domingo, 27 de julio de 2025

Joana vuelve a Bayreuth

Bayreuth convierte en un musical ‘light’ a los ‘Cantores’

Joana Serra

‘Los Maestros Cantores de Núrenberg’ es, en el conjunto de óperas de Richard Wagner, un raro ejemplo de pieza en que no se cruzan muertes crueles, dioses y héroes confrontados o dramáticos amores incentuosos. Es una pieza popular, poblada de personajes de carne y hueso, incluso un sencillo zapatero, Hans Sachs, además de dos músicos en disputa por ser reconocidos en el círculo de los ‘maestros’.
Tal vez esa sencillez fue lo que llevó a Adolf Hitler a verla como ópera perfecta para instrumentalizarla a favor de sus intereses -mostrar la maldad del judaísmo o la nobleza de su pueblo-. La convirtió en la pieza perfecta para esos años del Tercer Reich en que señoreó por la colina de Bayreuth, la ciudad de provincias bávara donde cada verano, el 25 de julio, abre el Festival Richard Wagner entre procesiones de wagnerianos de todo el mundo y desfile de la clase política alemana.

A punto de cumplirse los 150 años de la fundación del festival por el propio Wagner, en 1876, son muchas las versiones de los ‘Cantores’ que se han representado sobre la llamada Verde Colina. Épicas, irónicas o simplemente fieles reproductoras del original. Este año correspondió a un alemán, Matthias Davids, darle otra vuelta de tuerca a la pieza preferida por Hitler. Contaba con el italiano Daniele Fatti a la batuta. Y las voces de Georg Zeppenfeld, como el zapatero, Michael Nagy, el villano Beckmesser, Michael Spyres, su Walther von Stolzing, y Christina Nilsson, su Eva.
Pero probablemente para la historia del festival la imagen que primará para la posteridad es la de la enorme vaca inflable y voladora, con la que Davids corona su traca final: la competición entre el dogma o la innovación aplicada al canto, lo que adopta aires de festival de la canción o concurso televisivo en busca de la mejor voz. Es una explosión de color y personajes, desde duendes forestales a reinas de la belleza bávaras, además de un despliegue del siempre extraordinario coro de Bayreuth. El duelo por el trofeo acaba siendo lo de menos. Se imponen los colores, la vaca y la búsqueda de lo cómico.

El propósito de Davids, según sus explicaciones previas, es darle la vuelta a los ‘Cantores’, incluso hacer reir al público de Bayreuth, severísimo guardián de las esencias wagnerianas en lo que a la partitura se refiere. Pero al mismo tiempo muy acostumbrado ya a que se le tergiversen las puestas en escena. Lo consigue más o menos, a partir de una ópera que adopta formatos de musical pop. Al espléndido coro de Bayreuth, dirigido por Thomas Eitler-De Lint, se le puede pedir casi todo. Inclusive que dos de sus miembros se ‘disfracen’ de Angela Merkel, la excanciller cuya presencia en Bayreuth ha sido casi obligada incluso desde antes de alcanzar el poder. Ambas se marcarán unos pasos de baile junto a dos ‘falsos’ Thomas Gottschalk, un estridente presentador de shows televisivos alemán asimismo muy fiel al festival.

El problema es que un coro operístico, por espléndido que sea, no se mueve sobre el escenario como los danzantes de un musical. Davids les saca todo el partido posible. Pero no alcanza el nivel que se requeriría para convertir esa traca final en el festín cómico pretendido. El otro aspecto que perjudica al conjunto es el magnífico precedente marcado en 2017 en esa misma plaza por la versión de los ‘Cantores’ que estrenó Barrie Kosky. Su puesta en escena era un prodigio de ingenio y fina sátira. Trasladó a sus personajes a la biblioteca de los Wagner en la Wahnfried Haus, ahora convertida en casa-museo de la dinastía en Bayreuth. Y trasladó el concurso por la mejor voz de los procesos de Núremberg donde los aliados juzgaron a los jerarcas del Tercer Reich. Ese precedente, aún muy vivo en la memoria de Bayreuth, dejó muy alto el listón.

Los ‘Cantores’ de Davids y Gatti era el único estreno de la temporada. Y Bayreuth le dispensó una de sus ovaciones atronadoras, incluidas pataletas de ‘satisfacción’. Como suele ocurrir, se escucharon también algunos abucheos dirigidos al equipo responsable de la puesta en escena. El resto de la temporada estará ocupada por las reposiciones de ‘El Anillo del Nibelungo’ de Valentin Schwarz, con Simone Young a la batuta, el “Tristán” de Thorleifur Orn Arnarsson y Semzon Byschkow, el ‘Lohengrin’ de Yuval Sharon con Christian Thielemann y el ‘Parsifal’ de Jaz Scheib que dirige Pablo Heras-Casado. Son obras ya estrenadas en años anteriores, que en el caso del ‘Anillo’ recibieron en su momento sus abucheos. Han ido ganando adeptos desde entonces, incluso cuando algunas piezas no acaban de encajar -como las gafas de realidad virtual que Scheib incorporó al ‘Parsifal’ de Heras-Casado-. Al fin y al cabo, en Bayreuth lo que cuenta es la dirección musical. Heras-Casado, como el resto de maestros de la casa, es garantía de solidez por encima de las ocurrencias escénicas. A él correspondió el honor este año de dirigir el multitudinario concierto libre y gratuito que sirve de etapa previa a la inauguración de la temporada.

Las mayores emociones se reservan para el próximo año, el del 150 aniversario. La directora del festival y biznieta del compositor, Katharina Wagner, aspiraba a representar todas las piezas marcadas en vida por Richard Wagner para Bayreuth. Las dificultades presupuestarias obligan a recordar ambiciones. Pero habrá un nuevo ‘Anillo’ dirigido por Thielemann. Es el nombre máximo entre las batutas wagnerianas del momento y llegó a ser titular de Bayreuth hace unos años hasta que unas rencillas nunca aclaradas con Katharina terminaron con ese cargo. A la producción de la tetralogía se incorporarán elementos desarrollados por la Inteligencia Artificial (IA), algo que corresponde hacer a su director escénico, Marcus Lobbes. La otra sorpresa es el ‘Rienzi’, una pieza que Richard Wagner no incluyó en su repertorio para Bayreuth, pero que se representará excepcionalmente en 2026 con el pretexto del aniversario. Lo dirigirá Nathalie Stutzmann, otra directora ‘amiga’ de la casa.

Para los corrillos de Bayreuth, la presente temporada añadió otro estreno: el del actual canciller, Friedrich Merz, que por primera vez acudía al festival. En Alemania no es preceptiva la presencia de su líder en el tradicionalista festival bávaro. De hecho, durante décadas no asistió ninguno a la gala del estreno. La imagen de Hitler paseando por sus jardines pesaba demasiado en la memoria. Con Merkel cambiaron las cosas. Desde sus tiempos de líder en la oposición se convirtió en asistente leal a la casa. 
En sus 16 años en el poder no faltó casi nunca a la cita ni tampoco ha dejado de acudir, salvo excepciones, tras su retirada en 2021. Es una presencia querida en Bayreuth, a la que ahora Merz relegó en el palco a un segundo rango.
Ambos políticos pertenecen a la misma familia política conservadora, pero guardan distancias ideológicas y personales entre sí. De hecho, el derechista Merz quedó arrinconado y se apartó de la vanguardia política durante los casi 20 años en que la centrista Merkel dirigió su Unión Cristianodemócrata. Merz ocupa la cancillería desde el pasado mayo y se estrenó como asistente a Bayreuth. Merkel forma parte de la familia wagneriana, hasta el punto de colocarse alguna réplica de la veterana política como guiño a la asistencia en la traca final de los ‘Cantores.