domingo, 31 de marzo de 2024

Controlando el Taschengeld

Alemania ensaya el uso de tarjetas prepago para los solicitantes de asilo



El canciller alemán Olaf Scholz. / MICHAEL KAPPELER/DPA - ARCHIVO
Gemma Casadevall

La iniciativa del gobierno del canciller Olaf Scholz para implantar en Alemania una especie de tarjeta prepago para los peticionarios de asilo lleva meses estancada. La idea original es que sus destinatarios perciban por esta vía la ayuda económica —incluido el llamado dinero de bolsillo— que les corresponde, y no en metálico o a una cuenta bancaria. El propósito es que ese dinero se gaste en el país —y, con ello, los impuestos indirectos derivados del consumo—, en lugar de ser transferido a sus familiares en el país de origen o, peor aún, a redes de tráfico de personas o al radicalismo islámico.
Esa era la teoría. A la práctica, el plan del gobierno tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales tuvo que vencer primero los recelos de los socios ecologistas. Lo veían como una fórmula degradante de fiscalización de esas ayudas. Superados estos argumentos, topó con el rechazo de algunos poderes regionales —a los que corresponde implementar y administrar la acogida de los refugiados y peticionarios de asilo—, que veían más problemas que beneficios en el sistema.
Finalmente, algunos estados federados, entre ellos Baviera y Baden-Württemberg, ambos en el sur, han empezado a aplicarlo aún en fase experimental en algunos distritos. Ello acaba de complicar la situación, puesto que obliga al peticionario que ha percibido una de esas tarjetas prepago, a gastar ese dinero dentro del distrito donde tiene asignada su residencia. Por no hablar de los problemas reales que se va a encontrar, incluso sin salir de esa zona, puesto que en Alemania no todos los comercios aceptan el pago con tarjeta. El cartel de only cash es relativamente frecuente no solo en poblaciones pequeñas, sino incluso en locales Döner o bares de Berlín.

Desafíos de la acogida de refugiados


La fórmula de la tarjeta prepago surgió como bálsamo a los poderes regionales, que se dicen desbordados para atender la acogida de refugiados. En 2023 fueron 351.900 los nuevos peticionarios de asilo recibidos por Alemania; solo en los primeros dos meses de 2024 fueron ya otros 53.000. Son cifra que están lejos del récord de más de millón y medio llegados al país con la gran crisis migratoria de 2015 y 2016. Pero a la que hay que añadir otro millón y medio de ucranianos recibidos desde el inicio de la invasión de Rusia, en febrero de 2022, que no se contemplan en las estadísticas de peticionarios de asilo por estar exentos de presentar esa solicitud. Desde la formalización de la solicitud hasta su resolución pueden pasar entre un año o año y medio.
Cada nuevo solicitante recibe en el centro de primera acogida lo que se denomina "dinero de bolsillo" —182 euros—, además de una tarjeta sanitaria provisional, billetes para el transporte público y bonos de comida, ropa, etc., que gastará en el centro al que ha sido asignado. De esa cantidad pasará a los 410 euros —para una persona sola, más otros 369 para su pareja— si se admite su petición. Pero 228 euros irán directamente a su manutención y alojamiento, de modo que el teórico dinero para gastos sigue siendo mínimo.
Hasta qué punto tiene sentido implantar una tarjeta prepago para esos gastos domina el debate en torno a la viabilidad de una fórmula que implicará nuevos costes administrativos. Las organizaciones de ayuda a los peticionarios de asilo, como Pro-Asyl, lo ven como una concesión populista destinada a combatir el argumentario de la ultraderecha. Para Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza en intención de voto a escala nacional tras la oposición conservadora, todo dinero que perciba el refugiado es susceptible de acabar alimentando redes ocultas, sean de tráfico de personas o de organizaciones yihadistas. Incluso si se trata de los 182 euros —o sea, 45 por semana— del llamado dinero de bolsillo inicial.

viernes, 29 de marzo de 2024

El bloque del mal

Ucrania, pendiente del populismo europeo



El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico (derecha) junto al de Hungría, Víktor Orbán, en Bruselas. / OLIVIER HOSLET / EFE

Gemma Casadevall

Europa ha empezado a plantearse en serio su rearme ante el temor a no poder contar con el gran hermano transatlántico, Estados Unidos, en caso de un regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La necesidad de reforzar la defensa del propio territorio es ahora un asunto prioritario entre bloque comunitario, no solo entre los países del flanco este, ante un imprevisible Vladímir Putin. En paralelo han crecido las lagunas en la teórica solidaridad inquebrantable europea a Kiev, especialmente ahí donde gobierna el populismo prorruso, sea de ultraderecha o izquierdista, mientras el calendario electoral de 2024 pronostica una consolidación de este espectro.
Al más leal aliado de Putin en el bloque europeo, el ultranacionalista hungaro Viktor Orbán, le han surgido en pocos meses otros líderes hermanados en el cuestionamiento de la ayuda militar a Ucrania. En octubre sacudió el tablero el regreso al poder en Eslovaquia de Robert Fico, un socialdemócrata transmutado en populista. Pese a sus abismos ideológicos, sigue la misma línea respecto a Kiev que Orbán. Un mes después, en Países Bajos se impuso como primera fuerza el Partido de la Libertad (PVV) del ultraderechista Geert Wilders, quien a su discurso racista e islamófobo había unido la promesa de finiquitar la ayuda militar a Ucrania. Que Wilders logre convertirse en primer ministro parece descartado, puesto que anunció su renuncia a seguir intentándolo ante el rechazo del resto de sus aliados potenciales. Las negociaciones entre su PVV y otros partidos centristas siguen, ahora con el objetivo de formar un gobierno entre tecnócratas y políticos. Pero es innegable el peso acrecentado de Wilders, un veterano entre los ultras europeos.
El panorama electoral apunta a refuerzos para las formaciones que cuestionan el apoyo a Kiev. La próxima cita con las urnas en Eslovaquia podría convertir este país de 5,5 millones de habitantes, con 97 kilómetros de frontera con Ucrania, en el siguiente que se cierra a cal a canto al apoyo al país eslavo. Será con la segunda vuelta de las presidenciales, el 6 de abril, que disputarán el europeísta Ivan Korcok y el representante del populismo prorruso Peter Pellegrini. Korcok fue el más votado en la primera vuelta, con un 42,5 % de los votos, cinco puntos por encima de su rival. De ganar, ejercería de contrapeso al dominante Fico. Pero Pellegrini puede reclutar apoyos del electorado de otro candidato, el nacionalista prorruso Stephen Harabin, quien quedó tercero con un 11% de los votos. Movilizar a este electorado es clave para la ronda decisiva y supuestamente juega ahí con ventaja Pellegrini.
La gran plataforma de los populismos serán obviamente los comicios europeos del próximo junio. Se espera que exhiban músculo, aunque también que rebaje su impacto la división entre sus familias: por un lado, Identidad y Democracia, de la que forman parte la francesa Marine Le Pen, la Liga del italiano Matteo Salvini y Alternativa para Alemania (AfD), y por el otro Conservadores y Reformistas, con el español Vox, los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni y el polaco Ley y Justicia (PiS).
Los pronósticos apuntan a una victoria conservadora y la reelección como presidenta de la Comisión Europea (CE) de la alemana Ursula von der Leyen. Defiende, como su país de origen, la inquebrantable solidaridad con Ucrania y excluye la cooperación con partidos prorrusos. Pero incluso de mantenerse en su puesto no podrá obviar el creciente peso de la ultraderecha, que puede sumar en otoño su siguiente triunfo: Austria. El partido ultranacionalista y xenófobo Partido de la Libertad,(FPÖ por sus siglas en alemán), exsocio de gobierno del conservador Partido Popular (ÖVP), lidera en intención de voto con más de un 30%. Las encuestas reflejan su dominio tanto de cara las europeas como a las parlamentarias previstas para el próximo otoño. El Gobierno austriaco, actualmente una coalición entre conservadores y verdes, mantiene ya una línea restrictiva en lo que se refiere al apoyo a Ucrania. En tanto que país neutral desde 1955, se limita a prestar ayuda humanitaria, civil y financiera a Kiev.

La excepción nórdica

Contrasta con este panorama la posición de dos países nórdicos donde la ultraderecha es parte de su gobierno o le apoya. Es el caso de Finlandia, donde los ultras Verdaderos Finlandeses son socios en la coalición liderada por el conservador Petteri Orpo, y de Suecia, en que la alianza centrista-liberal del primer ministro Ulf Kristersson gobierna "bajo tolerancia" de los radicales Demócratas Suecos.
Finlandia y Suecia dejaron atrás su histórica neutralidad a raíz de la invasión de Ucrania para ingresar en la OTAN. Fue un giro respaldado por el conjunto de la sociedad y de su espectro parlamentario. Ni los ultras suecos ni los finlandeses --país que hasta la agresión rusa a Ucrania mantuvo fructíferas relaciones con Moscú-- se comportan como partidos prorrusos. Son países con ejércitos modernos, clave para el escudo báltico junto con Lituania, Estonia, Letonia o Polonia, todos ellos con frontera terrestre o división marítima con Rusia o con Bielorrusia.

miércoles, 27 de marzo de 2024

El rearme de Habeck

Berlín respalda la figura de un eurocomisario de Defensa 


Joana Serra


Alemania apoya la creación de un nuevo eurocomisario de Defensa, tal como ha propuesto la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, mientras busca impulsos para la industria armamentística tanto nacional como a escala del bloque comunitario. „Las amenazas mundiales han cambiado y tenemos que dar las respuestas adecuadas a esta situación“, afirmó el ministro de Economía y vicecanciller, Robert Habeck, de los verdes, tras la reunión mantenida en la Cancillería alemana con las empresas punteras del sector armamentístico. Preguntado por la idea lanzada recientemente por von der Leyen para la creación de ese puesto en el ejecutivo europeo, Habeck argumentó que dicho cargo favorecería una „mejor coordinación“ a escala europea y que por lo tanto iría en la dirección „correcta“.
„Sólo avanzaremos si logramos poner en marcha cosas concretas“, afirmó, para incidir en la necesidad de que se acuerden a escala comunitaria „los mismos parámetros y estandares en la producción armamentístiva, sea de fragatas o de blindados“.
La propuesta de von der Leyen, candidata del Partido Popular Europeo en las próximas elecciones europeas y aspirante a ser reelegida al frente de la CE, fue recibida con escepticismo por parte del Alto Representante de Política Exterior de la UE, el socialista Josep Borrell.
Habeck, por contra, considera que la producción armamentística está „excesivamente concentrada en intereses nacionales“, mientra que el objetivo de una Defensa común europea implica acciones más „concertadas“. „El volumen de la producción en Europa no es pequeño, pero no siempre se destinan los fondos y el dinero preciso a los objetivos adecuados“, admitió el ministro.
La reunión del ministro, con rango de vicecanciller en el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales que lidera Olaf Scholz, estuvo centrada en la voluntad del Ejecutivo alemán de dar un fuerte impulso a la industria armamentística del país. Junto al titular de Economía participaron en la reunión, calificada de „cumbre del armamento“ en medios alemanes, el ministro de la cancillería, Wolfgang Schmidt, el más estrecho colaborador de Scholz desde hace décadas, así como representantes de los ministerios de Finanzas y de Defensa. Por parte de la industria acudían altos cargos de una veintena de empresas del sector, desde Rheinmetall a Airbus Defensa, según informaciones del portal „Politico“, del poderoso grupo mediático Springer.
„Mirando a Rusia nos damos cuenta de hasta qué punto es importante aumentar la producción del sector, tanto en Alemania como en el conjunto de Europa“, afirmó el ministro a los medios tras la reunión.
Habeck, pese a representar al partido del ecopacifismo alemán, ha defendido en todo momento los suministros de armas a Ucrania. Esta era ya su postura en sus tiempos en la oposición, antes de formarse el tripartito de Scholz, y del inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022.
Fue precisamente a raíz de la agresión a Ucrania cuando Scholz anunció un giro radical en la política de Defensa alemana, tras décadas de recortes y de austeridad.
El canciller anunció entonces la creación de un fondo por 100.000 millones de euros para la puesta a punto del ejército alemán. Alemania es el segundo contribuyente a escala internacional, tras Estados Unidos, en suministros de armas y apoyo militar a Kiev.

martes, 26 de marzo de 2024

Nancy, la ministra que nos cuida

Alemania blindará la Eurocopa tras desmantelar planes de EI



La ministra del Interior alemana, Nancy Faeser, en una sesión del Bundestag el pasado 20 de marzo. / HANNIBAL HANSCHKE / EFE
Gemma Casadevall


Blindar la Eurocopa 2024, que acogerá Alemania entre junio y julio, es tarea prioritaria para la ministra alemana de Interior, Nancy Faeser, en cuyas competencias entra asimismo Deportes. La protección de un "acontecimiento internacional" de primer orden como el torneo europeo implicará controles temporales en las fronteras durante la celebración de sus 51 encuentros que discurrirán desde el 14 de junio, con el partido inaugural en Múnich, hasta el 14 de julio, con la final del Olympiastadion de Berlín.

Es una medida "habitual" ante este tipo de eventos, añadió Faeser, sea para reforzar la seguridad e interceptar a terroristas, sea para impedir la entrada en el país de aficionados fichados como violentos, hooligans y otros extremistas.

El atentado de Moscú, con 139 muertos, no es el "detonante" para el refuerzo de estas medidas, aclaró un portavoz de Interior. Las fuerzas de seguridad alemanas llevan tiempo trabajando en un dispositivo de seguridad que posibilite, por un lado, las grandes proyecciones en directo de los partidos y, por otro, garantice la protección tanto en los estadios como en el conjunto del territorio del país. Será un mes con movilidad acentuada de aficionados, selecciones y periodistas, puesto que los partidos se reparten entre un total de 10 ciudades del país. Esto era de por sí un desafío, a lo que se une que el denominado Estado Islámico del Jorasán, en el que militan los presuntos autores del atentado del Crocus City Hall moscovita, no es un desconocido para las autoridades alemanas.

Sucesivas tramas en todo el país


La semana pasada, fueron detenidos en Gera (este de Alemania) dos afganos, presuntamente miembros de esa organización y sospechosos de preparar un atentado contra el Parlamento de Estocolmo. Su acto iba a ser una acción de castigo contra las quemas públicas del Corán que han tenido lugar en la capital sueca, autorizadas y custodiadas por fuerzas policiales por estar amparadas por la libertad de expresión.

No fue un caso aislado, sino que sigue a otros planes igualmente desmantelados por las fuerzas de seguridad alemanas, que ya endurecieron sus dispositivos a raíz de los atentados yihadistas en Francia y Bélgica, entre 2015 y 2016.

En 2019 se interceptó un grupo de seis miembros, todos ellos originarios de Tayikistán, por planear el asesinato de un "enemigo del islam". A partir de 2022, las amenazas se han ido concretando y endureciendo. Se tiene identificados a unos 50 sospechosos, en su mayoría llegados al país mezclados con refugiados procedentes de Ucrania (Alemania ha acogido en su territorio a más de un millón de ucranianos desde el inicio de la invasión rusa).

En julio del año pasado fueron detenidos siete hombres, que tenían localizados varios puntos donde perpetrar sus ataques. Poco antes de las pasadas navidades cayeron otros tres sospechosos con planes de atentado en Fin de Año en Colonia, Viena y Madrid. En todos esos casos se ha observado una internacionalización de esas tramas, sea porque los sospechosos transitan entre varios países europeos, sea porque sus objetivos se sitúan en distintos puntos del espacio Schengen.

domingo, 24 de marzo de 2024

Se trata de Orbán

El europeísmo y el populismo prorruso se disputarán la presidencia eslovaca



El primer ministro de Hungría, Víktor Orban, y el líder de Eslovaquia, Robert Fico. / AFP

Gemma Casadevall

El candidato europeísta Ivan Korcok y el representante del populismo prorruso Peter Pellegrini, afín al primer ministro Robert Fico, y se disputarán la presidencia de Eslovaquia en la segunda vuelta electoral, que tendrá lugar el próximo 6 de abril. El más votado en la primera vuelta fue Korcok, con un 42,5 % de los votos, cuatro por encima de su rival, según los datos difundidos por el canal RTVS una vez escrutados el 100 % de los distritos electorales.
Unos 4,4 millones de electores estaban convocados este sábado a la primera ronda de sus comicios presidenciales marcados por la situación en Ucrania, con la que Eslovaquia comparte 97 kilómetros de frontera. Seguir prestando o no apoyo militar y humanitario al país vecino, en un momento de máxima tensión con Moscú, era la cuestión fundamental en estos comicios, que se celebraron seis meses después del regreso a la jefatura del gobierno de Fico. Su línea, en lo que respecta a Rusia, es similar a la del ultranacionalista húngaro Viktor Orban, el gran aliado entre el bloque europeo del presidente Vladímir Putin.
Eran nueve los candidatos en esta primera vuelta y el más cercano a Fico era Pellegrini, exprimer ministro y presidente del Parlamento; como principal rival a su línea partía el extitular de Exteriores Korcok, quien aspira a suceder a Zuzana Caputova y ejercer como contrapeso pro-ucraniano a los propósitos de Fico. Los comicios electorales cerraron a las 22.00 horas locales sin incidentes destacables, tras lo que se difundieron las estimaciones de RTVE.
"La gente sabe cuál es mi compromiso político. Es el momento de expresarlo con el voto", afirmó Korcok, al depositar su voto. "Aspirar a una mayor soberanía nacional no significa dar un giro radical a nuestra política exterior", dijo por su parte Pellegrini.
A Korcok, un diplomático muy rodado de 59 años, se le identifica con el continuismo europeísta respecto a Caputova, quien cinco años atrás se convirtió en primera mujer en la presidencia de Eslovaquia y que ahora renunció a optar a la reelección. Pellegrini, de 48 años y el político más popular del país, es la gran apuesta de Fico para apuntalar su dominio. Ambos proceden de la socialdemocracia, aunque mutados hacia un populismo prorruso que les hermana con el ultranacionalismo húngaro.

Movilizaciones contra la deriva de Fico

Korcok no ha escatimado críticas a la línea de Fico, lo mismo que ha hecho Caputova desde la presidencia. Esas críticas se plasmaron en la recta final de estas presidenciales en movilizaciones masivas contra los propósitos de Fico de reestructurar la radiotelevisión pública, lo que significaría hacerse con su control. Pellegrini ha instado a Ucrania a un inmediato alto el fuego y a abrir negociaciones de paz con Moscú, lo que tanto para él como para Fico implicaría renunciar a parte de su territorio. Ambos candidatos representaban la polarización política de Eslovaquia, país con 5,5 millones de habitantes -o 4,4 millones de electores-, que como los estados bálticos ingresó en la OTAN hace 20 años.
La campaña estuvo dominada por las acusaciones desde las filas de Fico contra la presidenta saliente, a la que se considera una "agente al servicio de Bruselas y Washington". Estos reproches eran extensivos a Korcok, quien de acceder a la presidencia ejercerá de contrapeso a Fico. El cargo presidencial es eminentemente representativo, aunque puede vetar determinadas leyes emanadas del Parlamento.
Apoyar o no a Ucrania ha sido la cuestión de la campaña electoral, en un país que perteneció al bloque soviético y pasó a integrarse en la OTAN y en la UE en 2004. Su ingreso se produjo en paralelo a los de Lituania, Letonia y Estonia, asimismo miembros de la Alianza desde hace 20 años. Pero mientras los tres países bálticos defienden la máxima solidaridad y apoyo a Ucrania, así como la fidelidad al atlantismo, en Eslovaquia la influencia de Orban se ha convertido en determinante.

sábado, 23 de marzo de 2024

Un asco de crónica

El museo de los horrores gastronómicos o cómo hacerse vegano

Joana Serra


¿Qué entendemos por comida asquerosa o a qué estamos dispuestos a renunciar, si lo que comemos atenta contra la ley del bienestar animal o nuestras línea rojas de la sensatez? Estas son dos de las preguntas que se le plantean al visitante del “Disgusting Food Museum”, sea en su sede fundacional de Malmö, en Suecia, o en su sucursal de Berlín. ¿Es repugnante lo que le chirría a un paladar occidental, pero no lo que ese mismo paladar acepta sin reparos si se lo ofrece un buen restaurante francés? ¿Es nauseabundo algo que tal vez sabe estupendamente, da igual la procedencia del paladar, pero que implica sacrificios torturantes a un animal? Siguientes dilemas para el visitante.
El museo de los horrores gastronómicos original se abrió en Malmö en 2018 por iniciativa de un psicólogo estadounidense llamado Samuel West. Fue unos años después de haber abierto también en Suecia un Museo del Fracaso, destinado a inventos e innovaciones tecnológicas que no llegaron a funcionar. Lo de los horrores gastronómicos se le ocurrió a raíz de las primeras incursiones de comidas a base de insectos en Europa. Malmö, la ciudad que vibrará con la final del Festival de Eurovisión el próximo 11 de mayo, es el segundo gran núcleo urbano del país escandinavo, comunicado con Dinamarca a través del puente de Oresund. Un buen destino turístico en esa región, lo que facilita que al museo abierto por West acudan unos 20.000 visitantes al año, según cifras de la casa.
Su sucursal en Berlín está a dos manzanas de uno de los puntos más visitados de la capital alemana: el Checkpoint Charlie, antiguo control entre el sector occidental estadounidense y el comunista Ahí se encuentra el museo del mismo nombre. En su interior se recrean algunas fugas célebres en las décadas en que el Muro berlinés marcó la Guerra Fría y la traumática separación física entre berlineses de uno u otro lado y, por extensión, de la partición alemana y europea en bloques.
El “Disgusting Food Museum” no compite ni de lejos con ese gran imán turístico, envuelto ahora entre tiendas de souvenirs y bares de comida rápida, que es el Checkpoint Charlie. Pero de algún modo se beneficia de su ubicación. Ocupa una planta baja que bien podría ser un centro de fitness o un supermercado. Es el mismo lugar donde se abrió hace unos años el llamado “Currywurst Museo” o museo de la más popular salchicha alemana, pero que cerró hace cinco años. Se accede a él previa compra de la entrada online -a 16 euros-.
Lo primero que recibe el visitante es una irónica bolsa para vomitar, semejante a las que encuentra frente a su asiento en un avión o en un ferry. Pocos deben necesitarla para ese fin. Lo único realmente nauseabundo serán algunos aromas embotellados que el visitante puede o no oler, según se decida a levantar la tapa del frasco o desista de ello. O, si se es muy sensible, las descripciones y vídeos transmitidos por monitores sobre la alimentación forzosa a que se somete a patos y ocas, a través de tubos metálicos destinados a atiborrarles para engordar su hígado. De esa práctica, proscrita en algunos países pero por supuesto no en Francia, surgirá el mejor foie.
Fuera de esas imágenes, el resto son representaciones más o menos realistas de sopa de murciélago -de la isla de Guam, en el Pacífico-, jugo de rana -Perú-, un licor con ratones diminutos -China-, quesos altamente fermentados -casi todos franceses- u ojos de oveja caramelizados en salsa de tomate -procedente de Mongolia-. También algunos ejemplos de golosinas de gelatina como las que consume cualquier niño occidental y bollería industrial común. Cada uno de estos objetos va acompañado de un cartel explicativo sobre su elaboración. Incluye información sobre si su destino es meramente gastronómico o se le atribuyen cualidades curativas, afrodisíacas u otro tipo de atractivos añadidos. También si se sigue consumiendo o si con el avance de la civilización quedó prohibido.
Para algunos, el elemento más aterrador es la “especialidad” groenlandesa, consistente en abrir en canal una foca e introducir dentro pájaros vivos, que quedan encerrados tras coserse de nuevo al animal. De esa tortura surge una especialidad gastronómica nacional. Para otros, la constatación de que algunos de los elementos presentados como exponente del “disgusting” no difieren de lo que a veces comemos en nuestras meriendas o cena -morcillas de sangre, presentadas como alemanas pero que podrían ser del colmado de la esquina-. Un gran mural de latas diversas -sean riñones o carne de rata- recuerda los mil motivos para desconfiar de las conservas, además de los alimentos procesados.
El muestreo es aleatorio, admiten desde el museo de Malmö. No pretende ser exhaustivo, ni tampoco un paseo por todos los rincones del mundo donde se consumieron o consumen aún atrocidades con la mayor naturalidad.
Al final de la exposición se pone a disposición del visitante una pequeña barra de bar para degustar algún ejemplo de lo ya visto, incluidas especialidades a base de insectos o larvas. Saliendo de la sucursal berlinesa, uno puede acercarse a cualquier puesto de “Currywurst”, cuya elaboración no es tan distinta de las de otros embutidos presentados en la exposición. O pasarse al veganismo, ya que al menos ahí no se incurre en el sacrificio o la tortura animal.


Descubriendo Bratislava

Eslovaquia, ante unas elecciones que pueden consolidar el dominio pro-ruso



La presidenta eslovaca, Zuzana Caputova. / VLADIMIR SIMICEK

Gemma Casadevall

Son apenas 4,4 millones de electores los convocados a las urnas el sábado en Eslovaquia para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. De su voto dependerá que el populismo prorruso consolide su dominio en un país que, desde la victoria de Robert Fico en las parlamentarias del pasado octubre, abandonó el apoyo militar a Ucrania. Sigue el modelo practicado en la vecina Hungría por el ultranacionalista Víktor Orban, el más fuerte aliado de Vladímir Putin en la Unión Europea (UE).
Eslovaquia, con 97 kilómetros de frontera con Ucrania, tenía hasta ahora cierto contrapeso contra la línea prorrusa de Fico a través de su presidenta, Zuzana Caputova. La jefa del Estado -cargo representativo pero al que corresponde ratificar las leyes emanadas del Parlamento, además de ejercer la jefatura de las Fuerzas Armadas- representa al europeísmo y la solidaridad hacia Kiev.
Pero, cinco años después de convertirse en la primera mujer en la presidencia eslovaca, no opta a la reelección. Son once los aspirantes al puesto, con dos firmes candidatos a disputar desempate, el 6 de abril. Los sondeos apuntan a que ninguno logrará la mayoría en la primera vuelta.
Al exprimer ministro y ahora presidente del Parlamento, Peter Pellegrini, afín a la línea de Fico, se le pronostica un 34% de los votos; le sigue el liberal Ivan Korcok, extitular de Exteriores y representante del europeísmo, un punto por debajo. Pellegrini, como Fico, se sitúan en esa línea política de compleja definición, ya que proceden de la socialdemocracia, pero mutaron hacia un populismo capaz de aliarse con la ultraderecha. También concurren un expresidente del Tribunal Supremo, Stefan Harabin, leal al Kremlin, y el radical de derechas, Marian Kotleba.

El precedente de Polonia

Han estado muy presentes en la campaña las hostilidades hacia la presidenta saliente, a la que se acusa de ser una "agente al servicio de Bruselas y Washington". Son reproches idénticos a los que sufrió el actual primer ministro polaco, Donald Tusk, quien en 2023 logró el relevo en el poder tras ocho años de dominio del ultraconservador partido Ley y Justicia (PiS). A Tusk le compete ahora revertir legislaciones atentatorias contra la libertad de medios y la independencia judicial, pero por lo menos el PiS mantuvo una línea solidaria hacia Ucrania.
Una victoria de Pellegrini en la carrera a la presidencia convertiría a Eslovaquia en el siguiente país de la UE fronterizo con Ucrania con dominio de fuerzas prorrusas. Favorecía asimismo los planes de reestructuración de Fico de la radiotelevisión pública RTVS, que han desatado ya movilizaciones opositoras, con el apoyo de la aún presidenta.

Cuestionamiento de la soberanía de Ucrania


El Gobierno de Fico practica el cuestionamiento de la soberanía de Ucrania, a la que insta a "negociar" una paz con Moscú y la renuncia a una parte de su territorio. Korcok ejercería de contrapeso, como ha hecho Caputova, quien pese a sus limitadas competencias puede vetar determinadas leyes.
Apoyar o no a Ucrania ha sido la cuestión de la campaña electoral, en un país que perteneció al bloque soviético y pasó a integrarse en la OTAN y en la UE en 2004. Su integración discurrió en paralelo a las de Lituania, Letonia y Estonia, asimismo miembros de la Alianza desde hace 20 años. Pero hay abismos entre Eslovaquia y los países bálticos, fronterizos con Rusia o Bielorrusia y representantes de una fidelidad sin escisiones al atlantismo.
La influencia de Orban es determinante, como lo ha sido una campaña de desinformación masiva. Se ha recordado insistentemente el escaso peso de Bratislava en la toma de decisiones de la UE, donde ingresó diez años después de la disolución pacífica de Checoslovaquia en las actuales República Checa y Eslovaquia.

El factor económico

El caso es que del generoso apoyo militar y humanitario a los refugiados ucranianos llegados a su frontera con el inicio de la invasión rusa de Ucrania, en febrero de 2022, ha pasado a situarse en las antípodas de la solidaridad hacia el vecino agredido. La victoria electoral de Fico ha acrecentado esa línea. Ya entonces, se alertó sobre la campaña de desinformación sobre el electorado.
Lo único que parece ahora contener la hostilidad de Bratislava hacia Bruselas son las inversiones del sector de la automoción en ese país: Eslovaquia, parte de la euro zona desde 2009, produjo más de un millón de automóviles en 2023. Fueron vehículos salidos de las factorías en su territorio del grupo alemán Volkswagen, pero también del surcoreano Kia. De estas inversiones dependen ya a muchos puestos de trabajo, a la espera de la implantación en el país

martes, 19 de marzo de 2024

Siguiente pedido

EEUU alerta: la supervivencia de Ucrania está "en peligro"



El secretario de Defensa de EEUU, Lloyd Austin, durante la rueda de prensa ofrecida este martes en Ramstein. / DANIEL ROLAND / AFP
Gemma Casadevall

Estados Unidos ve "en peligro" la supervivencia de Ucrania, advirtió este martes el secretario de Defensa, Lloyd Austin, tras un encuentro con una cincuentena de aliados de Kiev; es decir, toda la OTAN más otros países asociados. Fue en el llamado Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania, que se reunió de nuevo en la base aérea estadounidense de Ramstein, en el sur de Alemania. El telón de fondo, esta vez, es una Europa cada más inquieta y apuntando a su propio rearme, mientras la mayoría republicana de la Cámara de Representantes de Washington sigue bloqueando los 60.000 millones de dólares adicionales destinados a Ucrania.
"(Vladímir) Putin no se detendrá en Ucrania, pero tal como ha dicho el presidente (Joe) Biden, Ucrania puede detener a Putin si les proporcionamos las armas que precisa", aseguró el jefe del Pentágono. Esta fue la frase de saludo de Austin en la apertura de las sesiones de Ramstein. En la cita, según había anunciado el viernes el canciller alemán, Olaf Scholz, debían concretarse nuevos acuerdos entre los titulares de Defensa presentes. El anuncio del líder alemán tuvo lugar tras su encuentro con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro polaco, Donald Tusk, en Berlín. Scholz llegó a apuntar a una "coalición de misiles" --en la que no entrarían los de largo alcance Taurus, cuyo envío rechaza el canciller-- y a emplear activos incautados a Rusia para la compra de armas destinadas a Ucrania. Esto último al menos sí ha empezado a tomar cuerpo, aunque a escala europea. El alto representante de Política Exterior europea, Josep Borrell, presentará formalmente la correspondiente iniciativa para añadir a los presupuestos del bloque comunitario los 3.000 millones de euros anuales que generan esos activos rusos congelados. Su destino será el apoyo militar a Ucrania.
También se ha materializado otra coalición de 14 países, encabezada por Finlandia y con Alemania, Dinamarca, Polonia y los estados bálticos entre ellos, que ha pedido al Banco Europeo de Inversiones (BEI) que incremente el apoyo a la industria europea de Defensa. El contexto es la necesidad de aumentar la producción destinada a Ucrania, así como la del propio bloque comunitario. Especialmente entre los países fronterizos con Rusia o Bielorrusia --como Finlandia y Suecia, recién incorporada a la OTAN, o los bálticos Estonia, Lituania y Letonia-- se suceden advertencias similares a la de Austin sobre la presunta voluntad de Putin de ir "más allá" de Ucrania.

El 2 % del PIB no basta

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, señalaba hace unas semanas como un éxito el hecho de que este año, por primera vez, 18 países miembros de la Alianza --del total de 32, tras consumarse el ingreso de Suecia-- cumplirán este 2024 con el objetivo de destinar un 2 % de su producto interior bruto (PIB) a defensa. Entre ellos, por primera vez, estará Alemania.
Este objetivo, acordado en la cumbre de Gales de 2014, se ha quedado sin embargo corto, según la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas. "Estonia destina ya un 3,2% de su PIB a Defensa. La totalidad de los aliados deberían hacer un esfuerzo y situarse sobre el 3%", apremió la líder báltica, invitada en un foro europeo celebrado en Berlín, junto con Scholz.
Kallas fue recibida en la capital alemana como el rostro del coraje frente a Putin. El líder del Kremlin la colocó en su lista negra, por considerarla responsable política del desmantelamiento de los monumentos soviéticos en Estonia, país donde un 25 % de la población tiene raíces rusas. Kallas ha afirmado reiteradamente que no se dejará amilanar por esa amenaza y que estar en esa lista es un honor.
La alusión al 3% tiene cierta relevancia, ya que se le atribuyen aspiraciones a convertirse en la sucesora de Stoltenberg al frente de la OTAN. Sería la tercera opción, junto al primer ministro neerlandés, Mark Rutte, y el presidente rumano, Klaus Iohannis. A Rutte se le consideraba predestinado a suceder a Stoltenberg, pero ha topado con el veto del líder ultranacionalista húngaro, Viktor Orbán. Iohannis es un candidato de escaso peso a escala europea. En contra de Kallas está que representa la máxima confrontación con Putin, lo que podría exacerbar aún más los ánimos del Kremlin contra las exrepúblicas soviéticas bálticas, miembros de la OTAN desde hace 20 años.

Siguiente paquete alemán: 500 millones y munición


Alemania, segundo contribuyente al apoyo a Ucrania tras Estados Unidos, anunció en Ramstein un nuevo paquete de ayuda por valor de 500 millones de euros. La decisión de Scholz de no entregar sus Taurus ha colocado al canciller bajo fuertes tensiones, también dentro de su coalición de gobierno entre socialdemócratas, verdes y liberales. Al menos, su ministro de Defensa, Boris Pistorius, anunció desde la base estadounidense esa nueva partida, que se plasmará en unos 200 blindados, más 10.000 rondas de munición. "Mantendremos nuestro apoyo ahí donde más se necesita, lo que va de los sistemas de defensa antiaérea a la munición", garantizó Pistorius.

lunes, 18 de marzo de 2024

El largo sueño de Olaf

 Scholz o com no provocar el Kremlin

“I què pas­sarà si Rússia trenca la línia de les defen­ses ucraïneses?” Aquesta era una de les pre­gun­tes que es cre­ua­ven els dipu­tats del grup par­la­men­tari dels Verds i els dels libe­rals ale­manys, socis de govern del soci­al­demòcrata Olaf Scholz. L’esce­nari era una les pau­ses de la sessió de dijous del Bun­des­tag (Par­la­ment), on, per ini­ci­a­tiva de l’opo­sició con­ser­va­dora, es pro­po­sava enviar a Ucraïna els míssils Tau­rus.

Scholz havia dei­xat clar un dia abans, en un torn d’hora i mitja de pre­gun­tes ober­tes a qual­se­vol tema dels dipu­tats, que no auto­rit­zarà el sub­mi­nis­tra­ment d’uns míssils amb una auto­no­mia de 500 quilòmetres i amb capa­ci­tat d’impac­tar des de ter­ri­tori ucraïnès sobre Mos­cou. “No seria res­pon­sa­ble enviar sis­te­mes d’arma­ment com aquests sense tenir-ne el con­trol, cosa que impli­ca­ria la par­ti­ci­pació en ter­ri­tori ucraïnès de sol­dats ale­manys. I això està exclòs“, va insis­tir.

Scholz res­pon pràcti­ca­ment cada dia amb aquest argu­ment a la pre­gunta de si enviarà els Tau­rus. La qüestió divi­deix opi­ni­ons en la seva coa­lició, men­tre l’opo­sició l’acusa de dei­xar-se por­tar per la por que Vladímir Putin com­pleixi l’amenaça d’una res­posta nuclear, en cas que s’enviïn sol­dats de l’OTAN a Ucraïna.

París no com­par­teix aques­tes pre­ven­ci­ons de Scholz, que recor­den la línia de la seva ante­ces­sora, la con­ser­va­dora Angela Merkel, a qui ara es retreu no haver tren­cat a temps amb Putin. El pre­si­dent francès, Emma­nuel Macron, va obrir la porta a enviar sol­dats a Ucraïna, cosa que des de Berlín s’inter­preta com una posició una mica més còmoda que l’ale­ma­nya, tenint en compte la distància geogràfica d’un i altre soci res­pecte de Rússia.

Diven­dres, però, des de Berlín i amb Scholz i el pri­mer minis­tre polonès, Donald Tusk, Macron va rebai­xar una mica el to en garan­tir que no es prendrà per part seva “cap ini­ci­a­tiva” que pugui pre­ci­pi­tar “una esca­lada”.

“El nos­tre pro­blema és que som pre­vi­si­bles per a Rússia. Expli­quem les nos­tres línies ver­me­lles i el que no estem dis­po­sats a fer. Putin no té línies ver­me­lles i s’ha decla­rat dis­po­sat a emprar arma­ment nuclear”, expli­cava la pri­mera minis­tra de Lituània, Ingrida Simonyte, a la tele­visió ale­ma­nya Deutsche Welle, enmig d’una visita de tre­ball a Berlín.

La distància de Mos­cou té el seu pes, com també el té el fet de com­par­tir fron­te­res amb Rússia, com ara els països bàltics i els nòrdics, o dis­po­sar de països coixí, socis de l’OTAN, com ara Ale­ma­nya. Les reac­ci­ons dels països direc­ta­ment asse­nya­lats pel Krem­lin són molt dife­rents. Scholz busca l’equi­li­bri entre la soli­da­ri­tat amb Ucraïna –recorda, també cada dia, que Ale­ma­nya és el segon con­tri­bu­ent, després dels EUA, a l’ajut al país agre­dit– i la prudència a l’hora de mar­car les línies ver­me­lles. L’actual són els Tau­rus, com abans ho van ser els tancs Leo­pard, que final­ment sí que es van enviar a Kíiv.

Polònia, ara sota l’euro­pe­ista Donald Tusk, manté la mateixa línia en matèria de defensa que l’ante­rior govern ultra­con­ser­va­dor: el suport màxim a Kíiv. Aquesta és també la posició dels estats bàltics –Lituània, Estònia i Letònia–, men­tre que els nous socis nòrdics de l’OTAN –Suècia i Finlàndia– han blin­dat les fron­te­res i reforçat la seva defensa. La pri­mera minis­tra esto­ni­ana, Kaja Kallas, a la llista negra de Putin com a res­pon­sa­ble política dels des­man­te­lla­ments de monu­ments soviètics al seu país, és un nou ros­tre de dona que planta cara al Krem­lin. Els tres estats bàltics tenen fron­tera amb Rússia, amb la seva ali­ada, Bie­lorússia, o amb l’encla­va­ment rus de Kali­nin­grad. Finlàndia, mem­bre de l’OTAN des de fa un any, té 1.340 quilòmetres de fron­tera com­par­tida amb Rússia –on Putin ja ha fet saber que des­ple­garà més sol­dats i arma­ment pesant. I Suècia, que tot just acaba de com­ple­tar la seva incor­po­ració a l’Aliança occi­den­tal, no té fron­tera ter­res­tre, però sí una divisió marítima i una illa, Got­land, d’altíssim valor estratègic, en cas d’un atac rus des de Kali­nin­grad.

Letònia, Lituània i Estònia, exrepúbli­ques soviètiques, se saben asse­nya­la­des pel Krem­lin des que van pas­sar de ser part del bloc satèl·lit a mem­bres de l’OTAN –s’hi van incor­po­rar el 2004. Suècia i Finlàndia s’hi han adhe­rit a cor­re­cuita arran de l’inici de la invasió russa. Polònia té com a veïns Kali­nin­grad i el cor­re­dor que la comu­nica amb Bie­lorússia i està situ­ada, com nòrdics i bàltics, al bell cen­tre de les ame­na­ces del Krem­lin.

Ale­ma­nya té coixí geogràfic teòric, però reac­ci­ona apa­rent­ment amb més por que aquests ali­ats. La raó no és només el tarannà de Scholz, un líder amb un paper no gaire des­ta­cat, sinó l’evidència que la pri­mera potència econòmica euro­pea no ha inver­tit en la seva defensa com altres mem­bres del bloc comu­ni­tari.

Quan Scholz va anun­ciar un paquet d’inver­si­ons de 100.000 mili­ons d’euros, a l’inici de la invasió russa, el febrer del 2022, va adme­tre que l’exèrcit ale­many estava des­fa­sat. Dos anys després, els infor­mes de la mateixa Defensa adme­ten que els falta de tot. Des de mate­rial, a infra­es­truc­tu­res i per­so­nal.

Finlàndia i Suècia s’han pre­pa­rat i dis­po­sen d’exèrcits moderns i alta­ment tec­ni­fi­cats, men­tre que Ale­ma­nya sem­bla haver con­fiat aquest aspecte a altres ali­ats. Va dei­xar enrere el ser­vei mili­tar obli­ga­tori el 2011 i no acon­se­gueix arri­bar a l’horitzó dels 200.000 sol­dats que, segons el minis­tre de Defensa, Boris Pis­to­rius, neces­si­ta­ria el país.

En temps de la guerra freda, entre les dues Ale­ma­nyes suma­ven 750.000 sol­dats –gai­rebé mig milió a l’occi­den­tal República Fede­ral d’Ale­ma­nya (RFA) i la resta per part de la comu­nista República Democràtica Ale­ma­nya (RDA). Ara, són 181.000. Una xifra que, quan es va deci­dir dei­xar en sus­pens el ser­vei mili­tar obli­ga­tori, no espan­tava ningú. Se supo­sava que no hi havia ame­na­ces sobre Europa. Vint anys després, a Ale­ma­nya i als països veïns nòrdics, bàltics i de l’est es tem que l’ànsia de poder de Putin no s’aturi a Ucraïna.

sábado, 16 de marzo de 2024

Pletórico Teufelsberg

Crónica desde Berlín: Los peregrinos de la Montaña del Diablo



La antigua torre de observación de EEUU que corona el Teufelsberg / GEMMA CASADEVALL
Gemma Casadevall

Que el punto más alto de Berlín sea la montaña donde se acumularon las ruinas dejadas por los bombardeos aliados de la segunda guerra mundial dice mucho de la historia de una ciudad. El Teufelsberg, o Montaña del Diablo, tiene 120 metros de altura. Su origen son las 7.000 toneladas de escombros que a diario transportaron unos 800 camiones a ese lugar, a partir de 1950 y durante 22 años más. Nada en su apariencia actual da mayores pistas sobre ese pasado: al desescombro de la capital siguió la tarea de convertirlo en lo que es, una montaña. Se plantaron medio millón de árboles o arbustos hasta transformarlo en el bosque actual, vecino al gran pulmón forestal de 22 kilómetros cuadrados que es Grunewald.

En su cima, sobre unos 26 millones de metros cúbicos de escombros -un tercio del total de Berlín en la llamada Hora Cero alemana- hay otro legado fantasmal, esta vez a la vista y heredado de la guerra fría: la torre de observación y las cúpulas destinadas al espionaje que instaló ahí uno de los ejércitos ocupantes, el de los Estados Unidos. La montaña artificial de Teufelsberg era el punto idóneo para controlar los movimientos del enemigo, la República Democrática Alemana (RDA) o la Alemania comunista, satélite del poder soviético.

El mejor selfi sobre Berlín

Las ruinas acumuladas tras los bombardeos aliados quedaron sepultadas por el bosque. Ese habría sido también el emplazamiento de la Facultad de Técnicas Militares que planificó el Tercer Reich, parte del megaproyecto arquitectónico Germania que Adolf Hitler no logró llevar adelante. Pero ahí siguen la vieja torre de observación de dominio estadounidense y otros globos, restos de las enormes cúpulas o antena. Destartalados y coronando el Teufelsberg, como un guiño al visitante de una capital que exhibe sin pudor las cicatrices de su historia.


Cuadran con la peculiar pasión berlinesa por lo destartalado o lo anárquico, sean estructuras resquebrajadas por las guerras o simplemente patas arriba tras años en desuso. El ejército de Estados Unidos se retiró de la capital tras la reunificación alemana, en 1990, lo mismo que las restantes potencias aliadas que en 1945 derrotaron al Tercer Reich hitleriano-Francia, Reino Unido y la Unión Soviética-. El complejo destinado a espiar al enemigo, en el que llegaron a trabajar 1.500 efectivos estadounidenses y británicos, quedó desarticulado en 1992. Algunos de sus viejos aparatos siguen ahí, a la vista del visitante, entre ellos amasijos de cables roídos por el tiempo. Son un buen plató para hacerse un selfi, aunque el espacio preferencial sea sin duda la terraza superior. Desde ahí se tienen las mejores vistas sobre la ciudad y colinas vecinas, una de las cuales sirve de plataforma a parapentes y otras formas de vuelo sin motor.



La cima del Teufelsberg es un paraíso para los selfis / GEMMA CASADEVALL
Paisaje de grafitis

Durante las casi dos décadas siguientes al adiós de los espías americanos o británicos el Teufelsberg quedó a merced del visitante. La hipotética valla de protección circundante era casi una invitación a colarse por cualquier agujero. A partir de 2010 se empezó a transformar en lo que ahora es: un paisaje de grafitis obra de artistas callejeros de todo el mundo, entre escaleras y plataformas metálicas que llevan a la terraza superior, además de tenderetes ambulantes de comida donde merendar y exposiciones temporales. Es decir, sin echar a perder la estética de lo destartalado. El lugar ha conocido sucesivos proyectos de inversores privados, incluido uno mucho menos improvisado o rudimentario que el actual. Pero cayó derribado por el impacto medioambiental que habría comportado.

La visita ya no es gratuita -10 euros para los adultos, 5 para los menores de 18 años, gratis para los niños de hasta 8 años-. Una vez dentro del recinto, ahora mejor vallado, no hay otra restricción horaria que la de abandonarlo cuando anochece, salvo que haya algún espectáculo o performance puntual. La mayor atracción es la vieja torre de espionaje, pero además hay una superficie de 48.000 metros cuadrados distribuidos en cinco plantas plagadas de grafiti.

La Montaña del Diablo es un punto de peregrinaje consolidado para familias enteras, además de grafiteros y turistas más o menos dispuestos a salirse de los circuitos más socorridos. Quien ya visitó una vez la vieja torre y sus terrazas puede ahorrarse la entrada y dedicarse a pasear por el bosque que la envuelve, acercarse al lago -el Teufelssee- o a al taller-escuela de agricultura biológica, con café y bar pastelero incluido. Quien, pese a conocer el lugar, sigue disfrutando de la atracción berlinesa por el desarreglo puede subirse andando -son 30 minutos de paseo más o menos cómodo, salvo la cuesta final- desde la estación del metro de Grunewald, en bicicleta o dejando el coche en el último punto habilitado para aparcarlo, a unos 200 metros de la cima y por una carretera serpenteante.

El espectáculo arriba es cambiante. Cada visita permite contemplar nuevos grafitis, puesto que ahí siguen trabajando con sus sprays o a mano genios del arte callejero. En fines de semana con performances puntuales -como el que siguió al 8 de marzo, con los tres días del llamado Power of Female Art Festival- se puede coincidir en las alturas con hasta un millar de peregrinos, de toda edad y condición, entre grupos, familias, parejas o individuos solitarios. En días laborables se está prácticamente solo. Del formato peregrino se pasa al de ermitaño.

A las barricadas


Alemania, entre el retorno a la mili y la inquietud por la falta de búnkeres



Un grupo de soldados de las Fuerzas Especiales alemanas durante un entrenamiento en Calw. / RONALD WITTEK / EFE
 Gemma Casadevall

"Sí, nuestros soldados son de primera y su motivación, también. Pero nos falta de todo. Hay razones sobradas para pensar en reactivar el servicio militar", explicó la llamada Defensora del Soldado del Parlamento alemán, la socialdemócrata Eva Högl, al presentar su informe anual. Los déficits de que adolecen las Fuerzas Armadas germanas van de lo material a las infraestructuras, para lo que Hölg estima se precisaría invertir unos 50.000 millones de euros. Es decir, la mitad del paquete extraordinario anunciado por el canciller, Olaf Scholz, a raíz del inicio de la invasión rusa de Ucrania, incluido el apoyo al país agredido. Las Fuerzas Armadas quedaron obsoletas por efecto de la línea de austeridad impuesta con Angela Merkel en el poder --de 2005 a 2021-- o incluso antes. Por primera vez en décadas, Alemania destinará este 2024 sobre un 2% de su PIB a Defensa y cumplirá el objetivo marcado entre los socios de la OTAN.

Pero además de las necesidades materiales debe remediar la falta de efectivos: en 2011, cuando tras años de encendidos debates se dejó en suspenso el servicio militar, se hablaba de disponer de un ejército profesional con 200.000 miembros. Es decir, menos de la mitad de los 480.000 que, con ligeras oscilaciones, tuvo la República Federal de Alemania (RFA) entre 1960 y 1990, el año de la reunificación. Su contraparte, la República Democrática Alemana (RDA) o Alemania comunista tenía 260.000. El total de 200.000 era el horizonte estimado por una Alemania más concentrada en las misiones internacionales que en una eventual necesidad defensiva nacional. La cifra no solo no se ha alcanzado, sino que ha ido en descenso hasta caer en 2023 a 181.000.

Los modelos nórdicos

Al ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius, le corresponde no solo la tarea de invertir en innovación tecnológica, armamento e infraestructuras, de poner al día cuarteles destartalados --según detalla en sus 171 páginas el informe de Högl--, sino que debe subsanar los déficits de "vocaciones militares". El ministro estuvo la semana pasada de gira por los países bálticos y nórdicos. De regreso insistió en su apuesta por el llamado "modelo sueco". Con ello aludía a una reactivación del servicio militar como la que aprobó en 2017 Suecia, años después de haber dejado en suspenso el reclutamiento de sus hombres de 18 años. Estocolmo aceleró su plan a raíz de la invasión de Ucrania, pero lo hace de un modo selectivo: convoca anualmente a 30.000 aspirantes --hombres y mujeres--, de los cuales pasan a engrosar el Ejército profesional unos 10.000, los considerados más aptos para ese fin. Dinamarca, por su parte, prolongará el servicio militar de 4 a 11 meses, que pasará a ser obligatorio también para mujeres.

Pistorius estima que Alemania necesita elevar su contingente unos 203.000 soldados hasta 2030 y se plantea implantar un sistema parecido al sueco. Pero el canciller Scholz lo rechaza, presumiblemente por no abrir otra caja de los truenos en su coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales. Especialmente el partido ecologista es contrario a restablecer la mili, cuestión en la que hay coincidencia de pareceres con los liberales. Que estos dos socios coincidan en algo es excepcional en la alianza de gobierno de Scholz.

Protección ante ataques aéreos

El debate en torno al regreso a la mili --que en lugar de abolirse que quedó técnicamente "en suspenso" para facilitar su reactivación-- se ha precipitado por el miedo creciente a Rusia y las llamadas a un rearme europeo desde sucesivos países occidentales. Un 52% de los alemanes son partidarios de reactivarla, según una encuesta de la revista 'Stern'.

A esa preocupación se une la derivada por la falta de un sistema de búnkeres donde protegerse de un hipotético ataque aéreo. También ahí se mira hacia un país nórdico, Finlandia, recién incorporado a la OTAN, como hizo ahora Suecia. Ambos países llevan décadas invirtiendo en Defensa. Finlandia, con 5,5 millones de habitantes, solo dispone de un Ejército efectivo y altamente tecnificado, sino también de una red de búnkeres suficiente para proteger a la población. Solo en Helsinki hay 50 búnkeres y túneles, con capacidad para albergar a 200.000 personas a 30 metros bajo tierra, a lo que se suman otros refugios para un total de 900.000 ciudadanos. En toda Alemania hay habilitados unos 600 refugios, aunque ni tan subterráneos ni tan bien habilitados como los finlandeses, alertaba la semana pasada la Asociación de Ciudades y Municipios de Alemania. Se estima que podrían proteger debidamente a unos 500.000 ciudadanos, en un país con 84 millones de habitantes.

viernes, 15 de marzo de 2024

Obligados a entenderse

Scholz y Macron prometen más armas a Kiev con bienes congelados de Rusia



Emmanuel Macron, Olaf Sholz y Donald Tusk, durante la reunión que han mantenido este viernes en Berlín. / FABIAN BIMMER / REUTERS

Gemma Casadevall

El anuncio de que se adquirirán más armas y munición para Ucrania y que se emplearán para ello los bienes congelados de Rusia, por parte del alemán Olaf Scholz, y la garantía de que Occidente "no tomará la iniciativa para una escalada", por parte del francés Emmanuel Macron, fueron las conclusiones de la cumbre del llamado Triángulo de Weimar de este viernes en Berlín. La fecha elegida para la cita entre los líderes alemán, francés y el polaco Donald Tusk, los tres países del grupo, era más que estratégica. Coincidía con el primera jornada electoral en Rusia y su propósito era zanjar sucesivos desencuentros del eje franco-alemán que, según medios de los países implicados, evidencian el pésimo momento de sus relaciones bilaterales.
Macron había calentado la cita reafirmando el día anterior que "no puede descartarse" el envío de soldados de la OTAN a Ucrania, lo que rechaza no solo Alemania, sino otros aliados, porque implicaría la participación de la Alianza en una guerra contra Rusia. Scholz lleva días sosteniendo que su país no enviará los misiles de largo alcance Taurus a Ucrania, lo que molesta tanto a París como a Londres --que sí han suministrado a Kiev sus Scarp y Storm Shadow, respectivamente--, además de causar división en su coalición de gobierno entre socialdemócratas, verdes y liberales.
Los tres líderes reactivaron con esta cumbre su Triángulo, que llevaba un año paralizado. El relevo en el poder de Polonia por parte del liberal Tusk, que cerró la larga fase de dominio del ultranacionalista PiS en Varsovia, favorecería el reencuentro. Y de paso lanzaron ahí un mensaje de cohesión en el apoyo a Ucrania en un momento en que en Europa se habla principalmente del propio rearme dentro del bloque comunitario y especialmente en los países fronterizos del flanco este.

Esperando a Ramstein


Scholz se refirió al empleo de los bienes incautados a Rusia para comprar más armas destinadas a Ucrania y que éstas se adquirirán "de forma inmediata en el mercado mundial". No dio más detalles, sino que emplazó este cometido a la reunión del llamado Grupo Ramstein que tendrá lugar la próxima semana y de la que debe salir "una nueva coalición para una artillería de misiles de largo alcance". Dicho grupo ha adoptado el nombre de la base estadounidense ubicada en Alemania, donde se reúnen regularme los titulares de Defensa aliados y de otros países asociados para adoptar medidas de apoyo militar a Ucrania.
Ni Scholz pronunció la palabra "Taurus" ni Macron se refirió al envío de soldados a Ucrania. Ambos temas eran tabú en una cumbre diseñada para exhibir complicidad y cohesión, entre firmes apretones de manos y puños entrelazados. La comparecencia final fue sin turno de preguntas, lo que les evitó cuestiones farragosas.
Por parte de Tusk, quien esta semana se reunió en la Casa Blanca con Joe Biden, quedó claro un tercer mensaje sintetizado en una frase: la necesidad de que Europa "hable con una voz sobre seguridad en nuestro continente". Un mensaje que parecía aludir a la posibilidad de que, de volver Donald Trump a la Casa Blanca tras las elecciones del próximo noviembre, a Europa no le quedará otra que olvidarse del apoyo del gran aliado transatlántico.

miércoles, 13 de marzo de 2024

Se enfadó Geert

El ultra Wilders renuncia a tratar de liderar el nuevo gobierno



El líder ultra neerlandés, Geert Wilders, en una rueda de prensa el pasado 1 de marzo. / BART MAAT / AFP
Gemma Casadevall

Casi cuatro meses después de alzarse como vencedor en las elecciones nacionales neerlandesas, el ultraderechista Geert Wilders renunció a tratar de liderar el nuevo gobierno de su país. Para lograrlo debería contar "con el apoyo de todos los socios en una coalición. Y este no es el caso", informó el propio Wilder a través de su cuenta en X.

El mensaje se difundió un día antes de cerrarse la tercera ronda de negociaciones entre los eventuales aliados de gobierno en busca de un acuerdo. El Partido de la Libertad (PVV) de Wilders ganó contra pronóstico las elecciones neerlandesas del pasado noviembre, aunque quedó lejos de la necesaria mayoría parlamentaria. Obtuvo 37 de los 150 escaños del Parlamento de La Haya. En segunda posición quedó el bloque socialdemócrata-verde del veterano Frans Timmermanns, mientras que el moderado Partido Popular de la Libertad y la Democracia (VVD) del primer ministro saliente, Mark Rutte, quedó en tercera posición.

Rutte --teórico favorito a suceder al noruego Jens Stoltenberg como secretario general de la OTAN-- sigue al frente del Gobierno en funciones, mientras que sucesivos negociadores han tratado sin éxito de destrabar la búsqueda de una nueva alianza. Junto al liberal VVD se barajaba como socio al nuevo centro o NSC del diputado Pieter Omtzigt, así como otras formaciones de signo centrista. El primero en rechazar entrar en un gobierno con Wilders fue Omtzigt, aunque dejó abierta la posibilidad a un apoyo parlamentario externo.

El tercer mediador en la búsqueda de consensos fue un socialdemócrata, Kim Putters. Este jueves iba a presentar su informe sobre el estado de las negociaciones. Medios neerlandeses avanzaban ya a punto de expirar el plazo para presentar resultados que Wilders, representante del trumpismo a escala del país europeo, no tenía el respaldo de los socios que precisa para dirigir un gobierno.

Como posible solución de compromiso se apunta a un "gobierno extraparlamentario", formado por expertos de diversas formaciones. Es una fórmula experimental, poco explorada, pero que evitaría la convocatoria de nuevas elecciones.

Rutte, en la reserva

Mientras se resuelve la situación, el liberal Rutte seguirá liderando el Ejecutivo en funciones. Ello complica aún más la definición de un sucesor para Stoltenberg al frente de la OTAN. La designación del experimentado político neerlandés para la Alianza Atlántica empezó a complicarse porque no cuenta con el respaldo del primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor Orbán.

Surgió en medio la candidatura del presidente rumano, Klaus Iohannis, al que se considera con pocas expectativas de triunfar. Entre uno y otro crece la figura de la líder estona Kaja Kallas, la llamada "mujer de hierro" de los países bálticos, a la que el máximo enemigo de la alianza militar occidental, el presidente ruso, Vladímir Putin, colocó en su lista negra.

sábado, 9 de marzo de 2024

Camareros en precario

¿A qué hora cierran los bares y restaurantes en Europa?



Gmma Casadeval   Irene Savio     Lucas Font

Berlín / Roma / Londres/ París 

En general, el sector de la hostelería es de los más precarizados. Sucede en los principales países europeos, desde Alemania, el motor de la Unión Europea (UE), a Reino Unido, que decidió marcharse del club. Las regulaciones son variadas, pero existe una variedad de horarios e incluso la posibilidad de que se alarguen las jornadas si se justifican los motivos.

El 'döner', último refugio de una Alemania precarizada

En Alemania no hay un horario de cierre armonizado a escala nacional para la restauración en los espacios interiores. En terrazas, el horario de cierre habitual es a las 22.00 horas. La única regla de oro para locales, incluidos los bares nocturnos o discotecas, es que deben estar una hora al menos cerrados -generalmente, entre las 5 y las 6 de la mañana- para las labores de limpieza.
Cada 'land' -estado federado- establece sus propias normas para bares, restaurantes u otros locales donde sirvan comida. En Berlín, como en otras ciudades con reputación de noctámbulas, el horario común de cierre de la cocina en restaurantes son las 22.00 horas, aunque con múltiples excepciones. El dueño puede establecer que se alargue a las 23.00 o las 00.00. Incluso hay restaurantes que sirven comidas durante toda la noche -a excepción de la hora mencionada destinada a la limpieza,-. En otras regiones, especialmente en el ámbito rural, es difícil encontrar un restaurante donde sirvan comida pasadas las 20.00 horas.
Sí que hay reglas estrictas en lo que concierne a la jornada laboral, que no pueden exceder de las ocho horas diarias. La restauración es uno de los sectores que más sufre la falta de personal progresivamente endémica que arrastra el conjunto de la vida pública alemana, desde los comercios o sector servicios a la gran industria. Es un ámbito altamente precarizado, donde a menudo se trabaja por debajo del salario mínimo interprofesional -12,41 euros la hora- y no siempre se respetan los derechos del trabajador.
Trabajar de camarero o en la cocina fue tradicionalmente un especie de “refugio laboral” para estudiantes -que trabajaban entre una o dos jornadas por semana- o personas necesitadas de un sobresueldo. Esto ha ido desapareciendo, puesto que incluso este personal ha huido hacia otros sectores u oficios donde igualmente hay fuerte demanda de personal y están mejor pagados.
Por extensión, los dueños de bares y restaurantes con problemas de personal tratan de no alargar los horarios de apertura de sus locales fuera de las horas de más afluencia de público. Incluso en la capital alemana, donde hasta hace unos años era relativamente fácil encontrar donde comer hasta altas horas de la noche, empieza a escasear esta oferta. El último recurso a los noctámbulos son los “imbiss” o puestos callejeros de “döner” y demás fórmulas de comida rápida, donde el cliente consume de pié lo que compró.

Apertura libre dentro de unas franjas horarias en Italia

Desde que se puso fin a la excepcionalidad de la pandemia, en Italia se han vuelto a aplicar gran parte de las franjas horarias previamente establecidas para bares y restaurantes. La capital de Italia es un ejemplo de ello. De acuerdo con las disposiciones del Ayuntamiento romano, los comercios locales tienen la facultad de abrir a las 6:00 de la mañana y cerrar a las 2:00 de la madrugada, y es el empresario quien decide libremente los horarios de apertura y cierre que prefiere dentro de esta franja horaria.
Los restauradores también tienen el derecho de presentar solicitudes de adelanto o prórroga horaria, lo que sirve para anticipar o postergar los horarios fijados por el Ayuntamiento. En este caso, sin embargo, el restaurador debe presentar un motivo válido para solicitar esta excepción, lo cual solo es aceptado después de una evaluación llevada a cabo por las autoridades, algo que no es fácil de obtener.
Además, en caso de que el bar o restaurante cierre después de la medianoche, se exige que se coloque un cartel para los clientes en el que se les invite a observar un comportamiento "adecuado" y evitar discusiones en voz alta o alborotos de cualquier tipo. Esto último se debe a que no son infrecuentes las quejas de los vecinos por las actividades nocturnas de estos comercios, especialmente en las zonas más concurridas y los puntos de reunión de los más jóvenes. Algo que también ha crecido con el aumento del turismo, que en Italia, como en otros países del sur de Europa, se ha disparado en los últimos años.

Jornadas máximas de 13 horas al día y 48 a la semana en Francia

La jornada laboral en Francia está estipulada en 35 horas cada semana. Pero en la restauración, así como en muchos otros sectores, el tiempo de trabajo semanal resulta superior. Eso es posible a través de las horas extras o bien acuerdos sectoriales o de empresa. Más de la mitad de los asalariados a tiempo completo trabaja más que esas 35 horas, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INSEE, según sus siglas en francés).
La jornada máxima diaria en el caso de la restauración se sitúa en 13 horas (o 12 en el caso de que se trabaje por la noche). El tope en este sector cada 7 días puede alcanzar las 48 horas. Es decir, el máximo que permite la Unión Europea. En el caso del derecho francés, queda limitado a una media de 46 en un periodo de 12 semanas consecutivas. Respecto a los horarios nocturnos, los bares y restaurantes deben cerrar como muy tarde a las dos de la madrugada, aunque esto varía ligeramente en función de los territorios. Se trata de una competencia de los prefectos (delegados del Gobierno).
Debido a su carácter estacional en aquellas localidades turísticas, además de la baja calificación de su mano de obra, la restauración se trata de un sector propicio para las largas jornadas. No obstante, esta precariedad ha resultado un arma de doble filo en los últimos años. La hostelería, donde trabaja más de un millón de personas en Francia y representa el 15% de las empresas en el terciario, ha arrastrado problemas de escasez de mano de obra. Algunos bares o restaurantes lo han compensado mejorando sus condiciones. Incluso algunos de ellos han apostado por la semana de cuatro días. Pero se trata de iniciativas minoritarias en un sector en que prima la precariedad y la mano de obra extranjera.

Extensión excepcional de horarios en Reino Unido

Los horarios de apertura y cierre de los restaurantes en el Reino Unido varían en función del municipio y del tipo de licencia de cada local. En general, los restaurantes suelen abrir entre las 12:00 y las 15:00 al mediodía y entre las 18:00 y las 23:00 por la noche. En el caso de los ‘pubs’, la regulación de los horarios de apertura y cierre también depende de las licencias y de las normativas de las administraciones locales, aunque por norma general la mayoría de ellos están abiertos entre las 11:00 y las 23:00.
En algunas circunstancias excepcionales, el Gobierno británico ha permitido extender los horarios de los establecimientos. En noviembre del año pasado, el Ejecutivo anunció su intención de extender la hora de cierre de los ‘pubs’ hasta la 1:00, en caso de que alguna de las tres naciones que optan a disputar la Eurocopa de fútbol de 2024 alcance las semifinales y la final de esta competición. “Inglaterra y Escocia estarán en Alemania y Gales aún tiene posibilidades de clasificarse, así que es justo que pongamos en marcha planes para apoyarles a ellos y a nuestra industria hostelera”, aseguró entonces el ministro del Interior, James Cleverly.
No es la primera vez que el Gobierno británico permite la extensión de los horarios de los bares para apoyar a la hostelería tras la pandemia. La hora de cierre de los locales ya se amplió para la final de la Eurocopa de 2020 –que Inglaterra perdió ante Italia– y durante el puente de la coronación de Carlos III, celebrada en mayo del año pasado.

jueves, 7 de marzo de 2024

Nuestra Ursula

Von der Leyen, lanzada a por un segundo mandato en la CE



Ursula von der Leyen, presidenta de la CE, en el congreso del PPE celebrado en Bucarest. / BLOOMBERG
Gemma Casadevall

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, salió este jueves lanzada a por su segundo mandato como candidata del Partido Popular Europeo (PPE), que según los sondeos defenderá su posición de primera fuerza en los comicios del bloque comunitario del próximo junio. Logró su designación como candidata de los populares por 400 votos, frente a 89 en contra, en el congreso celebrado este miércoles y jueves en Bucarest.
Prácticamente, el único objetivo de la cita era mostrar cohesión en torno a la candidata y aprobar un programa electoral de 25 páginas. En materia migratoria apunta a una especie de 'modelo Ruanda', en alusión a la fórmula británica basada en acuerdos con terceros países considerados "seguros" para frenar a la inmigración irregular o devolver ahí a los solicitantes rechazados-. Es un guiño al electorado más derechista, pese a las distancias que dicen mantener respecto a la ultraderecha.
"Nosotros representamos los valores europeos frente al desafío de los populismos, nacionalismos y demagogos aparecidos entre la extrema derecha o la extrema izquierda (...). Son fuerzas que pisotean nuestros valores, de nombres distintos pero con el mismo propósito, que es la destrucción de nuestra Europa", proclamó Von der Leyen. Entre estos "enemigos" están los "amigos de (Vladímir) Putin", añadió, en dirección a la extrema derecha cercana o que actúa incluso como aliada del líder del Kremlin.

Distancia con la extrema derecha

Marcar la línea divisoria respecto a la extrema derecha será uno de los puntales de su campaña, como lo será la apuesta por el rearme y la Defensa europeos, además del compromiso con Ucrania.
Presumiblemente pasará de puntillas por el Pacto Verde, que de proyecto "estrella" en su primer mandato ha pasado a convertirse en eje de las protestas del campo europeo. Su idea de transición ha quedado enterrada por varios líderes europeos y por el presidente del PPE, el asimismo alemán Manfred Weber.
Desde su puesto en la presidencia de la Comisión ha ido abandonando Von der Leyen la vía centrista, en parte porque esa es la realidad también entre muchos de los 80 partidos integrados en el PPE. El congreso de Bucarest sirvió, además de para proclamarla como candidata única, de escaparate de las distintas corrientes entre los populares europeos y de la creciente presencia de los que abandonaron ya el cordón sanitario contra la ultraderecha.
Hablaron ante los delegados líderes en la oposición, como el español Alberto Núñez Feijóo, cuyo Partido Popular gobierna con Vox en comunidades autónomas y ayuntamientos. También lo hizo el primer ministro finlandés, Petteri Orpo, que gobierna con los ultraderechistas Verdaderos Finlandeses, y su homólogo en Suecia, Ulf Kristersson, al frente de una coalición en minoría que depende del apoyo externo de los radicales Demócratas Suecos. Por Forza Italia intervino Antonio Tajani, ministro de Exteriores y segundo en el Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni.
Ejemplos de lo contrario fueron el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, quien ha dejado atrás la era de dominio del ultranacionalista Ley y Justicia (PiS) al frente de una coalición con el centro y la izquierda moderada. O el austríaco Kerl Nehammer, quien gobierna con los Verdes, pero tiene por delante un complejo año electoral, ya que a las europeas seguirán en otoño los comicios nacionales.

Búsqueda de equilibrios

Von der Leyen logró la elección como presidenta de la Comisión Europoea en 2019 con apoyos del grupo socialista y de los centristas-liberales. Los sondeos coinciden en que el PPE defenderá su posición de primera fuerza en la Eurocámara, con unos 180 escaños del total de 720.
Al grupo de socialistas y socialdemócratas se les pronostica el segundo puesto con unos 140 diputados. Y la lucha por el tercer puesto está entre las dos familias de la ultraderecha o populismo derechista: Identidad y Democracia, en el que están integrados el partido de la francesa Marine Le Pen, la Liga del italiano Matteo Salvini y Alternativa para Alemania (AfD); y Conservadores y Reformistas, el grupo del español Vox, del partido de Meloni en Italia y del PiS ahora opositor en Polonia. El centro-liberal o Renew está en quinta posición.
Depender del apoyo de la AfD sería altamente tóxico para el bloque conservador del que es originaria Von der Leyen. La CDU/CSU descarta toda cooperación con los ultras a escala nacional o regional. Va en primera posición en intención de voto, pero la extrema derecha le disputa el liderazgo en el este del país. En septiembre hay tres comicios regionales en esa mitad de Alemania y los ánimos conservadores están divididos entre los defensores del cordón implantado con Merkel y los defensores de "abrirse" al diálogo.

Superviviente de la "era Merkel"

De Von der Leyen se dijo durante un tiempo que sería la sucesora para Angela Merkel al frente de la familia conservadora alemana. Ese plan no prosperó --como tampoco lo hicieron otros amagos de sucesión centrista--. En realidad, la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido que dirigió Merkel durante 18 años, ha dado la espalda al centrismo que representó la ahora excanciller. Lleva las riendas de la formación el antiguo rival interno de Merkel, Friedrich Merz, tan derechista como el líder de su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), Markus Söder. Esa es también la línea del bávaro Weber, el líder del PPE.
Von der Leyen es la única superviviente en posiciones de poder identificable con la era Merkel, de quien fue ministra de la Familia, del Trabajo y finalmente Defensa, puesto del que saltó en 2019 a la CE.
Su biografía política no conoce otro partido que la CDU, al que perteneció su padre, primer ministro del 'Land' de Baja Sajonia entre1976-1990. Nació en Bruselas, lo que la ayuda a presentarse como "predestinada al europeísmo", además del hecho de dominar el inglés y el francés, junto a su alemán nativo, y hablar con cierta soltura el español y algo de italiano. En lo personal representa asimismo la estabilidad: está casada desde 1986 con el médico e industrial Heiko von der Leyen, es madre de siete hijos y abuela.

miércoles, 6 de marzo de 2024

El capo Manfred en su salsa


Los populares europeos apuestan por endurecer la política migratoria y reforzar la cooperación con "terceros países"




El líder del PPE, Manfred Weber, durante la apertura del congreso que los conservadores celebran en Bucarest hasta este jueves. / ANDERI PUGNOVISCHI / BLOOMBERG


Gemma Casadevall

El Partido Popular Europeo (PPE) apunta a una línea dura en inmigración y, a la vez, pretende postularse como "cortafuegos" frente a la ultraderecha, con Ursula von der Leyen como líder absoluta ante las elecciones europeas del próximo mes de junio. Su objetivo es lograr un segundo mandato para su candidata como presidenta de la Comisión Europea (CE) y dominar con ello las políticas comunitarias, incluido el capítulo de Defensa. "Somos la única familia política capaz de frenar a la ultraderecha", afirmó este miércoles en Budapest el presidente del PPE, el alemán Manfred Weber, al abrir el congreso que deberá coronar a su compatriota y correligionaria como cabeza de lista para los comicios de junio.

"Europeísmo, Estado de derecho y defensa de Ucrania" son, según Weber, las tres líneas maestras de su programa electoral, que deberá plasmarse en forma de manifiesto en el congreso, que se cierra este jueves.

El propósito común es oficializar la candidatura de Von der Leyen, de 65 años, que fue ministra de Defensa bajo la excancillera Angela Merkel y se situó al frente de la Comisión en 2019. Entre sus planes, de conseguir el segundo mandato, está la creación de un nuevo comisario para Defensa. Su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU), y su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) la designaron como cabeza de lista a los comicios europeos el pasado febrero. No hay ninguna otra candidatura ni dudas sobre sus posibilidades de conseguirlo: los sondeos apuntan a una victoria conservadora en las elecciones del próximo junio. Lo único que está en cuestión es si Von der Leyen se ceñirá en ese aún hipotético segundo mandato a la norma del cordón sanitario en torno a la ultraderecha --como hacen los conservadores alemanes tanto a escala nacional como regional-- o si se abrirá a la cooperación con estos, de acuerdo a la práctica de otras formaciones del grupo, como el Partido Popular español.

Contra la "inmigración descontrolada"


El manifiesto elaborado ante el congreso de Bucarest establece un endurecimiento del control sobre la inmigración en Europa y una extensión de la cooperación con terceros países. También plantea reforzar las dotaciones de la agencia europea Frontex. Según la propuesta, los demandantes de asilo deberán presentar su solicitud en territorio extracomunitario, lo que teóricamente debe garantizar el derecho de asilo a las personas vulnerables y necesitadas de protección. Entre los objetivos están "detener la inmigración incontrolada" que, según el PPE, satura las posibilidades de acogida de la UE.

Aboga el texto por un "giro fundamental" en la legislación europea que respete y garantice el derecho al asilo, sin que el solicitante pueda "elegir el país de destino". Quien entre en territorio comunitario por vías irregulares podrá ser transferido a uno de esos terceros países considerados seguros para tramitar ahí su solicitud. Habrá unas "cuotas anuales humanitarias" para su distribución entre los estados miembros, mientras que se impedirá "de manera efectiva" la migración irregular.

El texto se presentó en la primera jornada ante los 2.000 delegados de 44 países que acuden al congreso de Bucarest, entre ellos el presidente del PP español, Alberto Núnez Feijóo, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Von der Leyen representa, como su partido, la línea intermedia entre la familia de los conservadores europeos. La CDU alemana ha dado un giro a la derecha desde la retirada de la centrista Merkel del poder y el relevo al frente del partido a favor de quien fue su rival interno, Friedrich Merz. Sin embargo, rechaza toda cooperación a escala regional o nacional con la ultraderecha. Actualmente, el bloque conservador lidera los sondeos de intención de voto a escala nacional alemana.

Weber está asimismo identificado con las corrientes más derechistas de esa família política, aunque se precia de haber dejado fuera del PPE a partidos ultranacionalistas como el Fidesz del húngaro Víktor Orbán, que se apeó del grupo en 2021.

Elon, el amigo de ecologistas y sindicatos


Un sabotaje paraliza la planta alemana de Tesla y agudiza los problemas de Musk en Europa



Protestas en los alrededores de la fábrica en Alemania / KRIZSTIAN BOCSI / BLOOMBERG



Gemma Casadevall


“Son los ecoterroristas más tontos del planeta”, sentenció el poderoso Elon Musk, tras un sabotaje que ha dejado en suspenso la producción de la gigafactoría Tesla en Alemania. “Este ataque no un juego de niños, sino el exponente de la peligrosidad de la extrema izquierda”, afirmó el portavoz del gobierno aleman, Steffen Hebestreit. La reacción de Musk, a través de la cuenta en la red social de su propiedad -X, antes twitter-, y la del portavoz del canciller Olaf Scholz siguen al atentado del martes contra una torre de alta tensión de la región de Brandeburgo, donde está la gigafactoría. Fue un ataque incendiario cuya autoría se ha atribuido el grupo de extrema izquierda “Vulkagruppe” a través de un comunicado con la frase “Hemos saboteado Tesla”. El resultado es que 12.000 empleados de la fábrica se quedarán en casa durante un tiempo no determinado, puesto que la producción ha quedado suspendida al menos durante toda esta semana. El mayor fabricante de automóviles eléctricos del mundo ha quedado expuesto a unos ataques contra infraestructuras esenciales aparentemente fáciles de perpetrar incluso por grupúsculos marginales, de confirmarse esta autoría.

Los costes de la paralización de la fábrica alemana se estiman en cientos de millones de euros, según reconoció el director la planta, André Thierig. No es posible pronosticar cuándo se reanudará su actividad, mientras el departamento de Policía de lo Criminal del “Land” investiga lo ocurrido. El atentado no solo afectó la planta de automóviles eléctricos de Musk, sino que dejó sin suministro a miles de ciudadanos de la región. Evidencia una vez más las lagunas de seguridad en infraestructuras esenciales a escala internacional, nacional o regional. Alemania constató su vulnerabilidad a raíz del sabotaje de autoría aún no aclarada que inutilizó los gasoductos germano-rusos Nord Stream I y II, poco después del inicio de la invasión rusa de Ucrania. O también con sabotajes locales a la vía férrea de la red nacional de trenes -la Deutsche Bahn-, algunos de los cuales se atribuyó asimismo el “Vulkangruppe”. A este grupúsculo de la izquierda radical se relaciona asimismo con anteriores acciones, aunque sin mayores consecuencias, contra la planta de Tesla en Brandeburgo, el “Land” que envuelve Berlín.

Ataque a una gigafactoría vecina a Berlín


De esa planta, inaugurada en 2022 por Musk y Scholz, salen a diario unos 1.000 vehículos y es la única de Tesla en Europa. Su entrada en servicio estuvo precedida por varias demoras, en parte debidas a los recursos en contra de organizaciones medioambientalistas, agricultores y vecinos de la región. El rechazo se fundamentaba en el teórico impacto medioambiental de la fábrica en el subsuelo de una región cuya principal fuente de riqueza son los bosques. Como suele ocurrir, ganó la partida el argumento de la creación de empleo en una región económicamente débil, como sigue siendo el este alemán, y la necesidad de revitalizar su tejido industrial. De la gigafactoría, como se la denomina, deben salir unos 500.000 automóviles al año -objetivo de momento no cumplido-. Teóricamente, debería producirse ahí el Tesla por 25.000 euros la unidad con que Musk aspira a revolucionar el mercado. “Es extremadamente estúpido que se quiera detener la producción de automóviles eléctricos en lugar de hacerlo con los de combustibles fósiles”, proseguía Musk a través de su red.

El poderoso magnate, representante del “trumpismo” empresarial y aliado mediático del expresidente y de nuevo candidato a la Casa Blanca Donald Trump, es enemigo declarado de la izquierda. La resistencia contra su planta persiste, por encima de los apoyos a su fábrica del tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales que lidera Scholz. Ocupa actualmente 300 hectáreas de terreno del municipio de Grünheide. Sus vecinos se pronunciaron por una abultada mayoría de dos tercios en contra de su extensión por otras 100 hectáreas. Fue en una consulta popular no vinculante, pero de peso político sobre sus autoridades, a unos meses de las elecciones regionales en Brandeburgo donde la ultraderecha aspira a quitarle el primer puesto a los socialdemócratas.

En un bosque cercano se ha instalado una acampada en que un centenar de activistas medioambientales han colgado sus tiendas o precarias cabañas de madera entre los árboles en contra de la deforestación que conllevaría una extensión de la planta. El colectivo se apresuró a distanciarse del sabotaje contra la torre de alta tensión. Se supone que se “tolerará” su acampada hasta mediados de marzo, aunque un vínculo probado con el “Vulkangruppe” podría precipitar su desalojo.
Huelgas sin precedentes en los países nórdicos

El rechazo a la planta de Musk en Alemania se suma a los problemas sindicales con que ha topado en Suecia y Dinamarca. Los mecánicos de los talleres suecos de Tesla entraron en huelga en octubre. Primero fueron 130 empleados de unos diez talleres los que pararon, pero luego se les unieron 470.

A mediados de febrero reanudaron sus actividades algunos de los trabajadores afectados, pero el sindicato de los metalúrgicos IF Metall persiste en su campaña. La protesta se dirige contra las condiciones de trabajo que pretende imponer Musk. Su negativa a ceñirse a un convenio colectivo vigente para los trabajadores del país nórdico ha derivado en una inusitada campaña de solidaridad de otros talleres en Finlandia, Noruega y Dinamarca. En lo que respecta a Suecia, es la huelga más larga de la historia del país escandinavo.