sábado, 11 de noviembre de 2023

Doblete vasco



Polonia, en compás de espera para el relevo de Tusk          Joana Serra
Las imágenes que llegan estos días de Polonia son un tanto confusas, vistas desde fuera. Por un lado, el líder opositor y europeísta Donald Tusk firmando ya un pacto de coalición como si tuviera en sus mandos la llave del poder. Por el otro, el primer ministro saliente, el ultraconservador Mateusz Morawiecki, recibiendo el encargo del presidente del país, Andrzej Duda, para encabezar el siguiente gobierno.
Este lunes se asistirá a otro escenario asimismo confuso. De acuerdo a los plazos establecidos, se celebrará la sesión constituyente del Parlamento, el Sejm, lo que debe ocurrir como máximo 30 días después de las elecciones generales. Morawiecki seguirá como primer ministro en funciones y tendrá a partir de ahí 14 días para presentar su programa de gobierno para pedir el voto del Parlamento, aunque no tiene mayoría parlamentaria.
En resumen: Tusk firma un pacto de coalición sin haber recibido el encargo presidencial para ello, mientras que quien sí lo tiene puede destinar un par de semanas a buscar los aliados que no tiene. Según sostiene Tusk, su única intención es "robarnos un par de días más".
Los resultados de las elecciones del pasado 15 de octubre dejaron al ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS) de Morawiecki como fuerza más votada, pero sin mayoría ni aliados perceptibles. Obtuvo 194 escaños del total de 430 del Sejm. Ni siquiera la ultraderechista Confederación, con 18 puestos, se mostró dispuesta a respaldarle. El pacto de coalición que ha firmado el liberal Tusk con la conservadora Tercera Vía y la Nueva Izquierda suma una mayoría parlamentaria de 248 escaños. Aunque es todo lo contrario a un bloque consolidado: en su interior conviven una docena de partidos con importantes diferencias ideológicas y programáticas.
Ni siquiera hay cohesión interna en lo que respecta a una de las promesas electorales de Tusk, la de derogar la práctica prohibición total del aborto implantada por el PiS. Esa fue una de las bazas de las movilizaciones multitudinarias que acompañaron la campaña electoral de Tusk, jefe del gobierno polaco entre 2007 y 2014 y aspirante a devolver a Polonia hacia la senda del europeísmo.
Este compromiso de quien fue presidente del Consejo Europeo entre 2014 y 2019 sí es compartido por las formaciones de un amplísimo espectro político que forman el llamado bloque opositor. Hay consenso en torno a la necesidad de que Polonia deje de ser un socio incómodo en la Unión Europea (UE) tras la suma de sanciones y expedientes contra Varsovia acumuladas por los ocho años en el poder del PiS.
Sus detonantes van de la controvertida reforma del poder judicial atentatoria contra la separación de poderes, al acoso a los medios de comunicación críticos, a los colectivos LGTBI o al bloqueo a la reforma de la política migratoria y propuestas de reubicación de los peticionarios de asilo planteadas por Bruselas.
Tusk levantó los brazos en señal de victoria inmediatamente después de cerrarse las urnas, el domingo día 15 de octubre. No esperó a que se presentaran resultados consolidados, como tampoco ha aguardado ahora a que se le encargue la formación del gobierno. Cuenta con que Morawiecki no logrará la mayoría parlamentaria ni tampoco el puñado de votos tránsfugas que, según medios polacos, podría conseguir entre la heterogénea alianza que respalda a Tusk.
Da por hecho que recuperará el poder y también parecen convencidos de su éxito sus principales aliados europeos -la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el líder de los populares europeos, Manfred Weber, ambos alemanes-. Tusk viajó ya a Bruselas tras la jornada electoral mientras en Varsovia seguían esperándose resultados del escrutinio oficial, que finalmente corroboró al PiS como fuerza más votada y al bloque opositor como alternativa con mayoría parlamentaria.
Se da por hecho que Tusk logrará su objetivo, aunque para ello precise aún unas semanas. Que el encargo presidencial recayera en Morawiecki se atribuye principalmente a que el jefe del Estado, Andrzej Duda, es originario del PiS, aunque dejó su militancia en suspenso al asumir su puesto. Se ciñó Duda en su elección al principio de que la primera opción correspondía a la fuerza más votada. Su decisión dio pie a numerosos comentarios en torno a la voluntad del PiS de "ganar tiempo" antes de despedirse del poder.
Además del retorno a la senda europea, Tusk se ha comprometido a mantener las ayudas y subsidios a las familias implantadas en los ocho años del PiS en el poder. No le será fácil, ya que se prevé que el déficit público de Polonia se dispare hasta el 6 % el próximo año. El principal responsable de esta situación son las inversiones en la partida de Defensa aprobadas bajo el PiS en los últimos años y acrecentadas desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Morawiecki justificó estos gastos en la necesidad de rearmar a Polonia, cuyo ejército dejó maltrecho, según el PiS, por los recortes de Tusk en su anterior etapa como primer ministro.
El pulso por el poder entre el europeísmo polaco y el ultraconservador PiS entrará en un nuevo capítulo este lunes, con la sesión constituyente del Sejm. No se prevé que amaine ni siquiera si Tusk logra el relevo en el poder, ya que deberá compartirlo con Duda, el presidente originario del PiS al que corresponderá refrendar las leyes emanadas del siguiente gobierno.