: la de Ofarim, que insiste en el ataque antisemita; y la del empleado, que retrata a su supuesta víctima como un vociferante y exaltado cliente que se dirigió a él a gritos y al que finalmente pidió que abandonase el local.

La noche más oscura frente a la más hermosa

El 9 de noviembre no solo se recuerda en Alemania la noche de los pogromos nazis, sino también otra noche, la de 1989, probablemente la más hermosa de la historia reciente del país. Fue la de la caída del Muro de Berlín. Tras décadas de división traumática los ciudadanos del este y del oeste pudieron cruzar esa frontera sin miedo a morir en el intento. El muro de hormigón dejó de ser infranqueable y se inició así el proceso de reunificación que derivó el 3 de octubre de 1990 en la firma del Tratado de Unidad. La coincidencia de ambos aniversarios, el más oscuro y el más feliz, imposibilitó dar al de la caída del Muro rango de fiesta nacional.

Otra de "Alemania va mal"


Los 'sabios' alemanes prevén debilidad económica a corto y medio plazo





Olaf Scholz, el canciller alemán, a su llegada a Granada, tras bajar del avión. /KAY NIETFELD / DPA / EUROPA PRESS


La fase de debilidad económica alemana será moderada, pero sus efectos se harán notar a corto y medio plazo, según los llamados “Cinco Sabios” o Consejo Asesor de Economistas del gobierno de la primera economía de la zona euro. Hay que poner remedio asimismo al efecto de los 'baby boomer' sobre el sistema de jubilaciones alemán, en forma de ascenso, asimismo moderado, de la edad en que se accede al retiro, de acuerdo con las recomendaciones entregadas por el Consejo al ejecutivo del canciller Olaf Scholz.

En línea con los pronósticos anteriormente difundidos por los principales institutos económicos del país y el mismo Ejecutivo de Olaf Scholz, los 'sabios' prevén que este 2023 se registre una contracción del producto interior bruto (PIB) del 0,4%. Para 2024 estiman que habrá ya una recuperación, aunque leve, con un crecimiento del 0,7% del PIB.

La crisis energética precipitada por la invasión rusa de Ucrania sigue lastrando la economía de Alemania, que se vio obligada a buscar aceleradamente alternativas a los suministros de gas, petróleo y carbón de Rusia. Este año la situación se ha normalizado y no se teme, como ocurrió en 2022, que los precios energéticos vuelvan a dispararse a niveles récord. Pero no podrá evitarse que la recuperación se retrase, según indicó la presidenta de los Sabios, Monika Schnitzer.


El nivel de la inflación se irá reduciendo, pero también a ritmo más bien lento: este año el promedio estimado será de un 6,1%, mientras que para 2024 se prevé un 2,6 %, por lo que se acercará a los niveles considerados “deseados” por el Banco Central Europeo (BCE) -alrededor del 2 %-.
El efecto "baby boomer"

Son varios los factores que lastran la economía alemana, además de la evolución demográfica. La falta de personal afecta a prácticamente todos los sectores industriales y también al de servicios, así como hostelería, sanidad y educación. La subida de los tipos de interés por parte del BCE es una medida “lógica y correcta”, según Schnitzer. Pero está claro también que ralentizan las inversiones y el consumo privado, de acuerdo con la jefa de los Sabios.

La mayoría de los factores apuntados por el Consejo son de índole global. Pero en lo que respecta a los intrínsecos de Alemania destacaron los expertos la recomendación de aumentar moderadamente la edad para acceder a la plena jubilación. Actualmente esta se sitúa en los 66 años y seis meses, con la perspectiva de llegar a los 67 años de forma progresiva hasta 2025. Para el Consejo, debería regularse un aumento asimismo gradual a partir de entonces de unos seis meses más.

El sentido de esa recomendación se dirige tanto al incremento de la esperanza de vida -o envejecimiento de la población- como a los efectos sobre el sistema de las pensiones que tendrá la jubilación de los “baby boomer” -principalmente, cuando entren en la edad de retirarse los nacidos en 1964-.

Un 23 % de la población de Alemania -con 82 millones de habitantes- está entre los 40 y los 59 años, mientras que el porcentaje de los mayores de 60 años se sitúa sobre el 25 %.

lunes, 6 de noviembre de 2023

A por otra investidura fallida



El ultraconservador polaco Morawiecki recibe el encargo de formar gobierno





Gemma Casadevall

El presidente polaco, Andrzej Duda, se decantó por su correligionario, el ultraconservador Mateusz Morawiecki, para encargarle la formación del nuevo gobierno de Polonia, pese a que su partido Ley y Justicia (PiS) no tiene una mayoría parlamentaria para lograr su investidura. Duda anunció su decisión en una intervención televisiva y mientras el líder de la oposición liberal, Donald Tusk, ataba un pacto de coalición virtual con el bloque europeísta que sí tiene suficiente respaldo en el Parlamento (Sejm).

Duda se ciñó al principio de dar la primera opción al partido más votado en los pasados comicios, el PiS del primer ministro saliente. Desde la oficina presidencial se había avanzado ya en la misma noche electoral que el jefe del Estado seguiría esa línea “por tradición”, a pesar de que Tusk inició inmediatamente después de confirmarse los resultados de las urnas las conversaciones con sus aliados potenciales para asegurarse una mayoría parlamentaria. Morawiecki se someterá ahora al voto del Sejm tras la sesión constituyente del próximo 13 de noviembre. De no lograr la mayoría necesaria, Tusk tendría su oportunidad de intentarlo entre dos o tres semanas después.

Las elecciones generales del pasado 15 de octubre dejaron como fuerza más votada al ultranacionalista partido gubernamental, del que es originario Duda aunque formalmente dejó en suspenso su militancia al asumir la presidencia. El partido de Morawiecki, que lidera el "halcón" de la política polaca Jaroslaw Kaczynski, obtuvo 194 puestos del total de 460 escaños del Sejm, la cámara de diputados. Ni siquiera con el apoyo de la formación ultraderechista y libertaria Confederación, con 18 diputados, tendría la mayoría necesaria. El bloque opositor europeísta suma, en cambio, 248 escaños con los 157 de la Plataforma Cívica (PO) de Tusk, más 65 de la llamada Tercera Vía, una alianza centrista, y los 26 de la izquierdista Lewica.

Las tres formaciones opositoras proclamaron su disposición a formar una coalición la misma noche electoral y han ratificado sucesivamente esa determinación, además de negociar un pacto de coalición con el que aspiran a gobernar. Ya en las consultas mantenidas por Duda con los sucesivos partidos tras los comicios, el bloque opositor apremió al presidente a designar lo antes posible al futuro primer ministro. A su parecer, el encargo solo puede recaer en Tusk, por ser el único con una mayoría parlamentaria que le sustente.

La sesión constitutiva del Sejm se ha convocado para el 13 de noviembre, de acuerdo con los plazos constitucionales previstos.

Tusk, la esperanza de reencuentreuropeístata

Tusk, quien fue primer ministro de su país entre 2007 y 2014 y luego pasó a presidir el Consejo Europeo, inició ya poco después de los comicios contactos con otros líderes del bloque comunitario. Refrendó así lo que fue la dinámica de su campaña electoral: el ansia de regresar a la jefatura del gobierno de Varsovia para marcar el camino a la conciliación con Bruselas tras los ocho años seguidos de confrontación con las instituciones comunitarias protagonizados por el PiS.

Varsovia ha sido en este tiempo un quebradero de cabeza continuo para Bruselas, tanto por su controvertida reforma del poder judicial, que pone en jaque la independencia de la Justicia, como por su bloqueo a sucesivas propuestas en materia migratoria. Las relaciones con la Comisión Europea (CE) han caído bajo mínimos en este periodo, hasta el punto de congelarse los fondos pospandemia destinados a Polonia. Una de las tareas que competería asumir a Tusk, de lograr la elección, sería revertir los aspectos más complejos de las reformas impulsadas bajo la gestión del PiS.

A esas polémicas reformas se sumaron ataques desde el gubernamental PiS a los medios de comunicación considerados críticos y a los colectivos LGTBI. Pero tal vez lo que más aglutinó al conjunto de la oposición a favor de Tusk fue la reforma del aborto implantada por el PiS. Polonia tenía ya una ley muy restrictiva en esa materia, pero bajo el PiS quedó prácticamente prohibida la interrupción voluntaria del embarazo incluso en situaciones extremas. El compromiso de Tusk de revocar esa reforma movilizó a sectores de la población no necesariamente identificados con la línea del exprimer ministro y le aseguraron el apoyo post-electoral de formaciones izquierdistas como Lewica.