domingo, 20 de julio de 2025

Hasta las cejas

Alemania, una potencia en recesión en pos de ser puntal del rearme



El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, junto al presidente de EEUU, Donald Trump, y el canciller alemán, Friedrich Merz. / Kay Nietfeld/dpa
Gemma Casadevall, Berlín20 JUL 2025 

“Vivimos en un mundo en que algunos pretenden sacudir el orden por la vía militar (…) Debemos ser capaces de defendernos”, enfatizó este viernes Friedrich Merz, en la tradicional conferencia de verano y ante centenares de periodistas. Es una cita ritualizada, pero la primera en su caso, apodada en los corrillos periodísticos como un ‘Merz a la plancha’ por su formato, 90 minutos abiertos a cualquier pregunta . “La primera prioridad de mi gobierno es rescatar nuestra economía de la recesión”, aseguró. En lo relativo a Defensa, su determinación es dotar al país del “mayor ejército convencional de Europa”. Cuenta para ello con la ‘liberación’ del freno a la deuda, que Alemania aprobó poco antes de su llegada al poder y que facilita la tarea a su coalición entre conservadores y socialdemócratas.
El arranque del mandato de Merz ha estado marcado por sus ansias de internacionalizarse como líder de una potencia cuya economía debe reactivar, tras dos años en recesión. Al mismo tiempo, está determinado a recolocar Alemania en el mapa global en lo defensivo. Con sus planes de rearme parece querer contentar a Donald Trump. Pero debe hacerlo sin despertar suspicacias en Francia y el Reino Unido, las dos potencias atómicas europeas.
Que a Polonia, punta de lanza de la UE en gasto en Defensa, esta frase no le guste tnto es asunto menor para el canciller y líder de la conservadora Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU), el partido que tuvo cancilleres de la talla de Konrad Adenauer (1949-1963), de Helmut Kohl (1982-1998) y de Angela Merkel (2005-2021). Ninguno de estos antecesores, ni tampoco los socialdemócratas Willy Brandt (1969-1974), Helmut Schmidt (1974-1982) o Gerhard Schröder (1998-2005) colocaron Defensa entre sus prioridades. El socialdemócrata Olaf Scholz sí anunció una ‘Zeitenwende’ (’cambio de era’) a raíz de la invasión rusa de Ucrania. Articuló un paquete inversor de 100.000 millones de euros. El fin prematuro de su legislatura ha dejado como asignatura pendiente la puesta al día de sus fuerzas armadas.
La determinación de Merz a abandonar el paradigma de la timidez defensiva está clara. Pero hasta ahora no ha concretado de dónde saldrán los recursos. Sus socios socialdemócratas están obligados a otra defensa, la del Estado social. Impulsar el rearme a costa de recortes sociales les catapultaría a la irrelevancia política, tras haberse hundido en la tercera posición en los comicios generales del pasado febrero, por detrás de los conservadores de Merz y de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).

Duplicar el gasto militar

Merz rechaza el amplificado presupuesto comunitario por dos billones de euros para el periodo entre 2028 y 2034 propuesto por su compatriota y correligionaria Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Afecta a Alemania, primer contribuyente al bloque comunitario. Sus planes de rearme son nacionales. Y las arcas públicas que le interesan son las alemanas.
Los presupuestos nacionales de 2025 elaborados por el líder socialdemócrata, vicecanciller y ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, prevén un gasto récord de 503.000 millones y un endeudamiento de 81.800 millones de euros. Sus puntales son la modernización de las infraestructuras y la inversión en seguridad. La evolución prevista para Defensa es espectacular: este año se le adjudican 62.400 millones --10.000 más que en 2024--; en los cuatro años siguientes se escalará a 82.700, 93.350, 136.400 y 152.000 millones de euros.
Son las cifras con las que Merz apuntala su compromiso de subir el gasto básico en Defensa hasta el 3,5% del PIB para 2029. Actualmente está en el 2,1%. Despegará así de la posición intermedia entre los aliados de la OTAN para situarse, como exige Trump, en el 5%. Al llamado gasto básico se suma otro 1,5% para inversiones derivadas, como la ayuda a Ucrania. Si a Merkel se la acusó de practicar el ‘apaciguamiento’ con Vladímir Putin, ya que bajo su mandato se amplificó la dependencia alemana del gas ruso, a Merz se le puede identificar con ese término, pero aplicado a Trump.

El triángulo atómico ajeno

Cuando Merz habla de dotarse del mayor ejército ‘convencional’ europeo alude a una línea roja para su país. Alemania no debe poseer armas atómicas propias, según el acuerdo firmado en 1990 como preámbulo de la reunificación alemana entre las cuatro potencias vencedoras del nazismo --EEUU, Francia, Reino Unido y la entonces Unión Soviética-- más la Alemania occidental y la comunista. La potencia nuclear de la UE es Francia, a la que se suma el extracomunitario Reino Unido. Las únicas bombas atómicas en territorio alemán son las depositadas en las bases de EEUU, cuyo código de activación tiene Trump y que, en terminología OTAN, se ciñen a la estrategia ‘disuasoria’.
Merz, además de su empeño en no enojar a Trump, ha desplegado una serie de idas y venidas entre París y Londres. Esta semana pasada firmó con Keir Starmer un ‘acuerdo de amistad’ post-brexit, cuyos puntos fuertes son seguridad y defensa. El próximo día 23 recibirá de nuevo en Berlín a Macron. Por encima de las socorridas proclamaciones de relanzamiento del eje franco-alemán, tienen sobre la mesa un tema espinoso: la pretensión francesa de asumir el 80% del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS, por sus siglas en inglés). Es un proyecto compartido entre Francia, Alemania y España, del que depende el caza europeo de sexta generación, sucesor del Eurofighter y los Rafale franceses. Berlín obviamente no está de acuerdo con semejante dominio francés.

La mili en la recámara

No está clara ni la financiación del rearme ni cómo motivar nuevas vocaciones para pasar de los 182.000 efectivos actuales a los 460.000 que, según el ministro de Defensa, Boris Pistorius, precisará en 2030 para dotarse de un ejército a la medida de una potencia con casi 84 millones de habitantes.
Alemania se despidió del servicio militar en 2011. Se optó por dejarlo ‘en suspenso’ para poder reactivarlo sin trabas constitucionales ante una situación de emergencia. Pistorius propugna implantar un "reclutamiento voluntario" de acuerdo al modelo sueco. Según este sistema, todos los jóvenes recibirán una encuesta, donde se les pregunta si están interesados en prestar el servicio militar. Los más idóneos serán ‘invitados’ a enrolarse. Entre los incentivos está un sueldo base de 2.000 euros. Según filtró ‘Der Spiegel’, Pistorius contempla que, de no lograrse los objetivos marcados, se procederá a un reclutamiento obligatorio por "imperativos de seguridad".
Pistorius no es el único partidario de recuperar el servicio militar. Comparte su parecer el presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, formalmente independiente pero originario de la socialdemócrata. El argumento más común es que solo así se garantiza que el Ejército sea un ‘reflejo’ de la sociedad, en todas sus capas e ideologías, y no un imán para extremismos.